viernes, 17 de julio de 2009

El hormiguillo, azogue o necesidad de movimiento

La alarma ha sonado y yo me he levantado a hacer estiramientos. Mi acupuntora y médica tradicional china lo dijo bien claro: "ordenador no malo, pero cada media hora tiene que levantar y hacer estiramientos de brazos y piernas".

¡Cada media hora! Y eso que ya se reconoce en los manuales de Prevención de Riesgos Laborales que convendría levantarse cada dos horas, y descansar la vista cada hora. Me parecería inviable hacer esto en una oficina, pero lo bueno es que trabajo desde casa gran parte del tiempo, y puedo permitírmelo. Estoy bastante sorprendida, porque esas medias horas me cunden mucho más de lo que yo esperaba: como sé que sonará la alarma, elijo concentrarme en una o dos tareas en lugar de tratar de hacer veinticinco. Y estoy aprendiendo a dejar tareas empezadas o por empezar, para tomarme mis cinco o diez minutos de estiramientos, chi kung o respiración.


Lo cierto es que, intuitivamente, ya solía levantarme cada poco rato, porque me resulta muy difícil aguantar sentada en la misma posición mucho tiempo. Puede ser éste un componente kinestésico de mi forma de ser, si bien no influyó en mi aprendizaje: yo de pequeña sí era capaz de estar sentada en la silla sin prácticamente moverme. El "hormiguillo" y el "azogue" vinieron más adelante, tal vez después de dejar de practicar baile clásico, a los 15 años.


A una persona inquieta no le puedes sentar durante muchas horas y obligarle a escuchar un rollo muy largo, ni tampoco a analizar una información de una pantalla luminosa. Por eso experimenté gran alivio cuando empecé a dedicarme a la formación: doy clase de pie, puedo moverme, puedo hacer dibujitos en la pizarra en vez de hacerlos en los libros de texto, y puedo irme sentando en las mesas de mis alumnos/as. En este sentido, formar recoge muy bien mi necesidad de movimiento.


En general, creo que los estudios que se han hecho indican que una persona puede permanecer atenta a un discurso verbal un máximo de 20 minutos, tras lo cual, la tensión de haber estado utilizando su cerebro a toda potencia, se necesita liberar en forma de movimiento. Como orador, conviene entonces hacer un chiste o algo que rompa con la situación, para que los espectadores o participantes puedan removerse un poco en las sillas.


Creo que es sabio conocerse a uno mismo; como dijo Lao Tse en el Tao Te King, es "sabiduría superior", y en otros sitios está traducido como "iluminación". Pues es complicadillo también. Porque vas avanzando por la vida y detectas incoherencias, contradicciones, y cambios en los que no habías reparado. Yo recuerdo hace tan sólo cuatro años estar en una reunión y, cuando me preguntaron qué pensaba sobre los temas que se estaban exponiendo, respondí: "quiero irme a comer".


Ahora lo veo tan macarra y fuera de lugar. Ruego me disculpen aquellos que estaban reunidos conmigo. En esa época desconocía este componente kinestésico mío, pero sabía de sobra que cuando me empieza a doler el estómago, la capa y el barniz "humano" se me van y me convierto en animal. Sólo pienso en comer, en moverme, en salir de allí. Ahora llevo a todas partes comida, mi bolso siempre tiene algo para comer. Y qué feliz soy cuando puedo "aplacar a la bestia".


En fin, que dentro de unos minutos volverá a sonar mi alarma y me iré a estirarme de nuevo, por aquello de mantener la energía del cuerpo (o "qi") en movimiento y no convertirme en estatua de escayola.

martes, 14 de julio de 2009

¡Siempre adelante!


No sé si a ti te pasa, pero a mí sí: oigo hablar a personas sobre el éxito, el Secreto, el dedicarte a tu vocación, el seguir tu brújula interior... Y al mismo tiempo, veo personas chocándose una y otra vez con puertas cerradas, con sensaciones negativas sobre sí mismas, con aceptar menos de lo que son capaces de hacer, no con serenidad, sino con una resignación compuesta de resentimiento y baja autoestima.


Se dice que detrás de todo esto están las creencias. Y debe de ser verdad. Te hablo en este tono escéptico porque soy la primera que no está libre de creencias limitantes. Soy la primera que observa admirada a personas como Stephen Hawking llegar muy lejos, acompañado desde siempre de su ELA (esclerosis lateral amiotrófica) o al llamado "hombre milagro", que aparece en el vídeo y el libro del Secreto, explicando su recuperación.


Por otro lado, desde hace tiempo observo que las personas se aferran a un tipo de creencias especialmente dañinas, que son las expectativas. Expectativas sobre lo que "debe" ocurrir o expectativas sobre cómo "tiene que" comportarse otra persona. De esta forma, existe una falacia, o idea equivocada, que es creer que se tiene derecho a. Derecho a un buen trabajo, derecho a la vivienda o derecho a un matrimonio feliz. Algunas de estas cosas aparecen de forma algo ingenua para mi gusto en la propia Constitución Española. Pero hay algunas personas que nacen directamente sin ninguno de estos derechos, en esos países que no nombramos.


Todo esto me ronda la cabeza desde que me fijo con especial interés en el trabajo de Vicens Castellano en Ajuste de Cuentas, programa de Cuatro. Veo personas estancadas en la creencia de que no pueden salir de su angustiosa situación. Desde fuera parece fácil decir: "si sólo hay que...". Pero cuando uno está dentro, en el centro del huracán, quizá no tenga una visión tan clara de lo que le conviene hacer para cambiar el círculo vicioso y convertirlo en virtuoso. Aquí la ayuda de un coach es crucial.


¿Cómo lo ha hecho?, nos preguntamos asombrados ante la persona que triunfa. Acto seguido, atendiendo a nuestras creencias, nos decimos: claro, será un enchufe, su familia tiene dinero (y la mía no), es más fuerte que yo, ha tenido suerte, etc. Esto sólo confirma las creencias de que para que te vaya bien, tienes que tener un enchufe, o tu familia debe prestarte dinero, o debes ser fuerte o tener mucha suerte. Como si en ningún caso contara tu valía personal.


Al margen de El Secreto (o la Ley de la Atracción), podemos decir que esto de tener éxito funciona, que si lo vemos continuamente a nuestro alrededor, es que se puede hacer. Podemos tomar como modelo a estas personas que triunfan, podemos acercarnos a ellas y tratar de imitar aquello que más admiramos, sin dejar de mostrar nuestra huella personal, podemos reconocer que detrás del éxito y del dinero también hay un trabajo, una perseverancia, y un pensamiento alineado y libre de algunas de nuestras peores creencias que, como enemigos, nos echan abajo.


Yo tengo varios de estos modelos, y uno de ellos es Orison Swett Marden, como ya sabéis los asiduos/as. Sólo con el título de alguna de sus obras te da alguna de la energía que él tiene a raudales: ¡Siempre adelante!, La alegría del vivir.


Sé muy bien lo duro que puede ser abrirse camino en la vida, y más cuando se sufren enfermedades, o suceden desgracias familiares. Pero también sé que cuando uno escoge de entre todo lo que tiene lo positivo (y en el sufrimiento para mí lo positivo es la enseñanza que se extrae), entonces el camino se aclara, o se deja de oscurecer, deja de parecer dramático, y empieza a ser mimado y trabajado desde la responsabilidad.

viernes, 10 de julio de 2009

La moral del trabajo es la moral del esclavo


Esto afirma Ernie Zelinski en su libro El placer de no trabajar, un éxito en ventas. Dado el título del libro, podríamos argumentar que se trata de un texto dirigido a vagos, a parásitos de la sociedad que viven de otros. Bien, está dirigido a estos y a todos los demás en realidad, puesto que da pautas para mejorar en mucho la calidad del ocio incluso si se está trabajando.


La moral del trabajo nos viene impuesta de un pasado arcaico y superado, aparentemente, por las nuevas tecnologías. La forma de pensar en los horarios y en la organización de las tareas es en muchos casos taylorista, heredada por tanto de la revolución industrial, y alejada en buena parte del sentido común. La herencia, además, conlleva un componente sexista, bastante marcado, en la tradicional división de tareas en la pareja, en trabajos más simples y peor pagados para las mujeres, y en la asunción de que, una vez que una mujer tiene hijos, deja de contar para los ascensos en su profesión, a menos que deje de contar para sus hijos.


Trabajar de 9 a 6, ó de 9 a 7 como se está viendo mucho, o de 8 a 5 si se quiere, es tan absurdo que incluso contándoselo a las ovejas, se reirían de nosotros por ser tan tontos. Se estableció un número de horas, y resulta que hay que permanecer “de cuerpo presente” en una oficina ese número de horas, al menos. No importa que haya picos y bajadas en la producción. No importa que haya personas más rápidas que otras al trabajar. No importa que las circunstancias de algunas personas no les permitan estar tanto tiempo sentados frente a una pantalla de ordenador. Lo de la hora de comer es similar: cada empresa establece una duración, y la justifica atendiendo a su filosofía. Suele suceder que en esto y en otras muchas cosas, la empresa se convierte en un micro-mundo en el que se pierde perspectiva y se piensa que las cosas son así, un poco como en un pueblo pequeñito y aislado.


Hace tan poco tiempo que las cosas eran tan diferentes. Incluso en otros países, ahora mismo, están siendo diferentes. Pero no entra en el cerebro simple que conforma una compañía. El trabajo, en un principio, estuvo ligado al resultado que se buscaba: camino por la selva buscando comida. Cultivo estas semillas porque sé que luego salen plantas que dan frutos. Tengo estas vacas que dan leche y carne. Etc. Y no distinguía tanto entre hombres y mujeres. “Técnicamente”, es la mujer quien da a luz y mantiene a los hijos en un primer momento. Pero en todo lo demás, la mujer se ha desenvuelto trabajando, vendiendo, comprando, igual que un hombre, con otro tipo de habilidades, distintas simplemente, y no demasiado distintas.


Probablemente he mezclado en un párrafo aquello que ocurría en las cavernas con otras cosas que ocurrían en el Neolítico con otras que ocurren ahora en otras culturas. Permítaseme la licencia literaria, porque para lo que quiero comunicar, es suficiente así. Nos hemos metido los humanos a nosotros mismos en jaulas de oro, con su aire acondicionado y todo, que nos alejan de nuestra naturaleza e instintos. Competimos todos y todas en un mundo creado en el pasado y que es por definición machista, que cultiva unos determinados valores limitados, y que deja de lado muchas cosas buenas: creatividad, artesanía, libertad, juego, ejercicio físico, música, baile, ritos, decoración... por citar algunas de ellas.


En la introducción al Tao Te King, Josan Ruiz Terrés muestra una opinión similar, al comentar que la época actual es “yang”,


«en la que los valores identificados como masculinos y la búsqueda del
éxito se exaltan en todos los terrenos»

Lo cierto es que, todo aquello que suena a débil, a fracaso o a tomarse la vida a otro ritmo, se oculta o disimula, porque no es coherente con los tiempos que vivimos. Si no se es “normal”, hay que parecerlo en lo máximo posible.


En un mundo en que se permiten los call center (centros de teleoperadores), que he oído llamar “las galeras del S. XXI”, con bastante acierto, en que una serie de personas debe permanecer encadenada a su puesto a través de unos cascos con micrófono, debe trabajar lo más parecido a un robot y ajustar su fisiología a quince minutos concretos durante su jornada, en un mundo así en que algunos/as idealistas creíamos que gracias a la crisis iban a cambiar las cosas, la moral del trabajo es, sin duda alguna, la del esclavo.


Citando de nuevo a Josan Ruiz Terrés,


«no se puede vivir instalado en el éxito por la sencilla razón de que el tiempo
de cosecha rara vez es permanente.»

miércoles, 24 de junio de 2009

El tabú menstrual – Miranda Gray


A continuación reproduzco (con permiso de su autora) el encuentro que tuvo Miranda Gray con alguna revista que se autodenomina de la “nueva era” y que sin embargo sigue perpetuando los tabúes que nos acompañan desde tiempos inmemoriales.


Lo cierto es que, por alguna misteriosa razón, el ciclo menstrual se ha denostado, se ha ignorado, o se ha tratado como un problema de salud, como defiende Miranda Gray en su anterior libro Luna Roja, o en el actual The Optimized Woman (La Mujer Optimizada, no publicado todavía en español).


Veamos qué pasó:


Es triste cuando incluso revistas new age o alternativas perpetúan el tabú menstrual.


He pensado que sería entretenido poner al descubierto el desafío al que nosotras las mujeres nos enfrentamos, al promover el ciclo menstrual como un recurso positivo, fuera de ser un “asunto de la salud femenina”, compartiendo ahora la correspondencia que mantuve con una publicación bien establecida sobre vida alternativa de la Nueva Era.


Mi aproximación principal fue preguntarles si les gustaría publicar un artículo basado en el libro The Optimized Woman.


Su respuesta fue:


«No, gracias, tratamos de concentrarnos en temas unisex lo máximo posible. Esto no significa que nunca cubriremos asuntos femeninos, sino que queremos equilibrarlos con los asuntos masculinos también, así hicimos, por ejemplo, recientemente en... y sobre la menopausia natural, por lo que probablemente no haremos una parte específica de “mujeres” durante un tiempo, no por lo menos hasta que lo hayamos igualado con una parte sobre salud del hombre.»


Y ahora mi respuesta:


«Muchas gracias por responderme.


»Comprendo totalmente su respuesta inicial, pero me gustaría manifestar mi cortés desacuerdo con ustedes en el hecho de que el ciclo menstrual sea un asunto femenino. Tras años de impartir charlas, me ha sorprendido constantemente el número de hombres entre mi público. Los hombres quieren comprender a las mujeres, quieren saber cómo hacerlas felices, cómo motivarlas, cómo comunicarse con ellas, saber qué esperar, y saber cómo diseñar la comunicación y la aproximación a ellas con el fin de no ser rechazados.


»Mi nuevo libro contiene un capítulo específicamente escrito para hombres, resumiendo las ideas y concepto del libro dadas a las lectoras para que ellas a su vez las den a leer a sus parejas, porque pienso que hay una necesidad en los hombres de comprender a las mujeres y poder construir mejores relaciones. La naturaleza cíclica de la mujer afecta a los hombres en todos los aspectos de sus vidas; allí donde hay mujeres hay ciclo menstrual. Si se puede dar a los hombres algunas guías sobre “la mujer cuatro en uno” (alude a las cuatro fases en que divide el ciclo en Luna Roja) y algunos enfoques prácticos, no sólo podrán construir relaciones íntimas más profundas, significativas, productivas y satisfactorias sexualmente, también podrán construir una mayor autoconfianza y autoestima. Es una situación ganar-ganar.

»Si les puede gustar un artículo escrito para hombres sobre cómo crear relaciones más

profundas con las mujeres y aumentar su autoconfianza, estaría encantada de enviarles uno – ¡que por supuesto estaría basado en el ciclo menstrual!

»Espero que esto cambie su impresión de que mi trabajo tiene sólo un mercado femenino, y quizá estén deseando aceptar el desafío y sacar el ciclo menstrual fuera de su “tabú” de “asunto femenino” o “desorden en la salud” y restaurarlo donde pertenece: ¡como una fuerza que fortalece a la sociedad!

¿Y el resultado?

«Gracias por aclararnos su trabajo. Me temo que sigue siendo “no” en este punto...»

Finalmente, la revista de la Nueva Era se lo pensó mejor, y envió a Miranda un ejemplar, para pedirle escribir una sección regular en su revista.

sábado, 6 de junio de 2009

Conductor: piensa en las motos


En la nueva campaña de concienciación de la DGT en funcionamiento desde el 29 de abril, aparece entre otras la frase que da título a esta entrada.


Otras frases son:



Motorista sé prudente.
Las motos son más vulnerables.
La carretera no es el circuito.
Volver es lo importante.

Dado lo acertado de las otras frases, y teniendo en cuenta lo breve del espacio, «Conductor piensa en las motos» es una frase que en mi opinión debería ser revisada.

Desde la primera vez que la leí, la frase me distrajo completamente, como toda frase que invite a pensar, reflexionar, meditar, etc. Como conductora, pensé en las motos: lo bonitas que son las motos, la moto en la que voy a veces de copiloto, lo divertido de la moto, las marcas y estilos de motos... Y rápidamente empecé a pensar en cualquier otra cosa.

Se puede intentar que el conductor piense, por ejemplo, en el motorista. Ésa sería una solución. Si piensas en otra persona manejando otro vehículo, esto quizá sí te haga pensar en aquello que se pretende con la campaña.

Otra opción es que el conductor esté atento a las motos, vigile, cuide, tenga cuidado. En otras palabras, un texto en medio de la carretera debe invitar a la acción inmediata, y no a la reflexión pasiva. Es algo que se estudia en la técnica más rudimentaria de venta a través de la lengua escrita.

viernes, 5 de junio de 2009

Sobre la educación

Ha aparecido recientemente en El País un artículo que se titula "Los ordenadores no enseñan solos."

Me pregunto: ¿cómo aprendía el ser humano de las cavernas, ése al que recurrimos tanto para volver a vernos como animales? Quizá aprendía por imitación de modelos, por experiencia directa, y poco más. Veía a su madre, o a los adultos de la tribu, y les imitaba, como también hacen los grandes simios o los humanos actuales. Por otra parte, experimentaban, probaban, se aventuraban, recibiendo estímulos positivos y negativos de su entorno.

Me pregunto: ¿os imagináis unas aulas arrasadas por la típica bomba peliculera llenas de portátiles de última generación totalmente inútiles porque las siguientes generaciones no saben lo que son? Realmente, lo más probable es justo lo contrario: las nuevas generaciones van a permanecer todavía más horas, desde más pequeños, sentados delante de una pantalla.
De este hecho van a derivarse una serie de consecuencias lógicas:
  • problemas físicos: visión deficiente, molestias en la espalda, malas digestiones, estreñimiento, hemorroides, problemas de sueño, articulaciones agarrotadas.
  • problemas de relación: si sólo te sabes relacionar rebotando información contra una pantalla plana, poco podrás hacer en el mundo "real".
  • desconexión con lo biológico, desde el propio cuerpo (ritmo biológico) hasta las estaciones, los ciclos lunares, día y noche...
  • desconocimiento total del entorno, de cómo se sobrevive fuera de un edificio conectado a Internet.

Los portátiles de ZP me parecen demasiado, un derroche, aunque estoy a favor del progreso y de la educación virtual. Lo que quiero decir es que sería mejor gastarse ese dinero en las personas (profesores), en que haya más y mejores profesores y menos niños por aula, y métodos más creativos para aprender que el mero hecho de estudiar todos los años lo mismo.

Memorizar ha servido para tener culturilla general, y poco más. Hay gente que se sabe párrafos enteros de libros y nunca los ha digerido. Las generaciones X e Y lo hemos tenido todo tan resumido y pasado por el tamiz, que no nos hemos enterado de nada y no sabemos dónde está el río Nervión, a menos que estén cerca de nuestra casa, ni tampoco sabemos dónde está Australia (verídico: una compañera de trabajo me preguntó que si Australia no estaba en la Unión Europea, ¿dónde estaba entonces?). Quevedo, Lope, Galdós, sí, un montón de nombres y fechas y unos señores a los que pintar bigote (caso de no tenerlo) en el libro. Las ciencias "prácticas" no se libran: memorizar un método para aplicar la fórmula sin entender nada.
Años y años y más años sentado en una incómoda y dura silla escuchando señores y señoras hablar de cosas que no me interesan en absoluto, que aprendo para aprobar el examen y que olvido de forma automática. El PC no cambiará eso. Es la enseñanza creativa, es enseñar a aprender, es motivar, es crear interés por el mundo, eso sí.
¿Y por qué no enseñar lo que de verdad se va a utilizar? Habilidades sociales, cómo ligar, cómo se educa a un niño, cómo me alimento adecuadamente, cómo se trabaja, cómo se aguanta a un jefe, por qué debo permanecer 8 horas en un sitio a pesar de que ese trabajo puede hacerse en 6, por qué debo hacer horas extra pero como si no las hiciera, qué necesito para no estar desempleado?

miércoles, 27 de mayo de 2009

Di que sí... o di que no!

Hasta hace muy poco, la moda ha sido decir NO. A raíz del famoso best-seller No diga sí cuando quiera decir no, los departamentos de Recursos Humanos han entrenado a los directivos y mandos intermedios a decir que no. En otras palabras, les han entrenado en la habilidad de ser asertivos. Quizá se debe también a que Daniel Goleman incluyó la asertividad como una de las competencias fundamentales de la Inteligencia Emocional. Lo cierto es que muchos de nosotros/as estamos entrenados a decir no de forma automática, sin dañar la estima del otro y sin perder nuestros derechos.

Y de pronto, surge algo tan divertido como la película Di que sí (bueno, surgió hace tiempo, yo la he visto en vídeo este fin de semana). En el tráiler se ve bastante de lo que sucede en la película, pero pienso que no han seleccionado las escenas que hacen pensar, sino las de pura diversión al estilo Jim Carrey. Lo cierto es que el problema del protagonista (Carl Allen) es que dice que no a todo. A todo: ni siquiera contesta a las llamadas de teléfono.

Carl Allen es perfectamente asertivo al principio de la película, y sin embargo su vida es bastante rutinaria y aburrida. ¿Por qué decir SÍ se ha denostado tanto? ¿Cómo es que decir NO no le ha reportado a este personaje la felicidad prometida por las habilidades sociales?

Sospecho que se debe a que no sabemos distinguir cuándo decir que sí, y cuando decir que no. Decir sí a la vida, a las experiencias, a lo positivo, a lo que nos abre, a las relaciones humanas. Decir no a la manipulación, a las llamadas inoportunas, a los emails que no nos aportan nada. Stephen Covey comenta que decimos no cuando arde un sí más grande en nuestro interior. Es decir, siempre que decimos no, decimos sí a otra cosa.

En cierto modo, pues, parece que sí y no se complementan como yin y yang. Decir uno es decir el otro, que está ahí como su opuesto o aquello que lo completa. Veamos un ejemplo:

Tu mejor amigo te llama para que recojas a eso de las siete a su tía-abuela
en el aeropuerto, ya que él no va a poder. Según lo estás oyendo, tu mente
empieza a crear excusas creíbles, y las va exponiendo:

- A esa hora me viene un poco mal, salgo a las seis de trabajar

- Sí, pero le dije que irías tú, yo también salgo a esa hora, iría yo si no
fuera porque la niña se me ha puesto mala.

- Sí, lo entiendo, lo que pasa es que hay un atasco en la Nacional a esas
horas que es imposible llegar.

- Bueno, pero tú trabajas más cerca del aeropuerto que yo, así que aunque
llegues un poco más tarde de las siete, tampoco pasaría nada.

- Ya, pero además mi mujer me dijo que tenía que comprar una serie de
cosas...

- ¿Qué cosas?

Y así podría seguir la conversación durante un buen rato, porque los dos tendrían argumentos manipulativos (y falsos) para no encargarse de ello. ¿Hay que decir sí o hay que decir no? Pues no hay, en realidad, ninguna obligación a dar una respusta. Di sí cuando sea verdad que no tienes nada que hacer y cuando sientes una intuición de que hacer esto por tu amigo es importante para la amistad con él. Di no cuando sea verdad que hay algo para ti más importante que hacer.

Esta importancia o esta elección es bueno que sea de corazón. Di que sí de corazón y di que no de corazón. De otra forma, siempre te estarás diciendo NO a ti mismo/a, y ése es el peor NO que puede decirse.

miércoles, 20 de mayo de 2009

La regla fácil de la vida


Ernie J. Zelinski enunció la Regla Fácil de la Vida en su libro El placer de no trabajar, uno de mis preferidos ;-). Es una regla conocida por todos, pero escasamente aplicada, ya que el ser humano, como todos los seres, busca el placer y evita el dolor.
Si en la anterior entrada comenté que las sensaciones desagradables pueden conducir a un estado emocional negativo, ahora diré que, si se trata de buscar un objetivo más allá, quizá minimicemos la importancia de esas sensaciones. En otras palabras, sarna con gusto no pica.

Es fácil observar cómo las personas tratan de permanecer siempre en su área de comodidad. El área de comodidad de algunas de ellas es tan pequeña que no pueden casi ni moverse sin sentir ciertas dificultades. Sin embargo, el hecho de irse recogiendo poco a poco en este área produce un efecto paradójico: cada vez se reduce más.

Así, la regla fácil de la vida consiste en que, cuanto más fácil y cómodo sea lo que buscamos para el corto plazo, mayores dificultades tendremos a largo plazo. Esta regla se aplica en multitud de campos, de los que voy a citar algunos:

- Si estudias, es difícil, pero al final obtienes unos conocimientos que te facilitan tanto la entrada al mercado laboral, como el tipo de trabajo que realizas
- Si te entrenas para vencer tu miedo a hablar en público, consigues solventar muchos momentos de pánico que se te presentan en el trabajo, y acabas por sentir mayor autoestima
- Si empiezas a alimentarte de forma más sana, haciendo enormes sacrificios al ver pasar bandejas de tapas por tu lado, a largo plazo notarás que te encuentras mejor, que realmente no necesitas gambas a la gabardina para sobrevivir, y que tu cuerpo funciona de forma más óptima
- Si haces ejercicio de forma regular, también ayudas a que el cuerpo funcione mejor, duermes mejor, y alcanzas mayores niveles de relajación.

¿Qué es lo que ocurre? Que normalmente nos dejamos llevar por la parte fácil de la regla de la vida, ya que lo que podemos conseguir en el momento presente está asegurado, mientras que lo que obtendré después de haber estudiado, haber hecho dieta o haber hecho ejercicio, son beneficios que se presentan lentamente, poco a poco, y de forma casi imperceptible. El camino de la repetición siempre parece árido.

El tipo de estímulos de placer que nos alejan de acabar teniendo una vida fácil puede dividirse en dos: evitar sacrificios, o evitar el miedo. En los dos casos esquivamos algo que nos parece negativo, desagradable, incómodo, innecesario... Pero el caso del miedo es en el que me voy a centrar, porque la mayoría de las veces, según he observado, es miedo infundado. Además, una cosa es no querer hacer un sacrificio, aun siendo consciente de lo que puede suponer, y otra es no poder realizar algo por miedo.

¿Miedo a qué? Miedo a lo desconocido. Hay multitud de creencias bajo la capa del miedo a lo desconocido, desde «el mundo es hostil» hasta «no soy capaz», de forma que realizar cualquier acción en el terreno desconocido (hablar en público, llamadas comerciales, vender, conducir por primera vez) tiene un componente de visión de túnel de cómo es el mundo y otro de fallo en el autoconcepto. Algo así como que el mundo es muy grande y yo soy muy pequeñito/a.

Para que tu vida no se vea reducida al máximo, para ampliar tu zona de seguridad, para salvar poco a poco obstáculos que harán que te sientas más grande, más capaz, y en un mundo más afectuoso, puedes:

1. Entrar en acción cada vez que piensas algo. Por ejemplo: si quieres llamar a esa persona que conociste el otro día, llama AHORA.
2. Pregúntate: ¿por qué no? Es la pregunta preferida de Josepe García de Miguel, y la hago mía en este momento. ¿Qué te lo impide, cuál es el obstáculo, está en tu mente o está fuera?
3. Recordar los grandes beneficios que vas a obtener si das el paso, y recordar cómo se va a empequeñecer tu mundo si no lo das.
4. Ponerte en el peor de los casos: ¿qué es lo peor que puede pasar? Que se incendie mi casa y me quede sin trabajo y se vaya mi pareja y atropellen a mi perro y... Bueno, bueno, después busca qué es lo MÁS PROBABLE que puede ocurrir.
5. Juega. Al fin y al cabo, lanzarse a realizar lo difícil e incómodo puede tomarse como un juego. Es curioso cómo hay personas capaces de actuar socialmente en nombre de otras, pero cuando se trata de actuar como ellos mismos, se vienen abajo. Si es así, juega a que eres un personaje, o una persona famosa.

lunes, 18 de mayo de 2009

¿Sexo en crisis?


Me hago eco del artículo aparecido este domingo en El País Semanal, por Guillermo Abril, y busco aportar mi propio punto de vista sobre el tema. Se plantea que la cantidad y calidad de las relaciones sexuales han podido verse afectadas por el cambio en la coyuntura económica.

El sexo es una forma de creatividad, de puesta en práctica de la imaginación, de comunicación intensa y profunda con el otro, y de desahogo de tensiones físicas. Esta forma de ver la sexualidad puede convertirse en esta otra: el sexo es una rutina que ocurre con cierta frecuencia, cuando toca, y que se da siempre de la misma forma, con pocas o ninguna variación, que resulta aburrida y por tanto, acabamos por evitar.

¿Cómo es posible que la misma actividad pueda verse desde ángulos tan opuestos? La sexóloga Carol G. Wells nos cuenta una causa fácil de entender: la creatividad sexual parte del hemisferio derecho del cerebro, y sin embargo, nosotros nos pasamos el tiempo en actividades propias del izquierdo. El orgasmo se produce en un estado de semivigilia, que actualmente llamamos de flujo o «flow». Sin embargo, con el hemisferio izquierdo calculando, razonando, aplicando la lógica, no podemos alcanzar un estado similar, dado que interfiere una parte de nuestro yo con un fuerte espíritu crítico.

Es decir, el tipo de concentración necesario para tener una relación sexual satisfactoria es muy distinto al tipo de concentración que requiere realizar un trabajo de oficina, hacer cuentas, o hacer la lista de la compra. En cierto sentido, son opuestos: el espíritu racional, deductivo, realista debe deponer las armas y habremos de sumirnos en la vivencia intuitiva, impulsiva y atemporal si queremos disfrutar.

Con la aparición de un gran cambio en la situación económica, lidiamos con una variable más, y es la intensa emoción que puede ser de miedo o de tristeza. Pienso que la repercusión en nuestra sexualidad es diferente si la reacción es de miedo que si es de tristeza.

1) La ansiedad puede activarnos, puede instarnos a actuar para escapar de la situación actual. Y esta activación puede repercutir en un aumento de las relaciones sexuales y de su calidad, ya que hemos puesto en marcha nuestra imaginación para encontrar soluciones creativas a las circunstancias.

2) La tristeza puede hacernos caer en la inactividad, paralizando el funcionamiento de nuestros sistemas hasta que la coyuntura mejore. Entonces, el sexo se verá reducido a su mínima expresión. No nos quedarán ganas de pensar en ello con tantos problemas en la cabeza, problemas que nos han bloqueado.

A todo esto hay que añadir que el no poder adornar nuestras vidas con cierto glamour que compra el dinero, el sentir que no podemos arreglarnos y salir de tapas porque no tenemos suficiente, puede apagar la llama y revelar desavenencias que existían bajo una capa de estabilidad. Buscamos la estabilidad como si eso fuera la vida, y la mayoría de las cosas que merecen la pena ser vividas están fuera de nuestro área de seguridad. La estabilidad añade rutina, lleva al aburrimiento, y éste a la cólera y a identificar a nuestra pareja como razón de toda esta monotonía y blanco de nuestra ira.

Cuando se produce un cambio, incluso si es positivo, se abre un abismo ante nuestros ojos, un abismo de lo desconocido, de no saber qué va a pasar, y de no saber cómo actuar. Y al mismo tiempo, se abren nuevas posibilidades, nuevos caminos que podemos tomar, y la posibilidad de aprender que la vida es cambio y que nos estábamos agarrando a cosas que inevitablemente van a desaparecer, porque no son eternas.



Si tu trabajo estuviera asegurado de por vida, el sexo no sería mejor.
Si tuvieras mucho dinero, el sexo no sería mejor.
Si tuvieras más tiempo libre, el sexo no sería mejor.



El sexo será mejor si:

- Aprendes a desconectar de la actividad del hemisferio izquierdo: analítica, objetiva, intelectual.

- Reconoces tus emociones como algo diferente de ti, y dejas de identificarte con ellas: miedo intenso, excesiva ansiedad, tristeza y desesperanza.

- Comienzas a permitirte un espacio de verdadera creatividad e imaginación: juegos, reírte, tomarte menos en serio, visualizar tu próximo encuentro sexual, ver una película que te resulta excitante, leer una novela erótica.

- Comienzas a relajarte: cierras los ojos, buscas una posición cómoda, dedicas ratos de tu día a no hacer absolutamente nada, realizas técnicas de respiración.

- Dejas hueco a los placeres sensuales (y gratuitos): admirar la belleza, tomar el sol, escuchar música (o a los pájaros), pasear por un parque, observar el atardecer, darte una ducha siendo consciente de todos tus movimientos, el olor del jabón, el calor del agua sobre tu piel.

miércoles, 13 de mayo de 2009

La comodidad física


Es posible que algunos de nosotros/as estemos muy incómodos/as en ciertos entornos de trabajo y no sepamos exactamente a qué se debe. Una de las causas puede ser la molestia física, el hecho de que algo en el ambiente no es tan agradable como lo que se ve en esta foto. Por ejemplo:


· Notamos que hace un exceso de calor, pero no advertimos que llevamos los pies "cocidos" dentro de los zapatos.
· Notamos que necesitamos beber agua, pero no percibimos que hay una gran falta de humedad en el ambiente.
· Nos parece como si nos faltara el aire, pero no pensamos en que no entra aire puro en este edificio "inteligente".
· Estamos irascibles, pero no advertimos el ruido machacón de una impresora, un fax, una fotocopiadora.
· Sentimos dolor de cabeza, pero no nos damos cuenta de que la luz es demasiado fuerte para nuestros ojos, o lleva unas horas parpadeando.


Si queremos ser autoconscientes, esto también incluye nuestro cuerpo. ¿Por qué? Podemos considerar que existen tres esferas en las que el ser humano percibe:


1) Sensaciones corporales: se trata de lo más básico y cercano al mundo exterior. Podemos tener sensaciones básicas de placer o dolor. El calor, el frío, la humedad o la sequedad, la luz, los sonidos o ruidos, todos estos elementos pueden ser percibidos como fuentes de placer o de dolor.


2) Emociones: ante los estímulos externos e internos, podemos tener reacciones inconscientes de nuestro cerebro emocional, que nos preparan para la lucha, la huida, o el bloqueo. Estas reacciones son las emociones, necesarias para la supervivencia, y que pueden resultarnos positivas o negativas, esto es, las podemos clasificar como de placer o de dolor.


3) Sentimientos: se trata del refinamiento de la emoción, una vez pasa por el pensamiento. Los sentimientos son pensamientos con una emotividad añadida. Con el pensamiento podemos potenciar la emoción que sentimos o mitigarla, e incluso provocar una emoción que no estábamos teniendo. Los sentimientos también pueden sernos gratos o dolorosos.


La comodidad física estará incluida en el primer punto. En algunos cursos, he pedido a los participantes que observasen cómo se encontraban, si algo les incomodaba, desde la ropa hasta cualquier ruido de fondo. Muchas veces se daban cuenta de que les molestaban los zapatos, o llevaban la corbata demasiado ajustada, o tenían calor, o frío, o no soportaban oír el zumbido del aire acondicionado. Otras veces, lo que les molestaba era la silla en la que estaban sentados/as, la postura que habían adoptado, o la tensión que sin darse cuenta habían acumulado en los hombros.


Se trata de sensaciones que tenemos continuamente, informaciones que recibimos pero que no emergen a la conciencia y a las que no prestamos atención, aunque acaban formando parte del estado de ánimo con el que hacemos frente al día a día.


Por mi parte, no tengo duda: mi despacho responde a mis necesidades de comodidad física. Por un lado, he diseñado un espacio acorde con aquello que me provoca sensaciones placenteras, como plantas o fotos evocadoras. Ya opté hace tiempo por la ropa y los zapatos cómodos. Y sobre todo: hago los descansos que la prevención de riesgos laborales indica... como mínimo. Los estiramientos, darse un paseo o dejar la vista perdida en el horizonte son recursos gratuitos, que requieren una cantidad de tiempo mínima y que realmente ayudan a sentirse más despiert@, más activ@, más descansad@.¿Y tú? ¿Te sientes cómodo/a? ¿Estás a gusto físicamente? ¿Qué cambiarías en tu ambiente?

sábado, 9 de mayo de 2009

e-coaching: alcanza tu máximo potencial sin salir de casa


Si dediqué la última entrada de mi blog al e-learning, hoy voy a hablar de e-coaching. Como adelanté, muchas personas todavía no saben lo que es el coaching, o lo asocian a la terapia, al trabajo en equipo o a algún entrenamiento propio de directivos.

No voy a detenerme a explicar qué es coaching. Hay múltiples páginas web (entre ellas la mía) que se encargan de ello. Voy a explicar a qué preguntas puede dar respuesta el coaching, y a qué situaciones da solución el e-coaching que yo hago.

Te pregunto: ¿estás viviendo tu vida al máximo? ¿Te atreves a cambiar? Sin duda, estás satisfech@ de diferentes áreas de tu vida, sin embargo, sientes que falta algo, que podrías llegar mucho más lejos. Quizá te preguntas:

¿Cómo concilio mi vida privada con mi vida laboral? Parece que no hay horas suficientes en el día para poder cumplir con todo. Empiezas a sentir frustración en varias áreas de tu vida, vas corriendo a todas partes, y te cuesta a veces tener que poner en una balanza tu carrera profesional y tu vida personal. No sabes cómo dedicarte a lo importante, cuando lo urgente te asalta a cada paso que das.

¿Cómo vuelvo a encontrar un empleo? Sientes que son tiempos difíciles y que compites con muchas más personas a la hora de encontrar el puesto idóneo. Te planteas que podrías formarte en nuevas áreas o revisar el aspecto de tu curriculum, pero no llegas a concretar nada, porque has perdido la seguridad en ti mism@.

¿Qué hago con mi vida? Es posible que por diversas circunstancias tengas que pasar más tiempo en casa a partir de ahora y no sabes cómo manejar la situación. Puede ser por estar en desempleo, pero también puede ser porque estés de baja por maternidad, o porque ahora tengas una nueva restricción o limitación en tu vida.

Quizá todos estos ejemplos te parezcan diferentes, pero tienen algo en común: cuando te dejas llevar por los miedos, dejas de intentar hacer aquello que te haría feliz. Entonces, ¿por qué no entras en acción? ¿Por qué no te quitas de encima todas esas capas de obligaciones sin sentido, de reglas que te has ido imponiendo, de complicaciones? ¿Por qué no te diriges directamente a tu destino, a ser feliz? Te lo diré: porque a veces es muy difícil reconocer el camino, a veces nos perdemos en la rutina del día a día y olvidamos cuál era nuestra meta.

Los coach somos expertos en despertar a los soñadores que no cumplen sus sueños, y en acompañarlos, como socios de su vida, hacia su meta real. Te mereces aprovechar tu verdadero potencial. ¿Cómo te puedo ayudar? En mi caso, considero que el e-coaching es una herramienta muy adecuada para los ejemplos descritos: desde casa te conectas al messenger, o a skype, y tienes sesiones similares a las presenciales, con la ventaja de no tener que desplazarte, de poder vestirte cómodamente, de sentirte más relajad@ al no tener que acudir a una cita personal. La sesión suele ser más intimista, a veces te atreves a decir cosas que en persona no expresarías... Es mágico lo que ocurre en una sesión de e-coaching. Más información...

martes, 5 de mayo de 2009

e-Learning: una opción para los que están en casa

El desarrollo de las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) ha traído consigo una serie de ventajas que pueden ser especialmente aprovechadas por personas que tienen problemas para desplazarse. Estos problemas abarcan desde una baja puntual por enfermedad común, hasta discapacidades que confinan a la persona a espacios con total accesibilidad.

Una de las ventajas de las TIC es que, cualquiera que tenga un ordenador personal y conexión a Internet, puede formarse en diversas materias desde casa. Las TIC convierten la formación a distancia en formación virtual o e-learning. Hasta este momento, la formación a distancia se basaba en diferentes soportes, desde la correspondencia de su primera etapa a la televisión o la radio que emiten programas de formación.

Pero si hay un elemento clave en el desarrollo de Internet es lo que se ha denominado Web 2.0 y que puede llamarse web social. En la Web 2.0 no sólo aprendes, sino que intercambias conocimiento (información) con otros como tú. La figura jerárquica del centro de formación y del profesor, de los que partía toda el conocimiento de manera unidireccional, son sustituidas por una verdadera red, en la que la institución de formación da una base o plataforma en la que los tutores interactúan con los alumnos, y los alumnos entre sí.

La riqueza que todo este aprendizaje puede suponer para alguien con dificultades en desplazarse hasta un centro de formación se ve aumentada por la posibilidad de que las personas podamos relacionarnos con otros, virtualmente con todo el mundo, y que podamos incluso encontrar a quienes tienen problemas parecidos a nosotros, y la forma en la que los han enfrentado.

e-Leaning, e-Coaching, e-Mentoring son palabras que quizá suenen un poco raras al principio, cuando todavía no se han admitido del todo las palabras correspondientes sin la “e” de electrónico. Ya estamos acostumbrados al email, o correo electrónico, y estoy segura de que poco a poco nos iremos adaptando a estas nuevas realidades.

¿Cómo son estos nuevos cursos que se pueden seguir? Pues suelen tener unos elementos en común, como es poder intervenir en foros, chats y apuntes en un calendario común, y otros diferenciadores, como es la forma de entregar los elementos teóricos al alumno: desde el envío de manuales en papel hasta vídeos o televisión de internet, en la que se puede interactuar con el directo que estamos siguiendo.

Si estás en una situación que te obliga a pasar tiempo en casa, más del que te gustaría, te animo a buscar un curso por Internet que pueda servir para tus intereses personales o profesionales. Verás que se hace muy ameno porque no quedas en soledad frente a una pantalla o con una serie de libros, sino que estableces una red de contactos que enriquecerá tu día a día.

viernes, 1 de mayo de 2009

Conciliación de la vida privada y profesional


¿Quién tendió la ropa?

Uno de los problemas con que lidia la conciliación de la vida privada (familiar o no) y profesional es el valor que le damos a las tareas que se realizan. Si las tareas tienen una contrapartida en dinero, entonces son valiosas. Si no la tienen, son entretenimientos, cargas o pérdidas de tiempo. De esta forma, las tareas de la vida privada se contemplan como una pérdida de valor para las empresas. Llevar a un hijo al médico, estar nosotros/as mismos/as de baja, o querer dedicar parte de nuestro tiempo a otra persona está penalizado, en el sentido de que está mal visto, a veces no permitido y siempre considerado una disminución de la productividad, desde la estrecha mentalidad de la escasez.



Parece coincidir que las tareas que las mujeres han realizado tradicionalmente son menos valoradas tanto por hombres como por mujeres. Al mismo tiempo, el trabajo fuera de casa es remunerado real y simbólicamente con una mayor valoración. Cuidar de otros, mantener una economía doméstica o dejar de trabajar para tener familia, son comportamientos considerados inferiores. Pienso que esto se debe a que para muchas mujeres, no ha habido más remedio que realizarlos; han sido obligatorios, han ido en contra de su realización individual. La organización social en que los hombres traen el dinero a casa y las mujeres administran el hogar es una división del trabajo. Es posible que toda división del trabajo sea una forma de organización masculina, en el sentido de que los hombres suelen tender a especializarse y enfocarse en un solo campo. Las mujeres, por otro lado, tenemos la habilidad de realizar tareas variadas al mismo tiempo, y quizá nos gusta más cambiar de tarea que la especialización.



Me llama la atención la utilización de los términos «productivo» y «reproductivo», pues parece ser que, desde el punto de vista de la conciliación, o se es productivo, o se es reproductivo. O bien, como muchas mujeres, se es las dos cosas a la vez. A mí esto me suena a cosificación, a ganado, a hormiga, a todo menos al valor de un ser humano que además de productivo y/o reproductivo puede ser muchas otras cosas. Pienso que el lenguaje es muchas veces reflejo de cómo vemos el mundo, y esto de la producción, o la producción de pequeños humanos cuadra muy bien en un lenguaje capitalista.



En todo esto de la conciliación podemos describir la realidad que existe, podemos aventurar algunas soluciones para la realidad que existe, y poco más. El debate de la conciliación parece incluido dentro de la neurosis colectiva y por tanto no puede llegar mucho más lejos. Que sea buena o mala la solución de tener un 50% en el Consejo de Administración de cada empresa no tendría que ser el debate. Quizá se tendría que hablar de qué clase de empresas tenemos, de qué creencias tenemos sobre el trabajo y los roles, y de qué soluciones mucho más creativas se podrían dar, si saliéramos del paradigma en el que estamos tan inmersos/as.





Puedes escuchar el programa Nosotras en el Mundo para tener una perspectiva de género.

viernes, 24 de abril de 2009

La vida puede ser mágica

Pienso que este vídeo expresa muy bien que la vida puede ser magia. Lo he recibido en un email con una serie de frases que ayudan a desconectar:

  • Olvídate de los recibos del gas ... la luz ... teléfono ...
  • Olvídate del compañero de al lado, sí, ése que te está haciendo la puñeta... o del que te lo encuentras por los pasillos y ni los buenos días sabe dar
  • Olvídate de la avería del coche o de la moto
  • Olvídate de las notas del niño
  • Olvídate de las malas noticias en el periódico
  • Olvídate por un instante de los números rojos…
  • Que todo lo negativo quede fuera de tu mente… durante un momento…

Simplemente... que nunca te falte un poquito de magia en tu vida.

jueves, 5 de marzo de 2009

Piensa mal y acertarás

ESPERA LO PEOR Y NO TE DESILUSIONARÁS

Hace poco, y no era la primera vez, alguien me dijo: «Piensa mal y acertarás.» Vaya frase del demonio, ¿no es verdad? Pienso que los que dicen esta frase tienen buenas intenciones y que realmente querían decir que esperaban que yo pudiera evitar el dolor tan a menudo asociado con la decepción.

El hecho es que hay mucha gente que enfoca la vida desde esta perspectiva y, aunque hay una parte de verdad en ella, no es una verdad con la que yo quiera vivir.

Yo siempre espero y deseo lo mejor. Si las cosas no salen como yo las había esperado o deseado inicialmente, entonces pienso que debe de existir una razón para ello, y observo para aprender del propio acontecimiento. ¿Acaso nunca me desilusiono? Sí me ocurre. Pero las decepciones son una de las formas en que aprendemos y una de las formas de la vida de enseñarnos. Cuando seamos capaces de mantener la perspectiva de aprender de todos los sucesos de la vida, entonces podremos ver el valor también en cada una de nuestras desilusiones.

«Pensar mal» nos priva de la oportunidad de aprender. Si uno espera lo peor, entonces ¿qué es lo que se obtiene de no tenerlo al final? Nada.Cuando uno espera lo peor, también se priva de otra oportunidad, y es la oportunidad de «LA ESPERANZA.» La «esperanza» puede ser una de las mejores experiencias que tenemos disponibles en la vida. Es de lo que están hechos los sueños. Es lo que pone al ser humano en la luna y lo que cura enfermedades y lo que finaliza las guerras. Es una fuerza conductora que perfila vidas, construye futuros y hace de nuestro mundo un lugar mejor. La «esperanza» es lo que las personas felices tienen y hacen.
La esperanza nos da valor. Esperar lo peor no lo hace. La esperanza nos da energía. Esperar lo peor no. La esperanza nos eleva a nosotros y a las personas que nos rodean. Esperar lo peor no.
La decepción es nuestra maestra, construye el carácter y muchas veces es la mejor cosa que nos puede ocurrir. Esperar desilusionarse o esperar lo peor no ofrecen estos beneficios.
Yo desde luego entiendo por qué la gente odia desilusionarse. Pero, ¿sabes qué puede ser peor que ser decepcionado? Perder una oportunidad para la esperanza y aprender lo que la vida tiene que ofrecer.

Dicho de otra forma, «piensa mal y acertarás» puede ser una de las peores cosas que puedes hacer.


(Traducción de la entrada "Always expect the worst and you’ll never be disappointed" de mi colega en MS Michael Gerber)

lunes, 15 de diciembre de 2008

La felicidad se pega

· Nuestro cerebro está equipado con neuronas que imitan la emoción que ven en otro
· Un estudio reciente dice que se puede ser más feliz rodeado de personas felices
· La felicidad no se transmite en el entorno de trabajo

Los neurocientíficos han constatado que nuestro cerebro está preparado para que sintamos empatía, gracias a las neuronas espejo.

Giacomo Rizzolatti es el neurobiólogo descubridor de este sistema por el que nuestro cerebro produce una actividad similar cuando nosotros realizamos una tarea que cuando vemos a un semejante realizarla. También ocurre con las emociones: ver sentir a otro una emoción produce la misma emoción en nuestra mente.

Todo esto lleva a la conclusión de que el ser humano está hecho para ponerse en el lugar de los demás, con el objeto de comprenderlos, pero también de aprender de ellos, de imitar. Estamos equipados para sentir compasión por los demás. Tal vez, si no te sientes feliz, es porque te falta contacto social.

De hecho, un reciente estudio dice que, cuanto más felices sean las personas de tu entorno, más feliz serás tú.

Nick Christakis (Harvard School of Public Health) y James Fowler (Universidad de California) han utilizado el estudio Framingham Heart con el objeto de determinar en qué medida se es feliz, y qué factores influyen en ello. Antes, estos científicos habían demostrado que la obesidad es socialmente contagiosa, o que fumar se expande a través de la red social.

La investigación implicó a 5.124 adultos de edades comprendidas entre los 21 y 70 años y se les siguió desde 1971 hasta 2003.

Para valorar la felicidad, los científicos utilizaron una escala de valores referida a la última semana de la vida de los encuestados. Las 4 respuestas posibles eran: «me he sentido esperanzado con el futuro», «me he sentido feliz», «he disfrutado de la vida» y «he sentido que era tan bueno como el resto de la gente».

Me llama la atención que, en la encuesta (no científica) realizada por el periódico 20minutos, en la que se preguntaba ¿Estar con personas felices aumenta tu felicidad? un 8% de personas contestó: «Imposible, no conozco personas felices», un 12% contestó «No, hace más evidente que yo no lo soy» y un asertivo 10% reconoce que «Me da igual, no me influye.» Y eso que de los datos de Christakis y Fowler se puede deducir que tener amigos infelices a la larga te puede hacer infeliz. Quizá los resultados de la encuesta muestran a estos amigos infelices. Un consejo: no te alejes de la gente negativa, ¡huye de ella! En cualquier caso, también se ha demostrado que es más contagiosa la felicidad que la infelicidad.

Los científicos llegaron a la conclusión de que la felicidad es un fenómeno de lazos sociales, que incluso llega al tercer grado de relación: un amigo feliz en tercer grado (el amigo del amigo de un amigo) sube las posibilidades de una persona de ser feliz en un 6%. Al respecto, James Fowler apunta, «si el amigo del amigo de tu amigo es más feliz, esto tiene más impacto en tu propia felicidad que si te ponen 5.000 dólares extra en el bolsillo.» Quizá Fowler ha sido muy optimista en este comentario. Por lo menos a mí, me cuesta saber quiénes son los amigos de los amigos de mis amigos...

Para reflexionar: ¿es que ya nadie siente envidia de la felicidad ajena?

Una posible respuesta: la felicidad de los compañeros de trabajo no hace efecto. Puede ser que las relaciones con ellos/as se fundamenten en otras dinámicas. Si la felicidad de un compañero de trabajo se debe a que ha obtenido un aumento o un ascenso que nosotros estábamos esperando, no se activan las neuronas espejo. También puede ocurrir que no haya lazos emocionales en estas relaciones.

Lo ideal, lo que aumenta nuestra felicidad en un 42% nada desdeñable, es tener un amigo/a feliz que vive a menos de un kilómetro. Piensa, piensa, ¿qué amistades felices tienes a tan corta distancia?

Si no obtienes respuesta, puede ser el momento de hacerse amigo/a de los vecinos de al lado. Un vecino de al lado feliz marcó un aumento de la felicidad del 34% de su otro vecino.

¿Qué hay de los que viven no ya a menos de un kilómetro, sino dentro de nuestra propia casa, como la pareja? Las probabilidades de ser más feliz al lado de una persona de otro sexo son menores (suponiendo que hablamos de parejas heterosexuales). Parece ser que tomamos más datos emocionales de personas de nuestro mismo sexo, y esto refuerza la teoría de las neuronas espejo: cuanto más parecido es a nosotros el modelo, más nos identificamos y más lo imitamos.

Otro dato a apuntar es que existe una adaptación evolutiva a reír y sonreír, ya que esto estrecha los lazos sociales. Heredamos las neuronas espejo porque ver a otro feliz provoca en nosotros una liberación de endorfinas (la hormona de la felicidad) tan agradable que nos hace felices. En los primates pueden apreciarse expresiones de sonrisa cuando están en un ambiente social relajado.

Ahora que sabemos todo esto, quizá convenga empezar a pensar en cómo nuestro estado de ánimo influye en los demás, y cómo podemos hacerles felices siéndolo nosotros también. Por supuesto, no se trata de fingir, ya que esto conlleva un enorme desgaste de energía. Pero sí que podemos buscar nuestros sentimientos más amables, y podemos empezar a sonreír, y comprobar si esto nos hace sentir mejor.

La posible crítica que puede hacerse a este estudio es que, las personas de una misma red social, suelen tener más características en común, por lo que tienden a influirles hechos parecidos (pertenecen al mismo equipo de fútbol, o tienen la misma ideología, o comparten actividades similares...). La felicidad de alguien con referentes culturales muy distintos quizá no nos influya tanto. De nuevo, las neuronas espejo. Si el modelo no se nos parece, no llegamos a comprender sus estados emocionales.

Para ser más feliz, como ya apuntaba en otra entrada sobre Orison S. Marden, podemos fijarnos en las pequeñas cosas de cada día, en lo cotidiano, y no esperar la gran Felicidad filosófica como valor absoluto y permanente. Si hoy has visto amanecer, si has visto tu pueblo nevado, si tu perro te ha saludado como si no te hubiera visto en años, o si el café estaba riquísimo, estas pequeñas perlas son ahora patrimonio de tu felicidad.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Verdades sobre el dinero

¿Qué es el dinero? El dinero como objeto tangible ha perdido su razón de ser. Cuando el dinero tenía un reflejo como metal noble (Patrón Oro), su valor se comprendía mucho mejor. Hay que decir que todavía muchas personas creen en el patrón oro, es decir, en que los billetes y monedas que manejamos, con escaso valor en sí mismos, tienen un reflejo en unas reservas de oro que están en el Banco de España.

De los activos creados con el cada vez más complejo sistema bancario poco se sabe. Sí se sabe que si todos acudimos al banco a la vez a por nuestros ahorros, no podremos obtenerlos, ya que el banco sólo está obligado a tener una porción de ellos, calculada según el coeficiente de caja. Sin embargo, la proporción de dinero «real» que existe es desconocida para la mayoría de la gente. Aun así, el caso de Argentina, las hipotecas subprime y la caída de algunos grandes bancos internacionales, llevan a la gente a pensar que donde mejor está su dinero es invertido en ladrillo (cosa que ahora también se empieza a ver con escepticismo), o mejor, metido en un calcetín, o bajo el colchón.

El dinero, cada vez más, es un concepto o una abstracción, un número que podemos mantener en la cabeza, o consultar en la cuenta. Sobre él, podemos decir unas cuantas verdades que nos pueden ayudar a comprender mejor qué es el dinero y por tanto a manejarlo sabiamente.

1. Todo ingreso inesperado conlleva un gasto inesperado de igual o mayor cuantía
Esta es la principal Ley del dinero, la madre de todas las demás, y debemos su descubrimiento a Daniel G. En efecto, cuando surge cualquier tipo de ingreso con el que no contábamos, a la felicidad momentánea le sucede un cierto sabor amargo, al comprobar que surge un gasto igualmente inesperado, de importe equivalente: reparación del coche, la declaración nos sale a pagar, se estropea la caldera, se rompen las cañerías, etc. Es el equilibrio del Yin y el Yang...

2. El dinero fluye, va y viene, pero va más que viene
Parece que el dinero más que un objeto fijo, es una corriente, como la del agua, la de la luz y la del gas, que van y vienen misteriosamente, pero que tienen un alta tendencia a correr mucho. Complementaria de la anterior, esta verdad nos hace ver la verdadera naturaleza del dinero: escurridiza.

3. Uno se acomoda a la cantidad de dinero que gana...
... sobre todo si es mayor. Es increíble cómo, cuando hacemos nuestro presupuesto mensual, nos decimos: «con X cantidad de euros más me arreglaría perfectamente». Entonces surge un cambio permanente en nuestra vida que hace que ganemos esa cantidad X de más. Asombrosamente, al cabo de unos pocos meses (dos o tres) comprobamos cómo necesitaríamos una cantidad Y de euros más con la que ahora sí que sí nos arreglaríamos perfectamente.

4. El dinero la mayoría de las veces no existe: o es un papel, o es una chapa con un careto, o es un número en una cuenta que quizá no tenga reflejo real al 100%
Como adelantaba en la introducción, la existencia de nuestro dinero es relativa, como todo en esta vida. Cuando éramos pequeños y nuestros abuelos nos daban la propina, guardábamos aquellas monedas (con suerte billetes) con mucho cariño, comprábamos caramelos, disfrutábamos... De aquella época dorada viene la creencia de que esas monedas y billetes sirven de algo. Cuando menos te lo esperas, se convierten en papel mojado, como cuando entró la moneda Euro y la equivalencia cambió: 100 pesetas de antes, 1 euro ahora, eso del 166,386 no sirve.

5. Está en nuestra mente, no en nuestro cuerpo
Entrando en temas totalmente místicos e incomprensibles, podemos concluir fácilmente que el dinero es algo de lo que no disfruta el cuerpo hasta que lo convertimos en bien tangible. En cambio, nuestra mente es feliz viendo números altos en la cuenta corriente. Si esto es así, ¿por qué no engañarnos un poco y añadir algún que otro cero al número que veamos? (ADVERTENCIA: hacer sólo con números positivos). Quizá logremos acabar viendo un número así de verdad. De ilusiones vive el ser humano.

6. Las necesidades básicas se cubren con muy poco dinero
La mayoría de nosotros/as, si nos preguntamos qué es lo realmente necesario para sobrevivir, y hacemos un estudio profundo de lo que ya tenemos, podemos darnos cuenta de que se puede vivir dignamente a un coste más bajo del que creemos. Podemos comer muy bien, vestir correctamente e incluso darnos algún capricho de vez en cuando si nuestro objetivo es dejar de derrochar.

7. Cuanto más dinero se tiene, más cosas se consideran necesidades básicas
Así es. Las necesidades básicas como un coche nuevo, una casa grande, muebles buenos, televisiones de pago, comida de antojos y ropa de marca, son realmente básicas... La comida normal, la ropa que podemos seguir utilizando seis meses después a riesgo de no ir a la moda, y la casa humilde y sencilla, en cambio, son demasiado caros para la mayoría de nosotros: nos duele la (des)ventaja comparativa, que es mucha en este caso.

8. Muchas veces se piensa que se necesita más dinero al compararse con otros que parecen tener un coche mejor, una casa más grande y vacaciones increíbles
Derivada directamente de la anterior, esta verdad es una de las más dolorosas. Quizá uno de motu proprio cambiaría de coche cada ocho o diez años. Pero resulta que las personas de nuestro entorno lo hacen cada cuatro o cinco. Quizá viviríamos de alquiler, pero nos mueve el afán de poseer: los demás lo hacen. Puede que las ciudades españolas tengan cierto interés, pero luego mis amigos hablan de que se han ido a Perú, a los Roques, o a Tailandia, y claro, Logroño ya no entra en la conversación.

9. Pocas personas comparan su renta con la del resto cuando se trata de alimentarse bien, de hacer ejercicio o de respirar aire puro
Al respecto del dinero, se establece una lista de cosas importantes alejadas de las cosas realmente buenas para la salud. Nadie busca compararse en quién come más fruta, o quién recurre más a las pizzas. Tampoco vende mucho hablar del paseo tan gratificante que diste el fin de semana, frente a contar la última superproducción de Hollywood. Si cuentas que haces ejercicio puedes ser adorado/a a la vez que envidiado/a, pero si encima lo haces gratis porque sales a correr o en bici, entonces no se te perdonará jamás estar en forma. ¿Dónde está el gimnasio de a 100 € al mes?

10. Todo es relativo
Como queremos conservar el tono de humor, no vamos a entrar mucho en otras consideraciones, pero recuerda que el mundo en el que tú vives supone el 15% de la población mundial y posee el 85% de la riqueza. Claro que los ricos son otros, siempre son otros. Para una persona que tienen que caminar varios kilómetros para beber agua potable, tú eres inmensamente rico/a. Piénsalo.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Cómo ser feliz en plena crisis





Ya que todo el mundo habla de crisis, me voy a subir yo también a ese carro, para aportar un pequeño granito de arena que ayude a hacer frente a la nueva coyuntura. Incluso si las circunstancias personales de uno no han cambiado, el que se hable de caída de los principales bancos de los principales países, y de aportaciones multimillonarias por parte de los estado, hace que sintamos el suelo temblar bajo los pies.



No trato de dar una visión económica del tema: hay suficientes blogs, periódicos y demás llenos de expertos en Macroeconomía. Lo que trato es de dar una visión de qué podemos hacer, tanto si nuestra situación ha cambiado como si tememos que lo haga en un corto plazo de tiempo.
Empecemos por lo más simple. Tal como apunta el gran Zelinski, existen básicamente dos formas de hacer frente a cualquier problema de liquidez; ningún economista negaría que son fantásticas. La primera es gastar menos de lo que se gana. La segunda es ganar más de lo que se gasta. Ahí acaba todo. Con ser tan sencillo, conozco a muchas personas incapaces de hacer esto, de forma que gastan siempre más de lo que ganan y ganan siempre menos de lo que gastan. ¿De dónde sale el restante? Se lo prestan otros, desde familiares y amigos que dejan de serlo hasta los bancos a un cierto tipo de interés. Acaban por tener que devolver cantidades mucho mayores que las que pidieron, por lo que tienen que pedir más para devolver lo pedido, y entran en un peligroso círculo vicioso.
Regla nº1: gasta menos de lo que ingresas
Regla nº2: ingresa más de lo que gastas
Para lograr una maestría en la aplicación de estas dos importantes reglas, existen varios trucos que pueden llevarse a cabo.

1. Haz una lista de la compra: parece una tontería, pero cuando uno se atiene a la lista, compra menos y mejor. Si vamos por el supermercado mirando a nuestros dos lados, creeremos estar en el paraíso del capricho incesante, de la necesidad permanentemente insatisfecha, del deseo continuo... Si nos atenemos a la lista, compramos marcas blancas y buscamos descuentos por volumen, podremos ir arañando algún que otro euro para más adelante. Por cierto: ¡no vayas a la compra con hambre! En caso contrario, puedes encontrar el carro lleno de donuts con diferentes coberturas, de patatas fritas con diferentes sabores, salsas de todo tipo y poco más. Nadie me cree, pero yo compro en 15 minutos. Entro por la puerta, busco lo que necesito, salgo por la puerta. Es así.

2. Recorta los gastos de aquello que no necesitas: la mayoría de las personas, cuando nos enfrentamos a nuestra lista de gastos, la recorremos varias veces hasta concluir «no hay nada aquí que no necesite.» Pero si tu sueldo se recortase a la mitad, ¿qué harías exactamente para salir adelante? Quizá dejarías de considerar ciertos gastos como imprescindibles, por ejemplo las televisiones de pago, la suscripción a una revista que no lees, la ropa a la ultimísima moda de hace dos minutos, el maquillaje y las cremas caros, peluquería, diversos aparatejos que se usan de año en año... Considera la posibilidad de ir al trabajo en transporte público: contamina menos, y así sentirás que estás haciendo algo por la Tierra y sus habitantes, y tú eres uno/a de ellos. Las vacaciones quizá las tengas que hacer a un lugar más cercano, u olvidarte de ellas temporalmente. No es un drama, existen cosas de las que se puede disfrutar gratis, más abajo lo explico mejor.

3. Busca otras fuentes de ingresos: reconozco que no es tan fácil encontrar otras fuentes de ingresos. Es agotador estar pluriempleado, y quizá no se esté en disposición de hacerlo por las circunstancias familiares. Bien, se puede vender aquello que no se utiliza en tiendas de segunda mano, se puede hacer algún trabajo de pocas horas que complemente al que tenemos, o se puede buscar otro trabajo en que nos paguen más. Quizá crees que es imposible que encuentres un trabajo mejor remunerado dadas tus cualificaciones. Puedes hacer cursos de formación profesional, o puedes buscar, porque quizá sí existe ese otro trabajo.

4. Valora los activos que estás manteniendo: hay una serie de cosas que nos atan como a esclavos, y la más importante es la hipoteca. A veces mantenemos activos contra viento y marea, trabajando exclusivamente para la casa, o para el coche. Tal y como está ahora la cosa, muchas familias ven aumentar la letra de su hipoteca pero no ven la posibilidad de vender la propiedad asociada a ella, bien porque no ganarían lo que valía hace tan sólo unos meses, bien porque irse a otra semejante sería tener el mismo perro con distinto collar. Algunas personas están alquilando su casa, mientras se van a una vivienda más asequible, también de alquiler. Aunque nuestra mentalidad es querer poseer a toda costa, y el activo que más valoramos es el inmobiliario, alquilar y no comprar es una opción a tener en cuenta en estos tiempos.

5. Sé más listo que ellos: igual que muchas veces pensamos que nuestra fuente de ingresos está fija y no la podemos aumentar, otras veces pensamos que nuestros gastos son inamovibles. Están surgiendo iniciativas muy interesantes para empezar a ser el «soberano consumidor» que se nos supone ser en Teoría Económica. Tú eres el experto/a sobre lo que compras, tú eres quien elige, y quien puede exigir mejores condiciones y reclamar cuando te cobran lo que no debieran cobrarte. Si quieres saber más sobre esto, visita http://compraexperta.com/ y te harás una idea de lo que quiero decir: existen muchos servicios que pagamos y por los que podríamos pagar mucho menos. Infórmate.

6. Desde ahora, todo es tuyo: esta solución es la que más me gusta a mí y la que menos te va a gustar a ti si eres una persona práctica. Sin embargo, numerosos autores, y místicos de diversas corrientes, han utilizado este medio para ser las personas más ricas del mundo, para vivir en la abundancia, para sentirse satisfechos... Si reflexionamos un poco, nos daremos cuenta de que el más rico tan sólo disfruta de la vista de lo suyo, pero al tiempo sufre por el miedo a perderlo, a que se dañe, y paga por mantenerlo, por protegerlo. Orison S. Marden nos aconseja sentirnos ricos por todo lo que podemos disfrutar gratis, por los llamados «bienes libres.» Rockefeller y Onassis no pueden poseer más que tú y que yo la puesta del sol, la vista del mar, respirar el aire puro, ver la luna llena, pasear por las calles. No tiene nadie título de propiedad sobre lo más bonito que podemos admirar, sobre los grandes poemas que encuentras en una biblioteca, sobre la música que hizo Mozart, sobre el aroma de los pinos...

Poseer una obra de arte, por ejemplo un cuadro de Velázquez, te obliga a: tener una pared suficientemente grande, tener mucho mucho dinero para comprarla, para protegerla, para restaurarla... Y si consigues todo eso, al cabo de unos meses pasarás por delante de ella sin darte cuenta de que existe. Si la dejas en el Museo del Prado, puedes ir a verla cuando quieras, compartir con otros su belleza, y compartir también los gastos de mantenimiento. La obra de arte en tu casa te hace esclavo; en el museo, te hace señor.
El mundo es de quien puede gozarlo, admirarlo, respirarlo, tocarlo... Por poco dinero puedes subir a un tren y recorrer tu ciudad de arriba a abajo, sintiendo que todo lo que te rodea está hecho para ti. Querer tenerlo todo, querer que todo esté bajo títulos de la propiedad, hace que no puedas atender a nada más que a la esclavitud que con ello te impones. Esto me recuerda a la película "Entre pillos anda el juego". En ella, dos corredores de bolsa se apuestan por un dólar que un hombre pobre, con el dinero y las posesiones de un rico, acaba comportándose como tal. Y viceversa. Para ello, cogen de la calle a un vagabundo (Eddie Murphy) y le ponen en el lugar de un ejecutivo (Dan Aykroyd). Cuando el vagabundo comienza a tomar posesión de la condición social del ejecutivo, lo primero que hace es empezar a guardarse en los bolsillos, disimuladamente, todo lo que ve de valor en «su casa.» Le hacen ver: «¡te estás robando a ti mismo!» Pues bien: sorprende ver la cantidad de gente que una y otra vez se roba a sí misma sin darse cuenta. Si todo es tuyo, si sólo en ti está la facultad de poseer aquello que disfrutas, aquello de mayor valor para ti, ¿por qué necesitar un título de propiedad? ¿Por qué envidiar a aquellos que lo tienen? ¿Por qué ponerse en situación de esclavitud con respecto a un objeto material?
En palabras del propio Marden:

Pobre es quien no está satisfecho. Rico es quien se contenta con lo que tiene y puede disfrutar de cuanto los demás poseen.

domingo, 26 de octubre de 2008

Un estómago a un cerebro pegado


Discutía el otro día con una amiga cuál es el fin último de todo ser humano. La verdad es que, tras un estudio concienzudo de libros como El hombre en busca de sentido o Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, había concluido que el ser humano persigue un fin superior. Este fin sería de carácter altruista, idealista, vocacional.


Las lecturas sobre neurociencia y neurobiología me confirmaron por otro lado mi creencia de que el ser humano está compuesto de cuerpo y cerebro, es decir, de cuerpo y cuerpo. Cada vez más, aquellos procesos que llamamos «mente» y que habían pertenecido a un reino espiritual, se le van robando al «alma» y se van localizando en áreas cerebrales.


Por la razón que sea, una frase en boca de un personaje de Galdós me hizo despertar de pronto, sentir un chasquido de los dedos, un eureka, al escuchar a este personaje decir: «Indigno linaje humano, ¿qué eres? Un estómago y nada más.» Rápidamente acudió a mi mente otra frase similar, esta vez de Unamuno: «el cerebro en cuanto a su función, depende del estómago.»


Así que ya tenemos un cerebro que yo suelo comparar a un cuadro de mandos, y un estómago que se impone en los momentos difíciles, en los que desaparece toda convención social y reina la Naturaleza pura. Un estómago a un cerebro pegado.


El estómago es el reflejo físico del instinto de supervivencia: si no como, me muero. El cerebro sirve para garantizar nuestra supervivencia, y para ello tiene una estructura, el sistema límbico, que controla las funciones vitales más importantes. Se sobrevive huyendo del peligro o enfrentándose a él, y se sobrevive comiendo. La búsqueda de seguridad, de estabilidad y de dinero suelen ser lo mismo que el instinto de supervivencia, instrumentado en los medios con los que se sobrevive. Luego viene el de reproducción. Y ya.


A los neurocientíficos les cuesta ver qué papel han jugado en la evolución las otras cosas, tales como la música, la poesía, la pintura... o la mística. Un papel que parece ser secundario y al mismo tiempo se revela como trascendental. Tal como dice Francisco J. Rubia, «el valor de supervivencia de estas experiencias estaría en la superación de la ansiedad y el miedo a la muerte al conectar con algo que se percibe tanto eterno como fuera de nosotros mismos.»


El considerar que somos un estómago tiene implicaciones muy felices para mí, y explicaría muchas de las decisiones que he tomado en la vida y que no se explican con otros razonamientos más profundos. El ser un estómago es buscar el placer, el disfrute, el gozo de la comida, sentirse saciado, entrar en calor, poner a trabajar el cuerpo tanto en la búsqueda de la comida como en su digestión. Ser un estómago es como ser una célula gorda que, como todas las células, quiere seguir viva. Ser un estómago es buscar un trabajo que me dé los medios para llenarme y saciarme y sentirme feliz, sentir el placer de las endorfinas liberadas al relajarme tras haber comido. Y así.


Yo cuando le planteaba esto a mi amiga, veía en su cara el escepticismo, y una cierta decepción. ¿De modo que somos animales que buscan saciarse? ¿Dónde queda el amor, los sentimientos altruistas? ¿Dónde queda lo espiritual, lo trascendental?


El ser un estómago no quita para que seamos un estómago social. La evolución ha premiado los comportamientos altruistas y la cooperación nos es interesante desde un punto de vista biológico. En situaciones como la que describe Viktor Frankl en el libro mencionado más arriba, es decir, la permanencia por un largo periodo de tiempo en un campo de concentración, surgen comportamientos bellísimos que nos alejan de esa concepción de estómago. Teniendo tan sólo un mendrugo de pan para comer, un recluso era capaz de compartirlo con otro, o incluso de renunciar a él. En cualquier caso, veo que la norma general es quedarse el mendrugo y ocultar muy bien que se tiene, por el temor de ser robado.


Analizarnos como estómagos andantes también nos ayuda a ver en qué medida creemos que nuestros estómagos son muy grandes e insaciables. El estómago físico necesita comer, pero el estómago psicológico necesita dinero de sobra, una casa, un coche, un trabajo seguro, más dinero, una casa más grande, otro coche mejor, un puesto más alto... Probablemente siguiendo este ciclo ascendente y sin fin, el estómago físico se resienta de indigestión.

miércoles, 15 de octubre de 2008

La Realidad de aquí y ahora


«Si un habitante de cualquier otro planeta visitara los Estados Unidos...»

Orison Swett Marden nos habla de nuestro enfoque vital en el futuro. Con una perspectiva curiosa de la vida cotidiana en EE.UU. en su época, imagina a un extraterrestre visitando ese país, y sorprendiéndose de cómo vive la gente en él. Y es que todos parecen haber parado en una estación de paso, pues en vez de aprovechar la vida que les llega tal y como es, tienen la vista continuamente centrada en el futuro, en lo bueno que habrá de llegar para sustituir lo de ahora, que es mediocre, malo o insoportable. Es tan intensa la visión que se tiene del futuro que se pierde la capacidad para disfrutar de lo que hoy, aquí y ahora, tenemos delante.

Vivir para mañana tiene la triste paradoja de que, cuando llega este mañana, seguirá habiendo otro mañana. En otras palabras, vivir para mañana es vivir en un mundo de crónica insatisfacción, de escasez, de necesidad: nunca nos sentiremos satisfechos así, porque nunca habremos alcanzado nuestra meta. Es una especie de carrera de ratas (como dicen los estadounidenses, "rat race") por unos laberintos que no acabamos de adivinar, en busca de unos quesos prometidos que nunca llegamos a alcanzar.

Esta perentoria necesidad que tenemos de vivir en cualquier otro lugar menos aquí y ahora parece una ansiosa huida. Cuando estamos en la oficina, estamos deseando marcharnos de allí, o encontrar cualquier hueco para leer un chiste que nos envían por email. Pero si pasamos pocos meses sin ocupación, empezamos a echar de menos estas horas de oficina, ya que sólo recordamos lo bueno de ellas, y volvemos a fijar la vista en un futuro inexistente.

¿Qué pasa con el aquí y el ahora? ¿Por qué es tan insoportable? Bien, por de pronto, es aburrido. Crear imágenes para el futuro es mucho más divertido y motiva más. Cuando la realidad que tenemos delante nos resulta desagradable, llenar la mente con imaginaciones sobre una futura casa, un futuro coche, un futuro trabajo o una futura familia nos alivia. Y el placer de la imaginación, que parece propio del ser humano (quizá algún animal de orden superior también la tiene), es algo positivo y agradable. El problema es cuando se convierte en esclavitud.

Es decir, el problema son nuestras expectativas de cómo debería ser, y no está siendo, nuestra vida. «La mayoría estamos descontentos, inquietos y nerviosos y nos consideramos infelices,» nos dice Marden. Estas expectativas tienen algún fundamento en momentos que juzgamos como muy felices, como las vacaciones, los fines de semana, o momentos extraordinarios en nuestra vida. En cambio, con la vista puesta en lo que tenemos ya, dejamos de comparar nuestra situación con otra deseada y supuestamente superior, y empezamos a sentirnos más relajados y satisfechos.

En las culturas orientales hay un profundo estudio de esta forma de ser en la que vivimos en permanente insatisfacción. Por ejemplo, Chogyam Trungpa, autor budista, nos compara a un ser que tiene un estómago muy muy grande y una boca muy pequeña, de manera que nunca logra llenar ese estómago y permanentemente tiene hambre. Por otra parte, hay un cuento sufí sobre una vaca que vive en una isla, y pasa el día comiendo. Cuando llega la noche, se encuentra con la preocupación de no tener qué comer al día siguiente, de forma que todo lo que había engordado durante el día, lo pierde cada noche, al enflaquecer de ansiedad y desesperación.

El propio Marden nos cuenta la historia de los hijos de Israel y el maná. Cuando caminaban por el desierto, recibían cada día maná del que alimentarse, un manjar milagroso, enviado por Dios a modo de escarcha. Los que no tenían confianza en Dios trataron de guardar parte para el día siguiente, pero lo encontraron corrompido. «De no atender al día de hoy provienen la miseria, flaqueza, desconsuelo e ineficacia de nuestras vidas, pues no concentramos nuestra energía, anhelo y entusiasmo en el día en que vivimos.»

La flor está viva hoy, hay que cogerla hoy, disfrutar de su aroma hoy. Carpe Diem significa esto.

Como podemos ver, estas reflexiones sobre la necesidad de disfrutar el momento, y de tomarlo tal y como es, vienen de antiguo. El ser humano siempre ha vivido una fantasía en la que se proyecta hacia el futuro y desde el pasado. Pero lo único que tenemos en la mano, de lo único que tenemos certeza, es de hoy, del aquí y ahora.

Pienso que intelectualmente sabemos que lo que existe es el presente, que la visión de futuro es más bien cerebral, y que es ahora cuando podemos promover cambios para estar mejor después, recordando que las dificultades nunca se resuelven por completo, y que aparecen nuevos desafíos. Y aunque sabemos todo esto, no lo hemos experimentado, no lo hemos vivido, de forma que no nos dice nada el conocimiento de que todo lo que hay es el ahora. Parece ser que las personas que han alcanzado la iluminación o autorrealización sí tienen este conocimiento experiencial de la realidad. Nos lo cuentan con palabras atónitas, perplejos, formando imágenes que no comprendemos: hasta que no sea uno mismo quien se come ese filete, de poco le va a servir que otro le cuente a qué sabe.

Una forma que he encontrado de intentar disfrutar del día es la que propone el propio Marden. Se la recomiendo a todo el mundo, y creo que les está funcionando tan bien como a mí: se trata de levantarse cada mañana y decirse: «VOY A DISFRUTAR EL DÍA DE HOY.» Si pase lo que pase nos mantenemos firmes, si a pesar de lo que suceda nos proponemos ser felices, podremos gozar plenamente de todo cuanto tengamos delante. «No voy a intentar huir de la realidad, ni tampoco voy a luchar contra ella. La voy a aceptar, la voy a vivir con intensidad, y voy a vivir este día de principio a fin. Cuando llegue la noche, podré decir: "hoy he estado viva".»

En lugar de vegetar arrastrándose por la vida, si comenzamos cada día con este firme propósito, aunque luego se tuerzan las cosas, sacaremos fuerza y energía de lo que vaya sucediendo, entrenando así a nuestra mente a sacar el jugillo de lo que tenemos delante y a dejar de evitarlo montando fantasías sobre un futuro mejor.