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miércoles, 7 de diciembre de 2011

Talento, creatividad y éxito: cómo ahuyentarlos de tu empresa

Día llegará en que se reconozca generalmente la posibilidad de trabajar más y mejor en menos tiempo. El trabajo sin el esparcimiento agota. Nuestra natural propensión al esparcimiento nos enseña que no debemos negarle su parte en la vida.

El cerebro que está ocupado sin cesar en una misma tarea no funciona tan vigorosamente como cuando descansa o varía de ocupación. El ser humano que trabaja de continuo sin esparcir jamás el ánimo, invalida su aptitud para la felicidad.

No ha de ser el ser humano tan esclavo del trabajo que agote sus fuerzas en procurarse un modo de vivir sin atender el perfeccionamiento de su carácter.


Esto escribió Orison Swett Marden alrededor de 1900 (hace más de un siglo). Y no podemos decir que se tratara de un hombre vago que buscaba escurrir el bulto y hacer la menor cantidad de tareas posibles. Al contrario, con unos orígenes bastante humildes Marden llegó a ser un gran empresario que construyó varios hoteles en EE. UU., no sin dejar de escribir incansablemente muchas obras similares a La alegría de vivir, que es de donde hemos extraído estas citas, obras para ayudar a las personas como tú y como yo a tener éxito y ver lo bonito de la vida. Se dice que Orison Swett Marden es el precursor de obras como Poder sin límites y El Secreto.

Podemos decir que Marden tenía talento y creatividad, y que tenía un éxito probado en los negocios. Es decir, la persona que afirmaba que se puede trabajar más en menos tiempo y que se necesita tiempo libre y descansos para el cerebro, fue capaz, con estas creencias, de desarrollar su talento, creatividad y éxito. Es más, yo diría que gracias a sus creencias que arriba recogemos, tuvo Marden este éxito.

Esto me recuerda a un libro que me influyó bastante en mi época de consultora de formación, Love’em or lose’em (Ámales o piérdeles). Es un libro en que se describe cómo retener el talento en una compañía, y cómo impulsar la creatividad para lograr el éxito.

En el mundo en que vivimos y en la situación en que estamos ahora, destacaré las razones económicas de por qué es interesante retener el talento. Las autoras del libro, Beverly Kaye y Sharon Jordan Evans, nos dan el siguiente ejemplo:

Un ingeniero con talento y creatividad pide un aumento del 15% del sueldo (digamos 15.000 $), y su jefe se lo niega. Este profesional encuentra otro trabajo en que le pagan un 30% más. ¿Qué proceso se desencadena después?



  • Se contrata a un cazatalentos al que se le pagan 40.000 $ para que busque a quien pueda reemplazar a nuestro ingeniero


  • Se encuentra a cinco candidatos cuyas entrevistas nos cuestan 5.000 $


  • Se selecciona al nuevo profesional, pagándole un bonus de 10.000 $, y él negocia el salario en un 25% por encima del anterior ingeniero


  • Nos enteramos de que el anterior ingeniero está obteniendo negocio para la empresa de la competencia de varios millones de euros


  • Los compañeros del que se ha marchado empiezan a irse también a la nueva empresa.


Este ejemplo puede parecer exagerado pero está basado en datos reales. Los directivos no suelen saber cuánto puede costarles perder a alguien de valor, porque nunca calculan esos costes.
Por otro lado, en el artículo de Alan M. Webber cuyo nombre dice todo “Peligro, compañía tóxica”, nos dicen que “No es verdad que la lealtad haya muerto. El problema reside en que muchas empresas reciben de su gente la respuesta que se merecen”. Vamos a destacar también los datos económicos, dado que algunos directivos solo son sensibles a los números:





Un estudiante de mi clase le preguntó a Russo por qué SAS hacía tantas cosas
para su gente.
“Tenemos alrededor de 5.000 empleados. El año pasado, nuestro
índice de rotación fue del 3 por ciento. ¿Cuál es el promedio de la industria?”,
preguntó Russo, a su vez. Alguien sugirió el 20 por ciento. Aunque le pareció
bajo, decidió usar ese porcentaje para su demostración: “La diferencia entre el
20 por ciento y el 3 por ciento es de 17 por ciento. El 17 por ciento de 5.000
personas representa un total de 850. ¿Cuánto cuesta la rotación por persona en
términos de sueldos?”. Los estudiantes estimaron el costo como equivalente al
salario de un año, sobre la base de un sueldo promedio de 60.000 $. Aunque Russo
volvió a considerar bajas ambas cifras, las empleó para seguir adelante con su
ejemplo: “Multipliquen 60.000 $ por 850 personas — dijo— ; eso es más de 50
millones de dólares de ahorro. Así es como la empresa paga el gimnasio, la
atención médica en el lugar de trabajo y el resto de los detalles pensados en
función de la gente”. De manera que si SAS puede ahorrar 50 millones de dólares
al año en menores costos de rotación, estamos hablando de ventajas financieras
reales.


Seguiremos hablando de estos temas; nos parece crucial en los tiempos que corren.







jueves, 9 de junio de 2011

Deja de perseguir prioridades equivocadas



Llega a mi email una información de Marshall Goldsmith que quisiera compartir. Marshall Goldsmith es autor de 28 libros de negocios, muchos de ellos bestsellers. ¿Y qué nos dice este hombre? Pues que nos dedicamos a perseguir prioridades erróneas. Stephen Covey, otro autor similar, lo llama apoyar la escalera en la pared equivocada: cuando llegamos arriba nos damos cuenta de que no era ahí a donde queríamos subir.

Goldsmith menciona un estudio con jubilados que no habían sido directores generales. Se les preguntó sobre qué consejos darían a la gente joven. Se les preguntó:

“¿Cuál es la clave para tener una vida estupenda?” Y estas claves podían
resumirse fácilmente en tres puntos:


1) Sé feliz ahora. En la cultura de satisfacción continua de necesidades en la que vivimos, solemos condicionar la felicidad a alcanzar algo en un futuro. “Seré feliz cuando...”. Esto garantiza un estado de infelicidad crónica, de sensación de vacío continua, de escasez. Supeditar la felicidad a aquello que llegará (... cuando cambie de trabajo, tenga hijos, me case, me divorcie, tenga un coche nuevo, me haya ido de vacaciones) nos impide ver aquello que ya está aquí.


2) Aprecia a los más cercanos. Cuando estés en tu lecho de muerte, no estarás rodeado precisamente de tus clientes. Serán tu familia y amigos quienes estén ahí contigo. Y por cierto, no hay que tener 95 años ni estar en el lecho de muerte para descubrir esto. Basta con unos días ingresado/a en el hospital: entonces claramente se destaca quiénes son importantes en tu vida. Todo lo demás no es que quede en un segundo plano; es que desaparece.


3) Si tienes un sueño, persíguelo. Por estúpido que pueda parecer, por pequeño o grandioso que sea, es probable que sea más fácil cumplirlo ahora que a los 90 años, ¿no es así? Tu sueño puede ser conocer Australia, o escribir un libro, o montar un chiringuito en el Caribe (este lo he oído mucho, créeme). Lánzate ahora y prueba. Después puede ser tarde para ello. De nuevo, no hace falta llegar a los 90 para dejar de sentirse con las energías suficientes; a veces, ocurre mucho antes.

Y esto que cuenta Goldsmith, especializado en literatura para directivos, es perfectamente aplicable a los líderes en su quehacer profesional. De nuevo, tomando las 3 claves que acabamos de ver:

1) Es clave divertirte en tu trabajo. Lo cierto es que los superiores rara vez transmiten entusiasmo a sus colaboradores (sólo hay que ver que, claramente, no se están divirtiendo en absoluto). Una vez leí que, para saber si un trabajo era lo tuyo, te fijaras en tu superior: es lo que podías llegar a ser. ¿Sí? ¡Pues que espanto! Fijarme en personas que habían llegado “a lo más alto” me ayudó mucho para huir de trabajos realmente tediosos.


2) Ayuda a tus colegas. Cuando miras atrás a tus experiencias laborales previas, lo que sueles recordar es a las personas, no las tareas, ni tampoco el tamaño del despacho. Cuando tengas 95 años no te estarás acordando de que tu despacho era tan grande como el espacio asignado a diez subordinados. ¿O sí? Más bien, recordarás cómo ayudaste a desarrollarse a las personas, y las relaciones en general.


3) “Ve a por ello”. Es posible que fracases, pero al menos lo habrás intentado. De otra forma, puedes llegar a sentirte miserable por no haberlo hecho. Es un mundo cambiante, vivimos una etapa crítica, pero la única certidumbre con la que cuentas eres tú.


domingo, 6 de febrero de 2011

¿Tiempo, dinero o energía?


Tengo la sensación de que, de alguna forma, los tres son formas parecidas de lo mismo.

La relación inversa entre tiempo y dinero se estudia incluso en las facultades de Economía. Al hablar de trabajo, por ejemplo, cambiamos tiempo por dinero. En concreto, lo habitual es cambiar 8 horas de trabajo diarias, o 40 semanales, por un salario.

Un elemento fundamental los diferencia: el tiempo no se puede multiplicar, y el dinero sí.

Hace mucho tiempo que el dinero dejó de ser la representación en papel de una reserva de oro que se encuentra en el Banco de España, tal vez “escondida” en algún sótano, como podríamos imaginar. Mucho del dinero que circula ahora es ficticio, creado, sin ningún respaldo real; es un dinero virtual, que se multiplica gracias a su precio (los tipos de interés), y gracias a las leyes del mercado bursátil. Quien más quien menos, sabemos qué consecuencias ha tenido el hecho de que los activos que poseían los bancos fuesen irreales, basados en una deuda “tóxica”.

En cuanto al tiempo, el tiempo es tu vida. Lo que hagas con tu tiempo, lo estás haciendo con tu vida. Tus días, tus horas, tus minutos, son días, horas y minutos de tu vida, de lo que te resta de vida.

Lo parecido entre el tiempo y el dinero es que parecen comportarse como un flujo de energía. Parados, se estancan, para ponerlos en acción y que fluyan hay que disfrutarlos, vivirlos, llenarlos, realizarlos.

La energía a la que me refiero en el título es la fortaleza vital que se tiene en cada momento. En realidad, no sólo se cede tiempo a cambio de dinero, también (y sobre todo) se cede energía. Se puede pagar para conservar energía, en otras palabras, se puede ceder dinero a cambio de tareas que ayuden a preservar la propia energía: alguien limpia por nosotros/as, o nos trae la compra, o nos hace comida y nos la pone en la mesa, etc.

La relación entre la energía y el tiempo también es inversa: cuanto más tiempo se invierte en una actividad, menos energía queda disponible para otras actividades.

Así, el día al día al final es un conjunto de tomas de decisiones acerca de cómo gestionar tiempo, dinero y energía.

¿El ahorro? Pues el ahorro tiene un punto de vista positivo y uno negativo.

El dinero no da la felicidad, pero su carencia nos puede sumir en situaciones realmente desagradables. Se recomienda tener un colchón para imprevistos, edificar un plan de pensiones, o construir una gran inversión, como es comprar una casa. Ese dinero que se va apartando se puede rentabilizar, es decir, se puede aprovechar el hecho de que el dinero se crea de la nada a partir de la aplicación de los tipos de interés, los precios de las acciones en bolsa, etc. Podemos aprovechar el carácter virtual del dinero.

Pero, ¿qué pasa si todo el mundo retiene su dinero? Entonces la Economía del país se estanca, se ralentiza, no hay intercambios de bienes y servicios por dinero, se paraliza la actividad. Lo que parecía bueno deja de serlo.

El ahorro de energía vital puede parecer maravilloso también. Se dice que el número de respiraciones de toda nuestra vida está contado, así que una buena forma de ahorrar es ralentizar la respiración, calmarla. Según Osho:


“Cuando la vida es fácil, el tiempo parece más corto. Esos a los que la gente
llama yoguis, que cada vez respiran menos y más despacio, lo único que hacen es
disminuir el proceso de la vida. Están menos vivos, eso es todo. No van a vivir
más tiempo; tan sólo van a estar menos vivos. No están viviendo plenamente; su
llama no arde adecuadamente. El ánimo, el entusiasmo y la danza desaparecen. Se
consumen a sí mismos, eso es todo.”

Y finalmente, el ahorro del tiempo siempre me evocará a los Hombres Grises del libro Momo, y es que el tiempo no se puede ahorrar porque la vida no se puede ahorrar. Todo lo que hacemos, cada día, en el trabajo, en el metro, al encender la televisión, es tratar de no ser conscientes del tiempo, tratar, además, de que pase lo más rápido posible, es decir, gastarlo. Aunque creemos que lo ahorramos. Existen cursos sobre gestión del tiempo, los anuncios proclaman que los productos nos ahorran tiempo, ¿y cómo se va a ahorrar el tiempo? Me refiero a que, igual que resulta absurdo imaginar una gran caja de ahorros del tiempo como la que aparece en la novela de Michael Ende, también resulta absurdo pensar que si se va más deprisa, se tendrá más tiempo. Intentamos correr mucho y, al igual que para los hombres grises en la calle de Jamás, el tiempo pasa más rápido y se nos va.

¿Tiempo, dinero o energía? Ni ahorrarlos, ni malgastarlos, simplemente vivirlos, disfrutarlos y llenarlos.

martes, 22 de diciembre de 2009

La dejadez del "estoy muy ocupad@"



Robert Kiyosaki, el famoso autor de Padre rico, padre pobre, habla en un punto sobre la forma más común de pereza, yo diría de dejadez: estar ocupado/a.

Con frecuencia, las personas ocupadas son con frecuencia las más perezosas. Todos conocemos casos en los que un hombre trabaja muchas horas para ganar dinero, para poder así mantener a su mujer y a sus hijos. Este hombre actúa así basado en una serie de creencias: "es necesario trabajar duro para ganarse el pan", " sólo los que trabajan así llegan lejos", "si no hago esto, entonces estaré con mi familia bajo un puente ". Pero ese hombre que se queda todos los días horas extra y que se trae trabajo a casa los fines de semana, resulta que un día regresa a un hogar vacío. Su mujer se ha marchado con sus hijos. Sí, reconoce en medio del dolor que tenían problemas de "comunicación" (¿Acaso había comunicación? se dice ella).

La pereza o dejadez de este tipo de persona está en ese saber que tenía problemas de relación, y en ese huir metiendo la cabeza dentro del "estoy muy ocupado". Lo cierto es que las personas se mantienen ocupadas para evitar hacer frente a algo que no quieren ver. No es algo que les tengan que decir; ellos/as lo saben en lo más profundo. De hecho, si le dices esto a cualquiera de estas personas excesivamente ocupadas (que suelen ser hombres), responderán con ira. Esa verdad duele.

No me vale excusas como: "en la era cavernícola era lo que hacíamos, cazar y traer animales, traer el sustento". ¿Cómo se pueden seguir apoyando algunos en esto? Es pura dejadez, es no tomar las riendas de tu vida, es no dar valor a lo que es importante en ella, hasta que lo pierdes, hasta que se te va de las manos, es confundir lo urgente con lo importante.

Abrir los ojos y estar alerta es algo que pocas personas hacen, porque en ocasiones duele. Crear excusas, razones, o aferrarse a creencias tales como: "El mundo es hostil", "Todo el mundo lo hace", "La vida es así de dura", es no querer percibir la realidad tal cual es (si es que es posible. Pero al menos, podríamos acercarnos un poco a ella).

El tipo de dejadez de estar muy ocupado/a es el más común hoy en día. Pero esto no es tan moderno. Es el tipo de dejadez de dedicarse a ahorrar tiempo para disfrutarlo ¿cuándo? que describió Michael Ende en Momo. Es la dejadez de quedarse en la mediocridad, agarrándose a lo estable, lo cómodo, lo que parece seguro, hasta que un día “te roban el queso”. Y es que pocos hay que estén atentos a su queso, a si éste se va consumiendo y ya es hora de cambiar de ubicación. Pocos dejan los ojos abiertos, porque es mucho más cómodo cerrarlos y dejarse mecer por la cotidianeidad.

Kiyosaki opina que si abres los ojos, descubres que estabas sintiendo culpabilidad por tu avaricia. Es decir, te has dejado adormecer porque no soportas saber que te gustaría llegar más lejos, pero lejos de verdad, donde tu vida sea la que tú deseabas, no la que “te ha tocado” (otra falacia). Es posible que esto sea así.

En cualquier caso, ya que lo sabes, ¿qué te impide despertar, Neo?

Más información:
http://www.richdad.com/

martes, 14 de julio de 2009

¡Siempre adelante!


No sé si a ti te pasa, pero a mí sí: oigo hablar a personas sobre el éxito, el Secreto, el dedicarte a tu vocación, el seguir tu brújula interior... Y al mismo tiempo, veo personas chocándose una y otra vez con puertas cerradas, con sensaciones negativas sobre sí mismas, con aceptar menos de lo que son capaces de hacer, no con serenidad, sino con una resignación compuesta de resentimiento y baja autoestima.


Se dice que detrás de todo esto están las creencias. Y debe de ser verdad. Te hablo en este tono escéptico porque soy la primera que no está libre de creencias limitantes. Soy la primera que observa admirada a personas como Stephen Hawking llegar muy lejos, acompañado desde siempre de su ELA (esclerosis lateral amiotrófica) o al llamado "hombre milagro", que aparece en el vídeo y el libro del Secreto, explicando su recuperación.


Por otro lado, desde hace tiempo observo que las personas se aferran a un tipo de creencias especialmente dañinas, que son las expectativas. Expectativas sobre lo que "debe" ocurrir o expectativas sobre cómo "tiene que" comportarse otra persona. De esta forma, existe una falacia, o idea equivocada, que es creer que se tiene derecho a. Derecho a un buen trabajo, derecho a la vivienda o derecho a un matrimonio feliz. Algunas de estas cosas aparecen de forma algo ingenua para mi gusto en la propia Constitución Española. Pero hay algunas personas que nacen directamente sin ninguno de estos derechos, en esos países que no nombramos.


Todo esto me ronda la cabeza desde que me fijo con especial interés en el trabajo de Vicens Castellano en Ajuste de Cuentas, programa de Cuatro. Veo personas estancadas en la creencia de que no pueden salir de su angustiosa situación. Desde fuera parece fácil decir: "si sólo hay que...". Pero cuando uno está dentro, en el centro del huracán, quizá no tenga una visión tan clara de lo que le conviene hacer para cambiar el círculo vicioso y convertirlo en virtuoso. Aquí la ayuda de un coach es crucial.


¿Cómo lo ha hecho?, nos preguntamos asombrados ante la persona que triunfa. Acto seguido, atendiendo a nuestras creencias, nos decimos: claro, será un enchufe, su familia tiene dinero (y la mía no), es más fuerte que yo, ha tenido suerte, etc. Esto sólo confirma las creencias de que para que te vaya bien, tienes que tener un enchufe, o tu familia debe prestarte dinero, o debes ser fuerte o tener mucha suerte. Como si en ningún caso contara tu valía personal.


Al margen de El Secreto (o la Ley de la Atracción), podemos decir que esto de tener éxito funciona, que si lo vemos continuamente a nuestro alrededor, es que se puede hacer. Podemos tomar como modelo a estas personas que triunfan, podemos acercarnos a ellas y tratar de imitar aquello que más admiramos, sin dejar de mostrar nuestra huella personal, podemos reconocer que detrás del éxito y del dinero también hay un trabajo, una perseverancia, y un pensamiento alineado y libre de algunas de nuestras peores creencias que, como enemigos, nos echan abajo.


Yo tengo varios de estos modelos, y uno de ellos es Orison Swett Marden, como ya sabéis los asiduos/as. Sólo con el título de alguna de sus obras te da alguna de la energía que él tiene a raudales: ¡Siempre adelante!, La alegría del vivir.


Sé muy bien lo duro que puede ser abrirse camino en la vida, y más cuando se sufren enfermedades, o suceden desgracias familiares. Pero también sé que cuando uno escoge de entre todo lo que tiene lo positivo (y en el sufrimiento para mí lo positivo es la enseñanza que se extrae), entonces el camino se aclara, o se deja de oscurecer, deja de parecer dramático, y empieza a ser mimado y trabajado desde la responsabilidad.

lunes, 18 de mayo de 2009

¿Sexo en crisis?


Me hago eco del artículo aparecido este domingo en El País Semanal, por Guillermo Abril, y busco aportar mi propio punto de vista sobre el tema. Se plantea que la cantidad y calidad de las relaciones sexuales han podido verse afectadas por el cambio en la coyuntura económica.

El sexo es una forma de creatividad, de puesta en práctica de la imaginación, de comunicación intensa y profunda con el otro, y de desahogo de tensiones físicas. Esta forma de ver la sexualidad puede convertirse en esta otra: el sexo es una rutina que ocurre con cierta frecuencia, cuando toca, y que se da siempre de la misma forma, con pocas o ninguna variación, que resulta aburrida y por tanto, acabamos por evitar.

¿Cómo es posible que la misma actividad pueda verse desde ángulos tan opuestos? La sexóloga Carol G. Wells nos cuenta una causa fácil de entender: la creatividad sexual parte del hemisferio derecho del cerebro, y sin embargo, nosotros nos pasamos el tiempo en actividades propias del izquierdo. El orgasmo se produce en un estado de semivigilia, que actualmente llamamos de flujo o «flow». Sin embargo, con el hemisferio izquierdo calculando, razonando, aplicando la lógica, no podemos alcanzar un estado similar, dado que interfiere una parte de nuestro yo con un fuerte espíritu crítico.

Es decir, el tipo de concentración necesario para tener una relación sexual satisfactoria es muy distinto al tipo de concentración que requiere realizar un trabajo de oficina, hacer cuentas, o hacer la lista de la compra. En cierto sentido, son opuestos: el espíritu racional, deductivo, realista debe deponer las armas y habremos de sumirnos en la vivencia intuitiva, impulsiva y atemporal si queremos disfrutar.

Con la aparición de un gran cambio en la situación económica, lidiamos con una variable más, y es la intensa emoción que puede ser de miedo o de tristeza. Pienso que la repercusión en nuestra sexualidad es diferente si la reacción es de miedo que si es de tristeza.

1) La ansiedad puede activarnos, puede instarnos a actuar para escapar de la situación actual. Y esta activación puede repercutir en un aumento de las relaciones sexuales y de su calidad, ya que hemos puesto en marcha nuestra imaginación para encontrar soluciones creativas a las circunstancias.

2) La tristeza puede hacernos caer en la inactividad, paralizando el funcionamiento de nuestros sistemas hasta que la coyuntura mejore. Entonces, el sexo se verá reducido a su mínima expresión. No nos quedarán ganas de pensar en ello con tantos problemas en la cabeza, problemas que nos han bloqueado.

A todo esto hay que añadir que el no poder adornar nuestras vidas con cierto glamour que compra el dinero, el sentir que no podemos arreglarnos y salir de tapas porque no tenemos suficiente, puede apagar la llama y revelar desavenencias que existían bajo una capa de estabilidad. Buscamos la estabilidad como si eso fuera la vida, y la mayoría de las cosas que merecen la pena ser vividas están fuera de nuestro área de seguridad. La estabilidad añade rutina, lleva al aburrimiento, y éste a la cólera y a identificar a nuestra pareja como razón de toda esta monotonía y blanco de nuestra ira.

Cuando se produce un cambio, incluso si es positivo, se abre un abismo ante nuestros ojos, un abismo de lo desconocido, de no saber qué va a pasar, y de no saber cómo actuar. Y al mismo tiempo, se abren nuevas posibilidades, nuevos caminos que podemos tomar, y la posibilidad de aprender que la vida es cambio y que nos estábamos agarrando a cosas que inevitablemente van a desaparecer, porque no son eternas.



Si tu trabajo estuviera asegurado de por vida, el sexo no sería mejor.
Si tuvieras mucho dinero, el sexo no sería mejor.
Si tuvieras más tiempo libre, el sexo no sería mejor.



El sexo será mejor si:

- Aprendes a desconectar de la actividad del hemisferio izquierdo: analítica, objetiva, intelectual.

- Reconoces tus emociones como algo diferente de ti, y dejas de identificarte con ellas: miedo intenso, excesiva ansiedad, tristeza y desesperanza.

- Comienzas a permitirte un espacio de verdadera creatividad e imaginación: juegos, reírte, tomarte menos en serio, visualizar tu próximo encuentro sexual, ver una película que te resulta excitante, leer una novela erótica.

- Comienzas a relajarte: cierras los ojos, buscas una posición cómoda, dedicas ratos de tu día a no hacer absolutamente nada, realizas técnicas de respiración.

- Dejas hueco a los placeres sensuales (y gratuitos): admirar la belleza, tomar el sol, escuchar música (o a los pájaros), pasear por un parque, observar el atardecer, darte una ducha siendo consciente de todos tus movimientos, el olor del jabón, el calor del agua sobre tu piel.

viernes, 24 de abril de 2009

La vida puede ser mágica

Pienso que este vídeo expresa muy bien que la vida puede ser magia. Lo he recibido en un email con una serie de frases que ayudan a desconectar:

  • Olvídate de los recibos del gas ... la luz ... teléfono ...
  • Olvídate del compañero de al lado, sí, ése que te está haciendo la puñeta... o del que te lo encuentras por los pasillos y ni los buenos días sabe dar
  • Olvídate de la avería del coche o de la moto
  • Olvídate de las notas del niño
  • Olvídate de las malas noticias en el periódico
  • Olvídate por un instante de los números rojos…
  • Que todo lo negativo quede fuera de tu mente… durante un momento…

Simplemente... que nunca te falte un poquito de magia en tu vida.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Verdades sobre el dinero

¿Qué es el dinero? El dinero como objeto tangible ha perdido su razón de ser. Cuando el dinero tenía un reflejo como metal noble (Patrón Oro), su valor se comprendía mucho mejor. Hay que decir que todavía muchas personas creen en el patrón oro, es decir, en que los billetes y monedas que manejamos, con escaso valor en sí mismos, tienen un reflejo en unas reservas de oro que están en el Banco de España.

De los activos creados con el cada vez más complejo sistema bancario poco se sabe. Sí se sabe que si todos acudimos al banco a la vez a por nuestros ahorros, no podremos obtenerlos, ya que el banco sólo está obligado a tener una porción de ellos, calculada según el coeficiente de caja. Sin embargo, la proporción de dinero «real» que existe es desconocida para la mayoría de la gente. Aun así, el caso de Argentina, las hipotecas subprime y la caída de algunos grandes bancos internacionales, llevan a la gente a pensar que donde mejor está su dinero es invertido en ladrillo (cosa que ahora también se empieza a ver con escepticismo), o mejor, metido en un calcetín, o bajo el colchón.

El dinero, cada vez más, es un concepto o una abstracción, un número que podemos mantener en la cabeza, o consultar en la cuenta. Sobre él, podemos decir unas cuantas verdades que nos pueden ayudar a comprender mejor qué es el dinero y por tanto a manejarlo sabiamente.

1. Todo ingreso inesperado conlleva un gasto inesperado de igual o mayor cuantía
Esta es la principal Ley del dinero, la madre de todas las demás, y debemos su descubrimiento a Daniel G. En efecto, cuando surge cualquier tipo de ingreso con el que no contábamos, a la felicidad momentánea le sucede un cierto sabor amargo, al comprobar que surge un gasto igualmente inesperado, de importe equivalente: reparación del coche, la declaración nos sale a pagar, se estropea la caldera, se rompen las cañerías, etc. Es el equilibrio del Yin y el Yang...

2. El dinero fluye, va y viene, pero va más que viene
Parece que el dinero más que un objeto fijo, es una corriente, como la del agua, la de la luz y la del gas, que van y vienen misteriosamente, pero que tienen un alta tendencia a correr mucho. Complementaria de la anterior, esta verdad nos hace ver la verdadera naturaleza del dinero: escurridiza.

3. Uno se acomoda a la cantidad de dinero que gana...
... sobre todo si es mayor. Es increíble cómo, cuando hacemos nuestro presupuesto mensual, nos decimos: «con X cantidad de euros más me arreglaría perfectamente». Entonces surge un cambio permanente en nuestra vida que hace que ganemos esa cantidad X de más. Asombrosamente, al cabo de unos pocos meses (dos o tres) comprobamos cómo necesitaríamos una cantidad Y de euros más con la que ahora sí que sí nos arreglaríamos perfectamente.

4. El dinero la mayoría de las veces no existe: o es un papel, o es una chapa con un careto, o es un número en una cuenta que quizá no tenga reflejo real al 100%
Como adelantaba en la introducción, la existencia de nuestro dinero es relativa, como todo en esta vida. Cuando éramos pequeños y nuestros abuelos nos daban la propina, guardábamos aquellas monedas (con suerte billetes) con mucho cariño, comprábamos caramelos, disfrutábamos... De aquella época dorada viene la creencia de que esas monedas y billetes sirven de algo. Cuando menos te lo esperas, se convierten en papel mojado, como cuando entró la moneda Euro y la equivalencia cambió: 100 pesetas de antes, 1 euro ahora, eso del 166,386 no sirve.

5. Está en nuestra mente, no en nuestro cuerpo
Entrando en temas totalmente místicos e incomprensibles, podemos concluir fácilmente que el dinero es algo de lo que no disfruta el cuerpo hasta que lo convertimos en bien tangible. En cambio, nuestra mente es feliz viendo números altos en la cuenta corriente. Si esto es así, ¿por qué no engañarnos un poco y añadir algún que otro cero al número que veamos? (ADVERTENCIA: hacer sólo con números positivos). Quizá logremos acabar viendo un número así de verdad. De ilusiones vive el ser humano.

6. Las necesidades básicas se cubren con muy poco dinero
La mayoría de nosotros/as, si nos preguntamos qué es lo realmente necesario para sobrevivir, y hacemos un estudio profundo de lo que ya tenemos, podemos darnos cuenta de que se puede vivir dignamente a un coste más bajo del que creemos. Podemos comer muy bien, vestir correctamente e incluso darnos algún capricho de vez en cuando si nuestro objetivo es dejar de derrochar.

7. Cuanto más dinero se tiene, más cosas se consideran necesidades básicas
Así es. Las necesidades básicas como un coche nuevo, una casa grande, muebles buenos, televisiones de pago, comida de antojos y ropa de marca, son realmente básicas... La comida normal, la ropa que podemos seguir utilizando seis meses después a riesgo de no ir a la moda, y la casa humilde y sencilla, en cambio, son demasiado caros para la mayoría de nosotros: nos duele la (des)ventaja comparativa, que es mucha en este caso.

8. Muchas veces se piensa que se necesita más dinero al compararse con otros que parecen tener un coche mejor, una casa más grande y vacaciones increíbles
Derivada directamente de la anterior, esta verdad es una de las más dolorosas. Quizá uno de motu proprio cambiaría de coche cada ocho o diez años. Pero resulta que las personas de nuestro entorno lo hacen cada cuatro o cinco. Quizá viviríamos de alquiler, pero nos mueve el afán de poseer: los demás lo hacen. Puede que las ciudades españolas tengan cierto interés, pero luego mis amigos hablan de que se han ido a Perú, a los Roques, o a Tailandia, y claro, Logroño ya no entra en la conversación.

9. Pocas personas comparan su renta con la del resto cuando se trata de alimentarse bien, de hacer ejercicio o de respirar aire puro
Al respecto del dinero, se establece una lista de cosas importantes alejadas de las cosas realmente buenas para la salud. Nadie busca compararse en quién come más fruta, o quién recurre más a las pizzas. Tampoco vende mucho hablar del paseo tan gratificante que diste el fin de semana, frente a contar la última superproducción de Hollywood. Si cuentas que haces ejercicio puedes ser adorado/a a la vez que envidiado/a, pero si encima lo haces gratis porque sales a correr o en bici, entonces no se te perdonará jamás estar en forma. ¿Dónde está el gimnasio de a 100 € al mes?

10. Todo es relativo
Como queremos conservar el tono de humor, no vamos a entrar mucho en otras consideraciones, pero recuerda que el mundo en el que tú vives supone el 15% de la población mundial y posee el 85% de la riqueza. Claro que los ricos son otros, siempre son otros. Para una persona que tienen que caminar varios kilómetros para beber agua potable, tú eres inmensamente rico/a. Piénsalo.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Cómo ser feliz en plena crisis





Ya que todo el mundo habla de crisis, me voy a subir yo también a ese carro, para aportar un pequeño granito de arena que ayude a hacer frente a la nueva coyuntura. Incluso si las circunstancias personales de uno no han cambiado, el que se hable de caída de los principales bancos de los principales países, y de aportaciones multimillonarias por parte de los estado, hace que sintamos el suelo temblar bajo los pies.



No trato de dar una visión económica del tema: hay suficientes blogs, periódicos y demás llenos de expertos en Macroeconomía. Lo que trato es de dar una visión de qué podemos hacer, tanto si nuestra situación ha cambiado como si tememos que lo haga en un corto plazo de tiempo.
Empecemos por lo más simple. Tal como apunta el gran Zelinski, existen básicamente dos formas de hacer frente a cualquier problema de liquidez; ningún economista negaría que son fantásticas. La primera es gastar menos de lo que se gana. La segunda es ganar más de lo que se gasta. Ahí acaba todo. Con ser tan sencillo, conozco a muchas personas incapaces de hacer esto, de forma que gastan siempre más de lo que ganan y ganan siempre menos de lo que gastan. ¿De dónde sale el restante? Se lo prestan otros, desde familiares y amigos que dejan de serlo hasta los bancos a un cierto tipo de interés. Acaban por tener que devolver cantidades mucho mayores que las que pidieron, por lo que tienen que pedir más para devolver lo pedido, y entran en un peligroso círculo vicioso.
Regla nº1: gasta menos de lo que ingresas
Regla nº2: ingresa más de lo que gastas
Para lograr una maestría en la aplicación de estas dos importantes reglas, existen varios trucos que pueden llevarse a cabo.

1. Haz una lista de la compra: parece una tontería, pero cuando uno se atiene a la lista, compra menos y mejor. Si vamos por el supermercado mirando a nuestros dos lados, creeremos estar en el paraíso del capricho incesante, de la necesidad permanentemente insatisfecha, del deseo continuo... Si nos atenemos a la lista, compramos marcas blancas y buscamos descuentos por volumen, podremos ir arañando algún que otro euro para más adelante. Por cierto: ¡no vayas a la compra con hambre! En caso contrario, puedes encontrar el carro lleno de donuts con diferentes coberturas, de patatas fritas con diferentes sabores, salsas de todo tipo y poco más. Nadie me cree, pero yo compro en 15 minutos. Entro por la puerta, busco lo que necesito, salgo por la puerta. Es así.

2. Recorta los gastos de aquello que no necesitas: la mayoría de las personas, cuando nos enfrentamos a nuestra lista de gastos, la recorremos varias veces hasta concluir «no hay nada aquí que no necesite.» Pero si tu sueldo se recortase a la mitad, ¿qué harías exactamente para salir adelante? Quizá dejarías de considerar ciertos gastos como imprescindibles, por ejemplo las televisiones de pago, la suscripción a una revista que no lees, la ropa a la ultimísima moda de hace dos minutos, el maquillaje y las cremas caros, peluquería, diversos aparatejos que se usan de año en año... Considera la posibilidad de ir al trabajo en transporte público: contamina menos, y así sentirás que estás haciendo algo por la Tierra y sus habitantes, y tú eres uno/a de ellos. Las vacaciones quizá las tengas que hacer a un lugar más cercano, u olvidarte de ellas temporalmente. No es un drama, existen cosas de las que se puede disfrutar gratis, más abajo lo explico mejor.

3. Busca otras fuentes de ingresos: reconozco que no es tan fácil encontrar otras fuentes de ingresos. Es agotador estar pluriempleado, y quizá no se esté en disposición de hacerlo por las circunstancias familiares. Bien, se puede vender aquello que no se utiliza en tiendas de segunda mano, se puede hacer algún trabajo de pocas horas que complemente al que tenemos, o se puede buscar otro trabajo en que nos paguen más. Quizá crees que es imposible que encuentres un trabajo mejor remunerado dadas tus cualificaciones. Puedes hacer cursos de formación profesional, o puedes buscar, porque quizá sí existe ese otro trabajo.

4. Valora los activos que estás manteniendo: hay una serie de cosas que nos atan como a esclavos, y la más importante es la hipoteca. A veces mantenemos activos contra viento y marea, trabajando exclusivamente para la casa, o para el coche. Tal y como está ahora la cosa, muchas familias ven aumentar la letra de su hipoteca pero no ven la posibilidad de vender la propiedad asociada a ella, bien porque no ganarían lo que valía hace tan sólo unos meses, bien porque irse a otra semejante sería tener el mismo perro con distinto collar. Algunas personas están alquilando su casa, mientras se van a una vivienda más asequible, también de alquiler. Aunque nuestra mentalidad es querer poseer a toda costa, y el activo que más valoramos es el inmobiliario, alquilar y no comprar es una opción a tener en cuenta en estos tiempos.

5. Sé más listo que ellos: igual que muchas veces pensamos que nuestra fuente de ingresos está fija y no la podemos aumentar, otras veces pensamos que nuestros gastos son inamovibles. Están surgiendo iniciativas muy interesantes para empezar a ser el «soberano consumidor» que se nos supone ser en Teoría Económica. Tú eres el experto/a sobre lo que compras, tú eres quien elige, y quien puede exigir mejores condiciones y reclamar cuando te cobran lo que no debieran cobrarte. Si quieres saber más sobre esto, visita http://compraexperta.com/ y te harás una idea de lo que quiero decir: existen muchos servicios que pagamos y por los que podríamos pagar mucho menos. Infórmate.

6. Desde ahora, todo es tuyo: esta solución es la que más me gusta a mí y la que menos te va a gustar a ti si eres una persona práctica. Sin embargo, numerosos autores, y místicos de diversas corrientes, han utilizado este medio para ser las personas más ricas del mundo, para vivir en la abundancia, para sentirse satisfechos... Si reflexionamos un poco, nos daremos cuenta de que el más rico tan sólo disfruta de la vista de lo suyo, pero al tiempo sufre por el miedo a perderlo, a que se dañe, y paga por mantenerlo, por protegerlo. Orison S. Marden nos aconseja sentirnos ricos por todo lo que podemos disfrutar gratis, por los llamados «bienes libres.» Rockefeller y Onassis no pueden poseer más que tú y que yo la puesta del sol, la vista del mar, respirar el aire puro, ver la luna llena, pasear por las calles. No tiene nadie título de propiedad sobre lo más bonito que podemos admirar, sobre los grandes poemas que encuentras en una biblioteca, sobre la música que hizo Mozart, sobre el aroma de los pinos...

Poseer una obra de arte, por ejemplo un cuadro de Velázquez, te obliga a: tener una pared suficientemente grande, tener mucho mucho dinero para comprarla, para protegerla, para restaurarla... Y si consigues todo eso, al cabo de unos meses pasarás por delante de ella sin darte cuenta de que existe. Si la dejas en el Museo del Prado, puedes ir a verla cuando quieras, compartir con otros su belleza, y compartir también los gastos de mantenimiento. La obra de arte en tu casa te hace esclavo; en el museo, te hace señor.
El mundo es de quien puede gozarlo, admirarlo, respirarlo, tocarlo... Por poco dinero puedes subir a un tren y recorrer tu ciudad de arriba a abajo, sintiendo que todo lo que te rodea está hecho para ti. Querer tenerlo todo, querer que todo esté bajo títulos de la propiedad, hace que no puedas atender a nada más que a la esclavitud que con ello te impones. Esto me recuerda a la película "Entre pillos anda el juego". En ella, dos corredores de bolsa se apuestan por un dólar que un hombre pobre, con el dinero y las posesiones de un rico, acaba comportándose como tal. Y viceversa. Para ello, cogen de la calle a un vagabundo (Eddie Murphy) y le ponen en el lugar de un ejecutivo (Dan Aykroyd). Cuando el vagabundo comienza a tomar posesión de la condición social del ejecutivo, lo primero que hace es empezar a guardarse en los bolsillos, disimuladamente, todo lo que ve de valor en «su casa.» Le hacen ver: «¡te estás robando a ti mismo!» Pues bien: sorprende ver la cantidad de gente que una y otra vez se roba a sí misma sin darse cuenta. Si todo es tuyo, si sólo en ti está la facultad de poseer aquello que disfrutas, aquello de mayor valor para ti, ¿por qué necesitar un título de propiedad? ¿Por qué envidiar a aquellos que lo tienen? ¿Por qué ponerse en situación de esclavitud con respecto a un objeto material?
En palabras del propio Marden:

Pobre es quien no está satisfecho. Rico es quien se contenta con lo que tiene y puede disfrutar de cuanto los demás poseen.