lunes, 18 de junio de 2012
Vacaciones de verano... ¿para ti?
sábado, 19 de noviembre de 2011
6 buenas razones para estar mejor que bien

Es un ensayo sobre la felicidad y cómo conseguirla. Libro de recetas para encontrarnos no solo bien, sino «mejor que bien». Ofrece una serie de recursos totalmente prácticos para el desarrollo personal.
1. ¿Cuál es su objetivo?
El objetivo es ayudar a la persona que lo lea a SER FELIZ, a reírse, a cambiar de paradigma, a ver las cosas de otra forma, a coger las riendas de su vida, a no dejarse caer en el estrés, en la depresión, en la desesperación.
2. ¿A quién va dirigido?
Estar Mejor Que Bien está dirigido a personas como tú, razonablemente satisfechas con su vida, que valoran su felicidad, y que quieren mimarla y cuidarla, porque la felicidad es buena no solo para nosotros mismos/as, sino también para aquellos que nos rodean.
Es un libro perfecto para regalar.
Cualquier asociación dedicada al desarrollo personal, así como los psicólogos, profesionales de RR.HH. y coaches pueden recomendar este libro. También asociaciones de mujeres, pues suelen ser temas de nuestro interés.
Ya está a la venta en formato papel y electrónico aquí.
3. ¿Qué es lo más especial de este libro?
Se trata de un libro «circular», el lector puede elegir leerlo secuencialmente o puede jugar y elegir su propia aventura de desarrollo personal.
4. ¿Qué historia hay detrás?
La obra Estar Mejor Que Bien comenzó hace cinco años como una serie de apuntes tomados de uno de los libros más importantes en la literatura empresarial. Un problema de salud que parecía puntual, pero que ha resultado ser crónico, hizo que buscara lecturas de motivación, positivismo y proactividad.
Un libro llevó a otro, y a otro, todos empezaron a conectarse entre sí, y observé que podía sacarse un extracto interesante de todos ellos, que fuese de ayuda, práctico, dirigido a los diferentes estilos de aprendizaje que se dan. En vez de tener que leer los al menos veinte libros con los que trabajé estos temas, el lector de Estar Mejor Que Bien solo tiene que aprovechar su jugo, como un zumo de sabiduría de grandes autores.
Al mismo tiempo, las nuevas realidades que surgen de tener una enfermedad crónica con treinta y tantos años, pienso que ayudan a ver con más perspectiva y serenidad la vida, y a saber qué es lo realmente importante. Espero haber destilado también algo de este aprendizaje en el ensayo.
5. ¿Qué piensan sus primeros lectores?
Su primera lectora, una directora de recursos humanos con amplia experiencia en la formación, y buena amiga mía, me comentó que Estar Mejor Que Bien es «de lectura muy ligera y aporta herramientas reales para conseguir estar “mejor que bien”»
6. Entonces, ¿estás mejor que bien?
Te invito a conocer el mundo de Estar Mejor Que Bien. El título pretende decir esto con una expresión alegre y desenfadada: no se trata solo de estar bien, sino de estar incluso mejor. Y no a toda costa, sino con prácticas fáciles de hacer y aplicables en el día a día.
Ahora puedes conseguir tanto en formato papel como digital el libro Estar Mejor Que Bien (EMQB) aquí.
domingo, 18 de septiembre de 2011
Esa es tu película
Hace tiempo que no escribo, algunos de vosotros/as me lo habéis comentado.Y es que no hay nada como la autocensura para que el chorro de la creatividad se seque en el acto. Esta autocensura me ha surgido al poner nombre y apellidos a alguno de mis lectores, y ha ido en aumento cuando todo lo que se me ocurre comentar aquí es demasiado fuerte, fuera del hilo simpático e inocente de Estar Mejor Que Bien (EMQB).
Corren tiempos difíciles y creo que irán a peor, por lo que es más que probable que surja otro blog más acorde con todo esto. Pero mientras se gesta, aún puedo seguir regalando contenidos afables y de buen rollo en línea de EMQB.
Me he dado cuenta de que todos nosotros protagonizamos nuestra película personal y vamos por la vida siendo el centro de nuestro universo. Esto le pasa hasta a mi perra, que va por la calle creyendo que todos los que hablan se dirigen a ella y quieren saludarla y acariciarla.
Es divertido tener tu propia película, aunque a algunos les encanta que sea un relato de proporciones melodramáticas. Sin embargo, cuando nos encontramos con otras personas, tratamos de encajarlas en ella dándoles un papel prefijado, toma, apréndete esto que tú haces de novio/a. He visto que tenemos la asombrosa capacidad de darle un papel a todo el mundo con el que nos encontramos, toma, tú eres mi amiga de confianza, toma, tú eres mi vecina cotilla, toma, tú eres...
Y resulta que esos personajes principales o secundarios de nuestra película son, a su vez, el protagonista de la suya, de forma que les va a costar aceptar un papel elaborado por nosotros en nuestras mentes. Al mismo tiempo, ¿cómo vamos a perder el papel de estrella para pasar a formar parte del elenco de secundarios de otra persona? Así, muchos no llegan a un entendimiento, porque protagonista solo puede haber uno, como mucho dos, y esos papeles ya están repartidos.
Hay personas capaces de hacer realmente que el universo gire en torno a ellas. Reparten por ahí papeles principales y secundarios y consiguen hacer olvidar a más de uno/a cuál era su película personal. Cuando alguien deja de ser la estrella y comienza a seguir un papel impuesto por otro, comienza a sentirse muy desgraciado/a, incluso si ese papel es “bueno” desde fuera: la esposa ama de casa, el marido bonachón, la amante sin compromiso...
Observo que la mayoría de la gente juega a este juego sin darse cuenta. Tanto si es para su propia súper producción de Hollywood como si es para su papel de víctima de las circunstancias, en lugar de levantar la vista del papel que se le ha adjudicado o se ha buscado por sí mismo/a, prefieren seguir por ese camino, en que al menos ya saben lo que tienen que hacer.
Observo además que poca gente acepta que cada uno/a sea la estrella principal de su propia vida y, por tanto, poca gente respeta el sueño peliculero de los demás, si bien todo el mundo desea que se respete el suyo propio.
Y observo que, según pasan los años, las personas nos endurecemos y nos aferramos a nuestra película, cada vez más elaborada, más acartonada y más bloqueada, y cada vez es más difícil que dejemos entrar a otros co-protagonistas, o incluso secundarios, en ella. Los papeles para los demás están tan prefijados que nadie cuadra en ellos. Toda la frescura que pueden aportar otras personas está censurada de antemano. O cuadras en el papel, o estás fuera.
Si tiras el guion a la papelera y vuelves a abrir las puertas y ventanas, tal vez tu vida se ventile un poco y pueda volver a caber en ella cierta espontaneidad.
viernes, 29 de enero de 2010
Tu vida a vista de pájaro
viernes, 10 de julio de 2009
La moral del trabajo es la moral del esclavo

La moral del trabajo nos viene impuesta de un pasado arcaico y superado, aparentemente, por las nuevas tecnologías. La forma de pensar en los horarios y en la organización de las tareas es en muchos casos taylorista, heredada por tanto de la revolución industrial, y alejada en buena parte del sentido común. La herencia, además, conlleva un componente sexista, bastante marcado, en la tradicional división de tareas en la pareja, en trabajos más simples y peor pagados para las mujeres, y en la asunción de que, una vez que una mujer tiene hijos, deja de contar para los ascensos en su profesión, a menos que deje de contar para sus hijos.
Trabajar de 9 a 6, ó de 9 a 7 como se está viendo mucho, o de 8 a 5 si se quiere, es tan absurdo que incluso contándoselo a las ovejas, se reirían de nosotros por ser tan tontos. Se estableció un número de horas, y resulta que hay que permanecer “de cuerpo presente” en una oficina ese número de horas, al menos. No importa que haya picos y bajadas en la producción. No importa que haya personas más rápidas que otras al trabajar. No importa que las circunstancias de algunas personas no les permitan estar tanto tiempo sentados frente a una pantalla de ordenador. Lo de la hora de comer es similar: cada empresa establece una duración, y la justifica atendiendo a su filosofía. Suele suceder que en esto y en otras muchas cosas, la empresa se convierte en un micro-mundo en el que se pierde perspectiva y se piensa que las cosas son así, un poco como en un pueblo pequeñito y aislado.
Hace tan poco tiempo que las cosas eran tan diferentes. Incluso en otros países, ahora mismo, están siendo diferentes. Pero no entra en el cerebro simple que conforma una compañía. El trabajo, en un principio, estuvo ligado al resultado que se buscaba: camino por la selva buscando comida. Cultivo estas semillas porque sé que luego salen plantas que dan frutos. Tengo estas vacas que dan leche y carne. Etc. Y no distinguía tanto entre hombres y mujeres. “Técnicamente”, es la mujer quien da a luz y mantiene a los hijos en un primer momento. Pero en todo lo demás, la mujer se ha desenvuelto trabajando, vendiendo, comprando, igual que un hombre, con otro tipo de habilidades, distintas simplemente, y no demasiado distintas.
Probablemente he mezclado en un párrafo aquello que ocurría en las cavernas con otras cosas que ocurrían en el Neolítico con otras que ocurren ahora en otras culturas. Permítaseme la licencia literaria, porque para lo que quiero comunicar, es suficiente así. Nos hemos metido los humanos a nosotros mismos en jaulas de oro, con su aire acondicionado y todo, que nos alejan de nuestra naturaleza e instintos. Competimos todos y todas en un mundo creado en el pasado y que es por definición machista, que cultiva unos determinados valores limitados, y que deja de lado muchas cosas buenas: creatividad, artesanía, libertad, juego, ejercicio físico, música, baile, ritos, decoración... por citar algunas de ellas.
En la introducción al Tao Te King, Josan Ruiz Terrés muestra una opinión similar, al comentar que la época actual es “yang”,
«en la que los valores identificados como masculinos y la búsqueda del
éxito se exaltan en todos los terrenos»
En un mundo en que se permiten los call center (centros de teleoperadores), que he oído llamar “las galeras del S. XXI”, con bastante acierto, en que una serie de personas debe permanecer encadenada a su puesto a través de unos cascos con micrófono, debe trabajar lo más parecido a un robot y ajustar su fisiología a quince minutos concretos durante su jornada, en un mundo así en que algunos/as idealistas creíamos que gracias a la crisis iban a cambiar las cosas, la moral del trabajo es, sin duda alguna, la del esclavo.
Citando de nuevo a Josan Ruiz Terrés,
«no se puede vivir instalado en el éxito por la sencilla razón de que el tiempo
de cosecha rara vez es permanente.»
miércoles, 24 de junio de 2009
El tabú menstrual – Miranda Gray
Lo cierto es que, por alguna misteriosa razón, el ciclo menstrual se ha denostado, se ha ignorado, o se ha tratado como un problema de salud, como defiende Miranda Gray en su anterior libro Luna Roja, o en el actual The Optimized Woman (La Mujer Optimizada, no publicado todavía en español).
Veamos qué pasó:
Es triste cuando incluso revistas new age o alternativas perpetúan el tabú menstrual.
He pensado que sería entretenido poner al descubierto el desafío al que nosotras las mujeres nos enfrentamos, al promover el ciclo menstrual como un recurso positivo, fuera de ser un “asunto de la salud femenina”, compartiendo ahora la correspondencia que mantuve con una publicación bien establecida sobre vida alternativa de la Nueva Era.
Mi aproximación principal fue preguntarles si les gustaría publicar un artículo basado en el libro The Optimized Woman.
Su respuesta fue:
«No, gracias, tratamos de concentrarnos en temas unisex lo máximo posible. Esto no significa que nunca cubriremos asuntos femeninos, sino que queremos equilibrarlos con los asuntos masculinos también, así hicimos, por ejemplo, recientemente en... y sobre la menopausia natural, por lo que probablemente no haremos una parte específica de “mujeres” durante un tiempo, no por lo menos hasta que lo hayamos igualado con una parte sobre salud del hombre.»
Y ahora mi respuesta:
«Muchas gracias por responderme.
»Comprendo totalmente su respuesta inicial, pero me gustaría manifestar mi cortés desacuerdo con ustedes en el hecho de que el ciclo menstrual sea un asunto femenino. Tras años de impartir charlas, me ha sorprendido constantemente el número de hombres entre mi público. Los hombres quieren comprender a las mujeres, quieren saber cómo hacerlas felices, cómo motivarlas, cómo comunicarse con ellas, saber qué esperar, y saber cómo diseñar la comunicación y la aproximación a ellas con el fin de no ser rechazados.
»Mi nuevo libro contiene un capítulo específicamente escrito para hombres, resumiendo las ideas y concepto del libro dadas a las lectoras para que ellas a su vez las den a leer a sus parejas, porque pienso que hay una necesidad en los hombres de comprender a las mujeres y poder construir mejores relaciones. La naturaleza cíclica de la mujer afecta a los hombres en todos los aspectos de sus vidas; allí donde hay mujeres hay ciclo menstrual. Si se puede dar a los hombres algunas guías sobre “la mujer cuatro en uno” (alude a las cuatro fases en que divide el ciclo en Luna Roja) y algunos enfoques prácticos, no sólo podrán construir relaciones íntimas más profundas, significativas, productivas y satisfactorias sexualmente, también podrán construir una mayor autoconfianza y autoestima. Es una situación ganar-ganar.
miércoles, 27 de mayo de 2009
Di que sí... o di que no!
Hasta hace muy poco, la moda ha sido decir NO. A raíz del famoso best-seller No diga sí cuando quiera decir no, los departamentos de Recursos Humanos han entrenado a los directivos y mandos intermedios a decir que no. En otras palabras, les han entrenado en la habilidad de ser asertivos. Quizá se debe también a que Daniel Goleman incluyó la asertividad como una de las competencias fundamentales de la Inteligencia Emocional. Lo cierto es que muchos de nosotros/as estamos entrenados a decir no de forma automática, sin dañar la estima del otro y sin perder nuestros derechos.
Y de pronto, surge algo tan divertido como la película Di que sí (bueno, surgió hace tiempo, yo la he visto en vídeo este fin de semana). En el tráiler se ve bastante de lo que sucede en la película, pero pienso que no han seleccionado las escenas que hacen pensar, sino las de pura diversión al estilo Jim Carrey. Lo cierto es que el problema del protagonista (Carl Allen) es que dice que no a todo. A todo: ni siquiera contesta a las llamadas de teléfono.
Carl Allen es perfectamente asertivo al principio de la película, y sin embargo su vida es bastante rutinaria y aburrida. ¿Por qué decir SÍ se ha denostado tanto? ¿Cómo es que decir NO no le ha reportado a este personaje la felicidad prometida por las habilidades sociales?
Sospecho que se debe a que no sabemos distinguir cuándo decir que sí, y cuando decir que no. Decir sí a la vida, a las experiencias, a lo positivo, a lo que nos abre, a las relaciones humanas. Decir no a la manipulación, a las llamadas inoportunas, a los emails que no nos aportan nada. Stephen Covey comenta que decimos no cuando arde un sí más grande en nuestro interior. Es decir, siempre que decimos no, decimos sí a otra cosa.
En cierto modo, pues, parece que sí y no se complementan como yin y yang. Decir uno es decir el otro, que está ahí como su opuesto o aquello que lo completa. Veamos un ejemplo:
Tu mejor amigo te llama para que recojas a eso de las siete a su tía-abuela
en el aeropuerto, ya que él no va a poder. Según lo estás oyendo, tu mente
empieza a crear excusas creíbles, y las va exponiendo:- A esa hora me viene un poco mal, salgo a las seis de trabajar
- Sí, pero le dije que irías tú, yo también salgo a esa hora, iría yo si no
fuera porque la niña se me ha puesto mala.- Sí, lo entiendo, lo que pasa es que hay un atasco en la Nacional a esas
horas que es imposible llegar.- Bueno, pero tú trabajas más cerca del aeropuerto que yo, así que aunque
llegues un poco más tarde de las siete, tampoco pasaría nada.- Ya, pero además mi mujer me dijo que tenía que comprar una serie de
cosas...- ¿Qué cosas?
Y así podría seguir la conversación durante un buen rato, porque los dos tendrían argumentos manipulativos (y falsos) para no encargarse de ello. ¿Hay que decir sí o hay que decir no? Pues no hay, en realidad, ninguna obligación a dar una respusta. Di sí cuando sea verdad que no tienes nada que hacer y cuando sientes una intuición de que hacer esto por tu amigo es importante para la amistad con él. Di no cuando sea verdad que hay algo para ti más importante que hacer.
Esta importancia o esta elección es bueno que sea de corazón. Di que sí de corazón y di que no de corazón. De otra forma, siempre te estarás diciendo NO a ti mismo/a, y ése es el peor NO que puede decirse.
miércoles, 20 de mayo de 2009
La regla fácil de la vida
Ernie J. Zelinski enunció la Regla Fácil de la Vida en su libro El placer de no trabajar, uno de mis preferidos ;-). Es una regla conocida por todos, pero escasamente aplicada, ya que el ser humano, como todos los seres, busca el placer y evita el dolor.
Si en la anterior entrada comenté que las sensaciones desagradables pueden conducir a un estado emocional negativo, ahora diré que, si se trata de buscar un objetivo más allá, quizá minimicemos la importancia de esas sensaciones. En otras palabras, sarna con gusto no pica.
Es fácil observar cómo las personas tratan de permanecer siempre en su área de comodidad. El área de comodidad de algunas de ellas es tan pequeña que no pueden casi ni moverse sin sentir ciertas dificultades. Sin embargo, el hecho de irse recogiendo poco a poco en este área produce un efecto paradójico: cada vez se reduce más.
Así, la regla fácil de la vida consiste en que, cuanto más fácil y cómodo sea lo que buscamos para el corto plazo, mayores dificultades tendremos a largo plazo. Esta regla se aplica en multitud de campos, de los que voy a citar algunos:
- Si estudias, es difícil, pero al final obtienes unos conocimientos que te facilitan tanto la entrada al mercado laboral, como el tipo de trabajo que realizas
- Si te entrenas para vencer tu miedo a hablar en público, consigues solventar muchos momentos de pánico que se te presentan en el trabajo, y acabas por sentir mayor autoestima
- Si empiezas a alimentarte de forma más sana, haciendo enormes sacrificios al ver pasar bandejas de tapas por tu lado, a largo plazo notarás que te encuentras mejor, que realmente no necesitas gambas a la gabardina para sobrevivir, y que tu cuerpo funciona de forma más óptima
- Si haces ejercicio de forma regular, también ayudas a que el cuerpo funcione mejor, duermes mejor, y alcanzas mayores niveles de relajación.
¿Qué es lo que ocurre? Que normalmente nos dejamos llevar por la parte fácil de la regla de la vida, ya que lo que podemos conseguir en el momento presente está asegurado, mientras que lo que obtendré después de haber estudiado, haber hecho dieta o haber hecho ejercicio, son beneficios que se presentan lentamente, poco a poco, y de forma casi imperceptible. El camino de la repetición siempre parece árido.
El tipo de estímulos de placer que nos alejan de acabar teniendo una vida fácil puede dividirse en dos: evitar sacrificios, o evitar el miedo. En los dos casos esquivamos algo que nos parece negativo, desagradable, incómodo, innecesario... Pero el caso del miedo es en el que me voy a centrar, porque la mayoría de las veces, según he observado, es miedo infundado. Además, una cosa es no querer hacer un sacrificio, aun siendo consciente de lo que puede suponer, y otra es no poder realizar algo por miedo.
¿Miedo a qué? Miedo a lo desconocido. Hay multitud de creencias bajo la capa del miedo a lo desconocido, desde «el mundo es hostil» hasta «no soy capaz», de forma que realizar cualquier acción en el terreno desconocido (hablar en público, llamadas comerciales, vender, conducir por primera vez) tiene un componente de visión de túnel de cómo es el mundo y otro de fallo en el autoconcepto. Algo así como que el mundo es muy grande y yo soy muy pequeñito/a.
Para que tu vida no se vea reducida al máximo, para ampliar tu zona de seguridad, para salvar poco a poco obstáculos que harán que te sientas más grande, más capaz, y en un mundo más afectuoso, puedes:
1. Entrar en acción cada vez que piensas algo. Por ejemplo: si quieres llamar a esa persona que conociste el otro día, llama AHORA.
2. Pregúntate: ¿por qué no? Es la pregunta preferida de Josepe García de Miguel, y la hago mía en este momento. ¿Qué te lo impide, cuál es el obstáculo, está en tu mente o está fuera?
3. Recordar los grandes beneficios que vas a obtener si das el paso, y recordar cómo se va a empequeñecer tu mundo si no lo das.
4. Ponerte en el peor de los casos: ¿qué es lo peor que puede pasar? Que se incendie mi casa y me quede sin trabajo y se vaya mi pareja y atropellen a mi perro y... Bueno, bueno, después busca qué es lo MÁS PROBABLE que puede ocurrir.
5. Juega. Al fin y al cabo, lanzarse a realizar lo difícil e incómodo puede tomarse como un juego. Es curioso cómo hay personas capaces de actuar socialmente en nombre de otras, pero cuando se trata de actuar como ellos mismos, se vienen abajo. Si es así, juega a que eres un personaje, o una persona famosa.
lunes, 18 de mayo de 2009
¿Sexo en crisis?

Me hago eco del artículo aparecido este domingo en El País Semanal, por Guillermo Abril, y busco aportar mi propio punto de vista sobre el tema. Se plantea que la cantidad y calidad de las relaciones sexuales han podido verse afectadas por el cambio en la coyuntura económica.
El sexo es una forma de creatividad, de puesta en práctica de la imaginación, de comunicación intensa y profunda con el otro, y de desahogo de tensiones físicas. Esta forma de ver la sexualidad puede convertirse en esta otra: el sexo es una rutina que ocurre con cierta frecuencia, cuando toca, y que se da siempre de la misma forma, con pocas o ninguna variación, que resulta aburrida y por tanto, acabamos por evitar.
¿Cómo es posible que la misma actividad pueda verse desde ángulos tan opuestos? La sexóloga Carol G. Wells nos cuenta una causa fácil de entender: la creatividad sexual parte del hemisferio derecho del cerebro, y sin embargo, nosotros nos pasamos el tiempo en actividades propias del izquierdo. El orgasmo se produce en un estado de semivigilia, que actualmente llamamos de flujo o «flow». Sin embargo, con el hemisferio izquierdo calculando, razonando, aplicando la lógica, no podemos alcanzar un estado similar, dado que interfiere una parte de nuestro yo con un fuerte espíritu crítico.
Es decir, el tipo de concentración necesario para tener una relación sexual satisfactoria es muy distinto al tipo de concentración que requiere realizar un trabajo de oficina, hacer cuentas, o hacer la lista de la compra. En cierto sentido, son opuestos: el espíritu racional, deductivo, realista debe deponer las armas y habremos de sumirnos en la vivencia intuitiva, impulsiva y atemporal si queremos disfrutar.
Con la aparición de un gran cambio en la situación económica, lidiamos con una variable más, y es la intensa emoción que puede ser de miedo o de tristeza. Pienso que la repercusión en nuestra sexualidad es diferente si la reacción es de miedo que si es de tristeza.
1) La ansiedad puede activarnos, puede instarnos a actuar para escapar de la situación actual. Y esta activación puede repercutir en un aumento de las relaciones sexuales y de su calidad, ya que hemos puesto en marcha nuestra imaginación para encontrar soluciones creativas a las circunstancias.
2) La tristeza puede hacernos caer en la inactividad, paralizando el funcionamiento de nuestros sistemas hasta que la coyuntura mejore. Entonces, el sexo se verá reducido a su mínima expresión. No nos quedarán ganas de pensar en ello con tantos problemas en la cabeza, problemas que nos han bloqueado.
A todo esto hay que añadir que el no poder adornar nuestras vidas con cierto glamour que compra el dinero, el sentir que no podemos arreglarnos y salir de tapas porque no tenemos suficiente, puede apagar la llama y revelar desavenencias que existían bajo una capa de estabilidad. Buscamos la estabilidad como si eso fuera la vida, y la mayoría de las cosas que merecen la pena ser vividas están fuera de nuestro área de seguridad. La estabilidad añade rutina, lleva al aburrimiento, y éste a la cólera y a identificar a nuestra pareja como razón de toda esta monotonía y blanco de nuestra ira.
Cuando se produce un cambio, incluso si es positivo, se abre un abismo ante nuestros ojos, un abismo de lo desconocido, de no saber qué va a pasar, y de no saber cómo actuar. Y al mismo tiempo, se abren nuevas posibilidades, nuevos caminos que podemos tomar, y la posibilidad de aprender que la vida es cambio y que nos estábamos agarrando a cosas que inevitablemente van a desaparecer, porque no son eternas.
Si tu trabajo estuviera asegurado de por vida, el sexo no sería mejor.
Si tuvieras mucho dinero, el sexo no sería mejor.
Si tuvieras más tiempo libre, el sexo no sería mejor.
El sexo será mejor si:
- Aprendes a desconectar de la actividad del hemisferio izquierdo: analítica, objetiva, intelectual.
- Reconoces tus emociones como algo diferente de ti, y dejas de identificarte con ellas: miedo intenso, excesiva ansiedad, tristeza y desesperanza.
- Comienzas a permitirte un espacio de verdadera creatividad e imaginación: juegos, reírte, tomarte menos en serio, visualizar tu próximo encuentro sexual, ver una película que te resulta excitante, leer una novela erótica.
- Comienzas a relajarte: cierras los ojos, buscas una posición cómoda, dedicas ratos de tu día a no hacer absolutamente nada, realizas técnicas de respiración.
- Dejas hueco a los placeres sensuales (y gratuitos): admirar la belleza, tomar el sol, escuchar música (o a los pájaros), pasear por un parque, observar el atardecer, darte una ducha siendo consciente de todos tus movimientos, el olor del jabón, el calor del agua sobre tu piel.
- Artículo de referencia:
http://www.elpais.com/articulo/portada/sexo/tiempos/revueltos/elpepusoceps/20090517elpepspor_8/Te - Información sobre sexualidad:
http://sites.google.com/site/estarmejorquebien/Home/chicas/sexualidad
sábado, 9 de mayo de 2009
e-coaching: alcanza tu máximo potencial sin salir de casa

No voy a detenerme a explicar qué es coaching. Hay múltiples páginas web (entre ellas la mía) que se encargan de ello. Voy a explicar a qué preguntas puede dar respuesta el coaching, y a qué situaciones da solución el e-coaching que yo hago.
Te pregunto: ¿estás viviendo tu vida al máximo? ¿Te atreves a cambiar? Sin duda, estás satisfech@ de diferentes áreas de tu vida, sin embargo, sientes que falta algo, que podrías llegar mucho más lejos. Quizá te preguntas:
¿Cómo concilio mi vida privada con mi vida laboral? Parece que no hay horas suficientes en el día para poder cumplir con todo. Empiezas a sentir frustración en varias áreas de tu vida, vas corriendo a todas partes, y te cuesta a veces tener que poner en una balanza tu carrera profesional y tu vida personal. No sabes cómo dedicarte a lo importante, cuando lo urgente te asalta a cada paso que das.
¿Cómo vuelvo a encontrar un empleo? Sientes que son tiempos difíciles y que compites con muchas más personas a la hora de encontrar el puesto idóneo. Te planteas que podrías formarte en nuevas áreas o revisar el aspecto de tu curriculum, pero no llegas a concretar nada, porque has perdido la seguridad en ti mism@.
¿Qué hago con mi vida? Es posible que por diversas circunstancias tengas que pasar más tiempo en casa a partir de ahora y no sabes cómo manejar la situación. Puede ser por estar en desempleo, pero también puede ser porque estés de baja por maternidad, o porque ahora tengas una nueva restricción o limitación en tu vida.
Quizá todos estos ejemplos te parezcan diferentes, pero tienen algo en común: cuando te dejas llevar por los miedos, dejas de intentar hacer aquello que te haría feliz. Entonces, ¿por qué no entras en acción? ¿Por qué no te quitas de encima todas esas capas de obligaciones sin sentido, de reglas que te has ido imponiendo, de complicaciones? ¿Por qué no te diriges directamente a tu destino, a ser feliz? Te lo diré: porque a veces es muy difícil reconocer el camino, a veces nos perdemos en la rutina del día a día y olvidamos cuál era nuestra meta.
Los coach somos expertos en despertar a los soñadores que no cumplen sus sueños, y en acompañarlos, como socios de su vida, hacia su meta real. Te mereces aprovechar tu verdadero potencial. ¿Cómo te puedo ayudar? En mi caso, considero que el e-coaching es una herramienta muy adecuada para los ejemplos descritos: desde casa te conectas al messenger, o a skype, y tienes sesiones similares a las presenciales, con la ventaja de no tener que desplazarte, de poder vestirte cómodamente, de sentirte más relajad@ al no tener que acudir a una cita personal. La sesión suele ser más intimista, a veces te atreves a decir cosas que en persona no expresarías... Es mágico lo que ocurre en una sesión de e-coaching. Más información...
martes, 5 de mayo de 2009
e-Learning: una opción para los que están en casa
Una de las ventajas de las TIC es que, cualquiera que tenga un ordenador personal y conexión a Internet, puede formarse en diversas materias desde casa. Las TIC convierten la formación a distancia en formación virtual o e-learning. Hasta este momento, la formación a distancia se basaba en diferentes soportes, desde la correspondencia de su primera etapa a la televisión o la radio que emiten programas de formación.
Pero si hay un elemento clave en el desarrollo de Internet es lo que se ha denominado Web 2.0 y que puede llamarse web social. En la Web 2.0 no sólo aprendes, sino que intercambias conocimiento (información) con otros como tú. La figura jerárquica del centro de formación y del profesor, de los que partía toda el conocimiento de manera unidireccional, son sustituidas por una verdadera red, en la que la institución de formación da una base o plataforma en la que los tutores interactúan con los alumnos, y los alumnos entre sí.
La riqueza que todo este aprendizaje puede suponer para alguien con dificultades en desplazarse hasta un centro de formación se ve aumentada por la posibilidad de que las personas podamos relacionarnos con otros, virtualmente con todo el mundo, y que podamos incluso encontrar a quienes tienen problemas parecidos a nosotros, y la forma en la que los han enfrentado.
e-Leaning, e-Coaching, e-Mentoring son palabras que quizá suenen un poco raras al principio, cuando todavía no se han admitido del todo las palabras correspondientes sin la “e” de electrónico. Ya estamos acostumbrados al email, o correo electrónico, y estoy segura de que poco a poco nos iremos adaptando a estas nuevas realidades.
¿Cómo son estos nuevos cursos que se pueden seguir? Pues suelen tener unos elementos en común, como es poder intervenir en foros, chats y apuntes en un calendario común, y otros diferenciadores, como es la forma de entregar los elementos teóricos al alumno: desde el envío de manuales en papel hasta vídeos o televisión de internet, en la que se puede interactuar con el directo que estamos siguiendo.
Si estás en una situación que te obliga a pasar tiempo en casa, más del que te gustaría, te animo a buscar un curso por Internet que pueda servir para tus intereses personales o profesionales. Verás que se hace muy ameno porque no quedas en soledad frente a una pantalla o con una serie de libros, sino que estableces una red de contactos que enriquecerá tu día a día.
viernes, 24 de abril de 2009
La vida puede ser mágica
Pienso que este vídeo expresa muy bien que la vida puede ser magia. Lo he recibido en un email con una serie de frases que ayudan a desconectar:
- Olvídate de los recibos del gas ... la luz ... teléfono ...
- Olvídate del compañero de al lado, sí, ése que te está haciendo la puñeta... o del que te lo encuentras por los pasillos y ni los buenos días sabe dar
- Olvídate de la avería del coche o de la moto
- Olvídate de las notas del niño
- Olvídate de las malas noticias en el periódico
- Olvídate por un instante de los números rojos…
- Que todo lo negativo quede fuera de tu mente… durante un momento…
Simplemente... que nunca te falte un poquito de magia en tu vida.
lunes, 15 de diciembre de 2008
La felicidad se pega
· Nuestro cerebro está equipado con neuronas que imitan la emoción que ven en otro
· Un estudio reciente dice que se puede ser más feliz rodeado de personas felices
· La felicidad no se transmite en el entorno de trabajo
Los neurocientíficos han constatado que nuestro cerebro está preparado para que sintamos empatía, gracias a las neuronas espejo.Giacomo Rizzolatti es el neurobiólogo descubridor de este sistema por el que nuestro cerebro produce una actividad similar cuando nosotros realizamos una tarea que cuando vemos a un semejante realizarla. También ocurre con las emociones: ver sentir a otro una emoción produce la misma emoción en nuestra mente.
Todo esto lleva a la conclusión de que el ser humano está hecho para ponerse en el lugar de los demás, con el objeto de comprenderlos, pero también de aprender de ellos, de imitar. Estamos equipados para sentir compasión por los demás. Tal vez, si no te sientes feliz, es porque te falta contacto social.
De hecho, un reciente estudio dice que, cuanto más felices sean las personas de tu entorno, más feliz serás tú.
Nick Christakis (Harvard School of Public Health) y James Fowler (Universidad de California) han utilizado el estudio Framingham Heart con el objeto de determinar en qué medida se es feliz, y qué factores influyen en ello. Antes, estos científicos habían demostrado que la obesidad es socialmente contagiosa, o que fumar se expande a través de la red social.
La investigación implicó a 5.124 adultos de edades comprendidas entre los 21 y 70 años y se les siguió desde 1971 hasta 2003.
Para valorar la felicidad, los científicos utilizaron una escala de valores referida a la última semana de la vida de los encuestados. Las 4 respuestas posibles eran: «me he sentido esperanzado con el futuro», «me he sentido feliz», «he disfrutado de la vida» y «he sentido que era tan bueno como el resto de la gente».
Me llama la atención que, en la encuesta (no científica) realizada por el periódico 20minutos, en la que se preguntaba ¿Estar con personas felices aumenta tu felicidad? un 8% de personas contestó: «Imposible, no conozco personas felices», un 12% contestó «No, hace más evidente que yo no lo soy» y un asertivo 10% reconoce que «Me da igual, no me influye.» Y eso que de los datos de Christakis y Fowler se puede deducir que tener amigos infelices a la larga te puede hacer infeliz. Quizá los resultados de la encuesta muestran a estos amigos infelices. Un consejo: no te alejes de la gente negativa, ¡huye de ella! En cualquier caso, también se ha demostrado que es más contagiosa la felicidad que la infelicidad.
Los científicos llegaron a la conclusión de que la felicidad es un fenómeno de lazos sociales, que incluso llega al tercer grado de relación: un amigo feliz en tercer grado (el amigo del amigo de un amigo) sube las posibilidades de una persona de ser feliz en un 6%. Al respecto, James Fowler apunta, «si el amigo del amigo de tu amigo es más feliz, esto tiene más impacto en tu propia felicidad que si te ponen 5.000 dólares extra en el bolsillo.» Quizá Fowler ha sido muy optimista en este comentario. Por lo menos a mí, me cuesta saber quiénes son los amigos de los amigos de mis amigos...
Para reflexionar: ¿es que ya nadie siente envidia de la felicidad ajena?
Una posible respuesta: la felicidad de los compañeros de trabajo no hace efecto. Puede ser que las relaciones con ellos/as se fundamenten en otras dinámicas. Si la felicidad de un compañero de trabajo se debe a que ha obtenido un aumento o un ascenso que nosotros estábamos esperando, no se activan las neuronas espejo. También puede ocurrir que no haya lazos emocionales en estas relaciones.
Lo ideal, lo que aumenta nuestra felicidad en un 42% nada desdeñable, es tener un amigo/a feliz que vive a menos de un kilómetro. Piensa, piensa, ¿qué amistades felices tienes a tan corta distancia?
Si no obtienes respuesta, puede ser el momento de hacerse amigo/a de los vecinos de al lado. Un vecino de al lado feliz marcó un aumento de la felicidad del 34% de su otro vecino.
¿Qué hay de los que viven no ya a menos de un kilómetro, sino dentro de nuestra propia casa, como la pareja? Las probabilidades de ser más feliz al lado de una persona de otro sexo son menores (suponiendo que hablamos de parejas heterosexuales). Parece ser que tomamos más datos emocionales de personas de nuestro mismo sexo, y esto refuerza la teoría de las neuronas espejo: cuanto más parecido es a nosotros el modelo, más nos identificamos y más lo imitamos.
Otro dato a apuntar es que existe una adaptación evolutiva a reír y sonreír, ya que esto estrecha los lazos sociales. Heredamos las neuronas espejo porque ver a otro feliz provoca en nosotros una liberación de endorfinas (la hormona de la felicidad) tan agradable que nos hace felices. En los primates pueden apreciarse expresiones de sonrisa cuando están en un ambiente social relajado.
Ahora que sabemos todo esto, quizá convenga empezar a pensar en cómo nuestro estado de ánimo influye en los demás, y cómo podemos hacerles felices siéndolo nosotros también. Por supuesto, no se trata de fingir, ya que esto conlleva un enorme desgaste de energía. Pero sí que podemos buscar nuestros sentimientos más amables, y podemos empezar a sonreír, y comprobar si esto nos hace sentir mejor.
La posible crítica que puede hacerse a este estudio es que, las personas de una misma red social, suelen tener más características en común, por lo que tienden a influirles hechos parecidos (pertenecen al mismo equipo de fútbol, o tienen la misma ideología, o comparten actividades similares...). La felicidad de alguien con referentes culturales muy distintos quizá no nos influya tanto. De nuevo, las neuronas espejo. Si el modelo no se nos parece, no llegamos a comprender sus estados emocionales.
Para ser más feliz, como ya apuntaba en otra entrada sobre Orison S. Marden, podemos fijarnos en las pequeñas cosas de cada día, en lo cotidiano, y no esperar la gran Felicidad filosófica como valor absoluto y permanente. Si hoy has visto amanecer, si has visto tu pueblo nevado, si tu perro te ha saludado como si no te hubiera visto en años, o si el café estaba riquísimo, estas pequeñas perlas son ahora patrimonio de tu felicidad.
miércoles, 24 de septiembre de 2008
La alegría del vivir
Aprisionado entre otros seis y dos planchas de hierro a modo de sujeta libros, había un librito que se titulaba La Alegría del Vivir. Por curiosidad, lo hojeé, y vi que estaba subrayado en rojo, y que las frases subrayadas eran muy elocuentes, llenas de fuerza. Por ejemplo: «No están estas gentes definitivamente establecidas ni en verdad viven en el hoy y en el ahora, sino que confían en vivir mañana, el año que viene, cuando sus negocios prosperen y se acreciente su fortuna y se muden a la casa nueva con nuevos muebles y adquieran el nuevo automóvil para desechar todo cuanto ahora les molesta y rodearse de comodidades. Les parece que entonces serán felices, pues hoy no disfrutan verdaderamente.»
¿Quién es este tal Orison Swett Marden?, me dije leyendo el nombre del autor en la portada. La edición, de bolsillo, carecía de todo el encanto propio del lugar en que me encontraba. El libro no podía ser más feo; la traducción no era muy buena y estaba muy anticuada. Cada vez más interesada en ese pequeño objeto de anticuario, leí un poco sobre la vida de su creador. Orison fue coetáneo de Galdós, mi autor español favorito, y vivió una vida digna de unos Episodios Nacionales de EE.UU. De orígenes humildes, Orison Swett sólo pudo heredar de sus padres, que murieron cuando él era pequeño, su curioso nombre, que simboliza la oración y el trabajo. Todo en su vida fue una lucha para salir de su situación y llegar lejos, para dejar de ser un aprendiz apaleado por sus diferentes amos y convertirse en un gran empresario que escribía incesantemente, en privado, en secreto; que no cesaba de escribir mientras construía hoteles.
Cada vez más interesada en la sabiduría de Orison, y en sus poderosas frases, cerré mis manos sobre el libro y pensé llevármelo de allí a cualquier precio. Pero me salió gratis: el anticuario francés consideró que, dado el volumen de otras cosas que le comprábamos, aquel insignificante librillo podía ir de regalo, y eso que su precio era de tan sólo un euro. ¿Un euro por tanta enseñanza?, pensé, esto es un tesoro oculto.
Esto ocurrió en agosto, y he podido leer el libro al completo unas cuatro veces, lo he subrayado por todas partes y, cuando voy a viajar en tren, lo llevo en el bolso, y abro por cualquier capítulo y vuelvo a recibir el positivismo y la energía de Orison a través de los tiempos.
¿Qué puede decir Orison de especial, de importante, en menos de 160 páginas? Pues resume, a modo de librito magistral, todo aquello sobre lo que llevo investigando varios años. Recoge la semilla dorada de todo lo que después han dicho Stephen R. Covey, Anthony Robbins, Daniel Goleman, etc., pero me consta que hay un matiz: Orison lo ha vivido por sí mismo, lo ha experimentado, y saca estas conclusiones de su inspiración más profunda, de su observación de las gentes. Orison parece ser el primero (en occidente, en la cultura capitalista) de una larga cadena de conocimientos que nos hacen mejores, de lo que se llama desarrollo personal, y lo hace con frases que han resultado ser «citas célebres.»
En efecto, cuando busqué su nombre en Internet me pasó aquello que te pasa siempre que buscas algo en Internet: ves que miles de otros ya lo conocían, ya hablaban de ello, y ya lo utilizaban, y el tesoro deja de pertenecerte. Se me quedó una sensación de decepción, de sorpresa descubierta a destiempo, propia del ego. Pero también una sensación de alegría al comprobar que Orison sí pertenece al saber popular y no se había quedado perdido entre bibliotecas y anticuarios franceses.
Es muy posible que vaya a seguir citando a Orison durante un tiempo, pero me gustaría empezar a revelar aquello que he encontrado en él, por medio de sus frases, y por medio de lo que hay más allá de ellas, entre líneas. Cierto que el autor trata temas pasados de moda, basados en costumbres y valores de su tiempo (siglo XIX). Esto ocurre con muchos libros reveladores, que tienen partes menos reveladoras sencillamente porque están demasiado centradas en la época concreta en que se escriben, y no en los universales que pretenden transmitir. Separando el grano de la paja, y obviando la traducción de la época, podemos aún pulir el bello metal del libro.
Lo primero que destaca el autor es la búsqueda de la felicidad. «La felicidad es el destino del hombre» es la primera frase de La Alegría del Vivir. Orison observa que los seres humanos buscamos ser felices, esto es, tener goces y placeres, y al perseguir la felicidad, ésta se nos escapa una y otra vez. No tiene sentido buscar aquello que ya está en casa, pero que no sabemos ver. Los peces se preguntan unos a otros qué será aquello del agua, porque no se dan cuenta de que es su aliento mismo. En cambio, pequeñas satisfacciones enfocadas a dar, a ayudar, sí traen felicidad a nuestras vidas. Quizá imaginamos que la felicidad es aquello que nos ocurrirá cuando nos toque la lotería. Y es cierto que se debe de sentir un gran entusiasmo... que sin embargo dura unos instantes. O imaginamos que la felicidad se siente cuando estamos de vacaciones, es decir, alrededor de 22 días al año, veintidós días de trescientos sesenta y cinco. Vaya... Bueno, si sumamos los fines de semana, tendremos felicidad quizá 128 días, esto suena mejor, pero sospecho que no es el camino para encontrarla.
Me gusta mucho la forma en que lo pone Orison, pues compara la felicidad con un mosaico compuesto de pequeñas piezas de escaso valor, que colocadas en una combinación acertada, forman una joya preciosa. Esos pequeños momentos de felicidad que están esparcidos por nuestra vida los rechazamos porque no cumplen la talla mínima que imaginamos han de tener. Buscamos más la felicidad en la sobreexcitación del sistema nervioso, en comer, beber, en satisfacer los apetitos y alcanzar lo que deseamos, a veces a costa de nuestra propia salud.
En una cultura de insatisfacción crónica, nos parece siempre que lo que buscamos está en un horizonte más allá de lo que vemos, que seguramente cuesta mucho dinero y esfuerzo, y que pasa por centrarse en uno mismo. «Quien ande en busca de la felicidad, recuerde que donde quiera que vaya sólo encontrará la que consigo lleve. La felicidad no está jamás fuera de nosotros mismos ni tiene otros límites que los que nosotros mismos le señalamos.» Orison, como los sabios orientales del budismo, taoísmo o sufismo, pone el acento en buscar aquí y ahora, en lo que vemos, dentro de nosotros, sin pagar ni un duro, sin forzar nada, dejando que todo ocurra, centrándose en los demás. Y esto nos remite a la cita del principio, y a otra perla de nuestro amigo: «La felicidad dimana de dar y entregar, no de recibir y retener [...] La infelicidad es el hambre de adquirir; la felicidad el hambre de dar»
miércoles, 3 de septiembre de 2008
Los 10 mitos del coaching más frecuentes
Lo malo es que los profesionales de esta materia no podemos llamarla de otra forma, porque lleva a error. Si decimos que somos entrenadores, todo el mundo piensa en el entrenador deportivo, en que ciertamente tiene origen la palabra. Si decimos que se parece a... (terapia, PNL, mentoring, counselling...) sólo aumentamos la confusión, pues no es nada de esto aunque pueda compartir técnicas, y orígenes con algunos de ellos.
Y lo bueno es que el coaching no es nada místico, no es difícil de realizar, y aporta resultados claros y destacables. Lo que hace falta es dejar atrás algunos mitos que rodean a esta gran técnica de comunicación.
Mito: Es muy difícil definir coaching
Muy al contrario, está claramente definido y delimitado, y se explica en pocas palabras: coaching significa ayudar a las personas a definir metas claras y a establecer un marco de tiempo específico en el que alcanzarlas. El tipo de objetivo que se persigue es lo que diferencia un proceso de coaching de otro. Si el objetivo es profesional, personal, o una combinación de ambos, delimitará un coaching profesional, personal, empresarial, de conciliación de la vida privada y laboral, etc.
Yo no puedo enseñaros nada, sólo puedo ayudaros a buscar el conocimiento dentro de vosotros mismos; eso es mucho mejor que traspasaros mi poca sabiduría.
Sócrates Existen dos grandes corporaciones internacionales, la IAC (International Association of Coaches) y la ICF (International Coaching Federation), con sus propias definiciones de coaching. Según la IAC, coaching es una forma avanzada de comunicación, que sirve para ayudar a un individuo, organización o equipo a producir un resultado deseado, gracias a la co-creación de conciencia y a la resolución de los problemas. Según la ICF, coaching es ayudar a establecer mejores objetivos y a cumplirlos, es pedir al cliente que haga o sea más de lo que hubiera hecho/sido por sí mismo, y proporcionarle un enfoque, herramientas y apoyo para obtener resultados más rápidamente y conseguir más.
La clave: el coaching es un proceso bien definido, y las variaciones que pueda tener dependen de la persona que recibe el proceso (coachee) y del tipo de metas que persigue.
Mito: El coaching es sólo para las empresas
En España se está empezando a hablar de coaching, cuando en EE.UU. lleva en auge desde los noventa. La entrada de esta disciplina se ha producido desde el entorno empresarial, donde está apoyada por la consultoría, el estudio del clima laboral o la formación. El coaching sería entonces un elemento más de la labor de empresas consultoras de recursos humanos. Sin embargo, su práctica utiliza una serie de competencias que ayudan a la persona que lo recibe a darse cuenta de creencias que lo están limitando, a descubrirse a sí mismo/a, a sacar grandeza de sus capacidades, a contemplar más opciones o a aprender a aceptar su realidad tal como es, entre otras. Por tanto, toda persona con una meta a conseguir, sea en lo personal o en lo profesional, puede muy bien beneficiarse de un proceso de coaching.
La clave: la riqueza de esta disciplina es tal que no puede estar limitada a apoyar y ayudar en el entorno empresarial, sino que puede hacer mucho en el terreno personal.
Mito: El coaching enseña a los directivos a controlar mejor a sus colaboradores
Cuando surge el coaching en una conversación, muchas veces escucho que consiste en entrenar al directivo para ser capaz de despedir empleados, «echar la bronca,» exprimir más a las personas que trabajan con él/ella... Es posible que si un mando en una compañía siente que tiene poca asertividad y no es capaz de expresar una serie de disposiciones que su cargo le exige, recurra al coaching para mejorar en este punto. Sin embargo, el coaching está más bien enfocado a que la persona saque por sí misma su grandeza; sea con ella capaz de manejar conflictos, de tener conversaciones o de mostrar desacuerdo.
Por otro lado, cuando se entrena al directivo para ser el coach de sus colaboradores, se trata de que abra con ellos una comunicación de escucha activa, esto es, de verdadera y profunda escucha, respeto, e intercambio en un ganar/ganar.
La clave: el coaching no está hecho para que las personas sean peores, sino para que sean la mejor versión de sí mismas.
Mito: Se hace coaching a los que van mal en su trabajo
También he oído en más de una conversación que cuando se hace coaching a un trabajador, normalmente con un cierto cargo, es para «leerle la cartilla,» porque no ha tenido los resultados deseables. La sensación que transmite esta creencia es que el coaching es una especie de mobbing (otra palabra que ha entrado a formar parte de nuestro vocabulario), un acoso laboral por no ser capaz.
La realidad es que, si la compañía decide gastar una cierta cantidad de dinero en uno de sus profesionales para que siga un proceso de coaching, es porque pretende beneficiarle. En efecto, si estaba obteniendo malos resultados, el método de escucha y de búsqueda que propone el coaching es muy bueno para que él/ella mismo/a detecte por qué y pueda solucionarlo. En el coaching, el cliente es el único experto, es la única persona que sabe de su vida, de su trabajo, de sus conflictos.
La clave: el coaching ayuda a crecer, a encontrar puntos de mejora, partiendo siempre de que no hay nada que arreglar en el coachee, que es perfecto tal y como es.
Mito: El coaching es sólo para directivos, ejecutivos y altos cargos
Hasta este punto, es muy posible que se haya dado por hecho que el coaching está dirigido a personas que ostentan un cargo en una compañía. Como ya he apuntado, el coaching puede ser personal o profesional, y esto nos da una pista sobre este otro mito: el coaching puede ser para directivos o para el resto de humanos. La reciente introducción de esta disciplina en España hace que todavía esté muy limitada en su campo de acción. Por un lado, el que el coaching haya estado acompañado de otras técnicas le ha dado más cuerpo. Por otro, el hecho de que no haya un consenso sobre la titulación y experiencia necesarias, hace que remitirse a profesionales de la consultoría sea lo más seguro.
La persona que no responde al perfil de alto cargo no se plantea acudir al coaching para lograr alcanzar sus metas antes o alcanzar metas más ambiciosas. Simplemente no acude a nadie de fuera de su entorno, o busca un psicólogo para que le ayude en ciertas técnicas. Además, si el coaching no viene financiado por la empresa, la persona no se plantea invertir en su propio desarrollo personal.
La clave: empezar a ver el coaching como una extraordinaria herramienta de crecimiento para todo tipo de personas que persigan un objetivo.
Mito: El coaching sirve para buscar consejo, orientación, ayuda, y una respuesta
Muchas personas, cuando oyen decir a alguien que es coach, rápidamente le cuentan algún tipo de problema que tienen, esperando escuchar un buen consejo, que les den la respuesta al problema, y que toda la sabiduría provenga del coach. Asimismo, muchos coaches tienen la tendencia de dar soluciones a sus clientes, porque sienten que ven claro lo que el cliente no acierta a detectar. Esto es un tipo de error frecuente, pues dar la respuesta no es hacer coaching.
El coaching es un método socrático, es decir, basado en la forma de enseñanza de Sócrates: «yo no puedo enseñaros nada, sólo puedo ayudaros a buscar el conocimiento dentro de vosotros mismos; eso es mucho mejor que traspasaros mi poca sabiduría.» En el coaching, el cliente es el experto/a, es quien tiene la información sobre su vida, las respuestas, las potencialidades ocultas, quien persigue la meta. El coach es su socio para alcanzar la meta, su apoyo, pero también quien le habla claramente, quien le pide más, quien le pone un espejo delante.
La clave: si quieres respuestas, busca un mentor, consejero, consultor o psicólogo. El coach sólo te hará preguntas y alguna sugerencia.
Mito: El coaching es un tipo de psicoterapia disfrazado de novedad
No cabe duda de que el coaching profesional se centra en objetivos laborales, si bien la vida personal del cliente puede aparecer durante el proceso, y desde luego siempre su personalidad, sus capacidades, sus creencias. El coaching personal parece moverse en un terreno más inestable, puesto que las metas están relacionadas con aspectos quizá íntimos del cliente, y parece rebasar cierta barrera de “asepsia”, por decirlo de alguna forma.
En realidad, como hemos dicho, el coaching está muy bien delimitado. Está dirigido a personas que quieren pasar de la normalidad a la excelencia. Cuando el coach detecta que el cliente puede requerir terapia, es decir, tiene algún tipo de patología, su deber es remitirle a un profesional diferente, como es un psicólogo o un psiquiatra. Si bien un psicólogo sí puede atender a personas dentro de la normalidad para ayudarles en técnicas, habilidades y competencias, un coach de ninguna forma puede entrar en el terreno de la patología.
La clave: el coaching va al grano, se centra en el presente y el futuro del cliente, y le ayuda a alcanzar objetivos que le hacen pasar de la normalidad a la excelencia.
Mito: Hay personas a las que no se puede hacer coaching
Lo que sí es verdad es que algunas personas pueden no necesitar coaching, porque en este momento no persiguen una meta clara, o porque no pueden comprometerse a ella por determinadas circunstancias.
Cuando la relación de coaching no está dando su fruto, es el coach quien debe preguntarse qué está pasando, y no el coachee. El coach quizá deba cambiar de estilo, o debe en última instancia dirigir al cliente a otro coach. Cuando el coachee sistemáticamente deja de cumplir los compromisos consigo mismo/a, es importante detectar por qué. Pensar que hay que arreglar algo que está roto es olvidar que en el coaching se saborea de la realidad tal cual es. Quizá el cliente no realice las tareas porque el objetivo no está bien establecido, hay algo oculto que no hemos averiguado, o simplemente, ya no está interesado en su meta o en hacer el esfuerzo de alcanzarla.
La clave: es esencial buscar un coach con quien se esté cómodo/a, y es esencial preguntarse si de verdad se quiere alcanzar la meta y si se está dispuesto a trabajar por ella.
Mito: Es muy caro para lo que se obtiene a cambio
Muchas personas, tanto en el ámbito profesional como en el personal, ven el coaching como una herramienta que no tiene resultados directos sobre los ingresos, sino más bien sobre los gastos. Parece que el coach ha sido contratado simplemente para escuchar, eso sí, real y profundamente; y no se ve el retorno de la inversión.
Lo cierto es que el coaching puede dar resultados más consistentes que muchas otras técnicas: si el cliente pretende escribir una novela, el coach le pide que escriba un best-seller. Si el cliente busca mejorar en su carrera profesional en algún aspecto, el coach le desafía a encontrar un puesto que le da mayores ingresos o que le deja más tiempo libre para sus proyectos personales. Si el cliente no encuentra trabajo, el coach le ayuda a abrir las puertas de la efectividad. Del coaching se pueden obtener muchos beneficios personales, pero también económicos.
La clave: el plazo es crucial. No se puede realizar un cambio milagroso en unas pocas semanas aunque a veces ocurra, sino que es necesario que una serie de nuevas habilidades y creencias arraiguen en la persona poco a poco.
Mito: El coaching es una conversación sobre la mar y sus peces con alguien muy experto en algo un poco misterioso
Muchos han visto el coaching como una forma de confesión del siglo XXI. En efecto, alguien ajeno a la vida del cliente le escucha, le orienta por medio de preguntas a descubrir sus propias verdades, y al final todo parece una conversación interesante con un buen amigo.
Sin embargo, no hay coaching si no hay acción por parte del cliente. Si el coachee no realiza cambios, no se compromete a quitar las piedras del camino hacia su meta, o al menos a ignorarlas, todo queda en una conversación sobre la mar y sus peces. Algunas personas disfrutan al hablar con expertos en la materia que sea, por el criterio de autoridad: les parece una persona muy respetable e interesante, y piensan que su sabiduría se extiende a cualquier tema del que hablen.
La clave: el coach es un experto en la técnica de comunicación que realiza, con una serie de competencias y formación específica. Pero se habla de las metas del cliente, de su paso a la acción, del futuro del coachee