- Mi querido muchacho, su modo de pensar no solo es absurdo, es también antieconómico, y sé de lo que estoy hablando, fui profesor de Economía en La Sorbona durante 6 años, pero esa es otra historia.
- Convendrá conmigo en que los ciudadanos decentes deben estar protegidos contra eso.
- Está bien, tomemos un ciudadano decente, veinte años casado y que pasa el día vendiendo cochecitos de niño. Por la noche necesita distracción, camaradería, y por tanto viene a la calle Casanova. Se reúne con una chica, ella le da un poco de amistad y él un poco de dinero, la chica da el dinero a su novio, y él lo gasta en bebida, en gemelos o en las carreras. E incluso a veces, da un poco de ese dinero a un policía.
- ¿Soborna a un policía?
- Y ahí viene lo estupendo, porque el policía coge ese dinero y compra un cochecito al ciudadano decente. Y así el dinero se mantiene en circulación. ¡Todo el mundo es rico! ¡Todo el mundo es feliz!
lunes, 23 de mayo de 2016
¿Cómo pasar de ser el agente Patou a ser el regente del bar Moustache?
domingo, 16 de noviembre de 2014
El ateo que tuvo una visión divina
Un día iba andando por la calle y de pronto se encontró con un hombre que llevaba el pelo largo, tenía la tez oscura y vestía una especie de sayo que le llegaba hasta los pies, en los que llevaba unas sandalias. La primera palabra que vino a la mente de Ramiro fue "hippie", y después "árabe o judío", y después aún pensó que ese mendigo debía de estar helado porque estábamos en febrero y el propio Ramiro llevaba una cazadora deportiva roja bastante calentita.
El hombre llegó hasta él y le dijo: "Vengo en nombre de mi padre, para predicar la paz en la tierra. Todos somos hermanos". A las palabras que ya había pensado Ramiro se unieron "testigo de Jehová" y "cuidado, está pirado", y su primer impulso fue sacar la cartera para ayudar al sin techo, y al mismo tiempo un segundo instinto le pedía protegerla de un posible robo. Por otro lado, lo que decía el hippie era tan extraño que quiso averiguar un poco más. Le preguntó si tenía qué comer, y el otro le dijo una cosa más extraña aún: "Puedo multiplicar panes y peces, y convertir el agua en vino, pero ahora necesito llevar mi mensaje a los hombres". Definitivamente para Ramiro, este hombre no estaba bien de la cabeza. Le preguntó: "A ver, ¿tienes papeles?". El otro parecía perplejo: "¿Papeles?". Entonces Ramiro pensó que allí cerca había una comisaría de policía y podía acompañar al mendigo. Pero claro, igual le metían en prisión para luego deportarle. No le gustó esta idea, quiso un destino mejor para el tío del sayo, y recordó que por la zona había un comedor de Cáritas donde podía dejarle, casi depositarle, como si fuese un objeto perdido.
Se fijó más en él y le extrañaron varias cosas: no olía mal, estaba limpio, su mirada era muy profunda y le había hablado en perfecto español. "¿Llevas mucho tiempo en España? ¿Cómo te llamas?", le dijo. Y el hippie del sayo le respondió: "¿España?". Ante la perplejidad de su mirada, Ramiro se confirmó en la idea de llevar a este hombre al comedor de Cáritas y deshacerse de él, e irse él mismo a comer, pues le estaba entrando hambre. Así que le guió, el otro le seguía dócil, como un perrito, y le llevó a aquel comedor de ayuda social. "Bueno, macho, aquí te dan de comer y a lo mejor te ayudan con los papeles. Yo me voy, que he quedado. Toma cinco euros por si necesitas algo, coger el metro o algo". Aquel hombre cogió el billete y lo miró con extrañeza, miró a su alrededor, y asintió con un gesto.
Unos días más tarde, Ramiro lee en el periódico: "Hombre de 33 años, sin papeles, de origen judío y que dice ser Jesucristo parece multiplicar la comida en el comedor social de Cáritas situado en la calle Hernani, 66". Y se fija en la foto y sí, parece un Jesucristo el hombre. Ramiro se dice: "Qué pena de inmigrantes".
(Puede que continúe...)
¿Sabías que Jesucristo es el meme más popular de la historia?
miércoles, 22 de octubre de 2014
Quien mucho abarca, poco aprieta
Realmente no sé bien por qué no he escrito. Cuando queremos explicarnos algo, lo logramos, encontramos las causas sí o sí, sean o no las verdaderas causas; incluso si no había ninguna causa. Así que yo también he encontrado razones para este silencio, el silencio de mi opinión subjetiva ante diversos temas psicológicos, humanos, sociales. Estaba demasiado absorbida ahorrando tiempo para los hombres grises. Siempre supe que antes o después me visitarían. Y lo han hecho. Como es habitual, no recuerdo la visita, no recuerdo el cálculo escalofriante de las miles de horas que puedo ahorrar, vistas a la luz fría del humo de sus cigarros. Lo que recuerdo es que tengo que ir más deprisa, más deprisa, más aún, hacer más, retener más, tener más datos, muchos más, en la cabeza, y después de eso, acumular más aún. La cultura del positivismo (sobre esto ya escribiré un post más ilustrado), del ir a más a toda costa, del crecimiento por el crecimiento, incontrolado, cuanto más mejor.
Quizá me ha embaucado la creencia de que la actividad me iba a hacer olvidar la crisis de los cuarenta. Y no, al revés, la ha intensificado. Y eso que no tengo 40 (todavía). Me he dejado llevar y conquistar por la actividad por la actividad, como si fuese la rueda de un engranaje que creyese que estaba ahorrando tiempo y por tanto rejuveneciendo. Por si el trabajo no era suficiente, hice también muchos cursos, como para estar “a la última”, enterada de todo, en todas partes. Quien mucho abarca poco aprieta es el refrán que me viene ahora a la cabeza intentando describir cómo he sido este año. Al mismo tiempo, trataba de especializarme en algo en lo que ya estaba especializada, el e-learning, un sector que también requiere estar muy informado.
De fondo, tenía una sensación clara de que no podía escribir sin hacer referencias al menos a un libro, cinco enlaces, o veinte. De nuevo mostrar que abarco mucho, que me entero de todo, y que además lo aplico en seguida y produzco un texto decente, legible y entretenido.
Ahora he vuelto, no sé por cuánto tiempo, sé que ya no estoy tan absorbida. He rescatado un buen curso de Salvat sobre la práctica de la escritura, que coleccioné con paciencia en papel, y que era muy bueno. Probablemente cuando los hombres grises ya te han visitado es imposible retroceder, pero sí que se puede abrir los ojos, mirar a tu alrededor y descubrir que lo que te rodea es mucho más grande que tú. Es una forma estupenda de poner en perspectiva las miles de cosas banales que me he propuesto retener, en parte porque parece un requisito de mi trabajo, un requisito que he extendido al resto de mi vida durante este año de ahorro de tiempo. Miras más allá, abandonas la mirada miope, normalmente recogida por una pantalla de ordenador, de teléfono, de tableta… Cuando abandonas la mirada miope ves lo grande que es todo y lo pequeño que es esto tuyo, esta paja mental tan propia de manicomio.
Te invito a mirar más allá, a mirar a todo, a abarcar lo máximo con la mirada para poner en perspectiva lo que realmente abarcas tú. Es lo que he hecho, y creo que esto me ha permitido recuperar algo de cordura y de creatividad, lo suficiente para poder volver a escribir, y que tú me leas. Gracias.
lunes, 29 de septiembre de 2014
La atracción de lo sórdido
jueves, 2 de agosto de 2012
Iba en el tren, leyendo a Murakami...
Esta mañana iba en el tren leyendo a Murakami (Crónica del
pájaro que da cuerda al mundo) y estaba, por cierto, en una parte intrigante,
deseando saber qué iba a pasar después.«… soy licenciada en educación infantil por la universidad complutense, colegiada con el número XXXX, he dado clases a niños de 3 a 4 años y de 4 a 5 años, y ahora que no tengo trabajo [no he llegado a oír lo que había pasado con su puesto] tampoco he podido pagar la casa, y me desahucian.
»Lo habéis podido ver en Cuatro, en Callejeros, han venido los policías a mi casa y nos han echado, a pesar del apoyo de la plataforma contra los desahucios. Los policías agarraron a mi hija de 16 años del pelo, la querían llevar a rastras, los de la plataforma intentaron impedirlo, ahora hay una denuncia por agresión a los agentes, cuando la agresión fue de ellos hacia nosotros…»
Creo que en este punto ha sido cuando el discurso me ha
conmovido hasta tal punto que incluso deseaba que terminase, que por favor,
dejase de contarnos su historia, que ya estábamos totalmente convencidos de que
necesitaba ayuda.»Yo antes estaba a ese otro lado, sentada, y no le deseo a nadie de ustedes que tenga que estar en mi lugar, de pie, en medio del vagón…»
sábado, 28 de julio de 2012
Tenemos lo que queremos
martes, 3 de julio de 2012
La cultura del presentismo
Ya habíamos hablado en nuestro blog sobre la importancia de conciliarla vida laboral con la personal.
lunes, 18 de junio de 2012
Vacaciones de verano... ¿para ti?
viernes, 1 de junio de 2012
Estimada rata:
miércoles, 14 de marzo de 2012
¿Hace bueno?

Esto de que “hace bueno” lo vamos a tener que revisar. ¿Qué es hacer bueno? ¿Qué es bueno?
Cada día me levanto, me asomo y me digo: “otro día… igual”. Ninguna nube, aire frío al amanecer, calor al mediodía. Un hongo creciente sobre la capital y que se extiende a muchas de sus ciudades.
Es buen tiempo porque la humedad es contraproducente para muchas dolencias: artritis, reumatismos, enfermedades crónicas, problemas de estómago…
Es buen tiempo porque la ropa no tiene que ser tan pesada, no hay que llevar paraguas, no hay que incomodarse.
Es buen tiempo porque por primera vez vamos vestidos por la calle igual que en la oficina: como si todo el año fuese verano (excepto en verano, en que en la oficina debe vestirse de invierno.
Pero yo pienso que no, que no hace bueno. Y eso que a mí el tiempo que está haciendo, este verano en el invierno, me sienta mucho mejor que el invierno habitual.
Y es que una atmósfera poco húmeda provoca más electricidad estática. Igual que los electrones están alterados, parece que la gente está alterada, estresada, y esto solo puede ir a más con la primavera a la vuelta de la esquina.
Esta sequedad provoca multitud de síntomas incómodos: prolongación de las alergias, problemas respiratorios, estreñimiento, problemas de la piel…
Y por eso reitero que lo bueno se define de forma relativa. En Economía se estudia que es peor demasiado que demasiado poco. Esto significa que, cantidades excesivas de cualquier “bien” (bien, cosa buena) lo acaban convirtiendo en un “mal” (mal, cosa mala). Demasiado “buen tiempo” acaba siendo malo de la misma forma que demasiada agua puede anegar cosechas y desbordar ríos. Por esto nunca llueve a gusto de todos… ni a gusto de todos luce el sol.
Luego hay todo tipo de teorías, tanto las que defienden que este cambio en el clima lo ha provocado el ser humano como las que consideran que es ajeno a nosotros. Parece ser que ha habido bruscos cambios climáticos (en unos 50 años) en otras eras. Sea o no externo, cualquier medida que haga mejorar el medio ambiente será bienvenida. Si menos coches acceden a las capitales, menor será el hongo de contaminación. Otro concepto económico: ir en coche es bueno para mí y malo para los demás, pone el bien propio por encima del bien ajeno. La contaminación es una externalidad negativa, una consecuencia “mala” de algo que se supone que era el consumo de un “bien”.
A ver si deja de hacer bueno.
viernes, 9 de marzo de 2012
Que las cosas las haga otro

No me quiero molestar. No quiero hacer un esfuerzo. No me interesa tener que elegir. Que elija otro.
Estas son las consignas de la sociedad de consumo elevada al grado máximo: el consumidor como soberano, recostado en un rico diván, pagando para que otro le presente todo tipo de bienes y servicios, preseleccionados, y le indique lo que le va bien.
Por el lado positivo, surgen nuevas figuras ¿impensables en un tiempo anterior?: la señora que te cocina la comida, el señor que te hace los recados, o los trámites y papeleos, la personal shopper que te dice qué ropa puedes llevar y qué colores te favorecen, la que te limpia la casa, plancha tu ropa y lleva y recoge a tus niños. E incluso, el que te pasea al perro o cuida de él durante las vacaciones.
Hay un cuento oriental en que un príncipe ve ejecutar un baile bello y complejo, y se pregunta: “¿Por qué no buscan a alguien que lo haga por ellos?”. Lo imagino recostado, con sobrepeso, con una expresión de aburrimiento, de desidia, viendo a esforzados bailarines tratar de lograr la perfección ante sus ojos.
Y llegamos al lado negativo: cada vez que es otro quien nos saca las castañas del fuego, perdemos la oportunidad de hacerlo por nosotros mismos. Perdemos la oportunidad de entrenar habilidades, de aprender métodos más óptimos de lograr algo. Sobre todo, perdemos la oportunidad del disfrute, nos privamos de entrar en el estado de flujo al realizar una actividad; al “hacer” frente al “ver”.
El dejar que otro haga las cosas se extiende de forma soterrada y pulposa a otras esferas. Ya no hablamos de pagar a alguien para que nos “ahorre tiempo” (el tiempo NO se puede ahorrar), hablamos de dejar que sean otros quienes resuelvan por nosotros los problemas de trabajo… o las tareas del hogar. La expresión es algo así como: “Si cuela…”. En lugar de meterse hasta el fondo en una cuestión, “mancharse las manos”, sumergirse en los factores que influyen en una situación, la cultura del no me quiero molestar nos lleva a permanecer al margen.
Permanecer al margen puede ser interesante cuando vives la vida con conciencia plena, en primera persona, con una visión directa de la realidad. Esto no es lo común. Lo común es que, quien permanece al margen, esté anestesiado y viva la vida como si estuviera soñando… o teniendo una pesadilla.
Realmente estamos presentando dos casos extremos: la plena acción y consciencia y la falta de acción e inconsciencia. Es un continuo sobre el que nos situamos todos. ¿Hacia dónde prefieres tender?
Feliz San Viernes.
domingo, 4 de marzo de 2012
¿Te tomas 10 minutos?

El pasado 2 de marzo (San Viernes por más señas), hice una presentación-charla de mi libro Estar Mejor Que Bien.
A ella asistieron varias mujeres esperando que yo les hablara de los diversos temas que trato en el libro. Sin embargo, lo que a mí me interesaba es que ellas me hablaran de sus experiencias, de sus impresiones, vivencias e intuiciones, sobre diversos aspectos del desarrollo personal. Me apetecía conocerlas mejor, saber qué aspectos les podían ayudar e interesar.
¿Qué es la meditación?
Uno de los temas que surgió es qué es la meditación, y qué importancia puede tener. Existen miles de definiciones sobre lo que es y deja de ser meditar, basadas en unas u otras creencias. Sin embargo, he llegado a la conclusión de que meditar es poco más que no hacer nada, o que hacer algo y solo eso. Por ejemplo, cortar cebollas. En otra charla similar, una participante comentó: "Yo medito cuando corto cebollas".
Acallar el ruido permanente de nuestro cerebro es curativo. Es relajante, ayuda a re-conectar con nuestro yo más profundo, elimina lo accesorio, diluye las preocupaciones sin sentido... La quietud de la mente descontamina de toda la información que se nos ha ido quedando de forma pegadiza o pegajosa, como esas canciones repetitivas que uno no consigue quitarse de la cabeza.
La meditación te ayuda a ser feliz
Está demostrado que hacer meditación ni es difícil (es decir, no se trata de una técnica avanzada e incomprensible), ni es perjudicial. Todo lo contrario: desarrolla la capacidad de ser feliz. La alegría solo es posible desde la calma, desde la activación del sistema nervioso parasimpático. Pasamos demasiadas horas al día con el sistema nervioso simpático altamente activado. Demasiadas horas liberando cortisol, adrenalina. Pocas horas liberando endorfinas. Pocas horas solo "siendo", "estando".
Hay a quienes esto de "meditar" les suena muy aburrido. Son incapaces de frenar, tomarse diez minutos les parece una pérdida de tiempo. Cuanto más rechazo provoca la idea de parar sin hacer nada, de "hacer no haciendo", como dicen los taoístas, más necesario puede resultar.
¿Vives en un estado constante de miedo?
Se viven tiempos de incertidumbre, de carencia, de freno... de MIEDO. El miedo nos bloquea, es la emoción más restrictiva, estanca nuestra energía, nos ata casi literalmente de pies y manos. Ante esto, el comportamiento en las empresas es de locura. Es moverse como un pollo sin cabeza. Ahora más que nunca, en medio del pánico, del caos, del futuro incierto con tintes tenebrosos, es cuando es importante aprender a parar, respirar hondo, y meditar.
Para saber más:
http://www.bubok.es/libros/207244/Estar-Mejor-Que-Bien
http://www.elmundo.es/elmundo/2012/03/02/espana/1330679766.html
miércoles, 7 de diciembre de 2011
Talento, creatividad y éxito: cómo ahuyentarlos de tu empresa
Día llegará en que se reconozca generalmente la posibilidad de trabajar más y mejor en menos tiempo. El trabajo sin el esparcimiento agota. Nuestra natural propensión al esparcimiento nos enseña que no debemos negarle su parte en la vida.El cerebro que está ocupado sin cesar en una misma tarea no funciona tan vigorosamente como cuando descansa o varía de ocupación. El ser humano que trabaja de continuo sin esparcir jamás el ánimo, invalida su aptitud para la felicidad.
No ha de ser el ser humano tan esclavo del trabajo que agote sus fuerzas en procurarse un modo de vivir sin atender el perfeccionamiento de su carácter.
Esto escribió Orison Swett Marden alrededor de 1900 (hace más de un siglo). Y no podemos decir que se tratara de un hombre vago que buscaba escurrir el bulto y hacer la menor cantidad de tareas posibles. Al contrario, con unos orígenes bastante humildes Marden llegó a ser un gran empresario que construyó varios hoteles en EE. UU., no sin dejar de escribir incansablemente muchas obras similares a La alegría de vivir, que es de donde hemos extraído estas citas, obras para ayudar a las personas como tú y como yo a tener éxito y ver lo bonito de la vida. Se dice que Orison Swett Marden es el precursor de obras como Poder sin límites y El Secreto.
Podemos decir que Marden tenía talento y creatividad, y que tenía un éxito probado en los negocios. Es decir, la persona que afirmaba que se puede trabajar más en menos tiempo y que se necesita tiempo libre y descansos para el cerebro, fue capaz, con estas creencias, de desarrollar su talento, creatividad y éxito. Es más, yo diría que gracias a sus creencias que arriba recogemos, tuvo Marden este éxito.
Esto me recuerda a un libro que me influyó bastante en mi época de consultora de formación, Love’em or lose’em (Ámales o piérdeles). Es un libro en que se describe cómo retener el talento en una compañía, y cómo impulsar la creatividad para lograr el éxito.
En el mundo en que vivimos y en la situación en que estamos ahora, destacaré las razones económicas de por qué es interesante retener el talento. Las autoras del libro, Beverly Kaye y Sharon Jordan Evans, nos dan el siguiente ejemplo:
Un ingeniero con talento y creatividad pide un aumento del 15% del sueldo (digamos 15.000 $), y su jefe se lo niega. Este profesional encuentra otro trabajo en que le pagan un 30% más. ¿Qué proceso se desencadena después?
- Se contrata a un cazatalentos al que se le pagan 40.000 $ para que busque a quien pueda reemplazar a nuestro ingeniero
- Se encuentra a cinco candidatos cuyas entrevistas nos cuestan 5.000 $
- Se selecciona al nuevo profesional, pagándole un bonus de 10.000 $, y él negocia el salario en un 25% por encima del anterior ingeniero
- Nos enteramos de que el anterior ingeniero está obteniendo negocio para la empresa de la competencia de varios millones de euros
- Los compañeros del que se ha marchado empiezan a irse también a la nueva empresa.
Este ejemplo puede parecer exagerado pero está basado en datos reales. Los directivos no suelen saber cuánto puede costarles perder a alguien de valor, porque nunca calculan esos costes.Por otro lado, en el artículo de Alan M. Webber cuyo nombre dice todo “Peligro, compañía tóxica”, nos dicen que “No es verdad que la lealtad haya muerto. El problema reside en que muchas empresas reciben de su gente la respuesta que se merecen”. Vamos a destacar también los datos económicos, dado que algunos directivos solo son sensibles a los números:
Un estudiante de mi clase le preguntó a Russo por qué SAS hacía tantas cosas
para su gente.
“Tenemos alrededor de 5.000 empleados. El año pasado, nuestro
índice de rotación fue del 3 por ciento. ¿Cuál es el promedio de la industria?”,
preguntó Russo, a su vez. Alguien sugirió el 20 por ciento. Aunque le pareció
bajo, decidió usar ese porcentaje para su demostración: “La diferencia entre el
20 por ciento y el 3 por ciento es de 17 por ciento. El 17 por ciento de 5.000
personas representa un total de 850. ¿Cuánto cuesta la rotación por persona en
términos de sueldos?”. Los estudiantes estimaron el costo como equivalente al
salario de un año, sobre la base de un sueldo promedio de 60.000 $. Aunque Russo
volvió a considerar bajas ambas cifras, las empleó para seguir adelante con su
ejemplo: “Multipliquen 60.000 $ por 850 personas — dijo— ; eso es más de 50
millones de dólares de ahorro. Así es como la empresa paga el gimnasio, la
atención médica en el lugar de trabajo y el resto de los detalles pensados en
función de la gente”. De manera que si SAS puede ahorrar 50 millones de dólares
al año en menores costos de rotación, estamos hablando de ventajas financieras
reales.
Seguiremos hablando de estos temas; nos parece crucial en los tiempos que corren.
martes, 15 de noviembre de 2011
Algo muy gordo debe de estar pasando...

Pero no es que mi perra viva mejor que yo, es que las mascotas de todos nosotros viven a cuerpo de rey, mientras que nosotros/as salimos cada día para traer el pan a casa…
¿Qué está pasando?
Parecía que, con la invención de los ordenadores, íbamos a empezar a tener una vida mejor. Antes, el sueldo solía provenir del cabeza de familia, y esta única persona mantenía a toda su familia. Entonces todo cuadraba. Posteriormente, el milagro: se inventan máquinas que trabajen por nosotros y “podremos ver a papá”.
Imaginábamos un futuro de robots en casa que te saludaban, al tiempo que, cuando te dabas la vuelta para ir a tu cuarto, te daba cierta aprensión, por si podían saltarse las tres reglas que les impuso Asimov.
¿Quién se imaginaba que los sueldos se iban a dividir por dos y que iba a hacer falta que dos personas de cada hogar, como mínimo, trabajasen para mantener a una familia de menos miembros? ¿Y quién se imaginaba que estos robots en realidad son ordenadores de los que hemos acabado siendo esclavos?
Pues a mí esta situación, gustarme me gusta poco, pero a mi perra Kira le encanta. Sí, ella me ve salir por las mañanas, y dice para sus adentros: “¡qué bien! Mamá se va al curro para mantenernos”. Luego se pasa durmiendo la mayor parte de la mañana, y a veces se pasea y se estira un poco. Cuando me ve, quiere salir a pasear. Yo la paseo por la mañana y por la noche, la doy de comer por la mañana y por la noche, la mantengo, le hago compañía. Cierto es que el perro es el mejor amigo del hombre, en este caso de la mujer, pero claro, no me extraña: tiene a su disposición a unos esclavos que, cuando terminan su jornada de esclavitud hacia el ordenador, comienzan su jornada de esclavitud hacia ellos.
Y yo repito: algo muy gordo debe de estar pasando para que las mascotas tengan una calidad de vida muy superior a sus dueños. Al margen de las primas de riesgo, y de su cuñado, algo muy gordo pasa en este “primer mundo occidental”. Y algo que no se arregla fácilmente…
jueves, 9 de junio de 2011
Deja de perseguir prioridades equivocadas

Goldsmith menciona un estudio con jubilados que no habían sido directores generales. Se les preguntó sobre qué consejos darían a la gente joven. Se les preguntó:
“¿Cuál es la clave para tener una vida estupenda?” Y estas claves podían
resumirse fácilmente en tres puntos:
Y esto que cuenta Goldsmith, especializado en literatura para directivos, es perfectamente aplicable a los líderes en su quehacer profesional. De nuevo, tomando las 3 claves que acabamos de ver:
1) Es clave divertirte en tu trabajo. Lo cierto es que los superiores rara vez transmiten entusiasmo a sus colaboradores (sólo hay que ver que, claramente, no se están divirtiendo en absoluto). Una vez leí que, para saber si un trabajo era lo tuyo, te fijaras en tu superior: es lo que podías llegar a ser. ¿Sí? ¡Pues que espanto! Fijarme en personas que habían llegado “a lo más alto” me ayudó mucho para huir de trabajos realmente tediosos.
jueves, 2 de junio de 2011
¿Expomanagement o bailaoras y toreros?

“Hay más dinero en diseñar un zapato que en hacerlo en realidad: Nike, Dell y Boeing pueden ser pagados simplemente por pensar”, dice Taleb.
En muchas empresas podría utilizarse mejor el potencial de las personas, un potencial que es una variable cualitativa, de calidad o cualidad, que se valora de forma cuantitativa, de cantidad… o de dinero.
A veces se comete el error de tergiversar ideas muy buenas para meter a los profesionales en la horma de un zapato demasiado estrecho para ellos. Aun así, los resultados siguen siendo buenos, y en ocasiones es sorprendente. Tomar la idea de que cada uno vino a este mundo a realizar su vocación y convertirla en que “y por tanto te tiene que gustar tu trabajo (rutinario, sin posibilidad de desarrollo personal, vacío de contenido)” es unir causas y efectos casi casi incompatibles.
Una vocación de artista, por ejemplo, se tergiversa a una vocación de querer que se cumplan los objetivos de la empresa, que todos “estemos alineados” y “en el mismo barco”. Pero es que ese barco se dirige a que el empresario gane más dinero y, a veces esto choca de tal forma con los medios de motivación del personal, que se consigue lo contrario de lo que se busca lograr. Esto puede llevar a aprovechar situaciones críticas como la actual y hacer una limpia de personal a través de un ERE cuando se tienen los mayores beneficios de la historia, por ejemplo.
Retomando las fantásticas conferencias que tuve la suerte de atender, se puede hacer mucho. Se puede construir desde el trabajo de equipo, se puede crecer, se puede liberar creatividad a raudales, y todo esto lo pueden hacer estas mismas personas en las que a algunos responsables les cuesta creer. Todos guardamos dentro la mejor versión de nosotros/as mismos/as esperando fluir con facilidad. Incluso si no es en esa vocación nuestra.
¿Por qué no intentarlo? ¿Por qué no com-probarlo?
viernes, 20 de mayo de 2011
Movimiento 15M

Hace tiempo ya que veo a la clase política como un conjunto de vendedores de crecepelo que no ocultan ya que me están engañando. Me dan igual unos y otros, a estas alturas. Yo soy de aquellos “indecisos” que deciden, legislatura tras legislatura, cuál de los únicos dos posibles partidos va a gobernar. Indecisos que nos planteamos siempre no ir a votar, votar en blanco, votar a los verdes o a algún partido minoritario, y que ahora quizá (al menos yo) pensamos dar un voto nulo.
El rescate a los bancos ha sido escandaloso, sencillamente. Desde la entrada del euro he visto mi capacidad adquisitiva disminuir considerablemente, porque resulta que hoy, en 2011, gano lo mismo en términos absolutos que ganaba en 2001, lo que pasa es que en 2001 los precios eran mucho más bajos. Entonces veo cómo con el dinero de todos, que incluye mi propio dinero, se toman decisiones como inyectar liquidez a un sistema que está apoyado en una serie de inversores desconocidos, anónimos, que manejan el mundo al final.
Sólo hay que ver el documental “Hagamos dinero”, de Erwin Wagenhofer, que se está proyectando estos días en el cine Verdi de Madrid, y espero que en otros en España y fuera de España. No gobiernan los gobiernos, gobiernan los capitales, y el “dinero de todos” acaba en manos de unos pocos. O bien se es uno de estos pocos, o bien se es uno de los muchos que salimos a la calle y decimos: “¡Basta ya!”
Sorprendentemente, en canales como Cuatro, se ha hablado del movimiento del 15M de forma negativa, como para hacerlo parecer inconsistente, y se le ha comparado con los movimientos de los países del norte de África. Me parece increíble. Afortunadamente, la tesis defendida por el telediario de Cuatro de que los mensajes de este movimiento son incongruentes, cae por sí misma al leer que todos ellos van en la misma línea: queremos una democracia real ya. Queremos que los votos valgan lo mismo. Queremos decidir qué se hace con nuestro dinero, no vuestro, NUESTRO.
Me alegro de que el movimiento esté extendiéndose tanto frente a las embajadas españolas en otros países como en otros países que sienten lo mismo que sentimos nosotros.
No sé de dónde se sacan ahora que las personas que se manifiestan pacíficamente en Sol y otros lugares de España “exceden” el derecho del artículo 21 de la Constitución española. Tampoco entiendo muy bien en base a qué no vamos a poder estar libremente en la calle ejerciendo nuestra libertad de expresión el día de la jornada de reflexión, mañana sábado día 21 de mayo. Esta jornada es para que los partidos dejen de dirigirnos sus mensajes para permitirnos digerirlos. Nada tiene que ver con la expresión de la indignación por lo que ocurre en un sistema que tiene que cambiar.
http://blogs.elpais.com/la-voz-de-inaki
domingo, 6 de febrero de 2011
¿Tiempo, dinero o energía?

La relación inversa entre tiempo y dinero se estudia incluso en las facultades de Economía. Al hablar de trabajo, por ejemplo, cambiamos tiempo por dinero. En concreto, lo habitual es cambiar 8 horas de trabajo diarias, o 40 semanales, por un salario.
Un elemento fundamental los diferencia: el tiempo no se puede multiplicar, y el dinero sí.
Hace mucho tiempo que el dinero dejó de ser la representación en papel de una reserva de oro que se encuentra en el Banco de España, tal vez “escondida” en algún sótano, como podríamos imaginar. Mucho del dinero que circula ahora es ficticio, creado, sin ningún respaldo real; es un dinero virtual, que se multiplica gracias a su precio (los tipos de interés), y gracias a las leyes del mercado bursátil. Quien más quien menos, sabemos qué consecuencias ha tenido el hecho de que los activos que poseían los bancos fuesen irreales, basados en una deuda “tóxica”.
En cuanto al tiempo, el tiempo es tu vida. Lo que hagas con tu tiempo, lo estás haciendo con tu vida. Tus días, tus horas, tus minutos, son días, horas y minutos de tu vida, de lo que te resta de vida.
Lo parecido entre el tiempo y el dinero es que parecen comportarse como un flujo de energía. Parados, se estancan, para ponerlos en acción y que fluyan hay que disfrutarlos, vivirlos, llenarlos, realizarlos.
La energía a la que me refiero en el título es la fortaleza vital que se tiene en cada momento. En realidad, no sólo se cede tiempo a cambio de dinero, también (y sobre todo) se cede energía. Se puede pagar para conservar energía, en otras palabras, se puede ceder dinero a cambio de tareas que ayuden a preservar la propia energía: alguien limpia por nosotros/as, o nos trae la compra, o nos hace comida y nos la pone en la mesa, etc.
La relación entre la energía y el tiempo también es inversa: cuanto más tiempo se invierte en una actividad, menos energía queda disponible para otras actividades.
Así, el día al día al final es un conjunto de tomas de decisiones acerca de cómo gestionar tiempo, dinero y energía.
¿El ahorro? Pues el ahorro tiene un punto de vista positivo y uno negativo.
El dinero no da la felicidad, pero su carencia nos puede sumir en situaciones realmente desagradables. Se recomienda tener un colchón para imprevistos, edificar un plan de pensiones, o construir una gran inversión, como es comprar una casa. Ese dinero que se va apartando se puede rentabilizar, es decir, se puede aprovechar el hecho de que el dinero se crea de la nada a partir de la aplicación de los tipos de interés, los precios de las acciones en bolsa, etc. Podemos aprovechar el carácter virtual del dinero.
Pero, ¿qué pasa si todo el mundo retiene su dinero? Entonces la Economía del país se estanca, se ralentiza, no hay intercambios de bienes y servicios por dinero, se paraliza la actividad. Lo que parecía bueno deja de serlo.
El ahorro de energía vital puede parecer maravilloso también. Se dice que el número de respiraciones de toda nuestra vida está contado, así que una buena forma de ahorrar es ralentizar la respiración, calmarla. Según Osho:
“Cuando la vida es fácil, el tiempo parece más corto. Esos a los que la gente
llama yoguis, que cada vez respiran menos y más despacio, lo único que hacen es
disminuir el proceso de la vida. Están menos vivos, eso es todo. No van a vivir
más tiempo; tan sólo van a estar menos vivos. No están viviendo plenamente; su
llama no arde adecuadamente. El ánimo, el entusiasmo y la danza desaparecen. Se
consumen a sí mismos, eso es todo.”
Y finalmente, el ahorro del tiempo siempre me evocará a los Hombres Grises del libro Momo, y es que el tiempo no se puede ahorrar porque la vida no se puede ahorrar. Todo lo que hacemos, cada día, en el trabajo, en el metro, al encender la televisión, es tratar de no ser conscientes del tiempo, tratar, además, de que pase lo más rápido posible, es decir, gastarlo. Aunque creemos que lo ahorramos. Existen cursos sobre gestión del tiempo, los anuncios proclaman que los productos nos ahorran tiempo, ¿y cómo se va a ahorrar el tiempo? Me refiero a que, igual que resulta absurdo imaginar una gran caja de ahorros del tiempo como la que aparece en la novela de Michael Ende, también resulta absurdo pensar que si se va más deprisa, se tendrá más tiempo. Intentamos correr mucho y, al igual que para los hombres grises en la calle de Jamás, el tiempo pasa más rápido y se nos va.
¿Tiempo, dinero o energía? Ni ahorrarlos, ni malgastarlos, simplemente vivirlos, disfrutarlos y llenarlos.
domingo, 30 de enero de 2011
Amplía tu pequeño mundo

De forma totalmente inesperada dijo mi nombre, y me habló de una entrada del blog en la que menciono a uno de mis autores estrella, Ernie J. Zelinski, y uno de mis libros preferidos, El placer de no trabajar. Me encanta tener lectores, pero a veces la sorpresa de que me hablen de este blog es tan imprevisible que me quedo sin palabras. Y más si es en un entorno laboral donde me nombran, precisamente, “el placer de no trabajar”. :-)
Sin embargo, el libro de Zelinski está dirigido a “estresados, parados, jubilados o cansados de trabajar”, según dice su subtítulo. Y habría que añadir que no es ninguna broma de mal gusto para aquellos que no tienen trabajo. El libro es una potente herramienta para sacarle mucho jugo al tiempo de ocio, se esté en la situación en que se esté. Así, aquello que se descubre o aprende en el tiempo libre puede llevar a emprender un nuevo camino laboral, o a mejorar en habilidades en las que se falla, o a perfeccionar capacidades que se utilizan de forma habitual. Probablemente, yo escribí aquello en una temporada en que trabajaba desde casa, o bien en otra en que estaba desempleada, o como he oído decir, estaba en búsqueda activa de empleo. Y sí, desde mi experiencia, el libro sirve, amplía miras, sobre todo en el área de la creatividad.
Zelinski simplemente da claves de cómo recuperar actividades para el ocio que quedaron en el olvido, o de encontrar otras nuevas que se adapten a nuestra forma de vida actual. Para ello, indica cómo construir un árbol de ocio con todas las opciones que fueron interesantes alguna vez, o nos parecen interesantes ahora, o nos podrían atraer. Empezar a considerar nuevas opciones hace necesario quitarse de encima el polvo del viaje por el aburrimiento. Curiosamente, en una era en que estamos rodeados/as de todo tipo de tecnología y opciones de entretenimiento, muchas personas tienen la palabra “aburrimiento” muy presente en su vocabulario. Y más curioso todavía, aquellos/as que afirman sentir aburrimiento frecuentemente, suelen resultar bastante aburridos a los demás.
Y es que, incluso para buscar nuevas actividades que nos motiven y nos den energía en el tiempo libre, la mayoría de personas trata de permanecer siempre en su área de comodidad. El área de comodidad de algunas de ellas es tan pequeña que no pueden casi ni moverse sin sentir ciertas dificultades. Sin embargo, el hecho de irse recogiendo poco a poco en este área produce un efecto paradójico: cada vez se reduce más.
Creo que el miedo es el motor más habitual de las acciones humanas, y esto tiene explicación científica, puesto que es uno de los mecanismos de supervivencia más antiguos, arraigado en nuestro cerebro más primitivo. Y observo actuaciones guiadas por el miedo no sólo en aquellos que confiesan “no me atrevo”, sino en aquellos que supuestamente llevan una vida de retos y desafíos al más alto nivel profesional. Al final, la biología les puede, y no aciertan a salir de su pequeña caja de zapatos.
En realidad, y como comentaba en la entrada de blog que trajo a mi mente este lector, el tipo de estímulos de placer que nos alejan de tener una vida fácil puede dividirse en dos: evitar sacrificios, o evitar el miedo. En los dos casos esquivamos algo que nos parece negativo, desagradable, incómodo, innecesario... Pero el caso del miedo es en el que me voy a centrar, porque la mayoría de las veces, según he observado, es miedo infundado. Además, una cosa es no querer hacer un sacrificio, aun siendo consciente de lo que puede suponer, y otra es no poder realizar algo por miedo.
¿Miedo a qué? Miedo a lo desconocido. Hay multitud de creencias bajo la capa del miedo a lo desconocido, desde «el mundo es hostil» hasta «no soy capaz», de forma que realizar cualquier acción en el terreno desconocido (hablar en público, llamadas comerciales, conducir por primera vez, comenzar una relación) tiene un componente de visión de túnel de cómo es el mundo y otro de fallo en el autoconcepto. Algo así como que el mundo es muy grande y yo soy muy pequeñito/a.
He visto miles de técnicas para superar el miedo, y creo que están demasiado centradas en el objeto que quieren destruir. El miedo no desaparece, pues es una alarma biológica, inconsciente, previa a cualquier razonamiento. Una situación actual puede llevar a una persona a evocar una intensa experiencia negativa anterior, incluso si no tienen relación alguna. Automáticamente, han saltado los mecanismos de alarma y ahí no hay nada que hacer.
Entonces, ¿cómo superar el miedo a lo desconocido? ¿Cómo pasar por encima y alcanzar lo que se desea? Me da la sensación de que el miedo se enfrenta y se supera con valentía. Es decir, se enfrenta y se supera con una dosis de energía positiva, de fuerza de voluntad, de motivación. Nuestro mundo se amplía y deja de ser una aburrida caja de zapatos abriéndose a la experiencia de más, buscándolo, pasando a través de ello. Por ejemplo, el miedo a hablar en público se supera hablando en público.
sábado, 3 de octubre de 2009
Lo científico es verdad, y lo no científico ¿es mentira?
No quiero yo con esta entrada ni mucho menos criticar a Eduard Punset, que me parece una persona inteligentísima, que lleva a su programa Redes invitados muy interesantes, y que aporta cosas realmente curiosas a una televisión bastante pobre.







