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sábado, 19 de noviembre de 2011

6 buenas razones para estar mejor que bien





¿Qué es Estar Mejor que Bien?

Es un ensayo sobre la felicidad y cómo conseguirla. Libro de recetas para encontrarnos no solo bien, sino «mejor que bien». Ofrece una serie de recursos totalmente prácticos para el desarrollo personal.


1. ¿Cuál es su objetivo?

El objetivo es ayudar a la persona que lo lea a SER FELIZ, a reírse, a cambiar de paradigma, a ver las cosas de otra forma, a coger las riendas de su vida, a no dejarse caer en el estrés, en la depresión, en la desesperación.

2. ¿A quién va dirigido?

Estar Mejor Que Bien está dirigido a personas como tú, razonablemente satisfechas con su vida, que valoran su felicidad, y que quieren mimarla y cuidarla, porque la felicidad es buena no solo para nosotros mismos/as, sino también para aquellos que nos rodean.

Es un libro perfecto para regalar.

Cualquier asociación dedicada al desarrollo personal, así como los psicólogos, profesionales de RR.HH. y coaches pueden recomendar este libro. También asociaciones de mujeres, pues suelen ser temas de nuestro interés.

Ya está a la venta en formato papel y electrónico aquí.

3. ¿Qué es lo más especial de este libro?

Se trata de un libro «circular», el lector puede elegir leerlo secuencialmente o puede jugar y elegir su propia aventura de desarrollo personal.

4. ¿Qué historia hay detrás?

La obra Estar Mejor Que Bien comenzó hace cinco años como una serie de apuntes tomados de uno de los libros más importantes en la literatura empresarial. Un problema de salud que parecía puntual, pero que ha resultado ser crónico, hizo que buscara lecturas de motivación, positivismo y proactividad.

Un libro llevó a otro, y a otro, todos empezaron a conectarse entre sí, y observé que podía sacarse un extracto interesante de todos ellos, que fuese de ayuda, práctico, dirigido a los diferentes estilos de aprendizaje que se dan. En vez de tener que leer los al menos veinte libros con los que trabajé estos temas, el lector de Estar Mejor Que Bien solo tiene que aprovechar su jugo, como un zumo de sabiduría de grandes autores.

Al mismo tiempo, las nuevas realidades que surgen de tener una enfermedad crónica con treinta y tantos años, pienso que ayudan a ver con más perspectiva y serenidad la vida, y a saber qué es lo realmente importante. Espero haber destilado también algo de este aprendizaje en el ensayo.

5. ¿Qué piensan sus primeros lectores?

Su primera lectora, una directora de recursos humanos con amplia experiencia en la formación, y buena amiga mía, me comentó que Estar Mejor Que Bien es «de lectura muy ligera y aporta herramientas reales para conseguir estar “mejor que bien”»

6. Entonces, ¿estás mejor que bien?

Te invito a conocer el mundo de Estar Mejor Que Bien. El título pretende decir esto con una expresión alegre y desenfadada: no se trata solo de estar bien, sino de estar incluso mejor. Y no a toda costa, sino con prácticas fáciles de hacer y aplicables en el día a día.
Ahora puedes conseguir tanto en formato papel como digital el libro Estar Mejor Que Bien (EMQB) aquí.







sábado, 18 de septiembre de 2010

Actuar sobre la base de la locura


Cada vez estoy más convencida de que lo que dicen los sistemas de creencias orientales al respecto de nuestra mente es cierto: nuestra mente está enferma, y actuamos sobre la base de la locura. Al principio, escuchaba estas aseveraciones y me parecían exageradas, una forma pintoresca de llamar la atención sobre dos ideas: lo que percibimos no es en ningún caso la realidad y además, no tenemos la capacidad de hacernos una idea de lo que hay “ahí fuera”. Nuestro cerebro inventa la realidad para ayudarnos a entender lo básico en ella: generaliza, simplifica y elimina.

La forma en que el cerebro inventa es bonita y anecdótica cuando nos quedamos en las paradojas de la percepción, en las famosas ilusiones ópticas, en el conocimiento de las violaciones que se hacen del lenguaje, en comprender que inferimos aquello que no nos han dicho, etc. Para mí, todo esto deja de ser bonito en lo que respecta a la burrocracia. Sí, he dicho bien, ésta debiera ser la forma en que esta palabra se escribe, burrocracia, porque es una cosa de burros (con perdón de los burros), de mulas de carga, de ineptos mentales que ponen en evidencia trastornos mentales importantes.

Algunos grandes sistemas (gobiernos, empresas) se aferran a los procedimientos, protocolos, sistemas, planes… en los que se invierte el 80% del tiempo de muchos empleados, para producir acaso un 1% mejor (ni siquiera se cumple la regla inversa del 80/20). ¿Por qué este amor por papelorios, documentos digitales, archivos, carpetas? ¿Cómo puede preocupar o importar lo más mínimo que un sello de empresa se ponga en azul o en rojo, o que se firme un documento en azul o en negro? ¿Cómo puede tener sentido que haya personas que destinan copias de documentos a sí mismas, o que personas que físicamente están a unos 5 metros tengan que guardar archivos de copias del mismo (puto) papel? Pues sí, no me lo estoy inventando: lo he vivido.

Volviendo sobre la sabiduría oriental, he de agradecer a mi amiga Shubhaa que me haya presentado a Osho. Lamentablemente, yo había incluido a Osho en una lista de listillos que se ganan la vida diciendo lo que han dicho otros pero peor, sin haberlo comprendido ni realizado, con el fin de venderlo gracias a un marketing envidiable. No, Osho no es de estos, sí lo ha comprendido, sí lo ha realizado. Este verano pude por fin leer, al principio con escepticismo y luego con creciente interés, una buena parte de un libro de Osho. Para ser exactos, Osho no ha escrito un libro, sino que se han transcrito sus charlas, y esto me dice que él no hizo la tarea del marketing de que hablaba antes: ¿para qué? Y ahora he tenido acceso a otro libro de Osho, El libro de la nada, en el que hemos encontrado un párrafo relacionado con el tema que tratamos:


LA MENTE ES UNA ENFERMEDAD. Esta es una verdad básica que Oriente ha
descubierto. Occidente dice que la mente puede enfermarse, o puede sanarse. La
psicología occidental depende de esto: que la mente puede estar sana o enferma.
Pero Oriente dice que la mente como tal es la enfermedad, que no puede estar
sana. Ninguna terapia psiquiátrica puede servir de ayuda; como mucho puede hacer
que esté normalmente enferma.

Así que en relación a la mente existen dos tipos de enfermedades: normalmente enferma (esto es, que tienes la misma enfermedad que otros a tu alrededor) o anormalmente enferma, que quiere decir que padeces algo único: tu enfermedad no es algo ordinario; es excepcional. Tu enfermedad es algo individual, no colectivo; esta es la única diferencia. O normalmente enferma o anormalmente enferma, pero la mente no puede estar sana. ¿Por qué? Oriente dice que la propia naturaleza de la mente es tal que siempre estará enferma. La palabra «salud» es hermosa, procede de la misma raíz que la palabra «totalidad». Salud, curación, totalidad, sagrado o santo…: todas estas palabras proceden de la misma raíz.

La mente no puede estar sana porque nunca puede estar entera. La mente siempre está dividida; la división es su base. Si no puede estar íntegra, ¿cómo va a poder estar sana?, y si no puede estar sana, ¿cómo va ser sagrada? Todas las mentes son profanas. No existe cosa tal como una mente santa. Un hombre santo vive sin mente porque vive sin división.
Si entras en tu oficina y te encuentras primates en lugar de humanos, ¿no te parecería raro su comportamiento? A ver, todos sentados “de cara a la pared”, contemplando unas pantallas, en silencio, sin relacionarse de forma “natural”, manejando con interés sesudo unas hojas de papel, cruzándose por el pasillo machos y hembras sin desplegar un intento de flirteo “natural”, sentados hora tras hora tras hora, sin rascarse, y lo más importante, sin tocar a ningún otro. ¿Puedes ver la imagen? Quizá se te ha colado en la mente un conjunto de chimpancés vestidos, de esos que vemos en los posters. Chimpancés vestidos con mentes enfermas que se fijan en si un texto está escrito en letra Arial o en Times en lugar de estar saltando de un árbol a otro, comiendo, o simplemente descansando…

viernes, 29 de enero de 2010

Tu vida a vista de pájaro


Algunas personas me dicen que su vida no es muy emocionante. Sienten que les falta riqueza, que se han dejado llevar por la inercia y esto les ha arrastrado a la desmotivación. Se preguntan: "¿Adónde iba yo?", y mientras tanto, esperan que un fenómeno desde fuera entre en sus vidas y lo cambie todo para bien.


Cuando montas en un avión de noche, desde que despega empiezas a contemplar la ciudad que dejas atrás como un todo. Lo que era una pista de despegue pronto queda como una línea de luces que se relaciona con otra, y con otra, y forman una especie de neurona de luz. Piensas en las personas ahí abajo, y te parecen hormiguitas. Y piensas que los problemas de esas hormiguitas parecen mucho más pequeños desde aquí arriba.


Es posible subirse a un helicóptero, a un globo, o a un pájaro, y contemplar la propia vida como contemplas tu ciudad neuronal desde el avión. Es posible hacerlo en el espacio y en el tiempo. En el espacio, alejándote de las circunstancias más próximas y viendo tu presente como un todo de interrelaciones. En el tiempo, viendo que lo que estás haciendo justo ahora encaja como una pieza en un puzle en el que ya está dibujado tu pasado y hay un futuro más adelante.


A veces es complicado visualizar este futuro. Puede ser porque es lejano, como cuando estudias una carrera universitaria y piensas en los años que te quedan, y puede ser porque no está asegurado, como cuando deseas "llegar a ser": llegar a ser actor o actriz, escritor/a, cantante, pintor/a...


Esto también me ha pasado a mí, no te lo estoy contando desde una tribuna del que ha escuchado cientos de casos con cierta condescendencia y compasión. Al contrario, yo he necesitado más de una vez subirme a un pájaro y contemplar mi vida desde arriba para comprender la importancia de la piececita del puzle en la que me encontraba.


En especial, esto ha sido así en la escritura de mi primer libro publicado (el cuarto que escribo). Al proyectar todo un manual, con sus módulos, temas y epígrafes, aquello parecía un mundo. Y gracias, precisamente, a esta estructura inicial de módulos, temas y epígrafes, cada día daba un pasito, cada semana completaba un tema, y al final conseguí terminar el manual en cuatro meses.


Cuando contemplé mi vida a vista de pájaro pude ver a una persona que ha apostado por su pasión. Que ha pasado de dejarse llevar por la inercia de un trabajo administrativo a dejarse llevar por la creatividad y la producción. Me vi desde fuera, como alguien independiente, capaz, que ha construido una vida desde cero, que sabe buscar sus recursos, es valiente, está luchando, toma decisiones importantes sin miedo.


Pensaba de mí que soy una persona impaciente, y desde arriba pude ver mi capacidad para esperar, para retardar la recompensa, para plantar semillas laboriosamente, en todos los campos, y regarlas esperando que algún día crezcan. Pensaba que el tiempo no pasaba, y vi que ya había hecho muchas pequeñas y grandes cosas que configuran mi tiempo presente y futuro de una forma bella, única. Pensaba que lo que necesitaba estaba lejos o era inalcanzable, y vi que el universo parecía colocado para concederme lo que necesitaba en cada momento; lo tenía todo a mano, todo lo que pensaba que me faltaba, lo tenía tan cerca...


Como esa fila de lucecitas que se ve desde el avión, vi mi camino. Desde abajo sólo ves cada paso, pero desde arriba se percibe la senda.


Todas estas "cosas maravillosas e increíbles" están a tu alcance. No es que yo pueda ver esto porque soy especial, porque he logrado tal o cual cosa o he pasado por tal o cual experiencia. Está en la mano de cada uno/a cerrar los ojos, sentir que se eleva por encima de su propia vida, y ver el panorama general que ofrece. Está en tu mano entender qué significa estar donde estás, saber qué te ha llevado hasta allí, y vislumbrar cómo puede ser el futuro más inmediato.




lunes, 20 de julio de 2009

Cuando SÍ consigues lo que quieres

Es paradójico, pero a veces se tiene miedo de conseguir lo que se quiere. Miedo al éxito, miedo a la responsabilidad, miedo a que esto que se persigue no sea exactamente lo que imaginábamos.

Esto me recuerda a la última conferencia de José Pedro García de Miguel en la que estuve. Preguntó: ¿qué posibles resistencias o lastres están impidiendo que alcances lo que te propones? Hubo varias respuestas, pero la que me pareció más difícil de combatir fue ésta:
"El miedo a conseguirlo, a lograrlo de verdad."
Creo que fue Santa Teresa quien dijo:
"cuidado con lo que pides, pues se te puede conceder."
¿Por qué es tan peligroso? ¿Por qué podemos llegar a tener miedo del logro, de triunfar, de alcanzar la meta?


Se me ocurren varias respuestas:
  1. Porque eso implica el final de la búsqueda y el comienzo de algo que no conoces

  2. Porque al lograrlo, no puedes seguir quejándote

  3. Porque algo muy profundo en ti "sabe" que ese objetivo NO ES el que realmente deseas

  4. Porque entonces te toca responsabilizarte de aquello en lo que te conviertes
Es como un deportista que corriera más despacio para no alcanzar ningún tipo de récord, para evitar ser un deportista con palmarés, con éxito, con fama, al que seguramente exigirán más en la siguiente carrera. Es como si ayer, Alberto Contador no hubiera atacado, dejando atrás a Lance Amstrong y a su propio equipo para no ponerse el maillot amarillo, eligiedo quejarse de que el equipo favorece a Amstrong, o dándose cuenta, sobre la bici, tras todos los esfuerzos, que él en realidad quería ser tenista, pero que se subió a la bici porque su padre le influyó abiertamente.

Pues esto ocurre con más frecuencia de la que parece. Tan sólo escucha a alguien quejarse de sus circunstancias una y otra vez, rechazando opciones de acercarse a aquello que dice desear. Tan sólo observa a alguien haciéndose boicot a sí mismo/a para no acabar unos estudios, porque se los impusieron sus padres. Tan sólo mira a esa persona que tiene un miedo atroz a ser ella misma y por ello huye toda posibilidad de acercarse a su personal definición del éxito.

viernes, 17 de julio de 2009

El hormiguillo, azogue o necesidad de movimiento

La alarma ha sonado y yo me he levantado a hacer estiramientos. Mi acupuntora y médica tradicional china lo dijo bien claro: "ordenador no malo, pero cada media hora tiene que levantar y hacer estiramientos de brazos y piernas".

¡Cada media hora! Y eso que ya se reconoce en los manuales de Prevención de Riesgos Laborales que convendría levantarse cada dos horas, y descansar la vista cada hora. Me parecería inviable hacer esto en una oficina, pero lo bueno es que trabajo desde casa gran parte del tiempo, y puedo permitírmelo. Estoy bastante sorprendida, porque esas medias horas me cunden mucho más de lo que yo esperaba: como sé que sonará la alarma, elijo concentrarme en una o dos tareas en lugar de tratar de hacer veinticinco. Y estoy aprendiendo a dejar tareas empezadas o por empezar, para tomarme mis cinco o diez minutos de estiramientos, chi kung o respiración.


Lo cierto es que, intuitivamente, ya solía levantarme cada poco rato, porque me resulta muy difícil aguantar sentada en la misma posición mucho tiempo. Puede ser éste un componente kinestésico de mi forma de ser, si bien no influyó en mi aprendizaje: yo de pequeña sí era capaz de estar sentada en la silla sin prácticamente moverme. El "hormiguillo" y el "azogue" vinieron más adelante, tal vez después de dejar de practicar baile clásico, a los 15 años.


A una persona inquieta no le puedes sentar durante muchas horas y obligarle a escuchar un rollo muy largo, ni tampoco a analizar una información de una pantalla luminosa. Por eso experimenté gran alivio cuando empecé a dedicarme a la formación: doy clase de pie, puedo moverme, puedo hacer dibujitos en la pizarra en vez de hacerlos en los libros de texto, y puedo irme sentando en las mesas de mis alumnos/as. En este sentido, formar recoge muy bien mi necesidad de movimiento.


En general, creo que los estudios que se han hecho indican que una persona puede permanecer atenta a un discurso verbal un máximo de 20 minutos, tras lo cual, la tensión de haber estado utilizando su cerebro a toda potencia, se necesita liberar en forma de movimiento. Como orador, conviene entonces hacer un chiste o algo que rompa con la situación, para que los espectadores o participantes puedan removerse un poco en las sillas.


Creo que es sabio conocerse a uno mismo; como dijo Lao Tse en el Tao Te King, es "sabiduría superior", y en otros sitios está traducido como "iluminación". Pues es complicadillo también. Porque vas avanzando por la vida y detectas incoherencias, contradicciones, y cambios en los que no habías reparado. Yo recuerdo hace tan sólo cuatro años estar en una reunión y, cuando me preguntaron qué pensaba sobre los temas que se estaban exponiendo, respondí: "quiero irme a comer".


Ahora lo veo tan macarra y fuera de lugar. Ruego me disculpen aquellos que estaban reunidos conmigo. En esa época desconocía este componente kinestésico mío, pero sabía de sobra que cuando me empieza a doler el estómago, la capa y el barniz "humano" se me van y me convierto en animal. Sólo pienso en comer, en moverme, en salir de allí. Ahora llevo a todas partes comida, mi bolso siempre tiene algo para comer. Y qué feliz soy cuando puedo "aplacar a la bestia".


En fin, que dentro de unos minutos volverá a sonar mi alarma y me iré a estirarme de nuevo, por aquello de mantener la energía del cuerpo (o "qi") en movimiento y no convertirme en estatua de escayola.

martes, 14 de julio de 2009

¡Siempre adelante!


No sé si a ti te pasa, pero a mí sí: oigo hablar a personas sobre el éxito, el Secreto, el dedicarte a tu vocación, el seguir tu brújula interior... Y al mismo tiempo, veo personas chocándose una y otra vez con puertas cerradas, con sensaciones negativas sobre sí mismas, con aceptar menos de lo que son capaces de hacer, no con serenidad, sino con una resignación compuesta de resentimiento y baja autoestima.


Se dice que detrás de todo esto están las creencias. Y debe de ser verdad. Te hablo en este tono escéptico porque soy la primera que no está libre de creencias limitantes. Soy la primera que observa admirada a personas como Stephen Hawking llegar muy lejos, acompañado desde siempre de su ELA (esclerosis lateral amiotrófica) o al llamado "hombre milagro", que aparece en el vídeo y el libro del Secreto, explicando su recuperación.


Por otro lado, desde hace tiempo observo que las personas se aferran a un tipo de creencias especialmente dañinas, que son las expectativas. Expectativas sobre lo que "debe" ocurrir o expectativas sobre cómo "tiene que" comportarse otra persona. De esta forma, existe una falacia, o idea equivocada, que es creer que se tiene derecho a. Derecho a un buen trabajo, derecho a la vivienda o derecho a un matrimonio feliz. Algunas de estas cosas aparecen de forma algo ingenua para mi gusto en la propia Constitución Española. Pero hay algunas personas que nacen directamente sin ninguno de estos derechos, en esos países que no nombramos.


Todo esto me ronda la cabeza desde que me fijo con especial interés en el trabajo de Vicens Castellano en Ajuste de Cuentas, programa de Cuatro. Veo personas estancadas en la creencia de que no pueden salir de su angustiosa situación. Desde fuera parece fácil decir: "si sólo hay que...". Pero cuando uno está dentro, en el centro del huracán, quizá no tenga una visión tan clara de lo que le conviene hacer para cambiar el círculo vicioso y convertirlo en virtuoso. Aquí la ayuda de un coach es crucial.


¿Cómo lo ha hecho?, nos preguntamos asombrados ante la persona que triunfa. Acto seguido, atendiendo a nuestras creencias, nos decimos: claro, será un enchufe, su familia tiene dinero (y la mía no), es más fuerte que yo, ha tenido suerte, etc. Esto sólo confirma las creencias de que para que te vaya bien, tienes que tener un enchufe, o tu familia debe prestarte dinero, o debes ser fuerte o tener mucha suerte. Como si en ningún caso contara tu valía personal.


Al margen de El Secreto (o la Ley de la Atracción), podemos decir que esto de tener éxito funciona, que si lo vemos continuamente a nuestro alrededor, es que se puede hacer. Podemos tomar como modelo a estas personas que triunfan, podemos acercarnos a ellas y tratar de imitar aquello que más admiramos, sin dejar de mostrar nuestra huella personal, podemos reconocer que detrás del éxito y del dinero también hay un trabajo, una perseverancia, y un pensamiento alineado y libre de algunas de nuestras peores creencias que, como enemigos, nos echan abajo.


Yo tengo varios de estos modelos, y uno de ellos es Orison Swett Marden, como ya sabéis los asiduos/as. Sólo con el título de alguna de sus obras te da alguna de la energía que él tiene a raudales: ¡Siempre adelante!, La alegría del vivir.


Sé muy bien lo duro que puede ser abrirse camino en la vida, y más cuando se sufren enfermedades, o suceden desgracias familiares. Pero también sé que cuando uno escoge de entre todo lo que tiene lo positivo (y en el sufrimiento para mí lo positivo es la enseñanza que se extrae), entonces el camino se aclara, o se deja de oscurecer, deja de parecer dramático, y empieza a ser mimado y trabajado desde la responsabilidad.

viernes, 10 de julio de 2009

La moral del trabajo es la moral del esclavo


Esto afirma Ernie Zelinski en su libro El placer de no trabajar, un éxito en ventas. Dado el título del libro, podríamos argumentar que se trata de un texto dirigido a vagos, a parásitos de la sociedad que viven de otros. Bien, está dirigido a estos y a todos los demás en realidad, puesto que da pautas para mejorar en mucho la calidad del ocio incluso si se está trabajando.


La moral del trabajo nos viene impuesta de un pasado arcaico y superado, aparentemente, por las nuevas tecnologías. La forma de pensar en los horarios y en la organización de las tareas es en muchos casos taylorista, heredada por tanto de la revolución industrial, y alejada en buena parte del sentido común. La herencia, además, conlleva un componente sexista, bastante marcado, en la tradicional división de tareas en la pareja, en trabajos más simples y peor pagados para las mujeres, y en la asunción de que, una vez que una mujer tiene hijos, deja de contar para los ascensos en su profesión, a menos que deje de contar para sus hijos.


Trabajar de 9 a 6, ó de 9 a 7 como se está viendo mucho, o de 8 a 5 si se quiere, es tan absurdo que incluso contándoselo a las ovejas, se reirían de nosotros por ser tan tontos. Se estableció un número de horas, y resulta que hay que permanecer “de cuerpo presente” en una oficina ese número de horas, al menos. No importa que haya picos y bajadas en la producción. No importa que haya personas más rápidas que otras al trabajar. No importa que las circunstancias de algunas personas no les permitan estar tanto tiempo sentados frente a una pantalla de ordenador. Lo de la hora de comer es similar: cada empresa establece una duración, y la justifica atendiendo a su filosofía. Suele suceder que en esto y en otras muchas cosas, la empresa se convierte en un micro-mundo en el que se pierde perspectiva y se piensa que las cosas son así, un poco como en un pueblo pequeñito y aislado.


Hace tan poco tiempo que las cosas eran tan diferentes. Incluso en otros países, ahora mismo, están siendo diferentes. Pero no entra en el cerebro simple que conforma una compañía. El trabajo, en un principio, estuvo ligado al resultado que se buscaba: camino por la selva buscando comida. Cultivo estas semillas porque sé que luego salen plantas que dan frutos. Tengo estas vacas que dan leche y carne. Etc. Y no distinguía tanto entre hombres y mujeres. “Técnicamente”, es la mujer quien da a luz y mantiene a los hijos en un primer momento. Pero en todo lo demás, la mujer se ha desenvuelto trabajando, vendiendo, comprando, igual que un hombre, con otro tipo de habilidades, distintas simplemente, y no demasiado distintas.


Probablemente he mezclado en un párrafo aquello que ocurría en las cavernas con otras cosas que ocurrían en el Neolítico con otras que ocurren ahora en otras culturas. Permítaseme la licencia literaria, porque para lo que quiero comunicar, es suficiente así. Nos hemos metido los humanos a nosotros mismos en jaulas de oro, con su aire acondicionado y todo, que nos alejan de nuestra naturaleza e instintos. Competimos todos y todas en un mundo creado en el pasado y que es por definición machista, que cultiva unos determinados valores limitados, y que deja de lado muchas cosas buenas: creatividad, artesanía, libertad, juego, ejercicio físico, música, baile, ritos, decoración... por citar algunas de ellas.


En la introducción al Tao Te King, Josan Ruiz Terrés muestra una opinión similar, al comentar que la época actual es “yang”,


«en la que los valores identificados como masculinos y la búsqueda del
éxito se exaltan en todos los terrenos»

Lo cierto es que, todo aquello que suena a débil, a fracaso o a tomarse la vida a otro ritmo, se oculta o disimula, porque no es coherente con los tiempos que vivimos. Si no se es “normal”, hay que parecerlo en lo máximo posible.


En un mundo en que se permiten los call center (centros de teleoperadores), que he oído llamar “las galeras del S. XXI”, con bastante acierto, en que una serie de personas debe permanecer encadenada a su puesto a través de unos cascos con micrófono, debe trabajar lo más parecido a un robot y ajustar su fisiología a quince minutos concretos durante su jornada, en un mundo así en que algunos/as idealistas creíamos que gracias a la crisis iban a cambiar las cosas, la moral del trabajo es, sin duda alguna, la del esclavo.


Citando de nuevo a Josan Ruiz Terrés,


«no se puede vivir instalado en el éxito por la sencilla razón de que el tiempo
de cosecha rara vez es permanente.»

miércoles, 24 de junio de 2009

El tabú menstrual – Miranda Gray


A continuación reproduzco (con permiso de su autora) el encuentro que tuvo Miranda Gray con alguna revista que se autodenomina de la “nueva era” y que sin embargo sigue perpetuando los tabúes que nos acompañan desde tiempos inmemoriales.


Lo cierto es que, por alguna misteriosa razón, el ciclo menstrual se ha denostado, se ha ignorado, o se ha tratado como un problema de salud, como defiende Miranda Gray en su anterior libro Luna Roja, o en el actual The Optimized Woman (La Mujer Optimizada, no publicado todavía en español).


Veamos qué pasó:


Es triste cuando incluso revistas new age o alternativas perpetúan el tabú menstrual.


He pensado que sería entretenido poner al descubierto el desafío al que nosotras las mujeres nos enfrentamos, al promover el ciclo menstrual como un recurso positivo, fuera de ser un “asunto de la salud femenina”, compartiendo ahora la correspondencia que mantuve con una publicación bien establecida sobre vida alternativa de la Nueva Era.


Mi aproximación principal fue preguntarles si les gustaría publicar un artículo basado en el libro The Optimized Woman.


Su respuesta fue:


«No, gracias, tratamos de concentrarnos en temas unisex lo máximo posible. Esto no significa que nunca cubriremos asuntos femeninos, sino que queremos equilibrarlos con los asuntos masculinos también, así hicimos, por ejemplo, recientemente en... y sobre la menopausia natural, por lo que probablemente no haremos una parte específica de “mujeres” durante un tiempo, no por lo menos hasta que lo hayamos igualado con una parte sobre salud del hombre.»


Y ahora mi respuesta:


«Muchas gracias por responderme.


»Comprendo totalmente su respuesta inicial, pero me gustaría manifestar mi cortés desacuerdo con ustedes en el hecho de que el ciclo menstrual sea un asunto femenino. Tras años de impartir charlas, me ha sorprendido constantemente el número de hombres entre mi público. Los hombres quieren comprender a las mujeres, quieren saber cómo hacerlas felices, cómo motivarlas, cómo comunicarse con ellas, saber qué esperar, y saber cómo diseñar la comunicación y la aproximación a ellas con el fin de no ser rechazados.


»Mi nuevo libro contiene un capítulo específicamente escrito para hombres, resumiendo las ideas y concepto del libro dadas a las lectoras para que ellas a su vez las den a leer a sus parejas, porque pienso que hay una necesidad en los hombres de comprender a las mujeres y poder construir mejores relaciones. La naturaleza cíclica de la mujer afecta a los hombres en todos los aspectos de sus vidas; allí donde hay mujeres hay ciclo menstrual. Si se puede dar a los hombres algunas guías sobre “la mujer cuatro en uno” (alude a las cuatro fases en que divide el ciclo en Luna Roja) y algunos enfoques prácticos, no sólo podrán construir relaciones íntimas más profundas, significativas, productivas y satisfactorias sexualmente, también podrán construir una mayor autoconfianza y autoestima. Es una situación ganar-ganar.

»Si les puede gustar un artículo escrito para hombres sobre cómo crear relaciones más

profundas con las mujeres y aumentar su autoconfianza, estaría encantada de enviarles uno – ¡que por supuesto estaría basado en el ciclo menstrual!

»Espero que esto cambie su impresión de que mi trabajo tiene sólo un mercado femenino, y quizá estén deseando aceptar el desafío y sacar el ciclo menstrual fuera de su “tabú” de “asunto femenino” o “desorden en la salud” y restaurarlo donde pertenece: ¡como una fuerza que fortalece a la sociedad!

¿Y el resultado?

«Gracias por aclararnos su trabajo. Me temo que sigue siendo “no” en este punto...»

Finalmente, la revista de la Nueva Era se lo pensó mejor, y envió a Miranda un ejemplar, para pedirle escribir una sección regular en su revista.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Di que sí... o di que no!

Hasta hace muy poco, la moda ha sido decir NO. A raíz del famoso best-seller No diga sí cuando quiera decir no, los departamentos de Recursos Humanos han entrenado a los directivos y mandos intermedios a decir que no. En otras palabras, les han entrenado en la habilidad de ser asertivos. Quizá se debe también a que Daniel Goleman incluyó la asertividad como una de las competencias fundamentales de la Inteligencia Emocional. Lo cierto es que muchos de nosotros/as estamos entrenados a decir no de forma automática, sin dañar la estima del otro y sin perder nuestros derechos.

Y de pronto, surge algo tan divertido como la película Di que sí (bueno, surgió hace tiempo, yo la he visto en vídeo este fin de semana). En el tráiler se ve bastante de lo que sucede en la película, pero pienso que no han seleccionado las escenas que hacen pensar, sino las de pura diversión al estilo Jim Carrey. Lo cierto es que el problema del protagonista (Carl Allen) es que dice que no a todo. A todo: ni siquiera contesta a las llamadas de teléfono.

Carl Allen es perfectamente asertivo al principio de la película, y sin embargo su vida es bastante rutinaria y aburrida. ¿Por qué decir SÍ se ha denostado tanto? ¿Cómo es que decir NO no le ha reportado a este personaje la felicidad prometida por las habilidades sociales?

Sospecho que se debe a que no sabemos distinguir cuándo decir que sí, y cuando decir que no. Decir sí a la vida, a las experiencias, a lo positivo, a lo que nos abre, a las relaciones humanas. Decir no a la manipulación, a las llamadas inoportunas, a los emails que no nos aportan nada. Stephen Covey comenta que decimos no cuando arde un sí más grande en nuestro interior. Es decir, siempre que decimos no, decimos sí a otra cosa.

En cierto modo, pues, parece que sí y no se complementan como yin y yang. Decir uno es decir el otro, que está ahí como su opuesto o aquello que lo completa. Veamos un ejemplo:

Tu mejor amigo te llama para que recojas a eso de las siete a su tía-abuela
en el aeropuerto, ya que él no va a poder. Según lo estás oyendo, tu mente
empieza a crear excusas creíbles, y las va exponiendo:

- A esa hora me viene un poco mal, salgo a las seis de trabajar

- Sí, pero le dije que irías tú, yo también salgo a esa hora, iría yo si no
fuera porque la niña se me ha puesto mala.

- Sí, lo entiendo, lo que pasa es que hay un atasco en la Nacional a esas
horas que es imposible llegar.

- Bueno, pero tú trabajas más cerca del aeropuerto que yo, así que aunque
llegues un poco más tarde de las siete, tampoco pasaría nada.

- Ya, pero además mi mujer me dijo que tenía que comprar una serie de
cosas...

- ¿Qué cosas?

Y así podría seguir la conversación durante un buen rato, porque los dos tendrían argumentos manipulativos (y falsos) para no encargarse de ello. ¿Hay que decir sí o hay que decir no? Pues no hay, en realidad, ninguna obligación a dar una respusta. Di sí cuando sea verdad que no tienes nada que hacer y cuando sientes una intuición de que hacer esto por tu amigo es importante para la amistad con él. Di no cuando sea verdad que hay algo para ti más importante que hacer.

Esta importancia o esta elección es bueno que sea de corazón. Di que sí de corazón y di que no de corazón. De otra forma, siempre te estarás diciendo NO a ti mismo/a, y ése es el peor NO que puede decirse.

miércoles, 20 de mayo de 2009

La regla fácil de la vida


Ernie J. Zelinski enunció la Regla Fácil de la Vida en su libro El placer de no trabajar, uno de mis preferidos ;-). Es una regla conocida por todos, pero escasamente aplicada, ya que el ser humano, como todos los seres, busca el placer y evita el dolor.
Si en la anterior entrada comenté que las sensaciones desagradables pueden conducir a un estado emocional negativo, ahora diré que, si se trata de buscar un objetivo más allá, quizá minimicemos la importancia de esas sensaciones. En otras palabras, sarna con gusto no pica.

Es fácil observar cómo las personas tratan de permanecer siempre en su área de comodidad. El área de comodidad de algunas de ellas es tan pequeña que no pueden casi ni moverse sin sentir ciertas dificultades. Sin embargo, el hecho de irse recogiendo poco a poco en este área produce un efecto paradójico: cada vez se reduce más.

Así, la regla fácil de la vida consiste en que, cuanto más fácil y cómodo sea lo que buscamos para el corto plazo, mayores dificultades tendremos a largo plazo. Esta regla se aplica en multitud de campos, de los que voy a citar algunos:

- Si estudias, es difícil, pero al final obtienes unos conocimientos que te facilitan tanto la entrada al mercado laboral, como el tipo de trabajo que realizas
- Si te entrenas para vencer tu miedo a hablar en público, consigues solventar muchos momentos de pánico que se te presentan en el trabajo, y acabas por sentir mayor autoestima
- Si empiezas a alimentarte de forma más sana, haciendo enormes sacrificios al ver pasar bandejas de tapas por tu lado, a largo plazo notarás que te encuentras mejor, que realmente no necesitas gambas a la gabardina para sobrevivir, y que tu cuerpo funciona de forma más óptima
- Si haces ejercicio de forma regular, también ayudas a que el cuerpo funcione mejor, duermes mejor, y alcanzas mayores niveles de relajación.

¿Qué es lo que ocurre? Que normalmente nos dejamos llevar por la parte fácil de la regla de la vida, ya que lo que podemos conseguir en el momento presente está asegurado, mientras que lo que obtendré después de haber estudiado, haber hecho dieta o haber hecho ejercicio, son beneficios que se presentan lentamente, poco a poco, y de forma casi imperceptible. El camino de la repetición siempre parece árido.

El tipo de estímulos de placer que nos alejan de acabar teniendo una vida fácil puede dividirse en dos: evitar sacrificios, o evitar el miedo. En los dos casos esquivamos algo que nos parece negativo, desagradable, incómodo, innecesario... Pero el caso del miedo es en el que me voy a centrar, porque la mayoría de las veces, según he observado, es miedo infundado. Además, una cosa es no querer hacer un sacrificio, aun siendo consciente de lo que puede suponer, y otra es no poder realizar algo por miedo.

¿Miedo a qué? Miedo a lo desconocido. Hay multitud de creencias bajo la capa del miedo a lo desconocido, desde «el mundo es hostil» hasta «no soy capaz», de forma que realizar cualquier acción en el terreno desconocido (hablar en público, llamadas comerciales, vender, conducir por primera vez) tiene un componente de visión de túnel de cómo es el mundo y otro de fallo en el autoconcepto. Algo así como que el mundo es muy grande y yo soy muy pequeñito/a.

Para que tu vida no se vea reducida al máximo, para ampliar tu zona de seguridad, para salvar poco a poco obstáculos que harán que te sientas más grande, más capaz, y en un mundo más afectuoso, puedes:

1. Entrar en acción cada vez que piensas algo. Por ejemplo: si quieres llamar a esa persona que conociste el otro día, llama AHORA.
2. Pregúntate: ¿por qué no? Es la pregunta preferida de Josepe García de Miguel, y la hago mía en este momento. ¿Qué te lo impide, cuál es el obstáculo, está en tu mente o está fuera?
3. Recordar los grandes beneficios que vas a obtener si das el paso, y recordar cómo se va a empequeñecer tu mundo si no lo das.
4. Ponerte en el peor de los casos: ¿qué es lo peor que puede pasar? Que se incendie mi casa y me quede sin trabajo y se vaya mi pareja y atropellen a mi perro y... Bueno, bueno, después busca qué es lo MÁS PROBABLE que puede ocurrir.
5. Juega. Al fin y al cabo, lanzarse a realizar lo difícil e incómodo puede tomarse como un juego. Es curioso cómo hay personas capaces de actuar socialmente en nombre de otras, pero cuando se trata de actuar como ellos mismos, se vienen abajo. Si es así, juega a que eres un personaje, o una persona famosa.

sábado, 9 de mayo de 2009

e-coaching: alcanza tu máximo potencial sin salir de casa


Si dediqué la última entrada de mi blog al e-learning, hoy voy a hablar de e-coaching. Como adelanté, muchas personas todavía no saben lo que es el coaching, o lo asocian a la terapia, al trabajo en equipo o a algún entrenamiento propio de directivos.

No voy a detenerme a explicar qué es coaching. Hay múltiples páginas web (entre ellas la mía) que se encargan de ello. Voy a explicar a qué preguntas puede dar respuesta el coaching, y a qué situaciones da solución el e-coaching que yo hago.

Te pregunto: ¿estás viviendo tu vida al máximo? ¿Te atreves a cambiar? Sin duda, estás satisfech@ de diferentes áreas de tu vida, sin embargo, sientes que falta algo, que podrías llegar mucho más lejos. Quizá te preguntas:

¿Cómo concilio mi vida privada con mi vida laboral? Parece que no hay horas suficientes en el día para poder cumplir con todo. Empiezas a sentir frustración en varias áreas de tu vida, vas corriendo a todas partes, y te cuesta a veces tener que poner en una balanza tu carrera profesional y tu vida personal. No sabes cómo dedicarte a lo importante, cuando lo urgente te asalta a cada paso que das.

¿Cómo vuelvo a encontrar un empleo? Sientes que son tiempos difíciles y que compites con muchas más personas a la hora de encontrar el puesto idóneo. Te planteas que podrías formarte en nuevas áreas o revisar el aspecto de tu curriculum, pero no llegas a concretar nada, porque has perdido la seguridad en ti mism@.

¿Qué hago con mi vida? Es posible que por diversas circunstancias tengas que pasar más tiempo en casa a partir de ahora y no sabes cómo manejar la situación. Puede ser por estar en desempleo, pero también puede ser porque estés de baja por maternidad, o porque ahora tengas una nueva restricción o limitación en tu vida.

Quizá todos estos ejemplos te parezcan diferentes, pero tienen algo en común: cuando te dejas llevar por los miedos, dejas de intentar hacer aquello que te haría feliz. Entonces, ¿por qué no entras en acción? ¿Por qué no te quitas de encima todas esas capas de obligaciones sin sentido, de reglas que te has ido imponiendo, de complicaciones? ¿Por qué no te diriges directamente a tu destino, a ser feliz? Te lo diré: porque a veces es muy difícil reconocer el camino, a veces nos perdemos en la rutina del día a día y olvidamos cuál era nuestra meta.

Los coach somos expertos en despertar a los soñadores que no cumplen sus sueños, y en acompañarlos, como socios de su vida, hacia su meta real. Te mereces aprovechar tu verdadero potencial. ¿Cómo te puedo ayudar? En mi caso, considero que el e-coaching es una herramienta muy adecuada para los ejemplos descritos: desde casa te conectas al messenger, o a skype, y tienes sesiones similares a las presenciales, con la ventaja de no tener que desplazarte, de poder vestirte cómodamente, de sentirte más relajad@ al no tener que acudir a una cita personal. La sesión suele ser más intimista, a veces te atreves a decir cosas que en persona no expresarías... Es mágico lo que ocurre en una sesión de e-coaching. Más información...

viernes, 24 de abril de 2009

La vida puede ser mágica

Pienso que este vídeo expresa muy bien que la vida puede ser magia. Lo he recibido en un email con una serie de frases que ayudan a desconectar:

  • Olvídate de los recibos del gas ... la luz ... teléfono ...
  • Olvídate del compañero de al lado, sí, ése que te está haciendo la puñeta... o del que te lo encuentras por los pasillos y ni los buenos días sabe dar
  • Olvídate de la avería del coche o de la moto
  • Olvídate de las notas del niño
  • Olvídate de las malas noticias en el periódico
  • Olvídate por un instante de los números rojos…
  • Que todo lo negativo quede fuera de tu mente… durante un momento…

Simplemente... que nunca te falte un poquito de magia en tu vida.

jueves, 5 de marzo de 2009

Piensa mal y acertarás

ESPERA LO PEOR Y NO TE DESILUSIONARÁS

Hace poco, y no era la primera vez, alguien me dijo: «Piensa mal y acertarás.» Vaya frase del demonio, ¿no es verdad? Pienso que los que dicen esta frase tienen buenas intenciones y que realmente querían decir que esperaban que yo pudiera evitar el dolor tan a menudo asociado con la decepción.

El hecho es que hay mucha gente que enfoca la vida desde esta perspectiva y, aunque hay una parte de verdad en ella, no es una verdad con la que yo quiera vivir.

Yo siempre espero y deseo lo mejor. Si las cosas no salen como yo las había esperado o deseado inicialmente, entonces pienso que debe de existir una razón para ello, y observo para aprender del propio acontecimiento. ¿Acaso nunca me desilusiono? Sí me ocurre. Pero las decepciones son una de las formas en que aprendemos y una de las formas de la vida de enseñarnos. Cuando seamos capaces de mantener la perspectiva de aprender de todos los sucesos de la vida, entonces podremos ver el valor también en cada una de nuestras desilusiones.

«Pensar mal» nos priva de la oportunidad de aprender. Si uno espera lo peor, entonces ¿qué es lo que se obtiene de no tenerlo al final? Nada.Cuando uno espera lo peor, también se priva de otra oportunidad, y es la oportunidad de «LA ESPERANZA.» La «esperanza» puede ser una de las mejores experiencias que tenemos disponibles en la vida. Es de lo que están hechos los sueños. Es lo que pone al ser humano en la luna y lo que cura enfermedades y lo que finaliza las guerras. Es una fuerza conductora que perfila vidas, construye futuros y hace de nuestro mundo un lugar mejor. La «esperanza» es lo que las personas felices tienen y hacen.
La esperanza nos da valor. Esperar lo peor no lo hace. La esperanza nos da energía. Esperar lo peor no. La esperanza nos eleva a nosotros y a las personas que nos rodean. Esperar lo peor no.
La decepción es nuestra maestra, construye el carácter y muchas veces es la mejor cosa que nos puede ocurrir. Esperar desilusionarse o esperar lo peor no ofrecen estos beneficios.
Yo desde luego entiendo por qué la gente odia desilusionarse. Pero, ¿sabes qué puede ser peor que ser decepcionado? Perder una oportunidad para la esperanza y aprender lo que la vida tiene que ofrecer.

Dicho de otra forma, «piensa mal y acertarás» puede ser una de las peores cosas que puedes hacer.


(Traducción de la entrada "Always expect the worst and you’ll never be disappointed" de mi colega en MS Michael Gerber)

domingo, 26 de octubre de 2008

Un estómago a un cerebro pegado


Discutía el otro día con una amiga cuál es el fin último de todo ser humano. La verdad es que, tras un estudio concienzudo de libros como El hombre en busca de sentido o Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, había concluido que el ser humano persigue un fin superior. Este fin sería de carácter altruista, idealista, vocacional.


Las lecturas sobre neurociencia y neurobiología me confirmaron por otro lado mi creencia de que el ser humano está compuesto de cuerpo y cerebro, es decir, de cuerpo y cuerpo. Cada vez más, aquellos procesos que llamamos «mente» y que habían pertenecido a un reino espiritual, se le van robando al «alma» y se van localizando en áreas cerebrales.


Por la razón que sea, una frase en boca de un personaje de Galdós me hizo despertar de pronto, sentir un chasquido de los dedos, un eureka, al escuchar a este personaje decir: «Indigno linaje humano, ¿qué eres? Un estómago y nada más.» Rápidamente acudió a mi mente otra frase similar, esta vez de Unamuno: «el cerebro en cuanto a su función, depende del estómago.»


Así que ya tenemos un cerebro que yo suelo comparar a un cuadro de mandos, y un estómago que se impone en los momentos difíciles, en los que desaparece toda convención social y reina la Naturaleza pura. Un estómago a un cerebro pegado.


El estómago es el reflejo físico del instinto de supervivencia: si no como, me muero. El cerebro sirve para garantizar nuestra supervivencia, y para ello tiene una estructura, el sistema límbico, que controla las funciones vitales más importantes. Se sobrevive huyendo del peligro o enfrentándose a él, y se sobrevive comiendo. La búsqueda de seguridad, de estabilidad y de dinero suelen ser lo mismo que el instinto de supervivencia, instrumentado en los medios con los que se sobrevive. Luego viene el de reproducción. Y ya.


A los neurocientíficos les cuesta ver qué papel han jugado en la evolución las otras cosas, tales como la música, la poesía, la pintura... o la mística. Un papel que parece ser secundario y al mismo tiempo se revela como trascendental. Tal como dice Francisco J. Rubia, «el valor de supervivencia de estas experiencias estaría en la superación de la ansiedad y el miedo a la muerte al conectar con algo que se percibe tanto eterno como fuera de nosotros mismos.»


El considerar que somos un estómago tiene implicaciones muy felices para mí, y explicaría muchas de las decisiones que he tomado en la vida y que no se explican con otros razonamientos más profundos. El ser un estómago es buscar el placer, el disfrute, el gozo de la comida, sentirse saciado, entrar en calor, poner a trabajar el cuerpo tanto en la búsqueda de la comida como en su digestión. Ser un estómago es como ser una célula gorda que, como todas las células, quiere seguir viva. Ser un estómago es buscar un trabajo que me dé los medios para llenarme y saciarme y sentirme feliz, sentir el placer de las endorfinas liberadas al relajarme tras haber comido. Y así.


Yo cuando le planteaba esto a mi amiga, veía en su cara el escepticismo, y una cierta decepción. ¿De modo que somos animales que buscan saciarse? ¿Dónde queda el amor, los sentimientos altruistas? ¿Dónde queda lo espiritual, lo trascendental?


El ser un estómago no quita para que seamos un estómago social. La evolución ha premiado los comportamientos altruistas y la cooperación nos es interesante desde un punto de vista biológico. En situaciones como la que describe Viktor Frankl en el libro mencionado más arriba, es decir, la permanencia por un largo periodo de tiempo en un campo de concentración, surgen comportamientos bellísimos que nos alejan de esa concepción de estómago. Teniendo tan sólo un mendrugo de pan para comer, un recluso era capaz de compartirlo con otro, o incluso de renunciar a él. En cualquier caso, veo que la norma general es quedarse el mendrugo y ocultar muy bien que se tiene, por el temor de ser robado.


Analizarnos como estómagos andantes también nos ayuda a ver en qué medida creemos que nuestros estómagos son muy grandes e insaciables. El estómago físico necesita comer, pero el estómago psicológico necesita dinero de sobra, una casa, un coche, un trabajo seguro, más dinero, una casa más grande, otro coche mejor, un puesto más alto... Probablemente siguiendo este ciclo ascendente y sin fin, el estómago físico se resienta de indigestión.

miércoles, 15 de octubre de 2008

La Realidad de aquí y ahora


«Si un habitante de cualquier otro planeta visitara los Estados Unidos...»

Orison Swett Marden nos habla de nuestro enfoque vital en el futuro. Con una perspectiva curiosa de la vida cotidiana en EE.UU. en su época, imagina a un extraterrestre visitando ese país, y sorprendiéndose de cómo vive la gente en él. Y es que todos parecen haber parado en una estación de paso, pues en vez de aprovechar la vida que les llega tal y como es, tienen la vista continuamente centrada en el futuro, en lo bueno que habrá de llegar para sustituir lo de ahora, que es mediocre, malo o insoportable. Es tan intensa la visión que se tiene del futuro que se pierde la capacidad para disfrutar de lo que hoy, aquí y ahora, tenemos delante.

Vivir para mañana tiene la triste paradoja de que, cuando llega este mañana, seguirá habiendo otro mañana. En otras palabras, vivir para mañana es vivir en un mundo de crónica insatisfacción, de escasez, de necesidad: nunca nos sentiremos satisfechos así, porque nunca habremos alcanzado nuestra meta. Es una especie de carrera de ratas (como dicen los estadounidenses, "rat race") por unos laberintos que no acabamos de adivinar, en busca de unos quesos prometidos que nunca llegamos a alcanzar.

Esta perentoria necesidad que tenemos de vivir en cualquier otro lugar menos aquí y ahora parece una ansiosa huida. Cuando estamos en la oficina, estamos deseando marcharnos de allí, o encontrar cualquier hueco para leer un chiste que nos envían por email. Pero si pasamos pocos meses sin ocupación, empezamos a echar de menos estas horas de oficina, ya que sólo recordamos lo bueno de ellas, y volvemos a fijar la vista en un futuro inexistente.

¿Qué pasa con el aquí y el ahora? ¿Por qué es tan insoportable? Bien, por de pronto, es aburrido. Crear imágenes para el futuro es mucho más divertido y motiva más. Cuando la realidad que tenemos delante nos resulta desagradable, llenar la mente con imaginaciones sobre una futura casa, un futuro coche, un futuro trabajo o una futura familia nos alivia. Y el placer de la imaginación, que parece propio del ser humano (quizá algún animal de orden superior también la tiene), es algo positivo y agradable. El problema es cuando se convierte en esclavitud.

Es decir, el problema son nuestras expectativas de cómo debería ser, y no está siendo, nuestra vida. «La mayoría estamos descontentos, inquietos y nerviosos y nos consideramos infelices,» nos dice Marden. Estas expectativas tienen algún fundamento en momentos que juzgamos como muy felices, como las vacaciones, los fines de semana, o momentos extraordinarios en nuestra vida. En cambio, con la vista puesta en lo que tenemos ya, dejamos de comparar nuestra situación con otra deseada y supuestamente superior, y empezamos a sentirnos más relajados y satisfechos.

En las culturas orientales hay un profundo estudio de esta forma de ser en la que vivimos en permanente insatisfacción. Por ejemplo, Chogyam Trungpa, autor budista, nos compara a un ser que tiene un estómago muy muy grande y una boca muy pequeña, de manera que nunca logra llenar ese estómago y permanentemente tiene hambre. Por otra parte, hay un cuento sufí sobre una vaca que vive en una isla, y pasa el día comiendo. Cuando llega la noche, se encuentra con la preocupación de no tener qué comer al día siguiente, de forma que todo lo que había engordado durante el día, lo pierde cada noche, al enflaquecer de ansiedad y desesperación.

El propio Marden nos cuenta la historia de los hijos de Israel y el maná. Cuando caminaban por el desierto, recibían cada día maná del que alimentarse, un manjar milagroso, enviado por Dios a modo de escarcha. Los que no tenían confianza en Dios trataron de guardar parte para el día siguiente, pero lo encontraron corrompido. «De no atender al día de hoy provienen la miseria, flaqueza, desconsuelo e ineficacia de nuestras vidas, pues no concentramos nuestra energía, anhelo y entusiasmo en el día en que vivimos.»

La flor está viva hoy, hay que cogerla hoy, disfrutar de su aroma hoy. Carpe Diem significa esto.

Como podemos ver, estas reflexiones sobre la necesidad de disfrutar el momento, y de tomarlo tal y como es, vienen de antiguo. El ser humano siempre ha vivido una fantasía en la que se proyecta hacia el futuro y desde el pasado. Pero lo único que tenemos en la mano, de lo único que tenemos certeza, es de hoy, del aquí y ahora.

Pienso que intelectualmente sabemos que lo que existe es el presente, que la visión de futuro es más bien cerebral, y que es ahora cuando podemos promover cambios para estar mejor después, recordando que las dificultades nunca se resuelven por completo, y que aparecen nuevos desafíos. Y aunque sabemos todo esto, no lo hemos experimentado, no lo hemos vivido, de forma que no nos dice nada el conocimiento de que todo lo que hay es el ahora. Parece ser que las personas que han alcanzado la iluminación o autorrealización sí tienen este conocimiento experiencial de la realidad. Nos lo cuentan con palabras atónitas, perplejos, formando imágenes que no comprendemos: hasta que no sea uno mismo quien se come ese filete, de poco le va a servir que otro le cuente a qué sabe.

Una forma que he encontrado de intentar disfrutar del día es la que propone el propio Marden. Se la recomiendo a todo el mundo, y creo que les está funcionando tan bien como a mí: se trata de levantarse cada mañana y decirse: «VOY A DISFRUTAR EL DÍA DE HOY.» Si pase lo que pase nos mantenemos firmes, si a pesar de lo que suceda nos proponemos ser felices, podremos gozar plenamente de todo cuanto tengamos delante. «No voy a intentar huir de la realidad, ni tampoco voy a luchar contra ella. La voy a aceptar, la voy a vivir con intensidad, y voy a vivir este día de principio a fin. Cuando llegue la noche, podré decir: "hoy he estado viva".»

En lugar de vegetar arrastrándose por la vida, si comenzamos cada día con este firme propósito, aunque luego se tuerzan las cosas, sacaremos fuerza y energía de lo que vaya sucediendo, entrenando así a nuestra mente a sacar el jugillo de lo que tenemos delante y a dejar de evitarlo montando fantasías sobre un futuro mejor.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

La alegría del vivir

Deambulaba por el anticuario del francés, al pie de Mojácar pueblo, y de vez en cuando leía con desinterés alguno de los títulos de los libros que servían de decoración. La mayoría de ellos era en francés, y se encontraban en contextos donde llamaba la atención aquello que decoraban: la alacena, la mesa, la estantería.

Aprisionado entre otros seis y dos planchas de hierro a modo de sujeta libros, había un librito que se titulaba La Alegría del Vivir. Por curiosidad, lo hojeé, y vi que estaba subrayado en rojo, y que las frases subrayadas eran muy elocuentes, llenas de fuerza. Por ejemplo: «No están estas gentes definitivamente establecidas ni en verdad viven en el hoy y en el ahora, sino que confían en vivir mañana, el año que viene, cuando sus negocios prosperen y se acreciente su fortuna y se muden a la casa nueva con nuevos muebles y adquieran el nuevo automóvil para desechar todo cuanto ahora les molesta y rodearse de comodidades. Les parece que entonces serán felices, pues hoy no disfrutan verdaderamente.»

¿Quién es este tal Orison Swett Marden?, me dije leyendo el nombre del autor en la portada. La edición, de bolsillo, carecía de todo el encanto propio del lugar en que me encontraba. El libro no podía ser más feo; la traducción no era muy buena y estaba muy anticuada. Cada vez más interesada en ese pequeño objeto de anticuario, leí un poco sobre la vida de su creador. Orison fue coetáneo de Galdós, mi autor español favorito, y vivió una vida digna de unos Episodios Nacionales de EE.UU. De orígenes humildes, Orison Swett sólo pudo heredar de sus padres, que murieron cuando él era pequeño, su curioso nombre, que simboliza la oración y el trabajo. Todo en su vida fue una lucha para salir de su situación y llegar lejos, para dejar de ser un aprendiz apaleado por sus diferentes amos y convertirse en un gran empresario que escribía incesantemente, en privado, en secreto; que no cesaba de escribir mientras construía hoteles.

Cada vez más interesada en la sabiduría de Orison, y en sus poderosas frases, cerré mis manos sobre el libro y pensé llevármelo de allí a cualquier precio. Pero me salió gratis: el anticuario francés consideró que, dado el volumen de otras cosas que le comprábamos, aquel insignificante librillo podía ir de regalo, y eso que su precio era de tan sólo un euro. ¿Un euro por tanta enseñanza?, pensé, esto es un tesoro oculto.

Esto ocurrió en agosto, y he podido leer el libro al completo unas cuatro veces, lo he subrayado por todas partes y, cuando voy a viajar en tren, lo llevo en el bolso, y abro por cualquier capítulo y vuelvo a recibir el positivismo y la energía de Orison a través de los tiempos.

¿Qué puede decir Orison de especial, de importante, en menos de 160 páginas? Pues resume, a modo de librito magistral, todo aquello sobre lo que llevo investigando varios años. Recoge la semilla dorada de todo lo que después han dicho Stephen R. Covey, Anthony Robbins, Daniel Goleman, etc., pero me consta que hay un matiz: Orison lo ha vivido por sí mismo, lo ha experimentado, y saca estas conclusiones de su inspiración más profunda, de su observación de las gentes. Orison parece ser el primero (en occidente, en la cultura capitalista) de una larga cadena de conocimientos que nos hacen mejores, de lo que se llama desarrollo personal, y lo hace con frases que han resultado ser «citas célebres.»

En efecto, cuando busqué su nombre en Internet me pasó aquello que te pasa siempre que buscas algo en Internet: ves que miles de otros ya lo conocían, ya hablaban de ello, y ya lo utilizaban, y el tesoro deja de pertenecerte. Se me quedó una sensación de decepción, de sorpresa descubierta a destiempo, propia del ego. Pero también una sensación de alegría al comprobar que Orison sí pertenece al saber popular y no se había quedado perdido entre bibliotecas y anticuarios franceses.

Es muy posible que vaya a seguir citando a Orison durante un tiempo, pero me gustaría empezar a revelar aquello que he encontrado en él, por medio de sus frases, y por medio de lo que hay más allá de ellas, entre líneas. Cierto que el autor trata temas pasados de moda, basados en costumbres y valores de su tiempo (siglo XIX). Esto ocurre con muchos libros reveladores, que tienen partes menos reveladoras sencillamente porque están demasiado centradas en la época concreta en que se escriben, y no en los universales que pretenden transmitir. Separando el grano de la paja, y obviando la traducción de la época, podemos aún pulir el bello metal del libro.

Lo primero que destaca el autor es la búsqueda de la felicidad. «La felicidad es el destino del hombre» es la primera frase de La Alegría del Vivir. Orison observa que los seres humanos buscamos ser felices, esto es, tener goces y placeres, y al perseguir la felicidad, ésta se nos escapa una y otra vez. No tiene sentido buscar aquello que ya está en casa, pero que no sabemos ver. Los peces se preguntan unos a otros qué será aquello del agua, porque no se dan cuenta de que es su aliento mismo. En cambio, pequeñas satisfacciones enfocadas a dar, a ayudar, sí traen felicidad a nuestras vidas. Quizá imaginamos que la felicidad es aquello que nos ocurrirá cuando nos toque la lotería. Y es cierto que se debe de sentir un gran entusiasmo... que sin embargo dura unos instantes. O imaginamos que la felicidad se siente cuando estamos de vacaciones, es decir, alrededor de 22 días al año, veintidós días de trescientos sesenta y cinco. Vaya... Bueno, si sumamos los fines de semana, tendremos felicidad quizá 128 días, esto suena mejor, pero sospecho que no es el camino para encontrarla.

Me gusta mucho la forma en que lo pone Orison, pues compara la felicidad con un mosaico compuesto de pequeñas piezas de escaso valor, que colocadas en una combinación acertada, forman una joya preciosa. Esos pequeños momentos de felicidad que están esparcidos por nuestra vida los rechazamos porque no cumplen la talla mínima que imaginamos han de tener. Buscamos más la felicidad en la sobreexcitación del sistema nervioso, en comer, beber, en satisfacer los apetitos y alcanzar lo que deseamos, a veces a costa de nuestra propia salud.

En una cultura de insatisfacción crónica, nos parece siempre que lo que buscamos está en un horizonte más allá de lo que vemos, que seguramente cuesta mucho dinero y esfuerzo, y que pasa por centrarse en uno mismo. «Quien ande en busca de la felicidad, recuerde que donde quiera que vaya sólo encontrará la que consigo lleve. La felicidad no está jamás fuera de nosotros mismos ni tiene otros límites que los que nosotros mismos le señalamos.» Orison, como los sabios orientales del budismo, taoísmo o sufismo, pone el acento en buscar aquí y ahora, en lo que vemos, dentro de nosotros, sin pagar ni un duro, sin forzar nada, dejando que todo ocurra, centrándose en los demás. Y esto nos remite a la cita del principio, y a otra perla de nuestro amigo: «La felicidad dimana de dar y entregar, no de recibir y retener [...] La infelicidad es el hambre de adquirir; la felicidad el hambre de dar»