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lunes, 23 de mayo de 2016

¿Cómo pasar de ser el agente Patou a ser el regente del bar Moustache?

Al observar cómo funciona el mundo o ver el mundo funcionar desde una cierta óptica, me acuerdo de la escena de “Irma la Dulce” en que el camarero Moustache explica este funcionamiento al decepcionado agente Patou. Es la primera escena en que estos dos personajes interactúan.


(Imagen encontrada aquí)


- Mi querido muchacho, su modo de pensar no solo es absurdo, es también antieconómico, y sé de lo que estoy hablando, fui profesor de Economía en La Sorbona durante 6 años, pero esa es otra historia.
- Convendrá conmigo en que los ciudadanos decentes deben estar protegidos contra eso.
- Está bien, tomemos un ciudadano decente, veinte años casado y que pasa el día vendiendo cochecitos de niño. Por la noche necesita distracción, camaradería, y por tanto viene a la calle Casanova. Se reúne con una chica, ella le da un poco de amistad y él un poco de dinero, la chica da el dinero a su novio, y él lo gasta en bebida, en gemelos o en las carreras. E incluso a veces, da un poco de ese dinero a un policía.
- ¿Soborna a un policía?
- Y ahí viene lo estupendo, porque el policía coge ese dinero y compra un cochecito al ciudadano decente. Y así el dinero se mantiene en circulación. ¡Todo el mundo es rico! ¡Todo el mundo es feliz!

En ese momento el agente Patou no lo sabe, pero acabará pasando por todos los roles que un momento antes ha criticado: agente sobornado y chulo de putas. Aun así, no perderá su encantadora ingenuidad, y conseguirá salir del ciclo fatalista descrito por Moustache.
Puede que sientas lo mismo que Patou y te indignes a la vista de las injusticias a tu alrededor. Sin embargo, el mundo no tiene por qué ser justo. Según Wayne Dyer, la justicia no existe. Nunca ha existido y jamás existirá. Si observas la naturaleza, ves que no hay justicia en este mundo: los animales se comen unos a otros, hay grandes catástrofes cada día, y muchas veces afectan a los que menos pueden recuperarse de ellas. El mundo y los seres que viven en él, incluidos los humanos, son injustos todos los días. “Los que tienen dinero no son condenados. A menudo, los jueces y policías se venden a los poderosos”, dice Dyer.

La preocupación por esta justicia tiene su origen en dejar que el comportamiento de los demás sea más importante que el tuyo propio. Es una búsqueda de comparaciones con la que se crea un listado, buscando que todo esté en equilibrio, que obtengas lo mismo que los demás.

Lo contrario es hacerte cargo de tu propia vida, decidir lo que realmente quieres y buscar los medios para lograrlo, aceptando que la vida no es perfecta, o que es perfecta tal como es. Por tanto, si no te gusta ser el agente Patou y observar descorazonado cómo es la naturaleza humana, si tampoco te convence entrar a la rueda de roles que viven al margen de las normas, normas que tampoco tienen por qué ser justas como vemos, puedes elegir ser Moustache, el dueño del bar del mismo nombre.

Lo fundamental para salir de cualquier círculo vicioso es entender que se forma parte de él. Conozco muchas personas que critican despiadadamente a las grandes marcas de ropa por explotar trabajadores en el tercer mundo, pero después compran esta ropa e incluso alegan: “Claro, es que no tengo dinero para hacer otra cosa”. Entonces forman parte del ciclo y lo alimentan.

Una vez has comprendido que formas parte y que todo lo que ves y vives, lo veas como grandes injusticias o como la vida tal como es, el siguiente paso es buscarte un papel en el sistema con el que realmente te sientas cómodo, quizá el de Moustache.
¿Cómo es ser Moustache? ¿Qué características tiene este rol? El camarero y dueño del negocio observa el funcionamiento del mundo y está al servicio de los que juegan los roles protagonistas. Trabaja para ellos, vive gracias a ellos y simplemente acepta las cosas tal cual son. El trabajo de Moustache ha de ser uno que no está dentro de los ciclos fatales, en los que solo se puede ir con la corriente o se te llena la boca de plumas. Es un trabajo que se queda fuera de ese ciclón. Pero no se aísla del ciclón, convive con él.
Se me ocurren trabajos similares: el propio del dueño del bar, un instructor de buceo, un freelance que trabaja como consultor, no como falso autónomo, el realizador que acompaña a una estrella de rock en los conciertos, David Attenborough, un actor/actriz...

Hace falta admitir en tu vida un cierto grado de casos, de desorden. Hace falta aceptar la incertidumbre, reconocer que no se tiene el control.

Aceptar el fracaso, los fallos y sobre todo, aceptar el vacío, esos momentos en que nada se mueve, en que todo es incógnita, en que parece que tu subsistencia peligra.

Y hay que aceptar la crítica, el exponerse, el que haya personas con otro guion que responden de formas sorpresivas, adaptarse entonces a ese guion y elaborar sobre él sumando, nunca restando, olvidando el famoso “sí, pero…”.

Aceptar que las cosas están por crear, que se crean según suceden y no según un listado que mantienes para tener sensación de seguridad.

Los que tienen éxito en esto están tranquilos en cualquier circunstancia, dicen sí a todo como es, están a gusto donde están, flexibles y abiertos a lo que venga.

¿Eres un@ de ell@s? Cuéntanos tu experiencia, ¡queremos saber más!

domingo, 16 de noviembre de 2014

El ateo que tuvo una visión divina

Ramiro Ortega era un hombre de unos cuarenta y cinco mal llevados o cincuenta estupendamente llevados. Era alto y tenía una complexión física grande, fuerte, pero no gruesa. Su pelo era tirando a rubio y sus ojos tirando a verdes. En conjunto, era un hombre que pasaba desapercibido, poco atractivo y además ateo.

Un día iba andando por la calle y de pronto se encontró con un hombre que llevaba el pelo largo, tenía la tez oscura y vestía una especie de sayo que le llegaba hasta los pies, en los que llevaba unas sandalias. La primera palabra que vino a la mente de Ramiro fue "hippie", y después "árabe o judío", y después aún pensó que ese mendigo debía de estar helado porque estábamos en febrero y el propio Ramiro llevaba una cazadora deportiva roja bastante calentita.

El hombre llegó hasta él y le dijo: "Vengo en nombre de mi padre, para predicar la paz en la tierra. Todos somos hermanos". A las palabras que ya había pensado Ramiro se unieron "testigo de Jehová" y "cuidado, está pirado", y su primer impulso fue sacar la cartera para ayudar al sin techo, y al mismo tiempo un segundo instinto le pedía protegerla de un posible robo. Por otro lado, lo que decía el hippie era tan extraño que quiso averiguar un poco más. Le preguntó si tenía qué comer, y el otro le dijo una cosa más extraña aún: "Puedo multiplicar panes y peces, y convertir el agua en vino, pero ahora necesito llevar mi mensaje a los hombres". Definitivamente para Ramiro, este hombre no estaba bien de la cabeza. Le preguntó: "A ver, ¿tienes papeles?". El otro parecía perplejo: "¿Papeles?". Entonces Ramiro pensó que allí cerca había una comisaría de policía y podía acompañar al mendigo. Pero claro, igual le metían en prisión para luego deportarle. No le gustó esta idea, quiso un destino mejor para el tío del sayo, y recordó que por la zona había un comedor de Cáritas donde podía dejarle, casi depositarle, como si fuese un objeto perdido.

Se fijó más en él y le extrañaron varias cosas: no olía mal, estaba limpio, su mirada era muy profunda y le había hablado en perfecto español. "¿Llevas mucho tiempo en España? ¿Cómo te llamas?", le dijo. Y el hippie del sayo le respondió: "¿España?". Ante la perplejidad de su mirada, Ramiro se confirmó en la idea de llevar a este hombre al comedor de Cáritas y deshacerse de él, e irse él mismo a comer, pues le estaba entrando hambre. Así que le guió, el otro le seguía dócil, como un perrito, y le llevó a aquel comedor de ayuda social. "Bueno, macho, aquí te dan de comer y a lo mejor te ayudan con los papeles. Yo me voy, que he quedado. Toma cinco euros por si necesitas algo, coger el metro o algo". Aquel hombre cogió el billete y lo miró con extrañeza, miró a su alrededor, y asintió con un gesto.

Unos días más tarde, Ramiro lee en el periódico: "Hombre de 33 años, sin papeles, de origen judío y que dice ser Jesucristo parece multiplicar la comida en el comedor social de Cáritas situado en la calle Hernani, 66". Y se fija en la foto y sí, parece un Jesucristo el hombre. Ramiro se dice: "Qué pena de inmigrantes".

(Puede que continúe...)

¿Sabías que Jesucristo es el meme más popular de la historia?



miércoles, 22 de octubre de 2014

Quien mucho abarca, poco aprieta

He pasado casi un año sin escribir. Bueno, seamos precisos; sin escribir en mis blogs. Ni siquiera sabía sobre qué escribir, aunque no he dejado de reflexionar sobre mil cosas (tal vez demasiadas). Seguía apuntando cosas en mi diario, pero cada vez me cuidaba menos de disfrutar de la voluptuosidad de la escritura; de hecho, había dejado de ser un placer para mí. Por otro lado, me enviaba a mí misma emails con ideas para una futura novela. También, algo inconsciente me urgía a llevar siempre conmigo papel y boli. Compré una agenda y a veces escribí en ella pequeñas reflexiones del día, del momento, pequeños apuntes sobre lo positivo del día o sobre sucesos que “hay que” apuntar, como citas médicas, cumpleaños y grandes ocasiones.

Realmente no sé bien por qué no he escrito. Cuando queremos explicarnos algo, lo logramos, encontramos las causas sí o sí, sean o no las verdaderas causas; incluso si no había ninguna causa. Así que yo también he encontrado razones para este silencio, el silencio de mi opinión subjetiva ante diversos temas psicológicos, humanos, sociales. Estaba demasiado absorbida ahorrando tiempo para los hombres grises. Siempre supe que antes o después me visitarían. Y lo han hecho. Como es habitual, no recuerdo la visita, no recuerdo el cálculo escalofriante de las miles de horas que puedo ahorrar, vistas a la luz fría del humo de sus cigarros. Lo que recuerdo es que tengo que ir más deprisa, más deprisa, más aún, hacer más, retener más, tener más datos, muchos más, en la cabeza, y después de eso, acumular más aún. La cultura del positivismo (sobre esto ya escribiré un post más ilustrado), del ir a más a toda costa, del crecimiento por el crecimiento, incontrolado, cuanto más mejor.

Quizá me ha embaucado la creencia de que la actividad me iba a hacer olvidar la crisis de los cuarenta. Y no, al revés, la ha intensificado. Y eso que no tengo 40 (todavía). Me he dejado llevar y conquistar por la actividad por la actividad, como si fuese la rueda de un engranaje que creyese que estaba ahorrando tiempo y por tanto rejuveneciendo. Por si el trabajo no era suficiente, hice también muchos cursos, como para estar “a la última”, enterada de todo, en todas partes. Quien mucho abarca poco aprieta es el refrán que me viene ahora a la cabeza intentando describir cómo he sido este año. Al mismo tiempo, trataba de especializarme en algo en lo que ya estaba especializada, el e-learning, un sector que también requiere estar muy informado.

De fondo, tenía una sensación clara de que no podía escribir sin hacer referencias al menos a un libro, cinco enlaces, o veinte. De nuevo mostrar que abarco mucho, que me entero de todo, y que además lo aplico en seguida y produzco un texto decente, legible y entretenido.

Ahora he vuelto, no sé por cuánto tiempo, sé que ya no estoy tan absorbida. He rescatado un buen curso de Salvat sobre la práctica de la escritura, que coleccioné con paciencia en papel, y que era muy bueno. Probablemente cuando los hombres grises ya te han visitado es imposible retroceder, pero sí que se puede abrir los ojos, mirar a tu alrededor y descubrir que lo que te rodea es mucho más grande que tú. Es una forma estupenda de poner en perspectiva las miles de cosas banales que me he propuesto retener, en parte porque parece un requisito de mi trabajo, un requisito que he extendido al resto de mi vida durante este año de ahorro de tiempo. Miras más allá, abandonas la mirada miope, normalmente recogida por una pantalla de ordenador, de teléfono, de tableta… Cuando abandonas la mirada miope ves lo grande que es todo y lo pequeño que es esto tuyo, esta paja mental tan propia de manicomio.

Te invito a mirar más allá, a mirar a todo, a abarcar lo máximo con la mirada para poner en perspectiva lo que realmente abarcas tú. Es lo que he hecho, y creo que esto me ha permitido recuperar algo de cordura y de creatividad, lo suficiente para poder volver a escribir, y que tú me leas. Gracias.

lunes, 29 de septiembre de 2014

La atracción de lo sórdido

En un capítulo de la serie Mad Men, cuando el protagonista (Don Draper) evoca parte de su infancia, aparece un vagabundo que se aloja en su casa familiar por un día. Los padres de Draper mencionan los prejuicios que les evoca esta persona sucia, de ropas viejas, errante, perdida. Y se los mencionan a él, atribuyéndole aspectos negativos, como la creencia de que les va a robar la paga que le prometen por ayudarles en la granja.  Cuando el niño Draper habla con el vagabundo, la primera pregunta que le hace es: Tú no eres vagabundo, ¿verdad? Y el vagabundo le da la razón, le dice que él tuvo esa vida de oficina, mujer e hijos, casa y “seguridad”. Pero un día lo dejó todo y se fue, y entonces se sintió libre, entonces logró dormir, fuese bajo las estrellas, en un albergue o donde le sorprendiera la noche.  Esto deja al niño pensativo.

Ayer en Página 2 se hablaba de autores que comenzaron a publicar tarde, más allá de los 40. Uno de ellos, Charles Bukowski, había dicho que cuando tenía un trabajo de oficina tenía dinero, y que si se dedicaba a escribir no ingresaba nada. Pero que prefería esta situación, y que si tenía que volver a un trabajo de 8 horas de oficina, se suicidaría. En concreto, en un diálogo de El incendio de un sueño, podemos leer: “No hay ningún trabajo decente. Si un escritor abandona la creación, está muerto”.

Gary Cooper protagonizó una película de Frank Capra, Juan Nadie, en la que daba cuerpo a un vagabundo que se hace pasar por un hombre recién despedido y atormentado por ello,  inventado por una periodista a la que habían despedido realmente del periódico en que trabajaba. Este Juan Nadie, o John Doe, decía en la carta creada por la periodista que se iba a suicidar porque no soporta este fracaso. Pero a mí el que me interesa es el personaje secundario, “el coronel” otro vagabundo que le recuerda continuamente a John que se está metiendo en un lío: la verdadera libertad está en ser un vagabundo que no tiene nada, y quien nada tiene, no está atado por nada. Para el coronel, los “zapatos de tacón” son aquellos que se centran en sacar dinero a los demás, y de los cuales conviene apartarse para llevar una vida libre. Considera que John se va a acostumbrar a un montón de cosas que le van a llevar a hundirse. Como la periodista va a pagar dinero a John por hacerse pasar por el vagabundo y dar charlas, el coronel considera que este dinero va a corromper al vagabundo. Le dice que el dinero le va a llevar a entrar en restaurantes, comer cosas maravillosas y esto hace daño a la persona. El dinero funciona como una druga: primero se quiere comer bien, luego dormir bien, en una habitación confortable con cortinas y alfombras y antes de darse cuenta, ya no le es posible al vagabundo dormir a menos que sea en una buena cama. Después te abres una cuenta bancaria y es entonces cuando los hombres de zapatos de tacón te han atrapado.

Sangonera es un personaje doble en la novela Cañas y Barro, primero sale su padre, y luego él toma el relevo, asegurando el avance generacional del relato. Me fijo en el segundo Sangonera, el hijo, porque es quien mejor nos relata su filosofía de vida. Hablando con Tonet, el protagonista, Sangonera afirma una y otra vez que trabajar es insultar a Dios, porque es dar por hecho que Él no proveerá, que necesitamos más de lo que Él nos da. Para Sangonera, el fin del trabajo es atesorar “aunque sea miseria”, pensando a todas horas en el mañana. Y esto convierte a los hombres en bestias. El trabajo regular y monótono, tener una casa, una familia, tratar de asegurar el mañana; todo esto es no confiar en Dios.


Y es que me da la sensación de que todos estos vagabundos tienen “su razón”, tienen razón, lo que dicen es cierto desde un cierto punto de vista. ¿Quién puede juzgarlos? Las posesiones te poseen, es algo que las filosofías orientales llevan miles de año explicando. ¿Qué significa realmente trabajar? ¿Cuál es el fin del trabajo? Ya he reflexionado otras veces en el blog sobre esto, porque, desde que el trabajo pierde la conexión con sus resultados directos (comer, tener dónde dormir, estatus), pierde el sentido. Me imagino muchas veces que de pronto tenemos que vivir “en la selva”, sin ninguno de los medios que tenemos ahora en las oficinas; principalmente sin electricidad. Y creo que moriríamos muy rápidamente. Como decía el Coronel, nos acostumbramos a una buena cama y luego no podemos dormir.

Dedicado a Daviss.

jueves, 2 de agosto de 2012

Iba en el tren, leyendo a Murakami...


Esta mañana iba en el tren leyendo a Murakami (Crónica del pájaro que da cuerda al mundo) y estaba, por cierto, en una parte intrigante, deseando saber qué iba a pasar después.

Una mujer ha empezado a hablar en medio del tren. Los trenes de cercanías en que voy cada mañana al trabajo son como un gusano interminable, todo de corrido; los vagones están unidos en un bloque. A veces hay 2 de estos grandes bloques.

Y esta mujer ha hablado alto y claro. Morena, no muy alta, proyectaba la voz con potencia. Yo miraba a otros pasajeros. No éramos muchos. Unos iban leyendo, otro estaba haciendo un Sudoku; había quien no hacía nada.

Al principio, cuando ha empezado a presentarse, la reacción común: la gente haciendo como que no oye, que sigue leyendo, que eso no va con ellos. Incluso yo trataba de saber cómo continuaba la historia de Murakami.

Pero la voz de la mujer se hacía oír, no ya por lo bien modulada que estaba, sino más bien por su locuacidad, su discurso perfectamente estructurado y rico en vocabulario, de una persona con estudios.

Ella estaba diciendo: 
«… soy licenciada en educación infantil por la universidad complutense, colegiada con el número XXXX, he dado clases a niños de 3 a 4 años y de 4 a 5 años, y ahora que no tengo trabajo [no he llegado a oír lo que había pasado con su puesto] tampoco he podido pagar la casa, y me desahucian.
»Lo habéis podido ver en Cuatro, en Callejeros, han venido los policías a mi casa y nos han echado, a pesar del apoyo de la plataforma contra los desahucios. Los policías agarraron a mi hija de 16 años del pelo, la querían llevar a rastras, los de la plataforma intentaron impedirlo, ahora hay una denuncia por agresión a los agentes, cuando la agresión fue de ellos hacia nosotros…»
Creo que en este punto ha sido cuando el discurso me ha conmovido hasta tal punto que incluso deseaba que terminase, que por favor, dejase de contarnos su historia, que ya estábamos totalmente convencidos de que necesitaba ayuda.

Pero la mujer seguía, porque necesitaba hacerlo. Con esa voz agradable y esa forma de expresarse propia de una profesional de la enseñanza, seguía:

»Yo antes estaba a ese otro lado, sentada, y no le deseo a nadie de ustedes que tenga que estar en mi lugar, de pie, en medio del vagón…»

Se oía la angustia, la desesperación. «… he llamado a muchas puertas, a muchas…», se oía “soy como vosotros y no sabéis el dolor que es ponerme en este otro lado”. Se oía, se palpaba, y se filtraba.

¿Cómo ayudarla? 
Al margen de dinero, me hubiera gustado darle más ayuda, pero mucha más. Le he sugerido que dé clases particulares, a todas las edades, no solo a los niños. Cuando ella estaba muy cerca de mí, he visto que tenía la cara llena de lágrimas. “Ella podría ser yo. Podría ser cualquiera de nosotros”.

Al salir del tren, he recibido un pasquín, con el mensaje principal de “Marcha a Madrid. 15SEP2012”

Lo he leído entero. Solo quiero decir que los mineros ya han marchado a Madrid, y que marchar a Madrid no es suficiente, aunque es mejor que simplemente renviar correos en que vemos a las personas que están a nuestro servicio, “representándonos” reírse de nosotros. A mí no me molesta tanto el “Que se jodan” como la cara de satisfacción, la sonrisa de esta elementa, al decirlo. De Montoro me molesta todo, pero la sonrisita y la risita cuando habla de duras medidas… ¿Acaso estos individuos disfrutan con esto?

Creo que se necesita mucho más que movilizaciones (aunque por algún sitio hay que empezar) y que lo que se necesita no me gusta nada tener que vivirlo.


sábado, 28 de julio de 2012

Tenemos lo que queremos


Ayer vi la película “The Guard” (El irlandés), una película de humor negro genial, peculiar, refinada en la creación de cada personaje. Una película especial, que deja un gusto agradable.

¿Y dónde ponen esta película?
Al menos en el centro de Madrid, está en 9 cines, 3 de ellos en versión original.
Para hacer una comparación, la película de Batman “El caballero oscuro” está en 27 cines, 6 de ellos en versión original. Es decir, está en 3 veces más cines que “El irlandés”.

¿Cómo me enteré de la existencia de esta película?
Fue por un anuncio en prensa en que vi el cartel con muchos premios listados arriba: Festival internacional de cine de Valladolid, Globos de Oro, Academia de Cine y Televisión de Irlanda, Premio Peter Sellers de Comedia, Premio del Público en el Festival de Cine Británico de Dinard (Francia) y en el Festival de Sarajevo.
(No es que en aquel momento me fijase en lo que ponía en todos estos premios, sino que hábilmente he recurrido a una ficha sobre la película J).

¿Y por qué no está esta película en el cine más cercano?
Aquí entra el tema de las distribuidoras. Tengo entendido que, para que una película llegue a un cine, se le imponen además otras varias de mucha menor repercusión. De forma que un cine con 8 salas, pone 3 o 4 películas de una misma distribuidora, 1 película europea por narices, y otras 3 o 4 películas de otra distribuidora.

Reflexionando ayer sobre esto, me acordé del tema de las frutas y las verduras.
Los distribuidores rechazan cada día kilos y kilos de frutas y verduras que no tienen los estándares requeridos, no solo de calidad, sino de forma y tamaño. A pesar de que los consumidores digamos que esa fruta tan igual nos parece de plástico, lo cierto es que, si nos intentasen vender aquello que se tira cada día, no lo querríamos. Lo vi en un reportaje, vi cómo las señoras rechazaban aquellas naranjas que “estaban feas”.

Y pensé, ¿quién quiere esto, quién lo decide? ¿Acaso los distribuidores son unos malvados personajes que filtran la realidad?
Y llegué a la conclusión de que somos nosotros mismos los que queremos esto. Nosotros queremos las frutas todas iguales, las verduras también, todo brillante, del mismo calibre y todo de plástico. Igual que nosotros queremos películas todas iguales, todas brillantes, del mismo calibre y todas de plástico.

Tenemos lo que queremos.

martes, 3 de julio de 2012

La cultura del presentismo



Un aplauso a las empresas que se han unido a la corriente de la racionalización del horario, impulsada por la Comisión Nacional de la Racionalización de los Horarios Españoles (ARHOE).

Quizá la productividad no aumente en España porque se confunde con número de horas trabajadas. Sin embargo, falta un término en la ecuación. La productividad es la cantidad de producto por unidad de tiempo. Ocurre que, si aumentamos la cantidad de tiempo sin aumentar la cantidad de producto, la productividad disminuye. Es decir, alargar el número de horas no garantiza más cantidad de producto.

Además, determinadas horas son altamente improductivas, como las que se trabajan después de comer. Acostumbrados a comidas copiosas, nos enfrentamos a tardes en las que la sangre está en el estómago, y lucha por intentar subir al cerebro.

Ya habíamos hablado en nuestro blog sobre la importancia de conciliarla vida laboral con la personal.

Esta conciliación supone un factor de motivación de primer orden, para cualquier trabajador, esté en la situación personal que esté. Poder mantener aficiones, amistades, descanso suficiente y hábitos saludables, es algo que repercute de forma directa y positiva en el rendimiento del profesional.

También habíamos mencionado la absurdez de tratar de ahorrartiempo, porque es imposible por definición.

¿Qué buscan en realidad las empresas españolas cuando alargan el horario de forma generosa o no conceden jornadas intensivas en verano? ¿Qué se gana? ¿Acaso han hecho el análisis de lo que supondría que esas jornadas se rigieran por el sentido común?

Carlos García-Mauriño, presidente de ASEFARMA, sí lo ha hecho. Es tan solo un ejemplo de empresa en que se han implantado medidas de flexibilización de horarios y conciliación. Esta empresa ofrece la posibilidad de que los profesionales trabajen desde su domicilio, la aplicación de un horario continuado o la reducción de jornada en la proporción adecuada a las necesidades de cada trabajador, entre otras medidas.
La cuenta de resultados de esta empresa ha reflejado un aumento de la rentabilidad del 30%, gracias a estas y otras medidas.

¿Cuál es tu caso? ¿Tu empresa fomenta la conciliación? ¿Qué opinas de los horarios partidos?

lunes, 18 de junio de 2012

Vacaciones de verano... ¿para ti?


Dentro de poco comienza el verano. Ya quien más quien menos, todos tenemos en mente las vacaciones. Quizá algunos (o muchos), desde hace unos meses, ya que el calendario laboral se ha secado de festivos hasta el 15 de agosto, al menos en Madrid.

A pesar de la crisis, todos intentaremos irnos. Sí, ese “todos” generalizado que suele tener excepciones. La crisis ya no es solo la crisis; es una gran depresión. Pero “el pueblo de los padres” está ahí. Y los que no solemos ver la playa durante el año, queremos ver “cualquier” playa. Esto sí que es curioso, me comentó una persona de una zona de costa que aquí usamos la expresión “a la playa” para responder a “¿Dónde te vas de vacaciones?”. Y que en la costa eso es como decir: “al parque”. Ya pero ¿qué parque? ¿Dónde? A los de interior nos da igual qué parque, realmente.

Antes de irnos, sin embargo, ya estamos pensando en la vuelta. Conozco mucha gente que dice: “ya verás a la vuelta, el contraste, el choque”. Y todavía no se han ido. Esto lo nombra Osho en el Libro de la nada. Llevamos un cierto tiempo pensando en un futuro idílico, esas vacaciones en la playa, y al tiempo pensamos ya en la vuelta.

Y lo peor, estando allí, estando en el lugar soñado, deseado, y sabiendo que permaneceremos tan solo unos días, unas semanas el más afortunado, pensamos ya en volver. Quizá incluso empiezan las peleas familiares/conyugales, y se está “deseando” volver para recuperar la normalidad, lo que yo llamo el estado vegetativo.

Vamos que, teniendo una oportunidad de estar despiertos, de vivir la vida intensamente, de disfrutar de aquello que durante el año nos parece tan difícil (aire libre, sol, agua, excursiones, buceo, juegos, siestas interminables, salidas nocturnas al raso…) llegamos allí y no sabemos.

Parece que, al no tener entrenamiento en el ocio, se nos muere la capacidad de gozar. Y esto sí que me parece triste. Gozar, reír, sentir. De tanto tiempo en estado vegetativo se nos escurre la espontaneidad, se nos oxidan las ideas, y se nos acartona el cuerpo.

Bueno, pues este año, en lugar de permitir este desastre, ¿por qué no nos centramos en disfrutar de lo que podamos? Incluso aquellos que no tengan medios de ir a ningún sitio, ni playa ni pueblo ni dios que lo fundó, ¿por qué no aprovechan el tremendo calor para vivirlo a fondo, despertar, ser conscientes?

Ánimo, yo lo voy a probar.
¿Qué piensas? ¿Dónde te vas este verano? ¿Te quedas?
¡Cuéntanos!

viernes, 1 de junio de 2012

Estimada rata:


En estos tiempos no solo se han llevado el queso de donde lo tenías localizado, sino que te recorres el laberinto y no encuentras ni ese ni ningún otro queso. Pero el queso no se lo ha comido otro. El queso ha sido abducido.
Los tiempos exigen que nos identifiquemos con ratas, con cuervos, con buitres: rebuscando en la basura, recogiendo lo que rechazan otros, atacando todos a una un objetivo para poder derrumbarlo… y comerlo.

Lo que más me llama la atención es que veo personas muy válidas a las que les está costando encontrar una fuente de ingresos, mientras hay personas muy acomodadas en su puesto de toda la vida, ya sea en empresa pública o privada, que piensan que esto de la crisis no va con ellos.

Ayer decía Jean Ziegler que hay alimentos suficientes para alimentar al doble de la población mundial, así que la escasez la están provocando grandes corporaciones concretas, identificables, señalables y condenables.
Vamos, que como decía, el queso anda por algún lado. “debe haber”, “debe haber”… esto decía un alumno mío de contabilidad. Sí, justo por el Debe y el Haber de algunas empresas, de algunos bancos, es por donde se ha colado el queso. Al tomar formato contable, ahora no hay quien se lo coma.

Entoces, ¿qué hacer? ¿Peregrinaje en busca de otros laberintos con sus correspondientes quesos? ¿Permanecer en el sitio a ver si por arte de magia cae otro queso en la misma casilla? ¿Empezar a comerse las paredes del laberinto, que igual también alimentan?

Reaccionar es necesario, pero exige un esfuerzo mucho mayor, justo cuando menos fuerzas se tienen. No es lo mismo continuar con una rutina de comodidad que actuar para que la rueda gire en sentido contrario. No es lo mismo actuar lleno de energía que actuar desde el miedo, la tristeza o la desesperación.

Por eso creo que ahora lo que se impone es colaborar. No solo colaborar virtualmente en la red, sino ayudarse de verdad, avisarse, construir redes de trabajo que puedan proveer con costes muy bajos y sin la pesada estructura de una empresa. Estaríamos hablando de un tejido empresarial no ya formado por pymes, sino por micro-pymes o incluso individuos que son su propia marca.

Así que el paso es madurar, ser adulto, ser autónomo en las dos acepciones, y ser capaz de liberarse de la estructura de laberinto que tiene actualmente nuestra sociedad.

¿Qué opinas? ¿Estás de acuerdo?

Déjanos tus comentarios… y ¡Feliz San Viernes!

miércoles, 14 de marzo de 2012

¿Hace bueno?

Esto de que “hace bueno” lo vamos a tener que revisar. ¿Qué es hacer bueno? ¿Qué es bueno?


Cada día me levanto, me asomo y me digo: “otro día… igual”. Ninguna nube, aire frío al amanecer, calor al mediodía. Un hongo creciente sobre la capital y que se extiende a muchas de sus ciudades.


Es buen tiempo porque la humedad es contraproducente para muchas dolencias: artritis, reumatismos, enfermedades crónicas, problemas de estómago…


Es buen tiempo porque la ropa no tiene que ser tan pesada, no hay que llevar paraguas, no hay que incomodarse.


Es buen tiempo porque por primera vez vamos vestidos por la calle igual que en la oficina: como si todo el año fuese verano (excepto en verano, en que en la oficina debe vestirse de invierno.


Pero yo pienso que no, que no hace bueno. Y eso que a mí el tiempo que está haciendo, este verano en el invierno, me sienta mucho mejor que el invierno habitual.


Y es que una atmósfera poco húmeda provoca más electricidad estática. Igual que los electrones están alterados, parece que la gente está alterada, estresada, y esto solo puede ir a más con la primavera a la vuelta de la esquina.


Esta sequedad provoca multitud de síntomas incómodos: prolongación de las alergias, problemas respiratorios, estreñimiento, problemas de la piel…


Y por eso reitero que lo bueno se define de forma relativa. En Economía se estudia que es peor demasiado que demasiado poco. Esto significa que, cantidades excesivas de cualquier “bien” (bien, cosa buena) lo acaban convirtiendo en un “mal” (mal, cosa mala). Demasiado “buen tiempo” acaba siendo malo de la misma forma que demasiada agua puede anegar cosechas y desbordar ríos. Por esto nunca llueve a gusto de todos… ni a gusto de todos luce el sol.


Luego hay todo tipo de teorías, tanto las que defienden que este cambio en el clima lo ha provocado el ser humano como las que consideran que es ajeno a nosotros. Parece ser que ha habido bruscos cambios climáticos (en unos 50 años) en otras eras. Sea o no externo, cualquier medida que haga mejorar el medio ambiente será bienvenida. Si menos coches acceden a las capitales, menor será el hongo de contaminación. Otro concepto económico: ir en coche es bueno para mí y malo para los demás, pone el bien propio por encima del bien ajeno. La contaminación es una externalidad negativa, una consecuencia “mala” de algo que se supone que era el consumo de un “bien”.


A ver si deja de hacer bueno.


viernes, 9 de marzo de 2012

Que las cosas las haga otro

No me quiero molestar. No quiero hacer un esfuerzo. No me interesa tener que elegir. Que elija otro.

Estas son las consignas de la sociedad de consumo elevada al grado máximo: el consumidor como soberano, recostado en un rico diván, pagando para que otro le presente todo tipo de bienes y servicios, preseleccionados, y le indique lo que le va bien.

Por el lado positivo, surgen nuevas figuras ¿impensables en un tiempo anterior?: la señora que te cocina la comida, el señor que te hace los recados, o los trámites y papeleos, la personal shopper que te dice qué ropa puedes llevar y qué colores te favorecen, la que te limpia la casa, plancha tu ropa y lleva y recoge a tus niños. E incluso, el que te pasea al perro o cuida de él durante las vacaciones.

Hay un cuento oriental en que un príncipe ve ejecutar un baile bello y complejo, y se pregunta: “¿Por qué no buscan a alguien que lo haga por ellos?”. Lo imagino recostado, con sobrepeso, con una expresión de aburrimiento, de desidia, viendo a esforzados bailarines tratar de lograr la perfección ante sus ojos.

Y llegamos al lado negativo: cada vez que es otro quien nos saca las castañas del fuego, perdemos la oportunidad de hacerlo por nosotros mismos. Perdemos la oportunidad de entrenar habilidades, de aprender métodos más óptimos de lograr algo. Sobre todo, perdemos la oportunidad del disfrute, nos privamos de entrar en el estado de flujo al realizar una actividad; al “hacer” frente al “ver”.

El dejar que otro haga las cosas se extiende de forma soterrada y pulposa a otras esferas. Ya no hablamos de pagar a alguien para que nos “ahorre tiempo” (el tiempo NO se puede ahorrar), hablamos de dejar que sean otros quienes resuelvan por nosotros los problemas de trabajo… o las tareas del hogar. La expresión es algo así como: “Si cuela…”. En lugar de meterse hasta el fondo en una cuestión, “mancharse las manos”, sumergirse en los factores que influyen en una situación, la cultura del no me quiero molestar nos lleva a permanecer al margen.

Permanecer al margen puede ser interesante cuando vives la vida con conciencia plena, en primera persona, con una visión directa de la realidad. Esto no es lo común. Lo común es que, quien permanece al margen, esté anestesiado y viva la vida como si estuviera soñando… o teniendo una pesadilla.

Realmente estamos presentando dos casos extremos: la plena acción y consciencia y la falta de acción e inconsciencia. Es un continuo sobre el que nos situamos todos. ¿Hacia dónde prefieres tender?

Feliz San Viernes.

domingo, 4 de marzo de 2012

¿Te tomas 10 minutos?


El pasado 2 de marzo (San Viernes por más señas), hice una presentación-charla de mi libro Estar Mejor Que Bien.

A ella asistieron varias mujeres esperando que yo les hablara de los diversos temas que trato en el libro. Sin embargo, lo que a mí me interesaba es que ellas me hablaran de sus experiencias, de sus impresiones, vivencias e intuiciones, sobre diversos aspectos del desarrollo personal. Me apetecía conocerlas mejor, saber qué aspectos les podían ayudar e interesar.

¿Qué es la meditación?
Uno de los temas que surgió es qué es la meditación, y qué importancia puede tener. Existen miles de definiciones sobre lo que es y deja de ser meditar, basadas en unas u otras creencias. Sin embargo, he llegado a la conclusión de que meditar es poco más que no hacer nada, o que hacer algo y solo eso. Por ejemplo, cortar cebollas. En otra charla similar, una participante comentó: "Yo medito cuando corto cebollas".

Acallar el ruido permanente de nuestro cerebro es curativo. Es relajante, ayuda a re-conectar con nuestro yo más profundo, elimina lo accesorio, diluye las preocupaciones sin sentido... La quietud de la mente descontamina de toda la información que se nos ha ido quedando de forma pegadiza o pegajosa, como esas canciones repetitivas que uno no consigue quitarse de la cabeza.

La meditación te ayuda a ser feliz
Está demostrado que hacer meditación ni es difícil (es decir, no se trata de una técnica avanzada e incomprensible), ni es perjudicial. Todo lo contrario: desarrolla la capacidad de ser feliz. La alegría solo es posible desde la calma, desde la activación del sistema nervioso parasimpático. Pasamos demasiadas horas al día con el sistema nervioso simpático altamente activado. Demasiadas horas liberando cortisol, adrenalina. Pocas horas liberando endorfinas. Pocas horas solo "siendo", "estando".

Hay a quienes esto de "meditar" les suena muy aburrido. Son incapaces de frenar, tomarse diez minutos les parece una pérdida de tiempo. Cuanto más rechazo provoca la idea de parar sin hacer nada, de "hacer no haciendo", como dicen los taoístas, más necesario puede resultar.

¿Vives en un estado constante de miedo?
Se viven tiempos de incertidumbre, de carencia, de freno... de MIEDO. El miedo nos bloquea, es la emoción más restrictiva, estanca nuestra energía, nos ata casi literalmente de pies y manos. Ante esto, el comportamiento en las empresas es de locura. Es moverse como un pollo sin cabeza. Ahora más que nunca, en medio del pánico, del caos, del futuro incierto con tintes tenebrosos, es cuando es importante aprender a parar, respirar hondo, y meditar.

Para saber más:

http://www.bubok.es/libros/207244/Estar-Mejor-Que-Bien
http://www.elmundo.es/elmundo/2012/03/02/espana/1330679766.html

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Talento, creatividad y éxito: cómo ahuyentarlos de tu empresa

Día llegará en que se reconozca generalmente la posibilidad de trabajar más y mejor en menos tiempo. El trabajo sin el esparcimiento agota. Nuestra natural propensión al esparcimiento nos enseña que no debemos negarle su parte en la vida.

El cerebro que está ocupado sin cesar en una misma tarea no funciona tan vigorosamente como cuando descansa o varía de ocupación. El ser humano que trabaja de continuo sin esparcir jamás el ánimo, invalida su aptitud para la felicidad.

No ha de ser el ser humano tan esclavo del trabajo que agote sus fuerzas en procurarse un modo de vivir sin atender el perfeccionamiento de su carácter.


Esto escribió Orison Swett Marden alrededor de 1900 (hace más de un siglo). Y no podemos decir que se tratara de un hombre vago que buscaba escurrir el bulto y hacer la menor cantidad de tareas posibles. Al contrario, con unos orígenes bastante humildes Marden llegó a ser un gran empresario que construyó varios hoteles en EE. UU., no sin dejar de escribir incansablemente muchas obras similares a La alegría de vivir, que es de donde hemos extraído estas citas, obras para ayudar a las personas como tú y como yo a tener éxito y ver lo bonito de la vida. Se dice que Orison Swett Marden es el precursor de obras como Poder sin límites y El Secreto.

Podemos decir que Marden tenía talento y creatividad, y que tenía un éxito probado en los negocios. Es decir, la persona que afirmaba que se puede trabajar más en menos tiempo y que se necesita tiempo libre y descansos para el cerebro, fue capaz, con estas creencias, de desarrollar su talento, creatividad y éxito. Es más, yo diría que gracias a sus creencias que arriba recogemos, tuvo Marden este éxito.

Esto me recuerda a un libro que me influyó bastante en mi época de consultora de formación, Love’em or lose’em (Ámales o piérdeles). Es un libro en que se describe cómo retener el talento en una compañía, y cómo impulsar la creatividad para lograr el éxito.

En el mundo en que vivimos y en la situación en que estamos ahora, destacaré las razones económicas de por qué es interesante retener el talento. Las autoras del libro, Beverly Kaye y Sharon Jordan Evans, nos dan el siguiente ejemplo:

Un ingeniero con talento y creatividad pide un aumento del 15% del sueldo (digamos 15.000 $), y su jefe se lo niega. Este profesional encuentra otro trabajo en que le pagan un 30% más. ¿Qué proceso se desencadena después?



  • Se contrata a un cazatalentos al que se le pagan 40.000 $ para que busque a quien pueda reemplazar a nuestro ingeniero


  • Se encuentra a cinco candidatos cuyas entrevistas nos cuestan 5.000 $


  • Se selecciona al nuevo profesional, pagándole un bonus de 10.000 $, y él negocia el salario en un 25% por encima del anterior ingeniero


  • Nos enteramos de que el anterior ingeniero está obteniendo negocio para la empresa de la competencia de varios millones de euros


  • Los compañeros del que se ha marchado empiezan a irse también a la nueva empresa.


Este ejemplo puede parecer exagerado pero está basado en datos reales. Los directivos no suelen saber cuánto puede costarles perder a alguien de valor, porque nunca calculan esos costes.
Por otro lado, en el artículo de Alan M. Webber cuyo nombre dice todo “Peligro, compañía tóxica”, nos dicen que “No es verdad que la lealtad haya muerto. El problema reside en que muchas empresas reciben de su gente la respuesta que se merecen”. Vamos a destacar también los datos económicos, dado que algunos directivos solo son sensibles a los números:





Un estudiante de mi clase le preguntó a Russo por qué SAS hacía tantas cosas
para su gente.
“Tenemos alrededor de 5.000 empleados. El año pasado, nuestro
índice de rotación fue del 3 por ciento. ¿Cuál es el promedio de la industria?”,
preguntó Russo, a su vez. Alguien sugirió el 20 por ciento. Aunque le pareció
bajo, decidió usar ese porcentaje para su demostración: “La diferencia entre el
20 por ciento y el 3 por ciento es de 17 por ciento. El 17 por ciento de 5.000
personas representa un total de 850. ¿Cuánto cuesta la rotación por persona en
términos de sueldos?”. Los estudiantes estimaron el costo como equivalente al
salario de un año, sobre la base de un sueldo promedio de 60.000 $. Aunque Russo
volvió a considerar bajas ambas cifras, las empleó para seguir adelante con su
ejemplo: “Multipliquen 60.000 $ por 850 personas — dijo— ; eso es más de 50
millones de dólares de ahorro. Así es como la empresa paga el gimnasio, la
atención médica en el lugar de trabajo y el resto de los detalles pensados en
función de la gente”. De manera que si SAS puede ahorrar 50 millones de dólares
al año en menores costos de rotación, estamos hablando de ventajas financieras
reales.


Seguiremos hablando de estos temas; nos parece crucial en los tiempos que corren.







martes, 15 de noviembre de 2011

Algo muy gordo debe de estar pasando...




No me ha hecho falta una crisis para darme cuenta de que mi perra Kira vive mejor que yo.
Pero no es que mi perra viva mejor que yo, es que las mascotas de todos nosotros viven a cuerpo de rey, mientras que nosotros/as salimos cada día para traer el pan a casa…
¿Qué está pasando?

Parecía que, con la invención de los ordenadores, íbamos a empezar a tener una vida mejor. Antes, el sueldo solía provenir del cabeza de familia, y esta única persona mantenía a toda su familia. Entonces todo cuadraba. Posteriormente, el milagro: se inventan máquinas que trabajen por nosotros y “podremos ver a papá”.

Imaginábamos un futuro de robots en casa que te saludaban, al tiempo que, cuando te dabas la vuelta para ir a tu cuarto, te daba cierta aprensión, por si podían saltarse las tres reglas que les impuso Asimov.

¿Quién se imaginaba que los sueldos se iban a dividir por dos y que iba a hacer falta que dos personas de cada hogar, como mínimo, trabajasen para mantener a una familia de menos miembros? ¿Y quién se imaginaba que estos robots en realidad son ordenadores de los que hemos acabado siendo esclavos?

Pues a mí esta situación, gustarme me gusta poco, pero a mi perra Kira le encanta. Sí, ella me ve salir por las mañanas, y dice para sus adentros: “¡qué bien! Mamá se va al curro para mantenernos”. Luego se pasa durmiendo la mayor parte de la mañana, y a veces se pasea y se estira un poco. Cuando me ve, quiere salir a pasear. Yo la paseo por la mañana y por la noche, la doy de comer por la mañana y por la noche, la mantengo, le hago compañía. Cierto es que el perro es el mejor amigo del hombre, en este caso de la mujer, pero claro, no me extraña: tiene a su disposición a unos esclavos que, cuando terminan su jornada de esclavitud hacia el ordenador, comienzan su jornada de esclavitud hacia ellos.

Y yo repito: algo muy gordo debe de estar pasando para que las mascotas tengan una calidad de vida muy superior a sus dueños. Al margen de las primas de riesgo, y de su cuñado, algo muy gordo pasa en este “primer mundo occidental”. Y algo que no se arregla fácilmente…

jueves, 9 de junio de 2011

Deja de perseguir prioridades equivocadas



Llega a mi email una información de Marshall Goldsmith que quisiera compartir. Marshall Goldsmith es autor de 28 libros de negocios, muchos de ellos bestsellers. ¿Y qué nos dice este hombre? Pues que nos dedicamos a perseguir prioridades erróneas. Stephen Covey, otro autor similar, lo llama apoyar la escalera en la pared equivocada: cuando llegamos arriba nos damos cuenta de que no era ahí a donde queríamos subir.

Goldsmith menciona un estudio con jubilados que no habían sido directores generales. Se les preguntó sobre qué consejos darían a la gente joven. Se les preguntó:

“¿Cuál es la clave para tener una vida estupenda?” Y estas claves podían
resumirse fácilmente en tres puntos:


1) Sé feliz ahora. En la cultura de satisfacción continua de necesidades en la que vivimos, solemos condicionar la felicidad a alcanzar algo en un futuro. “Seré feliz cuando...”. Esto garantiza un estado de infelicidad crónica, de sensación de vacío continua, de escasez. Supeditar la felicidad a aquello que llegará (... cuando cambie de trabajo, tenga hijos, me case, me divorcie, tenga un coche nuevo, me haya ido de vacaciones) nos impide ver aquello que ya está aquí.


2) Aprecia a los más cercanos. Cuando estés en tu lecho de muerte, no estarás rodeado precisamente de tus clientes. Serán tu familia y amigos quienes estén ahí contigo. Y por cierto, no hay que tener 95 años ni estar en el lecho de muerte para descubrir esto. Basta con unos días ingresado/a en el hospital: entonces claramente se destaca quiénes son importantes en tu vida. Todo lo demás no es que quede en un segundo plano; es que desaparece.


3) Si tienes un sueño, persíguelo. Por estúpido que pueda parecer, por pequeño o grandioso que sea, es probable que sea más fácil cumplirlo ahora que a los 90 años, ¿no es así? Tu sueño puede ser conocer Australia, o escribir un libro, o montar un chiringuito en el Caribe (este lo he oído mucho, créeme). Lánzate ahora y prueba. Después puede ser tarde para ello. De nuevo, no hace falta llegar a los 90 para dejar de sentirse con las energías suficientes; a veces, ocurre mucho antes.

Y esto que cuenta Goldsmith, especializado en literatura para directivos, es perfectamente aplicable a los líderes en su quehacer profesional. De nuevo, tomando las 3 claves que acabamos de ver:

1) Es clave divertirte en tu trabajo. Lo cierto es que los superiores rara vez transmiten entusiasmo a sus colaboradores (sólo hay que ver que, claramente, no se están divirtiendo en absoluto). Una vez leí que, para saber si un trabajo era lo tuyo, te fijaras en tu superior: es lo que podías llegar a ser. ¿Sí? ¡Pues que espanto! Fijarme en personas que habían llegado “a lo más alto” me ayudó mucho para huir de trabajos realmente tediosos.


2) Ayuda a tus colegas. Cuando miras atrás a tus experiencias laborales previas, lo que sueles recordar es a las personas, no las tareas, ni tampoco el tamaño del despacho. Cuando tengas 95 años no te estarás acordando de que tu despacho era tan grande como el espacio asignado a diez subordinados. ¿O sí? Más bien, recordarás cómo ayudaste a desarrollarse a las personas, y las relaciones en general.


3) “Ve a por ello”. Es posible que fracases, pero al menos lo habrás intentado. De otra forma, puedes llegar a sentirte miserable por no haberlo hecho. Es un mundo cambiante, vivimos una etapa crítica, pero la única certidumbre con la que cuentas eres tú.


jueves, 2 de junio de 2011

¿Expomanagement o bailaoras y toreros?



He tenido el placer de asistir a algunas conferencias de ISAVIA en Expomanagement 2011.


He podido ver cómo se está empezando a dar valor a trabajar en equipo (¡por fin!), a que el grupo de trabajo coopere, libere el potencial de cada uno, y llegue a soluciones más creativas de lo que podrían alcanzar los mismos individuos de forma individual. Pero para ello, en lugar de dirigir las acciones formativas o de coaching a grupos de directivos, deben dirigirse a grupos de trabajo: departamentos, equipos que llevan un proyecto, etc. En estas acciones, es interesante que el superior esté al mismo nivel que el colaborador, y que todos participen sin sentir la presión del miedo a las consecuencias.


Esto para mí contrasta con el futuro de bailaoras y toreros que nos auguraba mi profesor de Macroeconomía de 3º como ventaja comparativa única para comerciar con el exterior.


Como comenta Nassim Nicholas Taleb en El cisne negro, los EE.UU. se han especializado en tareas “escalables”, es decir, en tareas en que no hay un tope máximo de personas que pueden acceder a un servicio, en que la presencia de quien las impulsa no es necesaria y en que los resultados no dependen de un continuo esfuerzo. Por ejemplo: el software, el diseño, las redes sociales, etc. En otras palabras, la creatividad: en EE.UU. en lugar de venderse la fuerza de trabajo, se venden ideas, productos intelectuales. Esto hace que su ventaja comparativa aumente. La creatividad deja las tareas menos “escalables” a aquellos felices de ser pagados por horas.




“Hay más dinero en diseñar un zapato que en hacerlo en realidad: Nike, Dell y Boeing pueden ser pagados simplemente por pensar”, dice Taleb.

En muchas empresas podría utilizarse mejor el potencial de las personas, un potencial que es una variable cualitativa, de calidad o cualidad, que se valora de forma cuantitativa, de cantidad… o de dinero.


A veces se comete el error de tergiversar ideas muy buenas para meter a los profesionales en la horma de un zapato demasiado estrecho para ellos. Aun así, los resultados siguen siendo buenos, y en ocasiones es sorprendente. Tomar la idea de que cada uno vino a este mundo a realizar su vocación y convertirla en que “y por tanto te tiene que gustar tu trabajo (rutinario, sin posibilidad de desarrollo personal, vacío de contenido)” es unir causas y efectos casi casi incompatibles.


Una vocación de artista, por ejemplo, se tergiversa a una vocación de querer que se cumplan los objetivos de la empresa, que todos “estemos alineados” y “en el mismo barco”. Pero es que ese barco se dirige a que el empresario gane más dinero y, a veces esto choca de tal forma con los medios de motivación del personal, que se consigue lo contrario de lo que se busca lograr. Esto puede llevar a aprovechar situaciones críticas como la actual y hacer una limpia de personal a través de un ERE cuando se tienen los mayores beneficios de la historia, por ejemplo.


Retomando las fantásticas conferencias que tuve la suerte de atender, se puede hacer mucho. Se puede construir desde el trabajo de equipo, se puede crecer, se puede liberar creatividad a raudales, y todo esto lo pueden hacer estas mismas personas en las que a algunos responsables les cuesta creer. Todos guardamos dentro la mejor versión de nosotros/as mismos/as esperando fluir con facilidad. Incluso si no es en esa vocación nuestra.


¿Por qué no intentarlo? ¿Por qué no com-probarlo?


viernes, 20 de mayo de 2011

Movimiento 15M




Sí, me siento indignada. Sí, me identifico con el movimiento del 15M. No, no me representan, y hace tiempo ya. Concretamente, lo descubrí cuando nos manifestamos contra la guerra de Irak, dijimos “No a la guerra” de forma pacífica, en las calles, y no se nos escuchó.

Hace tiempo ya que veo a la clase política como un conjunto de vendedores de crecepelo que no ocultan ya que me están engañando. Me dan igual unos y otros, a estas alturas. Yo soy de aquellos “indecisos” que deciden, legislatura tras legislatura, cuál de los únicos dos posibles partidos va a gobernar. Indecisos que nos planteamos siempre no ir a votar, votar en blanco, votar a los verdes o a algún partido minoritario, y que ahora quizá (al menos yo) pensamos dar un voto nulo.

El rescate a los bancos ha sido escandaloso, sencillamente. Desde la entrada del euro he visto mi capacidad adquisitiva disminuir considerablemente, porque resulta que hoy, en 2011, gano lo mismo en términos absolutos que ganaba en 2001, lo que pasa es que en 2001 los precios eran mucho más bajos. Entonces veo cómo con el dinero de todos, que incluye mi propio dinero, se toman decisiones como inyectar liquidez a un sistema que está apoyado en una serie de inversores desconocidos, anónimos, que manejan el mundo al final.

Sólo hay que ver el documental “Hagamos dinero”, de Erwin Wagenhofer, que se está proyectando estos días en el cine Verdi de Madrid, y espero que en otros en España y fuera de España. No gobiernan los gobiernos, gobiernan los capitales, y el “dinero de todos” acaba en manos de unos pocos. O bien se es uno de estos pocos, o bien se es uno de los muchos que salimos a la calle y decimos: “¡Basta ya!”

Sorprendentemente, en canales como Cuatro, se ha hablado del movimiento del 15M de forma negativa, como para hacerlo parecer inconsistente, y se le ha comparado con los movimientos de los países del norte de África. Me parece increíble. Afortunadamente, la tesis defendida por el telediario de Cuatro de que los mensajes de este movimiento son incongruentes, cae por sí misma al leer que todos ellos van en la misma línea: queremos una democracia real ya. Queremos que los votos valgan lo mismo. Queremos decidir qué se hace con nuestro dinero, no vuestro, NUESTRO.

Me alegro de que el movimiento esté extendiéndose tanto frente a las embajadas españolas en otros países como en otros países que sienten lo mismo que sentimos nosotros.

No sé de dónde se sacan ahora que las personas que se manifiestan pacíficamente en Sol y otros lugares de España “exceden” el derecho del artículo 21 de la Constitución española. Tampoco entiendo muy bien en base a qué no vamos a poder estar libremente en la calle ejerciendo nuestra libertad de expresión el día de la jornada de reflexión, mañana sábado día 21 de mayo. Esta jornada es para que los partidos dejen de dirigirnos sus mensajes para permitirnos digerirlos. Nada tiene que ver con la expresión de la indignación por lo que ocurre en un sistema que tiene que cambiar.

http://blogs.elpais.com/la-voz-de-inaki



domingo, 6 de febrero de 2011

¿Tiempo, dinero o energía?


Tengo la sensación de que, de alguna forma, los tres son formas parecidas de lo mismo.

La relación inversa entre tiempo y dinero se estudia incluso en las facultades de Economía. Al hablar de trabajo, por ejemplo, cambiamos tiempo por dinero. En concreto, lo habitual es cambiar 8 horas de trabajo diarias, o 40 semanales, por un salario.

Un elemento fundamental los diferencia: el tiempo no se puede multiplicar, y el dinero sí.

Hace mucho tiempo que el dinero dejó de ser la representación en papel de una reserva de oro que se encuentra en el Banco de España, tal vez “escondida” en algún sótano, como podríamos imaginar. Mucho del dinero que circula ahora es ficticio, creado, sin ningún respaldo real; es un dinero virtual, que se multiplica gracias a su precio (los tipos de interés), y gracias a las leyes del mercado bursátil. Quien más quien menos, sabemos qué consecuencias ha tenido el hecho de que los activos que poseían los bancos fuesen irreales, basados en una deuda “tóxica”.

En cuanto al tiempo, el tiempo es tu vida. Lo que hagas con tu tiempo, lo estás haciendo con tu vida. Tus días, tus horas, tus minutos, son días, horas y minutos de tu vida, de lo que te resta de vida.

Lo parecido entre el tiempo y el dinero es que parecen comportarse como un flujo de energía. Parados, se estancan, para ponerlos en acción y que fluyan hay que disfrutarlos, vivirlos, llenarlos, realizarlos.

La energía a la que me refiero en el título es la fortaleza vital que se tiene en cada momento. En realidad, no sólo se cede tiempo a cambio de dinero, también (y sobre todo) se cede energía. Se puede pagar para conservar energía, en otras palabras, se puede ceder dinero a cambio de tareas que ayuden a preservar la propia energía: alguien limpia por nosotros/as, o nos trae la compra, o nos hace comida y nos la pone en la mesa, etc.

La relación entre la energía y el tiempo también es inversa: cuanto más tiempo se invierte en una actividad, menos energía queda disponible para otras actividades.

Así, el día al día al final es un conjunto de tomas de decisiones acerca de cómo gestionar tiempo, dinero y energía.

¿El ahorro? Pues el ahorro tiene un punto de vista positivo y uno negativo.

El dinero no da la felicidad, pero su carencia nos puede sumir en situaciones realmente desagradables. Se recomienda tener un colchón para imprevistos, edificar un plan de pensiones, o construir una gran inversión, como es comprar una casa. Ese dinero que se va apartando se puede rentabilizar, es decir, se puede aprovechar el hecho de que el dinero se crea de la nada a partir de la aplicación de los tipos de interés, los precios de las acciones en bolsa, etc. Podemos aprovechar el carácter virtual del dinero.

Pero, ¿qué pasa si todo el mundo retiene su dinero? Entonces la Economía del país se estanca, se ralentiza, no hay intercambios de bienes y servicios por dinero, se paraliza la actividad. Lo que parecía bueno deja de serlo.

El ahorro de energía vital puede parecer maravilloso también. Se dice que el número de respiraciones de toda nuestra vida está contado, así que una buena forma de ahorrar es ralentizar la respiración, calmarla. Según Osho:


“Cuando la vida es fácil, el tiempo parece más corto. Esos a los que la gente
llama yoguis, que cada vez respiran menos y más despacio, lo único que hacen es
disminuir el proceso de la vida. Están menos vivos, eso es todo. No van a vivir
más tiempo; tan sólo van a estar menos vivos. No están viviendo plenamente; su
llama no arde adecuadamente. El ánimo, el entusiasmo y la danza desaparecen. Se
consumen a sí mismos, eso es todo.”

Y finalmente, el ahorro del tiempo siempre me evocará a los Hombres Grises del libro Momo, y es que el tiempo no se puede ahorrar porque la vida no se puede ahorrar. Todo lo que hacemos, cada día, en el trabajo, en el metro, al encender la televisión, es tratar de no ser conscientes del tiempo, tratar, además, de que pase lo más rápido posible, es decir, gastarlo. Aunque creemos que lo ahorramos. Existen cursos sobre gestión del tiempo, los anuncios proclaman que los productos nos ahorran tiempo, ¿y cómo se va a ahorrar el tiempo? Me refiero a que, igual que resulta absurdo imaginar una gran caja de ahorros del tiempo como la que aparece en la novela de Michael Ende, también resulta absurdo pensar que si se va más deprisa, se tendrá más tiempo. Intentamos correr mucho y, al igual que para los hombres grises en la calle de Jamás, el tiempo pasa más rápido y se nos va.

¿Tiempo, dinero o energía? Ni ahorrarlos, ni malgastarlos, simplemente vivirlos, disfrutarlos y llenarlos.

domingo, 30 de enero de 2011

Amplía tu pequeño mundo


Hace poco, uno de mis lectores dejó de ser anónimo en el ascensor.

De forma totalmente inesperada dijo mi nombre, y me habló de una entrada del blog en la que menciono a uno de mis autores estrella, Ernie J. Zelinski, y uno de mis libros preferidos, El placer de no trabajar. Me encanta tener lectores, pero a veces la sorpresa de que me hablen de este blog es tan imprevisible que me quedo sin palabras. Y más si es en un entorno laboral donde me nombran, precisamente, “el placer de no trabajar”. :-)

Sin embargo, el libro de Zelinski está dirigido a “estresados, parados, jubilados o cansados de trabajar”, según dice su subtítulo. Y habría que añadir que no es ninguna broma de mal gusto para aquellos que no tienen trabajo. El libro es una potente herramienta para sacarle mucho jugo al tiempo de ocio, se esté en la situación en que se esté. Así, aquello que se descubre o aprende en el tiempo libre puede llevar a emprender un nuevo camino laboral, o a mejorar en habilidades en las que se falla, o a perfeccionar capacidades que se utilizan de forma habitual. Probablemente, yo escribí aquello en una temporada en que trabajaba desde casa, o bien en otra en que estaba desempleada, o como he oído decir, estaba en búsqueda activa de empleo. Y sí, desde mi experiencia, el libro sirve, amplía miras, sobre todo en el área de la creatividad.

Zelinski simplemente da claves de cómo recuperar actividades para el ocio que quedaron en el olvido, o de encontrar otras nuevas que se adapten a nuestra forma de vida actual. Para ello, indica cómo construir un árbol de ocio con todas las opciones que fueron interesantes alguna vez, o nos parecen interesantes ahora, o nos podrían atraer. Empezar a considerar nuevas opciones hace necesario quitarse de encima el polvo del viaje por el aburrimiento. Curiosamente, en una era en que estamos rodeados/as de todo tipo de tecnología y opciones de entretenimiento, muchas personas tienen la palabra “aburrimiento” muy presente en su vocabulario. Y más curioso todavía, aquellos/as que afirman sentir aburrimiento frecuentemente, suelen resultar bastante aburridos a los demás.

Y es que, incluso para buscar nuevas actividades que nos motiven y nos den energía en el tiempo libre, la mayoría de personas trata de permanecer siempre en su área de comodidad. El área de comodidad de algunas de ellas es tan pequeña que no pueden casi ni moverse sin sentir ciertas dificultades. Sin embargo, el hecho de irse recogiendo poco a poco en este área produce un efecto paradójico: cada vez se reduce más.

Creo que el miedo es el motor más habitual de las acciones humanas, y esto tiene explicación científica, puesto que es uno de los mecanismos de supervivencia más antiguos, arraigado en nuestro cerebro más primitivo. Y observo actuaciones guiadas por el miedo no sólo en aquellos que confiesan “no me atrevo”, sino en aquellos que supuestamente llevan una vida de retos y desafíos al más alto nivel profesional. Al final, la biología les puede, y no aciertan a salir de su pequeña caja de zapatos.

En realidad, y como comentaba en la entrada de blog que trajo a mi mente este lector, el tipo de estímulos de placer que nos alejan de tener una vida fácil puede dividirse en dos: evitar sacrificios, o evitar el miedo. En los dos casos esquivamos algo que nos parece negativo, desagradable, incómodo, innecesario... Pero el caso del miedo es en el que me voy a centrar, porque la mayoría de las veces, según he observado, es miedo infundado. Además, una cosa es no querer hacer un sacrificio, aun siendo consciente de lo que puede suponer, y otra es no poder realizar algo por miedo.

¿Miedo a qué? Miedo a lo desconocido. Hay multitud de creencias bajo la capa del miedo a lo desconocido, desde «el mundo es hostil» hasta «no soy capaz», de forma que realizar cualquier acción en el terreno desconocido (hablar en público, llamadas comerciales, conducir por primera vez, comenzar una relación) tiene un componente de visión de túnel de cómo es el mundo y otro de fallo en el autoconcepto. Algo así como que el mundo es muy grande y yo soy muy pequeñito/a.

He visto miles de técnicas para superar el miedo, y creo que están demasiado centradas en el objeto que quieren destruir. El miedo no desaparece, pues es una alarma biológica, inconsciente, previa a cualquier razonamiento. Una situación actual puede llevar a una persona a evocar una intensa experiencia negativa anterior, incluso si no tienen relación alguna. Automáticamente, han saltado los mecanismos de alarma y ahí no hay nada que hacer.

Entonces, ¿cómo superar el miedo a lo desconocido? ¿Cómo pasar por encima y alcanzar lo que se desea? Me da la sensación de que el miedo se enfrenta y se supera con valentía. Es decir, se enfrenta y se supera con una dosis de energía positiva, de fuerza de voluntad, de motivación. Nuestro mundo se amplía y deja de ser una aburrida caja de zapatos abriéndose a la experiencia de más, buscándolo, pasando a través de ello. Por ejemplo, el miedo a hablar en público se supera hablando en público.


Quizá en ese tiempo de ocio que cada uno tiene, por pequeño que sea, podamos buscar una actividad que nos ayude a hablar en público y de paso, a ampliar nuestro pequeño mundo.

sábado, 3 de octubre de 2009

Lo científico es verdad, y lo no científico ¿es mentira?


Decía el otro día Punset en Redes que había tenido la sensación de que el mundo caminaba más hacia lo racional y lógico, pero que había comprobado que no es así, que muchas personas siguen aferradas a creencias irracionales, intuiciones y corazonadas.

El ejemplo que se ponía era que 9 de cada 10 personas han sentido alguna vez que alguien les miraba por detrás, lo habían sentido en el "cogote", como algo físico. Entonces Punset afirmaba que la Ciencia, esa señora tan lista, sabe que no salen partículas de los ojos de la persona que nos mira, ni rayos, ni ninguna otra cosa, y que por tanto es absurdo afirmar que se ha notado esto.

¡Ay la madre Ciencia! Para mí, esta señora tan lista es el vivo ejemplo de la estrechez mental, del pensamiento cuadriculado, y de la escasez de verdadera sabiduría.

Dentro de cien años, o doscientos quizá, el ser humano se reirá de algunas de las creencias de esta Ciencia que ahora se defiende en occidente como algo que recoge lo que es la Realidad, la Verdad. Lo científico es verdad, y lo no científico ¿es mentira?

Los nuevos hallazgos científicos van pisando a los anteriores, a veces los contradicen, y nadie dice nada. La Física Cuántica, que no hay quien la entienda porque parece ser que no es nada lógica ni racional, nos tiene a todos revolucionados: ¿de forma que el comportamiento de las partículas cambia si hay un observador? Esto no suena muy científico, suena más a que las partículas se sintieran miradas por el cogote...

No quiero yo con esta entrada ni mucho menos criticar a Eduard Punset, que me parece una persona inteligentísima, que lleva a su programa Redes invitados muy interesantes, y que aporta cosas realmente curiosas a una televisión bastante pobre.
Yo, como él, estudié Ciencias Económicas, es decir, que estudié Ciencias. La Economía es una Ciencia Social, esto es, se trata de hacer Ciencia con las personas, lo cual siempre sale mal, por ello a los Economistas se les tacha de profetas del pasado. Ocurre que las personas pocas veces nos comportamos de forma racional. Cuando parece que sí, que vamos a hacer caso a la imposición del hemisferio izquierdo del cerebro y vamos a ser muy lógicas, de pronto el impulso intuitivo del derecho lo echa todo a perder. Pero, ¿esto es malo? A mí me parece lo interesante y bonito del ser humano, que de otra forma se parecería sospechosamente a una máquina.
Muchísimas cosas que no han sido demostradas con el método científico son realidades, funcionan, están ahí. Tengo la sensación de que la sabiduría está justo donde no está el conocimiento, donde está el vacío, donde una persona sólo es. Pero, ¿cómo demostrar esto? El método científico me pareció muy decepcionante cuando hice las prácticas de Física en B.U.P. Aquello de lanzar una bola repetidas veces, apuntar en una hoja los numeritos y luego hacer la media... No, no me convence. Si salía: 1,5; 1,6; 1,5; 1,7, pues se hacía la media con estos números. ¿Y qué?
Una vez, mi acupuntora me dio la clave de lo que yo ya presentía, intuía o tenía como corazonada (todas expresiones alejadas de la Ciencia): los occidentales no creen en lo que no ven. Ella se refería a los meridianos, unos canales de energía descubiertos en la Medicina China hace miles de años, y no por un método científico, pero que sin embargo se ha demostrado que "están ahí" aunque no se ven.
Si no lo veo no lo creo es una frase escéptica, de estrechez mental, que se queda tan corta para conocer este mundo que no sé cómo puede uno aferrarse a ella. Serán cosas de la Ciencia.