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jueves, 2 de junio de 2011

¿Expomanagement o bailaoras y toreros?



He tenido el placer de asistir a algunas conferencias de ISAVIA en Expomanagement 2011.


He podido ver cómo se está empezando a dar valor a trabajar en equipo (¡por fin!), a que el grupo de trabajo coopere, libere el potencial de cada uno, y llegue a soluciones más creativas de lo que podrían alcanzar los mismos individuos de forma individual. Pero para ello, en lugar de dirigir las acciones formativas o de coaching a grupos de directivos, deben dirigirse a grupos de trabajo: departamentos, equipos que llevan un proyecto, etc. En estas acciones, es interesante que el superior esté al mismo nivel que el colaborador, y que todos participen sin sentir la presión del miedo a las consecuencias.


Esto para mí contrasta con el futuro de bailaoras y toreros que nos auguraba mi profesor de Macroeconomía de 3º como ventaja comparativa única para comerciar con el exterior.


Como comenta Nassim Nicholas Taleb en El cisne negro, los EE.UU. se han especializado en tareas “escalables”, es decir, en tareas en que no hay un tope máximo de personas que pueden acceder a un servicio, en que la presencia de quien las impulsa no es necesaria y en que los resultados no dependen de un continuo esfuerzo. Por ejemplo: el software, el diseño, las redes sociales, etc. En otras palabras, la creatividad: en EE.UU. en lugar de venderse la fuerza de trabajo, se venden ideas, productos intelectuales. Esto hace que su ventaja comparativa aumente. La creatividad deja las tareas menos “escalables” a aquellos felices de ser pagados por horas.




“Hay más dinero en diseñar un zapato que en hacerlo en realidad: Nike, Dell y Boeing pueden ser pagados simplemente por pensar”, dice Taleb.

En muchas empresas podría utilizarse mejor el potencial de las personas, un potencial que es una variable cualitativa, de calidad o cualidad, que se valora de forma cuantitativa, de cantidad… o de dinero.


A veces se comete el error de tergiversar ideas muy buenas para meter a los profesionales en la horma de un zapato demasiado estrecho para ellos. Aun así, los resultados siguen siendo buenos, y en ocasiones es sorprendente. Tomar la idea de que cada uno vino a este mundo a realizar su vocación y convertirla en que “y por tanto te tiene que gustar tu trabajo (rutinario, sin posibilidad de desarrollo personal, vacío de contenido)” es unir causas y efectos casi casi incompatibles.


Una vocación de artista, por ejemplo, se tergiversa a una vocación de querer que se cumplan los objetivos de la empresa, que todos “estemos alineados” y “en el mismo barco”. Pero es que ese barco se dirige a que el empresario gane más dinero y, a veces esto choca de tal forma con los medios de motivación del personal, que se consigue lo contrario de lo que se busca lograr. Esto puede llevar a aprovechar situaciones críticas como la actual y hacer una limpia de personal a través de un ERE cuando se tienen los mayores beneficios de la historia, por ejemplo.


Retomando las fantásticas conferencias que tuve la suerte de atender, se puede hacer mucho. Se puede construir desde el trabajo de equipo, se puede crecer, se puede liberar creatividad a raudales, y todo esto lo pueden hacer estas mismas personas en las que a algunos responsables les cuesta creer. Todos guardamos dentro la mejor versión de nosotros/as mismos/as esperando fluir con facilidad. Incluso si no es en esa vocación nuestra.


¿Por qué no intentarlo? ¿Por qué no com-probarlo?


sábado, 12 de junio de 2010

Una flor pisoteada

Me pregunto en qué estaría pensando la flor que he pisado hoy, sin querer, descuidadamente, cuando paseaba. Sí, claro, las flores no piensan... De todos los seres vivos que hoy he sentenciado a muerte por el simple hecho de pasear por el campo, ¿cuántos de ellos han atraído semejante fin a sus vidas?

Está muy de moda decir que cada uno es responsable de lo que le sucede, de todo lo que le sucede. Además, está de moda la Ley de la Atracción, por la cual atraemos a nuestras vidas de forma casi mágica aquello en lo que no dejamos de pensar, sea positivo o negativo. Siempre que he oído esto, me he preguntado si uno atrae a su vida las enfermedades con las que nace, o los genes que le predisponen a tener cáncer. Según algunos, así es.

Por eso me pregunto perpleja qué pensaban esas flores, esas hormigas y demás bichos y plantas, cuando he depositado mi pie sobre ellos sin ninguna delicadeza.

¡Es tan absurdo pensar que lo han atraído hacia sí! Tan absurdo como pensar que las plantas y bichos de alrededor pensaban sólo cosas positivas y sólo atraían insectos amigos.

No cabe en nuestra mente esperar sucesos inesperados, de proporciones inmensas, y que cambian por completo nuestra existencia. Como un tsunami. Pero lo cierto es que estos sucesos marcan claramente nuestra historia, como defiende Nassim Taleb.

Nuestro cerebro está diseñado para tener esperanza por un futuro mejor (saldremos de la crisis, el año que viene habrá menos desempleo, ya se ven los brotes verdes de la economía), y está diseñado para olvidar rápidamente aquellos sucesos que no encajan en una progresión «normal» y ascendente de los acontecimientos. A expertos y no expertos, nos encanta la campana de Gauss, todo es la campana de Gauss, es decir, todo se distribuye de forma «normal», la virtud está en el punto medio y los extremos son raros de ver. Esto es verdad para variables como la altura o el peso de una persona. Esto no es tan cierto para variables como el dinero, la salud, o el pisotón que se lleva una flor en el campo.

Entonces, ¿debemos preocuparnos y tener miedo de acontecimientos totalmente inimaginables ahora? No se trata de eso, pero sí podríamos dejar de vivir en la falacia de que dominamos por completo nuestra vida, una vida «normal» en la que suceden cosas «normales», o dentro de lo imaginable. Por eso muchos siguen jugando a la lotería aunque no les toque nada, porque saben que hay sucesos que ocurren en contra de toda probabilidad.

Por cierto, ¿cómo podría una flor evitar ser aplastada por una bota de montaña? No puede. Es decir, incluso sabiendo lo que podría ocurrirle, conociendo por sus antepasadas flores que esto a veces sucede, la flor no se podría desplazar a zonas menos transitadas por el ser humano.

Cuando me hablan de que uno es responsable de lo que sucede en su vida, también vienen a mi mente las personas nacidas en países subdesarrollados, que contraen enfermedades que aquí se curan con una pastilla, que pasan hambre, que malviven, que no tienen agua potable... ¿Ah, que lo han elegido ellos, que son responsables, que bien podrían desplazarse a otro sitio? No, no pueden. Ya se está viendo. No se les permite si quiera eso. El gran pie les aplasta allí, y punto.
Y no es que esta forma de pensar perjudicial (es una especie de opio) se quede sólo en mundos esotéricos, es que en la formación que se da en empresas también se habla de ello, con la proactividad, la fijación de objetivos, la responsabilidad frente al victimismo... He visto empresas entre cuyos valores está prever con anticipación el futuro y tomar medidas. Estupendo, ahora premian prever la pisada de una bota de montaña. O bien, premian entrever que ocurrirá un 11-S que tirará abajo las torres gemelas, o que un tsunami desolará todo un país, o que habrá una horrible guerra entre hermanos donde antes reinaba la paz. ¿Cómo esperan que lo hagamos? ¿Alguien trae bola de cristal consigo?

lunes, 28 de diciembre de 2009

Cómo no ser el cordero el día de Navidad



Cada vez estoy más convencida de que cada uno vive en el mundo que se ha creado para sí mismo/a. Que el mundo que te rodea, por decirlo de otra forma, está en tu cerebro, en tu mente. En ningún caso está fuera de ti.


¿Cómo es posible? ¿A qué me refiero? Pues sólo mira cómo tu mente procesa la información que recibe: cuando le faltan datos, el cerebro generaliza para crear una información más simple, elimina lo que considera superfluo y distorsiona aquello que percibe, filtrándolo a través de las creencias y las expectativas.


Como dicen en Programación Neuro Lingüística, tenemos una tendencia innata a confundir el mapa con el territorio, nuestro mapa mental con la realidad que está fuera. Tendemos a creer que sabemos más del "mundo exterior" de lo que sabemos, y esto puede llevarnos a correr riesgos sin ni siquiera ser conscientes de ello.


De hecho, no sólo es que nuestra mente esté preparada para procesar la información de una determinada manera, es que, cualquiera que busque la confirmación de sus creencias, la encontrará, porque seleccionará de la realidad aquellos elementos que concuerdan con sus ideas. Así, personas de diferente orientación religiosa o política, ante los mismos hechos, observan realidades completamente opuestas.


Sabiendo que elegimos las creencias de formas a veces poco rigurosas, solemos tratarlas como propiedad personal que debe ser protegida y defendida, incluso con la vida. Podemos haber adquirido una creencia en el colegio, a la edad de siete años, y no volvemos a modificarla jamás. Cuando sentimos que esa creencia es atacada, reaccionamos como si estuviera amenazada nuestra existencia, cuando la única amenaza que se da es la de nuestro ego.


Otra de las tendencias de nuestra mente es a buscar explicación a cualquier acontecimiento. En especial, esto nos juega malas pasadas cuando hemos actuado por impulso, y luego sentimos que tenemos que justificar nuestras acciones. Es un derecho asertivo no tener que dar excusas. Sin embargo, la mayoría de la gente busca una razón "que suene bien" incluso para sí mismo/a. Esto explica por qué en un experimento en el que mujeres elegían de entre una muestra de panties, dieran todo tipo de razonamientos de su elección cuando, en realidad, todos los panties eran exactamente iguales.


Así, los seres humanos parecemos amar el autoengaño, porque no sólo se trata de responder ante los demás, se trata de creer que hemos actuado con lógica y raciocinio en todo momento. El problema, por tanto, no está en la realidad que observamos, sino en que tenemos una especie de ceguera genética que nos protege, haciéndonos creer que el mundo es mejor de lo que es, que tenemos más probabilidades de que nos toque la Lotería de las que en realidad tenemos estadísticamente, que "todo irá bien", o que "ya saldrá" lo que sea (el trabajo, el amor, el dinero).


Nassim Nicholas Taleb trata de estos temas en su libro The Black Swan (El cisne negro), en el que, entre otras muchas cosas, nos explica cómo no ser el pavo del día de Acción de Gracias, o como yo he puesto en el título, cómo no ser el cordero el día de Navidad.


En efecto, el cordero es alimentado día tras día durante digamos un mes. Para el cordero, la realidad es más que esperable: todos los días, a una hora concreta, le dan de comer, y bastante bien. Sus expectativas de futuro son halagüeñas, comerá cada día a la misma hora, felizmente. Todos, menos el día de Navidad, en que ocurre algo muy distinto. Curiosamente, la confianza del cordero de que va a ser alimentado aumenta cada día, aun cuando la matanza es cada día más cercana. Para evitar ser como el cordero, debemos conocer que la realidad no es tan predecible como creemos, que suceden acontecimientos altamente improbables pero que trastocan por completo nuestras vidas (y es a lo que Taleb llama "cisne negro").


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