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sábado, 15 de enero de 2011

La confusión


Hace poco más de un año, cuando estaba documentándome para escribir el manual de comunicación eficaz, descubrí a Paul Watzlawick, autor de ¿Es real la realidad? y de El arte de amargarse la vida, entre otros.

Lo que este experto en lingüística explica no se me olvida nunca: el lenguaje verbal lleva a la confusión y a la desinformación. Lo veo cada día en las conversaciones que se sostienen, veo cómo se pasan por alto el lenguaje paraverbal y el gestual, que están revelando mucha información que quizá contradice esas palabras mentirosas.

Watzlawick nos dice que “la confusión es comunicación defectuosa, que deja sumido al receptor en un estado de incertidumbre o de falsa comprensión”. De lo que alguien trata de decir a lo que dice hay un mundo, y hay otro mundo de lo que el receptor escucha a lo que entiende. Dos mundos que forman un mar de confusiones. Durante la conversación, ambos interlocutores mezclan las palabras que están escuchando no sólo con sensaciones del momento, sino con emociones del pasado que quedaron ahí, sin ser digeridas. El resultado es nefasto, y más aún cuanto más estrecha sea la relación entre ambos.

En concreto, me interesa algo que se denomina “doble vínculo” y que es un arma de destrucción masiva de relaciones. Se trata algo así como de dar una de cal y otra de arena, de buscar inconscientemente la culpabilidad en el otro para ganar como sea la batalla verbal. Esto nos afecta de la siguiente forma:

1) Cuando personas de gran importancia nos reprimen por la forma en que vemos la realidad o en que nos vemos a nosotros mismos, tendemos a dudar precisamente de nuestra percepción. Acabamos desconfiando de nuestros sentidos, sintiéndonos inseguros/as por ser quienes somos. Por ejemplo, es relativamente fácil hacer que otra persona se sienta gorda o fea.

2) Si personas de vital importancia te echan en cara no tener los sentimientos que deberías tener, acabas por sentirte culpable por no ser capaz de tener los sentimientos “verdaderos”, válidos. Por ejemplo, hay personas que echan en cara a sus parejas no sentir el amor que consideran que deberían sentir por ellas.

3) Cuando recibes de personas de apego normas de comportamiento que exigen y a la vez impiden unas acciones, encuentras que sólo puedes seguir estas normas desobedeciéndolas. Por ejemplo, te dicen que es voluntario apuntarte a un plan y cuando dices que no te apuntas, te preguntan por qué te comportas así.

4) Cuando personas muy cercanas te piden que te comportes de forma espontánea. Una conducta espontánea deja de serlo cuando es exigida por otro. Se manipula mucho con este tipo de peticiones. Por ejemplo, cuando te piden que sonrías o te rías más, que te dejes llevar, que te excites, que tengas un detalle, que fluyas, que te relajes, o que te duermas, etc.

Por supuesto, estos 4 puntos se van forjando cuando somos pequeños/as (nuestros padres y educadores nos manipulan así), y después se convierten en mecanismos automáticos de comportamiento, de forma que es bastante probable que la gran mayoría los utilicemos sin darnos cuenta, provocando en otros dolor y sufrimiento (y alejamiento). Al mismo tiempo, es probable que otros los utilicen sobre nosotros/as y nos hagan sentir incómodos/as sin saberse muy bien por qué, pues todo esto bombardea la línea de flotación inconsciente.

En cualquier caso, la confusión no se da sólo cuando hay un intento consciente o inconsciente de manipulación. Por desgracia, se da en prácticamente toda conversación, desde el momento en que cada persona da unos valores diferentes a una misma palabra, derivados de sus experiencias previas.

Por esto es tan importante no dejarse calar por las palabras que se oyen, sino ir más allá de ellas, aclarar con la mejor intención posible qué quiso decir la otra persona, sobre todo cuando la conversación ha llevado a un estado de falta de entendimiento. ¿Y se hace esto? Pues no, no se hace, sino que se tiende a “leer el pensamiento” de la otra persona e inventarse lo que pasa por su mente, algo que no puede precisar ni la propia persona...

Amigo/a lector/a, ten esto en cuenta, escucha, y ve más allá de las palabras, busca lo que se esconde detrás. Ésta es la única forma de saber si hay alguien ahí fuera.

viernes, 29 de enero de 2010

Tu vida a vista de pájaro


Algunas personas me dicen que su vida no es muy emocionante. Sienten que les falta riqueza, que se han dejado llevar por la inercia y esto les ha arrastrado a la desmotivación. Se preguntan: "¿Adónde iba yo?", y mientras tanto, esperan que un fenómeno desde fuera entre en sus vidas y lo cambie todo para bien.


Cuando montas en un avión de noche, desde que despega empiezas a contemplar la ciudad que dejas atrás como un todo. Lo que era una pista de despegue pronto queda como una línea de luces que se relaciona con otra, y con otra, y forman una especie de neurona de luz. Piensas en las personas ahí abajo, y te parecen hormiguitas. Y piensas que los problemas de esas hormiguitas parecen mucho más pequeños desde aquí arriba.


Es posible subirse a un helicóptero, a un globo, o a un pájaro, y contemplar la propia vida como contemplas tu ciudad neuronal desde el avión. Es posible hacerlo en el espacio y en el tiempo. En el espacio, alejándote de las circunstancias más próximas y viendo tu presente como un todo de interrelaciones. En el tiempo, viendo que lo que estás haciendo justo ahora encaja como una pieza en un puzle en el que ya está dibujado tu pasado y hay un futuro más adelante.


A veces es complicado visualizar este futuro. Puede ser porque es lejano, como cuando estudias una carrera universitaria y piensas en los años que te quedan, y puede ser porque no está asegurado, como cuando deseas "llegar a ser": llegar a ser actor o actriz, escritor/a, cantante, pintor/a...


Esto también me ha pasado a mí, no te lo estoy contando desde una tribuna del que ha escuchado cientos de casos con cierta condescendencia y compasión. Al contrario, yo he necesitado más de una vez subirme a un pájaro y contemplar mi vida desde arriba para comprender la importancia de la piececita del puzle en la que me encontraba.


En especial, esto ha sido así en la escritura de mi primer libro publicado (el cuarto que escribo). Al proyectar todo un manual, con sus módulos, temas y epígrafes, aquello parecía un mundo. Y gracias, precisamente, a esta estructura inicial de módulos, temas y epígrafes, cada día daba un pasito, cada semana completaba un tema, y al final conseguí terminar el manual en cuatro meses.


Cuando contemplé mi vida a vista de pájaro pude ver a una persona que ha apostado por su pasión. Que ha pasado de dejarse llevar por la inercia de un trabajo administrativo a dejarse llevar por la creatividad y la producción. Me vi desde fuera, como alguien independiente, capaz, que ha construido una vida desde cero, que sabe buscar sus recursos, es valiente, está luchando, toma decisiones importantes sin miedo.


Pensaba de mí que soy una persona impaciente, y desde arriba pude ver mi capacidad para esperar, para retardar la recompensa, para plantar semillas laboriosamente, en todos los campos, y regarlas esperando que algún día crezcan. Pensaba que el tiempo no pasaba, y vi que ya había hecho muchas pequeñas y grandes cosas que configuran mi tiempo presente y futuro de una forma bella, única. Pensaba que lo que necesitaba estaba lejos o era inalcanzable, y vi que el universo parecía colocado para concederme lo que necesitaba en cada momento; lo tenía todo a mano, todo lo que pensaba que me faltaba, lo tenía tan cerca...


Como esa fila de lucecitas que se ve desde el avión, vi mi camino. Desde abajo sólo ves cada paso, pero desde arriba se percibe la senda.


Todas estas "cosas maravillosas e increíbles" están a tu alcance. No es que yo pueda ver esto porque soy especial, porque he logrado tal o cual cosa o he pasado por tal o cual experiencia. Está en la mano de cada uno/a cerrar los ojos, sentir que se eleva por encima de su propia vida, y ver el panorama general que ofrece. Está en tu mano entender qué significa estar donde estás, saber qué te ha llevado hasta allí, y vislumbrar cómo puede ser el futuro más inmediato.




lunes, 28 de diciembre de 2009

Cómo no ser el cordero el día de Navidad



Cada vez estoy más convencida de que cada uno vive en el mundo que se ha creado para sí mismo/a. Que el mundo que te rodea, por decirlo de otra forma, está en tu cerebro, en tu mente. En ningún caso está fuera de ti.


¿Cómo es posible? ¿A qué me refiero? Pues sólo mira cómo tu mente procesa la información que recibe: cuando le faltan datos, el cerebro generaliza para crear una información más simple, elimina lo que considera superfluo y distorsiona aquello que percibe, filtrándolo a través de las creencias y las expectativas.


Como dicen en Programación Neuro Lingüística, tenemos una tendencia innata a confundir el mapa con el territorio, nuestro mapa mental con la realidad que está fuera. Tendemos a creer que sabemos más del "mundo exterior" de lo que sabemos, y esto puede llevarnos a correr riesgos sin ni siquiera ser conscientes de ello.


De hecho, no sólo es que nuestra mente esté preparada para procesar la información de una determinada manera, es que, cualquiera que busque la confirmación de sus creencias, la encontrará, porque seleccionará de la realidad aquellos elementos que concuerdan con sus ideas. Así, personas de diferente orientación religiosa o política, ante los mismos hechos, observan realidades completamente opuestas.


Sabiendo que elegimos las creencias de formas a veces poco rigurosas, solemos tratarlas como propiedad personal que debe ser protegida y defendida, incluso con la vida. Podemos haber adquirido una creencia en el colegio, a la edad de siete años, y no volvemos a modificarla jamás. Cuando sentimos que esa creencia es atacada, reaccionamos como si estuviera amenazada nuestra existencia, cuando la única amenaza que se da es la de nuestro ego.


Otra de las tendencias de nuestra mente es a buscar explicación a cualquier acontecimiento. En especial, esto nos juega malas pasadas cuando hemos actuado por impulso, y luego sentimos que tenemos que justificar nuestras acciones. Es un derecho asertivo no tener que dar excusas. Sin embargo, la mayoría de la gente busca una razón "que suene bien" incluso para sí mismo/a. Esto explica por qué en un experimento en el que mujeres elegían de entre una muestra de panties, dieran todo tipo de razonamientos de su elección cuando, en realidad, todos los panties eran exactamente iguales.


Así, los seres humanos parecemos amar el autoengaño, porque no sólo se trata de responder ante los demás, se trata de creer que hemos actuado con lógica y raciocinio en todo momento. El problema, por tanto, no está en la realidad que observamos, sino en que tenemos una especie de ceguera genética que nos protege, haciéndonos creer que el mundo es mejor de lo que es, que tenemos más probabilidades de que nos toque la Lotería de las que en realidad tenemos estadísticamente, que "todo irá bien", o que "ya saldrá" lo que sea (el trabajo, el amor, el dinero).


Nassim Nicholas Taleb trata de estos temas en su libro The Black Swan (El cisne negro), en el que, entre otras muchas cosas, nos explica cómo no ser el pavo del día de Acción de Gracias, o como yo he puesto en el título, cómo no ser el cordero el día de Navidad.


En efecto, el cordero es alimentado día tras día durante digamos un mes. Para el cordero, la realidad es más que esperable: todos los días, a una hora concreta, le dan de comer, y bastante bien. Sus expectativas de futuro son halagüeñas, comerá cada día a la misma hora, felizmente. Todos, menos el día de Navidad, en que ocurre algo muy distinto. Curiosamente, la confianza del cordero de que va a ser alimentado aumenta cada día, aun cuando la matanza es cada día más cercana. Para evitar ser como el cordero, debemos conocer que la realidad no es tan predecible como creemos, que suceden acontecimientos altamente improbables pero que trastocan por completo nuestras vidas (y es a lo que Taleb llama "cisne negro").


Más información:






martes, 11 de agosto de 2009

Human Nature

Eres un animal.
No, no es un insulto. Es una realidad.
Una realidad, a veces muy tapada por el mundo que hemos creado, tan intelectual, tan de la mente. Y tan falso.

Ahora que estoy investigando sobre Comunicación Humana, descubro que el 93% de esta comunicación es animal, no verbal. Me encuentro con autores como Desmond Morris, que titula su obra de la forma más acorde a esta verdad: El Mono Desnudo.

He tenido la suerte, además, de descubrir la película “Human Nature”, y de confirmarme en lo que ya intuía. Algunos dicen que el lenguaje genera realidad, y yo digo que las palabras nos alejan de la realidad. Hemos creado un mundo basado en ideas y abstracciones mentales, en conceptos, y el máximo de este mundo virtual es, claro está, Internet. Internet, o esos millones de monos desnudos dejando su cuerpo abandonado a la inactividad, utilizando tan sólo sus manos para teclear, sus ojos para mirar una imagen en dos dimensiones, la pantalla, y su mente para crear todo lo demás.

Cuando los sabios místicos dicen que no hay nada, que todo está en tu mente, saben también lo animales que somos los seres humanos. De hecho, afirman que no hay mente. Es decir: no hay nada.

Porque, ¿imaginas un mundo en el que todo se comunicara a través de gruñidos y gestos? Desde luego la especie seguiría sobreviviendo y reproduciéndose, pero es difícil poner un post en gruñidos, o en gestos. Por lo que a mí respecta, se me acabaría la profesión. Sonrío tristemente al pensar en esto, porque en el fondo me fascinaría vernos a los monos desnudos privados del habla y tratando de discutir sobre el sexo de los ángeles...

En el fondo, parece algún tipo de locura esto de haber creado todo un universo a partir de las palabras, palabras que delimitan, que categorizar, que etiquetan, que empaquetan lo que nos rodea para que creamos que lo podemos controlar. Igual que el personaje de la película que interpreta Tim Robbins, nos ponemos a experimentar con ratas de laboratorio para llegar a conclusiones absurdas, para redescubrir una y otra vez lo animales que somos todos, y lo poco que nos gusta esto.

«Sí, pero hay un 1% de diferencia en la cadena de ADN que...»
«¿Y qué me dices del arte, y la mística, y la ciencia?»

Me acuerdo entonces de la frase de la película “Amadeus” en la que el protagonista dice que los reyes y nobles parecen cagar mármol, perdón por la expresión pero es esto lo que dice. Y es que en los temas escatológicos, es cuando más nos damos cuenta, con horror y mucho asco, de lo animales que somos.

Para que no queden vestigios de nuestra procedencia, los seres humanos, el homo sapiens sapiens, lo que hace es destruir a aquellos que le recuerdan su condición animal: primero parece que pudo haber una destrucción del Neandertal por parte del Cromagnon, y luego cada vez que nos hemos encontrado con una civilización que vivía cómodamente en el estado del buen salvaje, nos la hemos cargado: indios, guanches, tribus perdidas de tal o cual lugar, y bueno, a los llamados grandes simios hemos comprobado que con tenerlos en jaulas nos es suficiente.

Recomiendo un blog en el que se habla de las especies animales de una forma muy en línea con esta entrada: http://luthieryquevedo.blogspot.com/

jueves, 6 de agosto de 2009

¿Cómo nos comportamos en nuestro entorno?



Kurt Lewin, psicólogo polaco, hizo interesantes estudios en la Psicología Social, como éste que podemos ver en el vídeo.

Otra de sus aportaciones fue representar la personalidad con una serie de círculos concéntricos que suponen los espacios vitales, del más público al más privado, en forma de capas de la cebolla.

Demostró que, en ciertas culturas como la norteamericana, estos espacios públicos son mucho mayores que los privados, por lo que tendrán parcelas muy claras en su vida pública y privada, perfectamente separadas e identificables. Así, alguien es jefe sólo en su trabajo, pero fuera puede ser miembro de una asociación, voluntario, o compañero de la clase de tai chi.

En otras culturas, como la alemana, conservan sus jerarquías en lo privado, por lo que un jefe lo será las veinticuatro horas del día, y se comportará conforme a su nivel en la asociación, en su casa y en la clase de tai chi. Será más difícil de acceder a este tipo de persona, pero cuando se logre, será al mismo tiempo en todas las facetas.

¿Cómo crees que es la cultura española?