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jueves, 5 de marzo de 2015

El policía que estaba en la parra

¿Nos está permitido estar en la parra?

Piénsalo bien. O para aclarar un poco: ¿nos está permitido estar en la parra cuando otros están mirando? ¿Nos lo permiten nuestra naturaleza, las normas sociales, las neuronas espejo?

Estoy en la cafetería del aeropuerto. Digo "la" porque solo hay una (es un aeropuerto muy pequeñito). Todos estamos esperando un avión. Muchos han acabado de comer, pero es pronto para acercarse al control.

¿Qué haces tú en una situación como esta para matar el tiempo?

Mucha gente, y yo puedo estar a veces en este grupo, abre sus portátiles y sigue trabajando, como si no fueran más de las ocho de la tarde. Están encorvados y miran hacia abajo, a sus pantallas. Son "los tristes".

Los que tienen compañía, los menos, a veces charlan. Suelen ser personas que no viajan por motivos de trabajo, por lo que no portan un ordenador. Son "los familiares".

Hay algún "lector" y algún "escribano", ese que toma notas. A veces también soy de uno de estos dos tipos. Ahora mismo, claro, estoy siendo "el escribano".

Hoy hay uno distinto: es policía. Es joven. Y es capaz de mantenerse en la parra con la mirada distraída en el infinito y ocasionalmente en otro de los comensales. Claramente, no está de servicio. Ese tío sí se siente libre.

Parece tan relajado que incluso se diría que va a dormirse. Este tío es un crack. Lleva por lo menos veinte minutos en estado meditativo. No estoy bromeando con él, realmente le envidio.

Como esa niña del artículo, yo tampoco puedo parar mis pensamientos, ni puedo dejar de hacer cosas "útiles", "productivas".

Por lo que de pronto levanto la cabeza del teléfono y el policía se ha ido. De verdad, ha desaparecido.

¿Darán cursos de meditación en la policía? ¿O bien trabajar de pie, en movimiento, sin tener que estar al menos 8 horas delante de una pantalla dará al policía la capacidad de quedarse en la parra?


  • Nota 1: la imagen del policía procede de este artículo, y es evidente que no he encontrado imágenes de policías en la parra.
  • Nota 2: he visto que la expresión "estar en la parra" puede no ser global, ¿cómo llamáis a este estado en que estás despistado, con la mirada perdida en el infinito?

lunes, 29 de septiembre de 2014

La atracción de lo sórdido

En un capítulo de la serie Mad Men, cuando el protagonista (Don Draper) evoca parte de su infancia, aparece un vagabundo que se aloja en su casa familiar por un día. Los padres de Draper mencionan los prejuicios que les evoca esta persona sucia, de ropas viejas, errante, perdida. Y se los mencionan a él, atribuyéndole aspectos negativos, como la creencia de que les va a robar la paga que le prometen por ayudarles en la granja.  Cuando el niño Draper habla con el vagabundo, la primera pregunta que le hace es: Tú no eres vagabundo, ¿verdad? Y el vagabundo le da la razón, le dice que él tuvo esa vida de oficina, mujer e hijos, casa y “seguridad”. Pero un día lo dejó todo y se fue, y entonces se sintió libre, entonces logró dormir, fuese bajo las estrellas, en un albergue o donde le sorprendiera la noche.  Esto deja al niño pensativo.

Ayer en Página 2 se hablaba de autores que comenzaron a publicar tarde, más allá de los 40. Uno de ellos, Charles Bukowski, había dicho que cuando tenía un trabajo de oficina tenía dinero, y que si se dedicaba a escribir no ingresaba nada. Pero que prefería esta situación, y que si tenía que volver a un trabajo de 8 horas de oficina, se suicidaría. En concreto, en un diálogo de El incendio de un sueño, podemos leer: “No hay ningún trabajo decente. Si un escritor abandona la creación, está muerto”.

Gary Cooper protagonizó una película de Frank Capra, Juan Nadie, en la que daba cuerpo a un vagabundo que se hace pasar por un hombre recién despedido y atormentado por ello,  inventado por una periodista a la que habían despedido realmente del periódico en que trabajaba. Este Juan Nadie, o John Doe, decía en la carta creada por la periodista que se iba a suicidar porque no soporta este fracaso. Pero a mí el que me interesa es el personaje secundario, “el coronel” otro vagabundo que le recuerda continuamente a John que se está metiendo en un lío: la verdadera libertad está en ser un vagabundo que no tiene nada, y quien nada tiene, no está atado por nada. Para el coronel, los “zapatos de tacón” son aquellos que se centran en sacar dinero a los demás, y de los cuales conviene apartarse para llevar una vida libre. Considera que John se va a acostumbrar a un montón de cosas que le van a llevar a hundirse. Como la periodista va a pagar dinero a John por hacerse pasar por el vagabundo y dar charlas, el coronel considera que este dinero va a corromper al vagabundo. Le dice que el dinero le va a llevar a entrar en restaurantes, comer cosas maravillosas y esto hace daño a la persona. El dinero funciona como una druga: primero se quiere comer bien, luego dormir bien, en una habitación confortable con cortinas y alfombras y antes de darse cuenta, ya no le es posible al vagabundo dormir a menos que sea en una buena cama. Después te abres una cuenta bancaria y es entonces cuando los hombres de zapatos de tacón te han atrapado.

Sangonera es un personaje doble en la novela Cañas y Barro, primero sale su padre, y luego él toma el relevo, asegurando el avance generacional del relato. Me fijo en el segundo Sangonera, el hijo, porque es quien mejor nos relata su filosofía de vida. Hablando con Tonet, el protagonista, Sangonera afirma una y otra vez que trabajar es insultar a Dios, porque es dar por hecho que Él no proveerá, que necesitamos más de lo que Él nos da. Para Sangonera, el fin del trabajo es atesorar “aunque sea miseria”, pensando a todas horas en el mañana. Y esto convierte a los hombres en bestias. El trabajo regular y monótono, tener una casa, una familia, tratar de asegurar el mañana; todo esto es no confiar en Dios.


Y es que me da la sensación de que todos estos vagabundos tienen “su razón”, tienen razón, lo que dicen es cierto desde un cierto punto de vista. ¿Quién puede juzgarlos? Las posesiones te poseen, es algo que las filosofías orientales llevan miles de año explicando. ¿Qué significa realmente trabajar? ¿Cuál es el fin del trabajo? Ya he reflexionado otras veces en el blog sobre esto, porque, desde que el trabajo pierde la conexión con sus resultados directos (comer, tener dónde dormir, estatus), pierde el sentido. Me imagino muchas veces que de pronto tenemos que vivir “en la selva”, sin ninguno de los medios que tenemos ahora en las oficinas; principalmente sin electricidad. Y creo que moriríamos muy rápidamente. Como decía el Coronel, nos acostumbramos a una buena cama y luego no podemos dormir.

Dedicado a Daviss.

martes, 3 de julio de 2012

La cultura del presentismo



Un aplauso a las empresas que se han unido a la corriente de la racionalización del horario, impulsada por la Comisión Nacional de la Racionalización de los Horarios Españoles (ARHOE).

Quizá la productividad no aumente en España porque se confunde con número de horas trabajadas. Sin embargo, falta un término en la ecuación. La productividad es la cantidad de producto por unidad de tiempo. Ocurre que, si aumentamos la cantidad de tiempo sin aumentar la cantidad de producto, la productividad disminuye. Es decir, alargar el número de horas no garantiza más cantidad de producto.

Además, determinadas horas son altamente improductivas, como las que se trabajan después de comer. Acostumbrados a comidas copiosas, nos enfrentamos a tardes en las que la sangre está en el estómago, y lucha por intentar subir al cerebro.

Ya habíamos hablado en nuestro blog sobre la importancia de conciliarla vida laboral con la personal.

Esta conciliación supone un factor de motivación de primer orden, para cualquier trabajador, esté en la situación personal que esté. Poder mantener aficiones, amistades, descanso suficiente y hábitos saludables, es algo que repercute de forma directa y positiva en el rendimiento del profesional.

También habíamos mencionado la absurdez de tratar de ahorrartiempo, porque es imposible por definición.

¿Qué buscan en realidad las empresas españolas cuando alargan el horario de forma generosa o no conceden jornadas intensivas en verano? ¿Qué se gana? ¿Acaso han hecho el análisis de lo que supondría que esas jornadas se rigieran por el sentido común?

Carlos García-Mauriño, presidente de ASEFARMA, sí lo ha hecho. Es tan solo un ejemplo de empresa en que se han implantado medidas de flexibilización de horarios y conciliación. Esta empresa ofrece la posibilidad de que los profesionales trabajen desde su domicilio, la aplicación de un horario continuado o la reducción de jornada en la proporción adecuada a las necesidades de cada trabajador, entre otras medidas.
La cuenta de resultados de esta empresa ha reflejado un aumento de la rentabilidad del 30%, gracias a estas y otras medidas.

¿Cuál es tu caso? ¿Tu empresa fomenta la conciliación? ¿Qué opinas de los horarios partidos?

lunes, 18 de junio de 2012

Vacaciones de verano... ¿para ti?


Dentro de poco comienza el verano. Ya quien más quien menos, todos tenemos en mente las vacaciones. Quizá algunos (o muchos), desde hace unos meses, ya que el calendario laboral se ha secado de festivos hasta el 15 de agosto, al menos en Madrid.

A pesar de la crisis, todos intentaremos irnos. Sí, ese “todos” generalizado que suele tener excepciones. La crisis ya no es solo la crisis; es una gran depresión. Pero “el pueblo de los padres” está ahí. Y los que no solemos ver la playa durante el año, queremos ver “cualquier” playa. Esto sí que es curioso, me comentó una persona de una zona de costa que aquí usamos la expresión “a la playa” para responder a “¿Dónde te vas de vacaciones?”. Y que en la costa eso es como decir: “al parque”. Ya pero ¿qué parque? ¿Dónde? A los de interior nos da igual qué parque, realmente.

Antes de irnos, sin embargo, ya estamos pensando en la vuelta. Conozco mucha gente que dice: “ya verás a la vuelta, el contraste, el choque”. Y todavía no se han ido. Esto lo nombra Osho en el Libro de la nada. Llevamos un cierto tiempo pensando en un futuro idílico, esas vacaciones en la playa, y al tiempo pensamos ya en la vuelta.

Y lo peor, estando allí, estando en el lugar soñado, deseado, y sabiendo que permaneceremos tan solo unos días, unas semanas el más afortunado, pensamos ya en volver. Quizá incluso empiezan las peleas familiares/conyugales, y se está “deseando” volver para recuperar la normalidad, lo que yo llamo el estado vegetativo.

Vamos que, teniendo una oportunidad de estar despiertos, de vivir la vida intensamente, de disfrutar de aquello que durante el año nos parece tan difícil (aire libre, sol, agua, excursiones, buceo, juegos, siestas interminables, salidas nocturnas al raso…) llegamos allí y no sabemos.

Parece que, al no tener entrenamiento en el ocio, se nos muere la capacidad de gozar. Y esto sí que me parece triste. Gozar, reír, sentir. De tanto tiempo en estado vegetativo se nos escurre la espontaneidad, se nos oxidan las ideas, y se nos acartona el cuerpo.

Bueno, pues este año, en lugar de permitir este desastre, ¿por qué no nos centramos en disfrutar de lo que podamos? Incluso aquellos que no tengan medios de ir a ningún sitio, ni playa ni pueblo ni dios que lo fundó, ¿por qué no aprovechan el tremendo calor para vivirlo a fondo, despertar, ser conscientes?

Ánimo, yo lo voy a probar.
¿Qué piensas? ¿Dónde te vas este verano? ¿Te quedas?
¡Cuéntanos!

viernes, 1 de junio de 2012

Estimada rata:


En estos tiempos no solo se han llevado el queso de donde lo tenías localizado, sino que te recorres el laberinto y no encuentras ni ese ni ningún otro queso. Pero el queso no se lo ha comido otro. El queso ha sido abducido.
Los tiempos exigen que nos identifiquemos con ratas, con cuervos, con buitres: rebuscando en la basura, recogiendo lo que rechazan otros, atacando todos a una un objetivo para poder derrumbarlo… y comerlo.

Lo que más me llama la atención es que veo personas muy válidas a las que les está costando encontrar una fuente de ingresos, mientras hay personas muy acomodadas en su puesto de toda la vida, ya sea en empresa pública o privada, que piensan que esto de la crisis no va con ellos.

Ayer decía Jean Ziegler que hay alimentos suficientes para alimentar al doble de la población mundial, así que la escasez la están provocando grandes corporaciones concretas, identificables, señalables y condenables.
Vamos, que como decía, el queso anda por algún lado. “debe haber”, “debe haber”… esto decía un alumno mío de contabilidad. Sí, justo por el Debe y el Haber de algunas empresas, de algunos bancos, es por donde se ha colado el queso. Al tomar formato contable, ahora no hay quien se lo coma.

Entoces, ¿qué hacer? ¿Peregrinaje en busca de otros laberintos con sus correspondientes quesos? ¿Permanecer en el sitio a ver si por arte de magia cae otro queso en la misma casilla? ¿Empezar a comerse las paredes del laberinto, que igual también alimentan?

Reaccionar es necesario, pero exige un esfuerzo mucho mayor, justo cuando menos fuerzas se tienen. No es lo mismo continuar con una rutina de comodidad que actuar para que la rueda gire en sentido contrario. No es lo mismo actuar lleno de energía que actuar desde el miedo, la tristeza o la desesperación.

Por eso creo que ahora lo que se impone es colaborar. No solo colaborar virtualmente en la red, sino ayudarse de verdad, avisarse, construir redes de trabajo que puedan proveer con costes muy bajos y sin la pesada estructura de una empresa. Estaríamos hablando de un tejido empresarial no ya formado por pymes, sino por micro-pymes o incluso individuos que son su propia marca.

Así que el paso es madurar, ser adulto, ser autónomo en las dos acepciones, y ser capaz de liberarse de la estructura de laberinto que tiene actualmente nuestra sociedad.

¿Qué opinas? ¿Estás de acuerdo?

Déjanos tus comentarios… y ¡Feliz San Viernes!

viernes, 9 de marzo de 2012

Que las cosas las haga otro

No me quiero molestar. No quiero hacer un esfuerzo. No me interesa tener que elegir. Que elija otro.

Estas son las consignas de la sociedad de consumo elevada al grado máximo: el consumidor como soberano, recostado en un rico diván, pagando para que otro le presente todo tipo de bienes y servicios, preseleccionados, y le indique lo que le va bien.

Por el lado positivo, surgen nuevas figuras ¿impensables en un tiempo anterior?: la señora que te cocina la comida, el señor que te hace los recados, o los trámites y papeleos, la personal shopper que te dice qué ropa puedes llevar y qué colores te favorecen, la que te limpia la casa, plancha tu ropa y lleva y recoge a tus niños. E incluso, el que te pasea al perro o cuida de él durante las vacaciones.

Hay un cuento oriental en que un príncipe ve ejecutar un baile bello y complejo, y se pregunta: “¿Por qué no buscan a alguien que lo haga por ellos?”. Lo imagino recostado, con sobrepeso, con una expresión de aburrimiento, de desidia, viendo a esforzados bailarines tratar de lograr la perfección ante sus ojos.

Y llegamos al lado negativo: cada vez que es otro quien nos saca las castañas del fuego, perdemos la oportunidad de hacerlo por nosotros mismos. Perdemos la oportunidad de entrenar habilidades, de aprender métodos más óptimos de lograr algo. Sobre todo, perdemos la oportunidad del disfrute, nos privamos de entrar en el estado de flujo al realizar una actividad; al “hacer” frente al “ver”.

El dejar que otro haga las cosas se extiende de forma soterrada y pulposa a otras esferas. Ya no hablamos de pagar a alguien para que nos “ahorre tiempo” (el tiempo NO se puede ahorrar), hablamos de dejar que sean otros quienes resuelvan por nosotros los problemas de trabajo… o las tareas del hogar. La expresión es algo así como: “Si cuela…”. En lugar de meterse hasta el fondo en una cuestión, “mancharse las manos”, sumergirse en los factores que influyen en una situación, la cultura del no me quiero molestar nos lleva a permanecer al margen.

Permanecer al margen puede ser interesante cuando vives la vida con conciencia plena, en primera persona, con una visión directa de la realidad. Esto no es lo común. Lo común es que, quien permanece al margen, esté anestesiado y viva la vida como si estuviera soñando… o teniendo una pesadilla.

Realmente estamos presentando dos casos extremos: la plena acción y consciencia y la falta de acción e inconsciencia. Es un continuo sobre el que nos situamos todos. ¿Hacia dónde prefieres tender?

Feliz San Viernes.

domingo, 4 de marzo de 2012

¿Te tomas 10 minutos?


El pasado 2 de marzo (San Viernes por más señas), hice una presentación-charla de mi libro Estar Mejor Que Bien.

A ella asistieron varias mujeres esperando que yo les hablara de los diversos temas que trato en el libro. Sin embargo, lo que a mí me interesaba es que ellas me hablaran de sus experiencias, de sus impresiones, vivencias e intuiciones, sobre diversos aspectos del desarrollo personal. Me apetecía conocerlas mejor, saber qué aspectos les podían ayudar e interesar.

¿Qué es la meditación?
Uno de los temas que surgió es qué es la meditación, y qué importancia puede tener. Existen miles de definiciones sobre lo que es y deja de ser meditar, basadas en unas u otras creencias. Sin embargo, he llegado a la conclusión de que meditar es poco más que no hacer nada, o que hacer algo y solo eso. Por ejemplo, cortar cebollas. En otra charla similar, una participante comentó: "Yo medito cuando corto cebollas".

Acallar el ruido permanente de nuestro cerebro es curativo. Es relajante, ayuda a re-conectar con nuestro yo más profundo, elimina lo accesorio, diluye las preocupaciones sin sentido... La quietud de la mente descontamina de toda la información que se nos ha ido quedando de forma pegadiza o pegajosa, como esas canciones repetitivas que uno no consigue quitarse de la cabeza.

La meditación te ayuda a ser feliz
Está demostrado que hacer meditación ni es difícil (es decir, no se trata de una técnica avanzada e incomprensible), ni es perjudicial. Todo lo contrario: desarrolla la capacidad de ser feliz. La alegría solo es posible desde la calma, desde la activación del sistema nervioso parasimpático. Pasamos demasiadas horas al día con el sistema nervioso simpático altamente activado. Demasiadas horas liberando cortisol, adrenalina. Pocas horas liberando endorfinas. Pocas horas solo "siendo", "estando".

Hay a quienes esto de "meditar" les suena muy aburrido. Son incapaces de frenar, tomarse diez minutos les parece una pérdida de tiempo. Cuanto más rechazo provoca la idea de parar sin hacer nada, de "hacer no haciendo", como dicen los taoístas, más necesario puede resultar.

¿Vives en un estado constante de miedo?
Se viven tiempos de incertidumbre, de carencia, de freno... de MIEDO. El miedo nos bloquea, es la emoción más restrictiva, estanca nuestra energía, nos ata casi literalmente de pies y manos. Ante esto, el comportamiento en las empresas es de locura. Es moverse como un pollo sin cabeza. Ahora más que nunca, en medio del pánico, del caos, del futuro incierto con tintes tenebrosos, es cuando es importante aprender a parar, respirar hondo, y meditar.

Para saber más:

http://www.bubok.es/libros/207244/Estar-Mejor-Que-Bien
http://www.elmundo.es/elmundo/2012/03/02/espana/1330679766.html

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Talento, creatividad y éxito: cómo ahuyentarlos de tu empresa

Día llegará en que se reconozca generalmente la posibilidad de trabajar más y mejor en menos tiempo. El trabajo sin el esparcimiento agota. Nuestra natural propensión al esparcimiento nos enseña que no debemos negarle su parte en la vida.

El cerebro que está ocupado sin cesar en una misma tarea no funciona tan vigorosamente como cuando descansa o varía de ocupación. El ser humano que trabaja de continuo sin esparcir jamás el ánimo, invalida su aptitud para la felicidad.

No ha de ser el ser humano tan esclavo del trabajo que agote sus fuerzas en procurarse un modo de vivir sin atender el perfeccionamiento de su carácter.


Esto escribió Orison Swett Marden alrededor de 1900 (hace más de un siglo). Y no podemos decir que se tratara de un hombre vago que buscaba escurrir el bulto y hacer la menor cantidad de tareas posibles. Al contrario, con unos orígenes bastante humildes Marden llegó a ser un gran empresario que construyó varios hoteles en EE. UU., no sin dejar de escribir incansablemente muchas obras similares a La alegría de vivir, que es de donde hemos extraído estas citas, obras para ayudar a las personas como tú y como yo a tener éxito y ver lo bonito de la vida. Se dice que Orison Swett Marden es el precursor de obras como Poder sin límites y El Secreto.

Podemos decir que Marden tenía talento y creatividad, y que tenía un éxito probado en los negocios. Es decir, la persona que afirmaba que se puede trabajar más en menos tiempo y que se necesita tiempo libre y descansos para el cerebro, fue capaz, con estas creencias, de desarrollar su talento, creatividad y éxito. Es más, yo diría que gracias a sus creencias que arriba recogemos, tuvo Marden este éxito.

Esto me recuerda a un libro que me influyó bastante en mi época de consultora de formación, Love’em or lose’em (Ámales o piérdeles). Es un libro en que se describe cómo retener el talento en una compañía, y cómo impulsar la creatividad para lograr el éxito.

En el mundo en que vivimos y en la situación en que estamos ahora, destacaré las razones económicas de por qué es interesante retener el talento. Las autoras del libro, Beverly Kaye y Sharon Jordan Evans, nos dan el siguiente ejemplo:

Un ingeniero con talento y creatividad pide un aumento del 15% del sueldo (digamos 15.000 $), y su jefe se lo niega. Este profesional encuentra otro trabajo en que le pagan un 30% más. ¿Qué proceso se desencadena después?



  • Se contrata a un cazatalentos al que se le pagan 40.000 $ para que busque a quien pueda reemplazar a nuestro ingeniero


  • Se encuentra a cinco candidatos cuyas entrevistas nos cuestan 5.000 $


  • Se selecciona al nuevo profesional, pagándole un bonus de 10.000 $, y él negocia el salario en un 25% por encima del anterior ingeniero


  • Nos enteramos de que el anterior ingeniero está obteniendo negocio para la empresa de la competencia de varios millones de euros


  • Los compañeros del que se ha marchado empiezan a irse también a la nueva empresa.


Este ejemplo puede parecer exagerado pero está basado en datos reales. Los directivos no suelen saber cuánto puede costarles perder a alguien de valor, porque nunca calculan esos costes.
Por otro lado, en el artículo de Alan M. Webber cuyo nombre dice todo “Peligro, compañía tóxica”, nos dicen que “No es verdad que la lealtad haya muerto. El problema reside en que muchas empresas reciben de su gente la respuesta que se merecen”. Vamos a destacar también los datos económicos, dado que algunos directivos solo son sensibles a los números:





Un estudiante de mi clase le preguntó a Russo por qué SAS hacía tantas cosas
para su gente.
“Tenemos alrededor de 5.000 empleados. El año pasado, nuestro
índice de rotación fue del 3 por ciento. ¿Cuál es el promedio de la industria?”,
preguntó Russo, a su vez. Alguien sugirió el 20 por ciento. Aunque le pareció
bajo, decidió usar ese porcentaje para su demostración: “La diferencia entre el
20 por ciento y el 3 por ciento es de 17 por ciento. El 17 por ciento de 5.000
personas representa un total de 850. ¿Cuánto cuesta la rotación por persona en
términos de sueldos?”. Los estudiantes estimaron el costo como equivalente al
salario de un año, sobre la base de un sueldo promedio de 60.000 $. Aunque Russo
volvió a considerar bajas ambas cifras, las empleó para seguir adelante con su
ejemplo: “Multipliquen 60.000 $ por 850 personas — dijo— ; eso es más de 50
millones de dólares de ahorro. Así es como la empresa paga el gimnasio, la
atención médica en el lugar de trabajo y el resto de los detalles pensados en
función de la gente”. De manera que si SAS puede ahorrar 50 millones de dólares
al año en menores costos de rotación, estamos hablando de ventajas financieras
reales.


Seguiremos hablando de estos temas; nos parece crucial en los tiempos que corren.







jueves, 9 de junio de 2011

Deja de perseguir prioridades equivocadas



Llega a mi email una información de Marshall Goldsmith que quisiera compartir. Marshall Goldsmith es autor de 28 libros de negocios, muchos de ellos bestsellers. ¿Y qué nos dice este hombre? Pues que nos dedicamos a perseguir prioridades erróneas. Stephen Covey, otro autor similar, lo llama apoyar la escalera en la pared equivocada: cuando llegamos arriba nos damos cuenta de que no era ahí a donde queríamos subir.

Goldsmith menciona un estudio con jubilados que no habían sido directores generales. Se les preguntó sobre qué consejos darían a la gente joven. Se les preguntó:

“¿Cuál es la clave para tener una vida estupenda?” Y estas claves podían
resumirse fácilmente en tres puntos:


1) Sé feliz ahora. En la cultura de satisfacción continua de necesidades en la que vivimos, solemos condicionar la felicidad a alcanzar algo en un futuro. “Seré feliz cuando...”. Esto garantiza un estado de infelicidad crónica, de sensación de vacío continua, de escasez. Supeditar la felicidad a aquello que llegará (... cuando cambie de trabajo, tenga hijos, me case, me divorcie, tenga un coche nuevo, me haya ido de vacaciones) nos impide ver aquello que ya está aquí.


2) Aprecia a los más cercanos. Cuando estés en tu lecho de muerte, no estarás rodeado precisamente de tus clientes. Serán tu familia y amigos quienes estén ahí contigo. Y por cierto, no hay que tener 95 años ni estar en el lecho de muerte para descubrir esto. Basta con unos días ingresado/a en el hospital: entonces claramente se destaca quiénes son importantes en tu vida. Todo lo demás no es que quede en un segundo plano; es que desaparece.


3) Si tienes un sueño, persíguelo. Por estúpido que pueda parecer, por pequeño o grandioso que sea, es probable que sea más fácil cumplirlo ahora que a los 90 años, ¿no es así? Tu sueño puede ser conocer Australia, o escribir un libro, o montar un chiringuito en el Caribe (este lo he oído mucho, créeme). Lánzate ahora y prueba. Después puede ser tarde para ello. De nuevo, no hace falta llegar a los 90 para dejar de sentirse con las energías suficientes; a veces, ocurre mucho antes.

Y esto que cuenta Goldsmith, especializado en literatura para directivos, es perfectamente aplicable a los líderes en su quehacer profesional. De nuevo, tomando las 3 claves que acabamos de ver:

1) Es clave divertirte en tu trabajo. Lo cierto es que los superiores rara vez transmiten entusiasmo a sus colaboradores (sólo hay que ver que, claramente, no se están divirtiendo en absoluto). Una vez leí que, para saber si un trabajo era lo tuyo, te fijaras en tu superior: es lo que podías llegar a ser. ¿Sí? ¡Pues que espanto! Fijarme en personas que habían llegado “a lo más alto” me ayudó mucho para huir de trabajos realmente tediosos.


2) Ayuda a tus colegas. Cuando miras atrás a tus experiencias laborales previas, lo que sueles recordar es a las personas, no las tareas, ni tampoco el tamaño del despacho. Cuando tengas 95 años no te estarás acordando de que tu despacho era tan grande como el espacio asignado a diez subordinados. ¿O sí? Más bien, recordarás cómo ayudaste a desarrollarse a las personas, y las relaciones en general.


3) “Ve a por ello”. Es posible que fracases, pero al menos lo habrás intentado. De otra forma, puedes llegar a sentirte miserable por no haberlo hecho. Es un mundo cambiante, vivimos una etapa crítica, pero la única certidumbre con la que cuentas eres tú.


jueves, 2 de junio de 2011

¿Expomanagement o bailaoras y toreros?



He tenido el placer de asistir a algunas conferencias de ISAVIA en Expomanagement 2011.


He podido ver cómo se está empezando a dar valor a trabajar en equipo (¡por fin!), a que el grupo de trabajo coopere, libere el potencial de cada uno, y llegue a soluciones más creativas de lo que podrían alcanzar los mismos individuos de forma individual. Pero para ello, en lugar de dirigir las acciones formativas o de coaching a grupos de directivos, deben dirigirse a grupos de trabajo: departamentos, equipos que llevan un proyecto, etc. En estas acciones, es interesante que el superior esté al mismo nivel que el colaborador, y que todos participen sin sentir la presión del miedo a las consecuencias.


Esto para mí contrasta con el futuro de bailaoras y toreros que nos auguraba mi profesor de Macroeconomía de 3º como ventaja comparativa única para comerciar con el exterior.


Como comenta Nassim Nicholas Taleb en El cisne negro, los EE.UU. se han especializado en tareas “escalables”, es decir, en tareas en que no hay un tope máximo de personas que pueden acceder a un servicio, en que la presencia de quien las impulsa no es necesaria y en que los resultados no dependen de un continuo esfuerzo. Por ejemplo: el software, el diseño, las redes sociales, etc. En otras palabras, la creatividad: en EE.UU. en lugar de venderse la fuerza de trabajo, se venden ideas, productos intelectuales. Esto hace que su ventaja comparativa aumente. La creatividad deja las tareas menos “escalables” a aquellos felices de ser pagados por horas.




“Hay más dinero en diseñar un zapato que en hacerlo en realidad: Nike, Dell y Boeing pueden ser pagados simplemente por pensar”, dice Taleb.

En muchas empresas podría utilizarse mejor el potencial de las personas, un potencial que es una variable cualitativa, de calidad o cualidad, que se valora de forma cuantitativa, de cantidad… o de dinero.


A veces se comete el error de tergiversar ideas muy buenas para meter a los profesionales en la horma de un zapato demasiado estrecho para ellos. Aun así, los resultados siguen siendo buenos, y en ocasiones es sorprendente. Tomar la idea de que cada uno vino a este mundo a realizar su vocación y convertirla en que “y por tanto te tiene que gustar tu trabajo (rutinario, sin posibilidad de desarrollo personal, vacío de contenido)” es unir causas y efectos casi casi incompatibles.


Una vocación de artista, por ejemplo, se tergiversa a una vocación de querer que se cumplan los objetivos de la empresa, que todos “estemos alineados” y “en el mismo barco”. Pero es que ese barco se dirige a que el empresario gane más dinero y, a veces esto choca de tal forma con los medios de motivación del personal, que se consigue lo contrario de lo que se busca lograr. Esto puede llevar a aprovechar situaciones críticas como la actual y hacer una limpia de personal a través de un ERE cuando se tienen los mayores beneficios de la historia, por ejemplo.


Retomando las fantásticas conferencias que tuve la suerte de atender, se puede hacer mucho. Se puede construir desde el trabajo de equipo, se puede crecer, se puede liberar creatividad a raudales, y todo esto lo pueden hacer estas mismas personas en las que a algunos responsables les cuesta creer. Todos guardamos dentro la mejor versión de nosotros/as mismos/as esperando fluir con facilidad. Incluso si no es en esa vocación nuestra.


¿Por qué no intentarlo? ¿Por qué no com-probarlo?


domingo, 30 de enero de 2011

Amplía tu pequeño mundo


Hace poco, uno de mis lectores dejó de ser anónimo en el ascensor.

De forma totalmente inesperada dijo mi nombre, y me habló de una entrada del blog en la que menciono a uno de mis autores estrella, Ernie J. Zelinski, y uno de mis libros preferidos, El placer de no trabajar. Me encanta tener lectores, pero a veces la sorpresa de que me hablen de este blog es tan imprevisible que me quedo sin palabras. Y más si es en un entorno laboral donde me nombran, precisamente, “el placer de no trabajar”. :-)

Sin embargo, el libro de Zelinski está dirigido a “estresados, parados, jubilados o cansados de trabajar”, según dice su subtítulo. Y habría que añadir que no es ninguna broma de mal gusto para aquellos que no tienen trabajo. El libro es una potente herramienta para sacarle mucho jugo al tiempo de ocio, se esté en la situación en que se esté. Así, aquello que se descubre o aprende en el tiempo libre puede llevar a emprender un nuevo camino laboral, o a mejorar en habilidades en las que se falla, o a perfeccionar capacidades que se utilizan de forma habitual. Probablemente, yo escribí aquello en una temporada en que trabajaba desde casa, o bien en otra en que estaba desempleada, o como he oído decir, estaba en búsqueda activa de empleo. Y sí, desde mi experiencia, el libro sirve, amplía miras, sobre todo en el área de la creatividad.

Zelinski simplemente da claves de cómo recuperar actividades para el ocio que quedaron en el olvido, o de encontrar otras nuevas que se adapten a nuestra forma de vida actual. Para ello, indica cómo construir un árbol de ocio con todas las opciones que fueron interesantes alguna vez, o nos parecen interesantes ahora, o nos podrían atraer. Empezar a considerar nuevas opciones hace necesario quitarse de encima el polvo del viaje por el aburrimiento. Curiosamente, en una era en que estamos rodeados/as de todo tipo de tecnología y opciones de entretenimiento, muchas personas tienen la palabra “aburrimiento” muy presente en su vocabulario. Y más curioso todavía, aquellos/as que afirman sentir aburrimiento frecuentemente, suelen resultar bastante aburridos a los demás.

Y es que, incluso para buscar nuevas actividades que nos motiven y nos den energía en el tiempo libre, la mayoría de personas trata de permanecer siempre en su área de comodidad. El área de comodidad de algunas de ellas es tan pequeña que no pueden casi ni moverse sin sentir ciertas dificultades. Sin embargo, el hecho de irse recogiendo poco a poco en este área produce un efecto paradójico: cada vez se reduce más.

Creo que el miedo es el motor más habitual de las acciones humanas, y esto tiene explicación científica, puesto que es uno de los mecanismos de supervivencia más antiguos, arraigado en nuestro cerebro más primitivo. Y observo actuaciones guiadas por el miedo no sólo en aquellos que confiesan “no me atrevo”, sino en aquellos que supuestamente llevan una vida de retos y desafíos al más alto nivel profesional. Al final, la biología les puede, y no aciertan a salir de su pequeña caja de zapatos.

En realidad, y como comentaba en la entrada de blog que trajo a mi mente este lector, el tipo de estímulos de placer que nos alejan de tener una vida fácil puede dividirse en dos: evitar sacrificios, o evitar el miedo. En los dos casos esquivamos algo que nos parece negativo, desagradable, incómodo, innecesario... Pero el caso del miedo es en el que me voy a centrar, porque la mayoría de las veces, según he observado, es miedo infundado. Además, una cosa es no querer hacer un sacrificio, aun siendo consciente de lo que puede suponer, y otra es no poder realizar algo por miedo.

¿Miedo a qué? Miedo a lo desconocido. Hay multitud de creencias bajo la capa del miedo a lo desconocido, desde «el mundo es hostil» hasta «no soy capaz», de forma que realizar cualquier acción en el terreno desconocido (hablar en público, llamadas comerciales, conducir por primera vez, comenzar una relación) tiene un componente de visión de túnel de cómo es el mundo y otro de fallo en el autoconcepto. Algo así como que el mundo es muy grande y yo soy muy pequeñito/a.

He visto miles de técnicas para superar el miedo, y creo que están demasiado centradas en el objeto que quieren destruir. El miedo no desaparece, pues es una alarma biológica, inconsciente, previa a cualquier razonamiento. Una situación actual puede llevar a una persona a evocar una intensa experiencia negativa anterior, incluso si no tienen relación alguna. Automáticamente, han saltado los mecanismos de alarma y ahí no hay nada que hacer.

Entonces, ¿cómo superar el miedo a lo desconocido? ¿Cómo pasar por encima y alcanzar lo que se desea? Me da la sensación de que el miedo se enfrenta y se supera con valentía. Es decir, se enfrenta y se supera con una dosis de energía positiva, de fuerza de voluntad, de motivación. Nuestro mundo se amplía y deja de ser una aburrida caja de zapatos abriéndose a la experiencia de más, buscándolo, pasando a través de ello. Por ejemplo, el miedo a hablar en público se supera hablando en público.


Quizá en ese tiempo de ocio que cada uno tiene, por pequeño que sea, podamos buscar una actividad que nos ayude a hablar en público y de paso, a ampliar nuestro pequeño mundo.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Actuar sobre la base de la locura


Cada vez estoy más convencida de que lo que dicen los sistemas de creencias orientales al respecto de nuestra mente es cierto: nuestra mente está enferma, y actuamos sobre la base de la locura. Al principio, escuchaba estas aseveraciones y me parecían exageradas, una forma pintoresca de llamar la atención sobre dos ideas: lo que percibimos no es en ningún caso la realidad y además, no tenemos la capacidad de hacernos una idea de lo que hay “ahí fuera”. Nuestro cerebro inventa la realidad para ayudarnos a entender lo básico en ella: generaliza, simplifica y elimina.

La forma en que el cerebro inventa es bonita y anecdótica cuando nos quedamos en las paradojas de la percepción, en las famosas ilusiones ópticas, en el conocimiento de las violaciones que se hacen del lenguaje, en comprender que inferimos aquello que no nos han dicho, etc. Para mí, todo esto deja de ser bonito en lo que respecta a la burrocracia. Sí, he dicho bien, ésta debiera ser la forma en que esta palabra se escribe, burrocracia, porque es una cosa de burros (con perdón de los burros), de mulas de carga, de ineptos mentales que ponen en evidencia trastornos mentales importantes.

Algunos grandes sistemas (gobiernos, empresas) se aferran a los procedimientos, protocolos, sistemas, planes… en los que se invierte el 80% del tiempo de muchos empleados, para producir acaso un 1% mejor (ni siquiera se cumple la regla inversa del 80/20). ¿Por qué este amor por papelorios, documentos digitales, archivos, carpetas? ¿Cómo puede preocupar o importar lo más mínimo que un sello de empresa se ponga en azul o en rojo, o que se firme un documento en azul o en negro? ¿Cómo puede tener sentido que haya personas que destinan copias de documentos a sí mismas, o que personas que físicamente están a unos 5 metros tengan que guardar archivos de copias del mismo (puto) papel? Pues sí, no me lo estoy inventando: lo he vivido.

Volviendo sobre la sabiduría oriental, he de agradecer a mi amiga Shubhaa que me haya presentado a Osho. Lamentablemente, yo había incluido a Osho en una lista de listillos que se ganan la vida diciendo lo que han dicho otros pero peor, sin haberlo comprendido ni realizado, con el fin de venderlo gracias a un marketing envidiable. No, Osho no es de estos, sí lo ha comprendido, sí lo ha realizado. Este verano pude por fin leer, al principio con escepticismo y luego con creciente interés, una buena parte de un libro de Osho. Para ser exactos, Osho no ha escrito un libro, sino que se han transcrito sus charlas, y esto me dice que él no hizo la tarea del marketing de que hablaba antes: ¿para qué? Y ahora he tenido acceso a otro libro de Osho, El libro de la nada, en el que hemos encontrado un párrafo relacionado con el tema que tratamos:


LA MENTE ES UNA ENFERMEDAD. Esta es una verdad básica que Oriente ha
descubierto. Occidente dice que la mente puede enfermarse, o puede sanarse. La
psicología occidental depende de esto: que la mente puede estar sana o enferma.
Pero Oriente dice que la mente como tal es la enfermedad, que no puede estar
sana. Ninguna terapia psiquiátrica puede servir de ayuda; como mucho puede hacer
que esté normalmente enferma.

Así que en relación a la mente existen dos tipos de enfermedades: normalmente enferma (esto es, que tienes la misma enfermedad que otros a tu alrededor) o anormalmente enferma, que quiere decir que padeces algo único: tu enfermedad no es algo ordinario; es excepcional. Tu enfermedad es algo individual, no colectivo; esta es la única diferencia. O normalmente enferma o anormalmente enferma, pero la mente no puede estar sana. ¿Por qué? Oriente dice que la propia naturaleza de la mente es tal que siempre estará enferma. La palabra «salud» es hermosa, procede de la misma raíz que la palabra «totalidad». Salud, curación, totalidad, sagrado o santo…: todas estas palabras proceden de la misma raíz.

La mente no puede estar sana porque nunca puede estar entera. La mente siempre está dividida; la división es su base. Si no puede estar íntegra, ¿cómo va a poder estar sana?, y si no puede estar sana, ¿cómo va ser sagrada? Todas las mentes son profanas. No existe cosa tal como una mente santa. Un hombre santo vive sin mente porque vive sin división.
Si entras en tu oficina y te encuentras primates en lugar de humanos, ¿no te parecería raro su comportamiento? A ver, todos sentados “de cara a la pared”, contemplando unas pantallas, en silencio, sin relacionarse de forma “natural”, manejando con interés sesudo unas hojas de papel, cruzándose por el pasillo machos y hembras sin desplegar un intento de flirteo “natural”, sentados hora tras hora tras hora, sin rascarse, y lo más importante, sin tocar a ningún otro. ¿Puedes ver la imagen? Quizá se te ha colado en la mente un conjunto de chimpancés vestidos, de esos que vemos en los posters. Chimpancés vestidos con mentes enfermas que se fijan en si un texto está escrito en letra Arial o en Times en lugar de estar saltando de un árbol a otro, comiendo, o simplemente descansando…

martes, 22 de diciembre de 2009

La dejadez del "estoy muy ocupad@"



Robert Kiyosaki, el famoso autor de Padre rico, padre pobre, habla en un punto sobre la forma más común de pereza, yo diría de dejadez: estar ocupado/a.

Con frecuencia, las personas ocupadas son con frecuencia las más perezosas. Todos conocemos casos en los que un hombre trabaja muchas horas para ganar dinero, para poder así mantener a su mujer y a sus hijos. Este hombre actúa así basado en una serie de creencias: "es necesario trabajar duro para ganarse el pan", " sólo los que trabajan así llegan lejos", "si no hago esto, entonces estaré con mi familia bajo un puente ". Pero ese hombre que se queda todos los días horas extra y que se trae trabajo a casa los fines de semana, resulta que un día regresa a un hogar vacío. Su mujer se ha marchado con sus hijos. Sí, reconoce en medio del dolor que tenían problemas de "comunicación" (¿Acaso había comunicación? se dice ella).

La pereza o dejadez de este tipo de persona está en ese saber que tenía problemas de relación, y en ese huir metiendo la cabeza dentro del "estoy muy ocupado". Lo cierto es que las personas se mantienen ocupadas para evitar hacer frente a algo que no quieren ver. No es algo que les tengan que decir; ellos/as lo saben en lo más profundo. De hecho, si le dices esto a cualquiera de estas personas excesivamente ocupadas (que suelen ser hombres), responderán con ira. Esa verdad duele.

No me vale excusas como: "en la era cavernícola era lo que hacíamos, cazar y traer animales, traer el sustento". ¿Cómo se pueden seguir apoyando algunos en esto? Es pura dejadez, es no tomar las riendas de tu vida, es no dar valor a lo que es importante en ella, hasta que lo pierdes, hasta que se te va de las manos, es confundir lo urgente con lo importante.

Abrir los ojos y estar alerta es algo que pocas personas hacen, porque en ocasiones duele. Crear excusas, razones, o aferrarse a creencias tales como: "El mundo es hostil", "Todo el mundo lo hace", "La vida es así de dura", es no querer percibir la realidad tal cual es (si es que es posible. Pero al menos, podríamos acercarnos un poco a ella).

El tipo de dejadez de estar muy ocupado/a es el más común hoy en día. Pero esto no es tan moderno. Es el tipo de dejadez de dedicarse a ahorrar tiempo para disfrutarlo ¿cuándo? que describió Michael Ende en Momo. Es la dejadez de quedarse en la mediocridad, agarrándose a lo estable, lo cómodo, lo que parece seguro, hasta que un día “te roban el queso”. Y es que pocos hay que estén atentos a su queso, a si éste se va consumiendo y ya es hora de cambiar de ubicación. Pocos dejan los ojos abiertos, porque es mucho más cómodo cerrarlos y dejarse mecer por la cotidianeidad.

Kiyosaki opina que si abres los ojos, descubres que estabas sintiendo culpabilidad por tu avaricia. Es decir, te has dejado adormecer porque no soportas saber que te gustaría llegar más lejos, pero lejos de verdad, donde tu vida sea la que tú deseabas, no la que “te ha tocado” (otra falacia). Es posible que esto sea así.

En cualquier caso, ya que lo sabes, ¿qué te impide despertar, Neo?

Más información:
http://www.richdad.com/

martes, 14 de julio de 2009

¡Siempre adelante!


No sé si a ti te pasa, pero a mí sí: oigo hablar a personas sobre el éxito, el Secreto, el dedicarte a tu vocación, el seguir tu brújula interior... Y al mismo tiempo, veo personas chocándose una y otra vez con puertas cerradas, con sensaciones negativas sobre sí mismas, con aceptar menos de lo que son capaces de hacer, no con serenidad, sino con una resignación compuesta de resentimiento y baja autoestima.


Se dice que detrás de todo esto están las creencias. Y debe de ser verdad. Te hablo en este tono escéptico porque soy la primera que no está libre de creencias limitantes. Soy la primera que observa admirada a personas como Stephen Hawking llegar muy lejos, acompañado desde siempre de su ELA (esclerosis lateral amiotrófica) o al llamado "hombre milagro", que aparece en el vídeo y el libro del Secreto, explicando su recuperación.


Por otro lado, desde hace tiempo observo que las personas se aferran a un tipo de creencias especialmente dañinas, que son las expectativas. Expectativas sobre lo que "debe" ocurrir o expectativas sobre cómo "tiene que" comportarse otra persona. De esta forma, existe una falacia, o idea equivocada, que es creer que se tiene derecho a. Derecho a un buen trabajo, derecho a la vivienda o derecho a un matrimonio feliz. Algunas de estas cosas aparecen de forma algo ingenua para mi gusto en la propia Constitución Española. Pero hay algunas personas que nacen directamente sin ninguno de estos derechos, en esos países que no nombramos.


Todo esto me ronda la cabeza desde que me fijo con especial interés en el trabajo de Vicens Castellano en Ajuste de Cuentas, programa de Cuatro. Veo personas estancadas en la creencia de que no pueden salir de su angustiosa situación. Desde fuera parece fácil decir: "si sólo hay que...". Pero cuando uno está dentro, en el centro del huracán, quizá no tenga una visión tan clara de lo que le conviene hacer para cambiar el círculo vicioso y convertirlo en virtuoso. Aquí la ayuda de un coach es crucial.


¿Cómo lo ha hecho?, nos preguntamos asombrados ante la persona que triunfa. Acto seguido, atendiendo a nuestras creencias, nos decimos: claro, será un enchufe, su familia tiene dinero (y la mía no), es más fuerte que yo, ha tenido suerte, etc. Esto sólo confirma las creencias de que para que te vaya bien, tienes que tener un enchufe, o tu familia debe prestarte dinero, o debes ser fuerte o tener mucha suerte. Como si en ningún caso contara tu valía personal.


Al margen de El Secreto (o la Ley de la Atracción), podemos decir que esto de tener éxito funciona, que si lo vemos continuamente a nuestro alrededor, es que se puede hacer. Podemos tomar como modelo a estas personas que triunfan, podemos acercarnos a ellas y tratar de imitar aquello que más admiramos, sin dejar de mostrar nuestra huella personal, podemos reconocer que detrás del éxito y del dinero también hay un trabajo, una perseverancia, y un pensamiento alineado y libre de algunas de nuestras peores creencias que, como enemigos, nos echan abajo.


Yo tengo varios de estos modelos, y uno de ellos es Orison Swett Marden, como ya sabéis los asiduos/as. Sólo con el título de alguna de sus obras te da alguna de la energía que él tiene a raudales: ¡Siempre adelante!, La alegría del vivir.


Sé muy bien lo duro que puede ser abrirse camino en la vida, y más cuando se sufren enfermedades, o suceden desgracias familiares. Pero también sé que cuando uno escoge de entre todo lo que tiene lo positivo (y en el sufrimiento para mí lo positivo es la enseñanza que se extrae), entonces el camino se aclara, o se deja de oscurecer, deja de parecer dramático, y empieza a ser mimado y trabajado desde la responsabilidad.

viernes, 10 de julio de 2009

La moral del trabajo es la moral del esclavo


Esto afirma Ernie Zelinski en su libro El placer de no trabajar, un éxito en ventas. Dado el título del libro, podríamos argumentar que se trata de un texto dirigido a vagos, a parásitos de la sociedad que viven de otros. Bien, está dirigido a estos y a todos los demás en realidad, puesto que da pautas para mejorar en mucho la calidad del ocio incluso si se está trabajando.


La moral del trabajo nos viene impuesta de un pasado arcaico y superado, aparentemente, por las nuevas tecnologías. La forma de pensar en los horarios y en la organización de las tareas es en muchos casos taylorista, heredada por tanto de la revolución industrial, y alejada en buena parte del sentido común. La herencia, además, conlleva un componente sexista, bastante marcado, en la tradicional división de tareas en la pareja, en trabajos más simples y peor pagados para las mujeres, y en la asunción de que, una vez que una mujer tiene hijos, deja de contar para los ascensos en su profesión, a menos que deje de contar para sus hijos.


Trabajar de 9 a 6, ó de 9 a 7 como se está viendo mucho, o de 8 a 5 si se quiere, es tan absurdo que incluso contándoselo a las ovejas, se reirían de nosotros por ser tan tontos. Se estableció un número de horas, y resulta que hay que permanecer “de cuerpo presente” en una oficina ese número de horas, al menos. No importa que haya picos y bajadas en la producción. No importa que haya personas más rápidas que otras al trabajar. No importa que las circunstancias de algunas personas no les permitan estar tanto tiempo sentados frente a una pantalla de ordenador. Lo de la hora de comer es similar: cada empresa establece una duración, y la justifica atendiendo a su filosofía. Suele suceder que en esto y en otras muchas cosas, la empresa se convierte en un micro-mundo en el que se pierde perspectiva y se piensa que las cosas son así, un poco como en un pueblo pequeñito y aislado.


Hace tan poco tiempo que las cosas eran tan diferentes. Incluso en otros países, ahora mismo, están siendo diferentes. Pero no entra en el cerebro simple que conforma una compañía. El trabajo, en un principio, estuvo ligado al resultado que se buscaba: camino por la selva buscando comida. Cultivo estas semillas porque sé que luego salen plantas que dan frutos. Tengo estas vacas que dan leche y carne. Etc. Y no distinguía tanto entre hombres y mujeres. “Técnicamente”, es la mujer quien da a luz y mantiene a los hijos en un primer momento. Pero en todo lo demás, la mujer se ha desenvuelto trabajando, vendiendo, comprando, igual que un hombre, con otro tipo de habilidades, distintas simplemente, y no demasiado distintas.


Probablemente he mezclado en un párrafo aquello que ocurría en las cavernas con otras cosas que ocurrían en el Neolítico con otras que ocurren ahora en otras culturas. Permítaseme la licencia literaria, porque para lo que quiero comunicar, es suficiente así. Nos hemos metido los humanos a nosotros mismos en jaulas de oro, con su aire acondicionado y todo, que nos alejan de nuestra naturaleza e instintos. Competimos todos y todas en un mundo creado en el pasado y que es por definición machista, que cultiva unos determinados valores limitados, y que deja de lado muchas cosas buenas: creatividad, artesanía, libertad, juego, ejercicio físico, música, baile, ritos, decoración... por citar algunas de ellas.


En la introducción al Tao Te King, Josan Ruiz Terrés muestra una opinión similar, al comentar que la época actual es “yang”,


«en la que los valores identificados como masculinos y la búsqueda del
éxito se exaltan en todos los terrenos»

Lo cierto es que, todo aquello que suena a débil, a fracaso o a tomarse la vida a otro ritmo, se oculta o disimula, porque no es coherente con los tiempos que vivimos. Si no se es “normal”, hay que parecerlo en lo máximo posible.


En un mundo en que se permiten los call center (centros de teleoperadores), que he oído llamar “las galeras del S. XXI”, con bastante acierto, en que una serie de personas debe permanecer encadenada a su puesto a través de unos cascos con micrófono, debe trabajar lo más parecido a un robot y ajustar su fisiología a quince minutos concretos durante su jornada, en un mundo así en que algunos/as idealistas creíamos que gracias a la crisis iban a cambiar las cosas, la moral del trabajo es, sin duda alguna, la del esclavo.


Citando de nuevo a Josan Ruiz Terrés,


«no se puede vivir instalado en el éxito por la sencilla razón de que el tiempo
de cosecha rara vez es permanente.»

miércoles, 20 de mayo de 2009

La regla fácil de la vida


Ernie J. Zelinski enunció la Regla Fácil de la Vida en su libro El placer de no trabajar, uno de mis preferidos ;-). Es una regla conocida por todos, pero escasamente aplicada, ya que el ser humano, como todos los seres, busca el placer y evita el dolor.
Si en la anterior entrada comenté que las sensaciones desagradables pueden conducir a un estado emocional negativo, ahora diré que, si se trata de buscar un objetivo más allá, quizá minimicemos la importancia de esas sensaciones. En otras palabras, sarna con gusto no pica.

Es fácil observar cómo las personas tratan de permanecer siempre en su área de comodidad. El área de comodidad de algunas de ellas es tan pequeña que no pueden casi ni moverse sin sentir ciertas dificultades. Sin embargo, el hecho de irse recogiendo poco a poco en este área produce un efecto paradójico: cada vez se reduce más.

Así, la regla fácil de la vida consiste en que, cuanto más fácil y cómodo sea lo que buscamos para el corto plazo, mayores dificultades tendremos a largo plazo. Esta regla se aplica en multitud de campos, de los que voy a citar algunos:

- Si estudias, es difícil, pero al final obtienes unos conocimientos que te facilitan tanto la entrada al mercado laboral, como el tipo de trabajo que realizas
- Si te entrenas para vencer tu miedo a hablar en público, consigues solventar muchos momentos de pánico que se te presentan en el trabajo, y acabas por sentir mayor autoestima
- Si empiezas a alimentarte de forma más sana, haciendo enormes sacrificios al ver pasar bandejas de tapas por tu lado, a largo plazo notarás que te encuentras mejor, que realmente no necesitas gambas a la gabardina para sobrevivir, y que tu cuerpo funciona de forma más óptima
- Si haces ejercicio de forma regular, también ayudas a que el cuerpo funcione mejor, duermes mejor, y alcanzas mayores niveles de relajación.

¿Qué es lo que ocurre? Que normalmente nos dejamos llevar por la parte fácil de la regla de la vida, ya que lo que podemos conseguir en el momento presente está asegurado, mientras que lo que obtendré después de haber estudiado, haber hecho dieta o haber hecho ejercicio, son beneficios que se presentan lentamente, poco a poco, y de forma casi imperceptible. El camino de la repetición siempre parece árido.

El tipo de estímulos de placer que nos alejan de acabar teniendo una vida fácil puede dividirse en dos: evitar sacrificios, o evitar el miedo. En los dos casos esquivamos algo que nos parece negativo, desagradable, incómodo, innecesario... Pero el caso del miedo es en el que me voy a centrar, porque la mayoría de las veces, según he observado, es miedo infundado. Además, una cosa es no querer hacer un sacrificio, aun siendo consciente de lo que puede suponer, y otra es no poder realizar algo por miedo.

¿Miedo a qué? Miedo a lo desconocido. Hay multitud de creencias bajo la capa del miedo a lo desconocido, desde «el mundo es hostil» hasta «no soy capaz», de forma que realizar cualquier acción en el terreno desconocido (hablar en público, llamadas comerciales, vender, conducir por primera vez) tiene un componente de visión de túnel de cómo es el mundo y otro de fallo en el autoconcepto. Algo así como que el mundo es muy grande y yo soy muy pequeñito/a.

Para que tu vida no se vea reducida al máximo, para ampliar tu zona de seguridad, para salvar poco a poco obstáculos que harán que te sientas más grande, más capaz, y en un mundo más afectuoso, puedes:

1. Entrar en acción cada vez que piensas algo. Por ejemplo: si quieres llamar a esa persona que conociste el otro día, llama AHORA.
2. Pregúntate: ¿por qué no? Es la pregunta preferida de Josepe García de Miguel, y la hago mía en este momento. ¿Qué te lo impide, cuál es el obstáculo, está en tu mente o está fuera?
3. Recordar los grandes beneficios que vas a obtener si das el paso, y recordar cómo se va a empequeñecer tu mundo si no lo das.
4. Ponerte en el peor de los casos: ¿qué es lo peor que puede pasar? Que se incendie mi casa y me quede sin trabajo y se vaya mi pareja y atropellen a mi perro y... Bueno, bueno, después busca qué es lo MÁS PROBABLE que puede ocurrir.
5. Juega. Al fin y al cabo, lanzarse a realizar lo difícil e incómodo puede tomarse como un juego. Es curioso cómo hay personas capaces de actuar socialmente en nombre de otras, pero cuando se trata de actuar como ellos mismos, se vienen abajo. Si es así, juega a que eres un personaje, o una persona famosa.

miércoles, 13 de mayo de 2009

La comodidad física


Es posible que algunos de nosotros/as estemos muy incómodos/as en ciertos entornos de trabajo y no sepamos exactamente a qué se debe. Una de las causas puede ser la molestia física, el hecho de que algo en el ambiente no es tan agradable como lo que se ve en esta foto. Por ejemplo:


· Notamos que hace un exceso de calor, pero no advertimos que llevamos los pies "cocidos" dentro de los zapatos.
· Notamos que necesitamos beber agua, pero no percibimos que hay una gran falta de humedad en el ambiente.
· Nos parece como si nos faltara el aire, pero no pensamos en que no entra aire puro en este edificio "inteligente".
· Estamos irascibles, pero no advertimos el ruido machacón de una impresora, un fax, una fotocopiadora.
· Sentimos dolor de cabeza, pero no nos damos cuenta de que la luz es demasiado fuerte para nuestros ojos, o lleva unas horas parpadeando.


Si queremos ser autoconscientes, esto también incluye nuestro cuerpo. ¿Por qué? Podemos considerar que existen tres esferas en las que el ser humano percibe:


1) Sensaciones corporales: se trata de lo más básico y cercano al mundo exterior. Podemos tener sensaciones básicas de placer o dolor. El calor, el frío, la humedad o la sequedad, la luz, los sonidos o ruidos, todos estos elementos pueden ser percibidos como fuentes de placer o de dolor.


2) Emociones: ante los estímulos externos e internos, podemos tener reacciones inconscientes de nuestro cerebro emocional, que nos preparan para la lucha, la huida, o el bloqueo. Estas reacciones son las emociones, necesarias para la supervivencia, y que pueden resultarnos positivas o negativas, esto es, las podemos clasificar como de placer o de dolor.


3) Sentimientos: se trata del refinamiento de la emoción, una vez pasa por el pensamiento. Los sentimientos son pensamientos con una emotividad añadida. Con el pensamiento podemos potenciar la emoción que sentimos o mitigarla, e incluso provocar una emoción que no estábamos teniendo. Los sentimientos también pueden sernos gratos o dolorosos.


La comodidad física estará incluida en el primer punto. En algunos cursos, he pedido a los participantes que observasen cómo se encontraban, si algo les incomodaba, desde la ropa hasta cualquier ruido de fondo. Muchas veces se daban cuenta de que les molestaban los zapatos, o llevaban la corbata demasiado ajustada, o tenían calor, o frío, o no soportaban oír el zumbido del aire acondicionado. Otras veces, lo que les molestaba era la silla en la que estaban sentados/as, la postura que habían adoptado, o la tensión que sin darse cuenta habían acumulado en los hombros.


Se trata de sensaciones que tenemos continuamente, informaciones que recibimos pero que no emergen a la conciencia y a las que no prestamos atención, aunque acaban formando parte del estado de ánimo con el que hacemos frente al día a día.


Por mi parte, no tengo duda: mi despacho responde a mis necesidades de comodidad física. Por un lado, he diseñado un espacio acorde con aquello que me provoca sensaciones placenteras, como plantas o fotos evocadoras. Ya opté hace tiempo por la ropa y los zapatos cómodos. Y sobre todo: hago los descansos que la prevención de riesgos laborales indica... como mínimo. Los estiramientos, darse un paseo o dejar la vista perdida en el horizonte son recursos gratuitos, que requieren una cantidad de tiempo mínima y que realmente ayudan a sentirse más despiert@, más activ@, más descansad@.¿Y tú? ¿Te sientes cómodo/a? ¿Estás a gusto físicamente? ¿Qué cambiarías en tu ambiente?

sábado, 9 de mayo de 2009

e-coaching: alcanza tu máximo potencial sin salir de casa


Si dediqué la última entrada de mi blog al e-learning, hoy voy a hablar de e-coaching. Como adelanté, muchas personas todavía no saben lo que es el coaching, o lo asocian a la terapia, al trabajo en equipo o a algún entrenamiento propio de directivos.

No voy a detenerme a explicar qué es coaching. Hay múltiples páginas web (entre ellas la mía) que se encargan de ello. Voy a explicar a qué preguntas puede dar respuesta el coaching, y a qué situaciones da solución el e-coaching que yo hago.

Te pregunto: ¿estás viviendo tu vida al máximo? ¿Te atreves a cambiar? Sin duda, estás satisfech@ de diferentes áreas de tu vida, sin embargo, sientes que falta algo, que podrías llegar mucho más lejos. Quizá te preguntas:

¿Cómo concilio mi vida privada con mi vida laboral? Parece que no hay horas suficientes en el día para poder cumplir con todo. Empiezas a sentir frustración en varias áreas de tu vida, vas corriendo a todas partes, y te cuesta a veces tener que poner en una balanza tu carrera profesional y tu vida personal. No sabes cómo dedicarte a lo importante, cuando lo urgente te asalta a cada paso que das.

¿Cómo vuelvo a encontrar un empleo? Sientes que son tiempos difíciles y que compites con muchas más personas a la hora de encontrar el puesto idóneo. Te planteas que podrías formarte en nuevas áreas o revisar el aspecto de tu curriculum, pero no llegas a concretar nada, porque has perdido la seguridad en ti mism@.

¿Qué hago con mi vida? Es posible que por diversas circunstancias tengas que pasar más tiempo en casa a partir de ahora y no sabes cómo manejar la situación. Puede ser por estar en desempleo, pero también puede ser porque estés de baja por maternidad, o porque ahora tengas una nueva restricción o limitación en tu vida.

Quizá todos estos ejemplos te parezcan diferentes, pero tienen algo en común: cuando te dejas llevar por los miedos, dejas de intentar hacer aquello que te haría feliz. Entonces, ¿por qué no entras en acción? ¿Por qué no te quitas de encima todas esas capas de obligaciones sin sentido, de reglas que te has ido imponiendo, de complicaciones? ¿Por qué no te diriges directamente a tu destino, a ser feliz? Te lo diré: porque a veces es muy difícil reconocer el camino, a veces nos perdemos en la rutina del día a día y olvidamos cuál era nuestra meta.

Los coach somos expertos en despertar a los soñadores que no cumplen sus sueños, y en acompañarlos, como socios de su vida, hacia su meta real. Te mereces aprovechar tu verdadero potencial. ¿Cómo te puedo ayudar? En mi caso, considero que el e-coaching es una herramienta muy adecuada para los ejemplos descritos: desde casa te conectas al messenger, o a skype, y tienes sesiones similares a las presenciales, con la ventaja de no tener que desplazarte, de poder vestirte cómodamente, de sentirte más relajad@ al no tener que acudir a una cita personal. La sesión suele ser más intimista, a veces te atreves a decir cosas que en persona no expresarías... Es mágico lo que ocurre en una sesión de e-coaching. Más información...

viernes, 1 de mayo de 2009

Conciliación de la vida privada y profesional


¿Quién tendió la ropa?

Uno de los problemas con que lidia la conciliación de la vida privada (familiar o no) y profesional es el valor que le damos a las tareas que se realizan. Si las tareas tienen una contrapartida en dinero, entonces son valiosas. Si no la tienen, son entretenimientos, cargas o pérdidas de tiempo. De esta forma, las tareas de la vida privada se contemplan como una pérdida de valor para las empresas. Llevar a un hijo al médico, estar nosotros/as mismos/as de baja, o querer dedicar parte de nuestro tiempo a otra persona está penalizado, en el sentido de que está mal visto, a veces no permitido y siempre considerado una disminución de la productividad, desde la estrecha mentalidad de la escasez.



Parece coincidir que las tareas que las mujeres han realizado tradicionalmente son menos valoradas tanto por hombres como por mujeres. Al mismo tiempo, el trabajo fuera de casa es remunerado real y simbólicamente con una mayor valoración. Cuidar de otros, mantener una economía doméstica o dejar de trabajar para tener familia, son comportamientos considerados inferiores. Pienso que esto se debe a que para muchas mujeres, no ha habido más remedio que realizarlos; han sido obligatorios, han ido en contra de su realización individual. La organización social en que los hombres traen el dinero a casa y las mujeres administran el hogar es una división del trabajo. Es posible que toda división del trabajo sea una forma de organización masculina, en el sentido de que los hombres suelen tender a especializarse y enfocarse en un solo campo. Las mujeres, por otro lado, tenemos la habilidad de realizar tareas variadas al mismo tiempo, y quizá nos gusta más cambiar de tarea que la especialización.



Me llama la atención la utilización de los términos «productivo» y «reproductivo», pues parece ser que, desde el punto de vista de la conciliación, o se es productivo, o se es reproductivo. O bien, como muchas mujeres, se es las dos cosas a la vez. A mí esto me suena a cosificación, a ganado, a hormiga, a todo menos al valor de un ser humano que además de productivo y/o reproductivo puede ser muchas otras cosas. Pienso que el lenguaje es muchas veces reflejo de cómo vemos el mundo, y esto de la producción, o la producción de pequeños humanos cuadra muy bien en un lenguaje capitalista.



En todo esto de la conciliación podemos describir la realidad que existe, podemos aventurar algunas soluciones para la realidad que existe, y poco más. El debate de la conciliación parece incluido dentro de la neurosis colectiva y por tanto no puede llegar mucho más lejos. Que sea buena o mala la solución de tener un 50% en el Consejo de Administración de cada empresa no tendría que ser el debate. Quizá se tendría que hablar de qué clase de empresas tenemos, de qué creencias tenemos sobre el trabajo y los roles, y de qué soluciones mucho más creativas se podrían dar, si saliéramos del paradigma en el que estamos tan inmersos/as.





Puedes escuchar el programa Nosotras en el Mundo para tener una perspectiva de género.