jueves, 29 de octubre de 2009


Iba esta mañana en el Metro, cuando a mi lado se ha sentado alguien que de inmediato ha abierto un libro, con mucho interés. Yo suelo asomar la cabeza para ver qué está leyendo mi compañero o compañera de viaje, y suelo desinteresarme cuando leo algo como: "Hola -dijo Mike."

Esta vez leí el título del capítulo, bien grande: "La cuenta está equivocada, pero cuadra". De inmediato he sabido que conocía este texto, pero no caía. El estilo de los nombres de capítulo de todo el libro es similar a éste, pero, ¿cuál es?

He vuelto a echar una ojeada. ¿Por qué iba a molestarle a este individuo que yo viera algo más de su libro? Nunca he entendido por qué alguien aparta su lectura cuando el que está sentado a su lado le echa un vistazo. ¡Ni que se la fuera a robar!

El caso es que he captado otras palabras más abajo del título:
Porque el tiempo es vida. Y la vida reside en el corazón

Aquí ya no había duda alguna para mí: el libro era Momo, o la extraña historia de los ladrones del tiempo y de la niña que devolvió el tiempo a los hombres.

Nada más llegar a esta conclusión, el pasajero ha pasado la página y ahí estaban, algunos hombres grises fumando sus cigarrillos grises. Es el capítulo en el que uno de los hombres grises visita al barbero Fusi, y empieza a escribir en el espejo las cifras de los millones de segundos que Fusi no ha sabido utilizar, los que le quedan por vivir, los que puede ahorrar, etc. Los hombres grises mencionan varias veces una caja de ahorros de tiempo, que guarda similitud con una especie de banco que sólo acepta depósitos a plazo indefinido. Y eso que el tiempo vale más que el oro.

He recordado todo esto cuando hoy he visto la imagen del anochecer que, igual que la del amanecer que ilustra esta entrada, dura tan sólo unos minutos. Tu tiempo es tu vida. Cuando dices que no tienes tiempo, dices que no tienes vida. Tu vida reside en tu corazón. Cuando la ahogas sin tiempo, ahogas a tu corazón: los Hombres Grises te han visitado.

http://sites.google.com/site/estarmejorquebien/Home/formacion

miércoles, 21 de octubre de 2009

De nuevo Punset, esta vez para agradecerle


En el último programa de Redes, Punset llevó a una Neuróloga, Sonia Lupien, que explicó qué es el estrés. Me alegro mucho de que invitase a una experta que por fin explicase lo que es el estrés, ya que me temo que la mayoría de las personas lo confunden con ansiedad.

Como la Neuróloga comentó, en una situación que provoca estrés, aparecen los siguientes elementos:




(Foto de Laura Casado)

  1. La situación es novedosa
  2. Tiene un carácter impredecible

  3. Tenemos poco o ningún control sobre ella

  4. Supone una amenaza a nuestra persona... o a nuestro ego.
No es la multitarea la que provoca estrés, sino que hacer varias cosas al mismo tiempo es un rasgo poderoso en el ser humano y que le ha ayudado a la supervivencia y la evolución. La multitarea, quizá, provoca nerviosismo.



¿Por qué se habla tanto de estrés?

Son ya muchos los años en que se habla del estrés, pero se hace poco por evitarlo, en parte por este desconocimiento, en parte porque queda muy bien tener estrés pero queda muy mal adoptar conductas que lo eviten. Decir que estás estresado es ponerte en el mismo barco en el que están el resto de personas de tu trabajo, tus amigos, tu familia. Decir que no te gustan las situaciones novedosas, impredecibles, y que no puedes controlar es como asumir que eres un ser débil y abyecto, temeroso, que se niega al progreso y los cambios de este mundo. Y tú sólo habías dicho que no te gusta el estrés...



¿Se puede eliminar el estrés totalmente de nuestras vidas?

Tal como afirmó Sonia Lupien en el programa, una persona sin estrés está muerta. Es necesario un cierto nivel de estrés, ya que de otra forma, seríamos una especie de planta o de roca que no se deja penetrar por la novedad. Resolver situaciones estresantes nos hace poner en funcionamiento los resortes de la creatividad, de la estrategia, de la persistencia y la resolución de problemas.

El estado ideal de nuestro cerebro es el flow o estado de flujo. En él, existe un equilibrio entre las habilidades que requerimos para hacer frente a una situación y las que tenemos. Una situación estresante se caracteriza por la falta de habilidades para resolverla positivamente.

Por ejemplo, si no sabemos realizar un trabajo, los primeros días estaremos estresados ante la novedad, impredecibilidad, falta de control y amenaza al ego que supone ese nuevo trabajo. En el lado opuesto, se encuentra aquello a lo que estamos tan habituados que aburre mortalmente, que es pura rutina, que tenemos automatizado: nuestras habilidades exceden las requeridas por la actividad. Esto puede llevar a un estado de ansiedad por no saber cómo ocupar el resto del tiempo una vez realizada la tarea.


Entonces, ¿qué es lo que mata?

Ya no mata el mamut lanudo que nos persigue, como apuntó la Neuróloga, mata la suma de exposiciones a peligros secundarios. Cada estresor no mata en sí mismo, pero se añade a la larga lista de estresores que nos mantienen en alerta. El cerebro percibe una situación de amenaza, y mantiene activadas las alarmas mientras esa amenaza no desaparezca. Lo que ocurre es que no nos da tiempo a resolver una situación estresante cuando aparece otra, y otra y otra. Hasta que llegamos al síndrome del quemado o burn out.


¿Qué hacemos?


Dejar de exponerse a situaciones estresantes NO es la solución, puesto que nuestro umbral de tolerancia a la frustración irá bajando, hasta un punto en que nos sea muy difícil encarar la situación más nimia.

Pero sí que ayuda reservarse un tiempo cada día para dejar que la mente se vea libre de toda esa maraña de exigencias sin resolver. Existen muchas posibilidades:

  • sentarse a respirar profundamente durante varios minutos

  • visualizar cómo resolveríamos la situación que nos preocupa

  • charlar con otra persona sobre aquello que nos tiene estresados

  • tomarse unos días en los que no nos van a asaltar los estresores

  • compensar con actividades que nos ponen automáticamente en estado de flujo (pasear, ver una película, hacer el amor, leer, etc.)
Y si nada de esto ayuda, siempre queda decirle al otro (tu jefe, tu cónyuge, tu familiar): "Me estás estresaaaaandoooo..."

Para más información: http://www.smartplanet.es/redesblog/

jueves, 15 de octubre de 2009

¿Por dónde se nos va la energía?


Hace tiempo que me pregunto cómo es posible que los animales domésticos tengan tanta energía, reacciones rápidas, flexibles, un dominio claro de su cuerpo orientado a alcanzar lo que necesitan.

Y me lo pregunto porque no podemos achacarlo a su entrenamiento diario (suelen pasarse el día durmiendo), ni podemos achacarlo a su comida (ese pienso con olor sospechoso deja mucho que desear).



En cambio, para ver a una persona actuar con las mismas reacciones precisas y enérgicas tenemos que asistir a una exhibición de artes marciales, o de algún deporte a nivel profesional.

¿Por qué? ¿No te preguntas por qué? ¿No te gustaría tener la energía de los animales, durmiendo casi todo el día y comiendo lo necesario para estar correctamente alimentado?

Bueno, por aquí van apareciendo pistas... Por ejemplo: estar todo el día durmiendo. Alguno habrá que se apunte ahora mismo a este nuevo estilo de vida que propongo. Aunque pienso que cuando hubiera recuperado el sueño atrasado, no tendría ganas de dormir mientras luce el sol, mientras hay vida y movimiento en las calles, mientras algo sucede. Además, la reacción de un perro o un gato ante un estado de alarma es inmediata, y en la medida justa, pero al minuto siguiente, cuando ven que no era nada, están profundamente dormidos.

Quizá no sería dormir el secreto. Pero sí que tiene que ver con el descanso. El descanso de la actividad mental. Se me ha ocurrido una cosa, a ver si no es un absurdo: convoco a todos aquellos biólogos y biólogas, etólogos y etólogas, neurólogos y neurólogas, y demás sabios sobre el cerebro humano y en su caso animal, a decirme qué opinan.

Creo que el secreto del despliegue de energía que muestran los animales se debe a que no piensan demasiado.

Piénsalo (je, je).

Nuestras mascotas se quedan dormidas en cuanto no hay una actividad interesante o amenazadora ahí fuera, y se duermen porque no se ponen a pensar ni a preocuparse ni a imaginarse cómo sería si... Y es cierto que en esto se pierden cosas interesantes.

Pero lo nuestro es demasiado: nuestro cerebro consume una gran cantidad de energía en todos los procesos mentales, y además está demostrado que consume mucho más cuando se enfrenta a tomas de decisiones y sostiene dos pensamientos contradictorios al tiempo (hasta llegar a enfermar). Y consume mucho más cuando tiene que fingir u ocultar emociones. Esto conlleva un desgaste exagerado de energía.

Si sumamos a nuestros numerosos años sentados en sillas duras e incómodas que pudieran haberse dedicado a corretear cazando bichos los años que además hemos dedicado a pensar sobre cosas muy sesudas, ¿qué energía nos va a quedar? La suficiente para apretar teclas con nuestros deditos, de diferentes teclados, mandos y controles, y para mirar a unas pequeñas pantallas...






sábado, 3 de octubre de 2009

Lo científico es verdad, y lo no científico ¿es mentira?


Decía el otro día Punset en Redes que había tenido la sensación de que el mundo caminaba más hacia lo racional y lógico, pero que había comprobado que no es así, que muchas personas siguen aferradas a creencias irracionales, intuiciones y corazonadas.

El ejemplo que se ponía era que 9 de cada 10 personas han sentido alguna vez que alguien les miraba por detrás, lo habían sentido en el "cogote", como algo físico. Entonces Punset afirmaba que la Ciencia, esa señora tan lista, sabe que no salen partículas de los ojos de la persona que nos mira, ni rayos, ni ninguna otra cosa, y que por tanto es absurdo afirmar que se ha notado esto.

¡Ay la madre Ciencia! Para mí, esta señora tan lista es el vivo ejemplo de la estrechez mental, del pensamiento cuadriculado, y de la escasez de verdadera sabiduría.

Dentro de cien años, o doscientos quizá, el ser humano se reirá de algunas de las creencias de esta Ciencia que ahora se defiende en occidente como algo que recoge lo que es la Realidad, la Verdad. Lo científico es verdad, y lo no científico ¿es mentira?

Los nuevos hallazgos científicos van pisando a los anteriores, a veces los contradicen, y nadie dice nada. La Física Cuántica, que no hay quien la entienda porque parece ser que no es nada lógica ni racional, nos tiene a todos revolucionados: ¿de forma que el comportamiento de las partículas cambia si hay un observador? Esto no suena muy científico, suena más a que las partículas se sintieran miradas por el cogote...

No quiero yo con esta entrada ni mucho menos criticar a Eduard Punset, que me parece una persona inteligentísima, que lleva a su programa Redes invitados muy interesantes, y que aporta cosas realmente curiosas a una televisión bastante pobre.
Yo, como él, estudié Ciencias Económicas, es decir, que estudié Ciencias. La Economía es una Ciencia Social, esto es, se trata de hacer Ciencia con las personas, lo cual siempre sale mal, por ello a los Economistas se les tacha de profetas del pasado. Ocurre que las personas pocas veces nos comportamos de forma racional. Cuando parece que sí, que vamos a hacer caso a la imposición del hemisferio izquierdo del cerebro y vamos a ser muy lógicas, de pronto el impulso intuitivo del derecho lo echa todo a perder. Pero, ¿esto es malo? A mí me parece lo interesante y bonito del ser humano, que de otra forma se parecería sospechosamente a una máquina.
Muchísimas cosas que no han sido demostradas con el método científico son realidades, funcionan, están ahí. Tengo la sensación de que la sabiduría está justo donde no está el conocimiento, donde está el vacío, donde una persona sólo es. Pero, ¿cómo demostrar esto? El método científico me pareció muy decepcionante cuando hice las prácticas de Física en B.U.P. Aquello de lanzar una bola repetidas veces, apuntar en una hoja los numeritos y luego hacer la media... No, no me convence. Si salía: 1,5; 1,6; 1,5; 1,7, pues se hacía la media con estos números. ¿Y qué?
Una vez, mi acupuntora me dio la clave de lo que yo ya presentía, intuía o tenía como corazonada (todas expresiones alejadas de la Ciencia): los occidentales no creen en lo que no ven. Ella se refería a los meridianos, unos canales de energía descubiertos en la Medicina China hace miles de años, y no por un método científico, pero que sin embargo se ha demostrado que "están ahí" aunque no se ven.
Si no lo veo no lo creo es una frase escéptica, de estrechez mental, que se queda tan corta para conocer este mundo que no sé cómo puede uno aferrarse a ella. Serán cosas de la Ciencia.